10.06.2019

De mayor no quiero ser escritor, porque en las casetas de la Feria están muy solos

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La soledad del escritor. Foto: Pixabay.

En esta nueva carta al director de ‘El Asombrario’, Guille se pregunta, desde sus nueve años, por qué las casetas de la Feria del Libro de Madrid habitadas por actores, nadadoras, cocineros, presentadores, modelos, youtubers… están llenas de gente para que les firmen sus libros, y en las que tienen escritores y escritoras, que se supone que son los que mejor saben escribir libros, apenas hay nadie.

Buenos días, señor Director. Ayer pasó una cosa muy chula que a lo mejor el año que viene también pasa o a lo mejor no. Es que papá dijo que todo dependerá, porque la cultura ya se sabe, a veces sí y otras no tanto, sobre todo si hay elecciones, que es cuando cambian al Presidente del Palacio por otro distinto que nunca es una mujer porque las mujeres no se ponen corbata y por eso no las dejan. Pues lo que pasó es que, como papá no tenía partido de rugby aunque era domingo y hacía sol pero no del que quema porque todavía no es verano, cuando terminamos de desayunar dijo: “Hum, hum…, ¿qué os parece si vamos al centro y nos acercamos a la feria del libro, chicos?”.

Nazia enseguida se puso muy contenta y yo también, pero cuando papá se metió en el baño le pregunté a Nazia si la feria era como el parque de atracciones que en septiembre montan en el pueblo de papá pero con libros, o sea con la montaña rusa y también con los autos de choque y el algodón rosa que sabe puajjj y se te atraganta porque lleva pegamento para niños y Nazia dijo: “creo que no. Me parece que es solo con casetas, como las de las muñecas y las bolas, pero en vez de muñecas hay que darle a unos libros que a veces tienen magia”. Y entonces papá salió del baño con menos barba que antes y nos fuimos.

Pues lo que pasó es que llegamos a la feria, que estaba en el parque y era tan grande y había tanta gente que papá nos dio la mano y dijo: “no os soltéis, porque si os perdéis la liamos”. Enseguida vi que Nazia llevaba un poco de razón, porque las casetas eran como las de la feria del pueblo de papá, pero sin muñecos, y estaban todas llenas de libros y detrás de los libros había señoras y señores que esperaban sentados pero sin escopetas ni nada, y tampoco había atracciones ni algodón con pegamento y bueno. Paseamos un rato que no fue ni largo ni corto por delante de las casetas y me pareció un poco raro porque en algunas había un señor o una señora muy solos que no hablaban con nadie y estaban tristes como los animales del zoo pero sin decirlo, y a veces hasta saludaban con la mano, y delante de otras había mucha gente en fila, todos con el mismo libro como de fotocopias y dentro de la caseta un señor o una señora escribía cosas en los libros y también sonreían para hacerse fotos, pero como de mentira. Y así era todo el rato: en unas un señor muy solo y en otras, una señora muy acompañada con las fotos, o al revés. Y cuando ya llevábamos un rato paseando le pregunté a papá que quiénes eran esos señores y esas señoras.

“Ese de ahí es cocinero. Aquél es actor. Esa chica, la morena, es nadadora…”. Papá iba señalando las casetas llenas de personas que esperaban en fila como cuando vamos al cine y decía: “cantante, presentador, bailarina, modelo, malabarista, youtuber, muser” y muchas cosas más y sin parar todo el rato, porque había muchos, hasta que llegamos al final de un tramo de casetas y Nazia dijo: “¿Y los otros?”.

“¿Qué otros?”, preguntó papá.

“Los otros. Los que están solos porque a lo mejor están huérfanos.”

Papá me miró un poco raro y después miró a las personas que estaban en las casetas y saludaban a los niños que pasaban por delante y dijo:

“Esos son escritores y escritoras”.

Y ya no pregunté más porque me dio vergüenza. Es que a lo mejor estaban solos porque no tenían dónde ir y en la feria les daban una casa y también comida como en la parroquia que está al lado de la escuela. Pero cuando papá no miraba, Nazia me dijo: “qué pena. A lo mejor es que están un poco enfermos y cuando ya no contagien les dejan tener visitas”.

Y se acabó la visita porque nos fuimos a tomar el aperitivo al chiringuito como todos los domingos con sol. Hoy, cuando la señorita ha preguntado en clase qué nos gustaría ser de mayores, cuando me ha tocado a mí me he puesto un poco nervioso porque la seño siempre tiene prisa y entonces he respondido:

“Muchas cosas, señor, pero escritor no, por favor, nononono. Es que se vuelven huérfanos y si no se curan los meten en las casetas de las ferias para que ayuden a limpiar y no contagien la pena y yo prefiero que no. Prefiero bailarina o malabarista”.

Y ya está.

Bueno, no. Es que, señor Director, ¿usted podría pedirle al Presidente del Palacio que vaya un día a la Feria del Libro a la hora del aperitivo y lleve a los escritores y a las escritoras unas flores que a lo mejor puede recoger en el jardín del palacio o algo para que hablen con alguien que sale en la tele y así estarán un poco felices?

Ahora sí que está.

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Sobre el autor

Alejandro Palomas
Novelista, traductor y poeta, ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de Literatura Juvenil 2016 con Un hijo y el Premio Nadal 2018 con Un amor. Su obra ha sido traducida a más de 20 lenguas.

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Un comentario

  • El 10.06.2019 , Esperanza Benayas Caño ha comentado:

    Querido Guille, si no sales en la televisión no eres famoso,es más eres invisible, los escritores y escritoras deberíamos buscar otra forma de que nos veáis, pero lo importante es que NUNCA dejes tu sueño de escribir,no importa que no te vean en esa caseta, los libros vuelan solos como Mari Poppins y siempre encuentran un lector.
    Muchos besitos.

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