06.04.2018

Me encanta mi barrio, con vecinos y sin apartamentos turísticos

Menéalo
Ilustración: Concha Pasamar.

Ilustración: Concha Pasamar.

Me encanta mi barrio. Hace dos años que me mudé y, en aquel momento, no sabía que me estaba trasladando a mi barrio Sésamo particular: Tetuán, en Madrid, una zona humilde, multicultural y lo suficientemente alejada del centro como para permanecer a salvo —crucemos los dedos— de la plaga de apartamentos turísticos que está asolando el centro de las ciudades. Gracias a esta distancia, yo conozco bien a mis vecinos: Pepe, que vive enfrente y me echa una mano siempre que puede; Pilar, la del quinto, que sufrió, con una gran sonrisa, la inundación que le organizó mi terraza nada más aterrizar yo en el inmueble —no estoy segura de que siga haciéndolo ahora que han vuelto las goteras—; la anciana del segundo, que parece vivir en el descansillo, siempre en bata, preocupada por el funcionamiento de ese ascensor que le permite salir a la calle de vez en cuando, y en el que, entre nosotros, Carlos, el del tercero, creo que fuma…

Yo antes no era mujer de costumbres, pero desde que llegué aquí he cambiado. Ahora salgo todos los días a la misma hora y, antes de coger la moto para ir a trabajar, me paso por la frutería, que regenta un chino de cierta edad, a comprarme un plátano para el desayuno. Ya sé que podría comprar unos cuantos para no tener que ir cada día, pero, ¡qué diantres!, me gusta la cara de pillo que pone el hombre cuando, al cobrarme, me dice: “hamble, comel, como yo”, y otras perlas por el estilo. El otro día, sin ir más lejos, le dijo a una pareja de peruanos que se reían por lo mal que hablaba castellano: “tú no chino, yo no español”, y se quedó tan ancho. Algunas mañanas, cuando no me apetece plátano, entro en la charcutería a comprar mis 100 gramos de pechuga de pavo y me pongo a hablar con el dueño de aquello que nos une: la moto, que aparcamos uno al lado del otro. Después de estas charlas, con mi tesoro dentro del bolso, salgo a la calle y, mientras saco el casco, abre la verja de su establecimiento Carmen, la dueña de la colchonería, que invariablemente me grita: “¡buenos días, vecina!”.

Las tardes también tienen su aquel: suelo bajar con una amiga a tomar una cervecita —bueno, ahora con la dieta una Coca Zero— a La Muralla de Ávila, donde Pedro nos toma el pelo y, pidamos lo que pidamos, nos pone unas patatas revolconas bien cargadas de torreznos y, algunas noches, cuando a mis hijas y a mí no nos apetece cocinar, nos bajamos a la Pampa —un bar en el que se rodó alguna escena de algún Torrente— y, por el precio de dos cañas —que es lo que solemos tomar cada una—, cenamos a la carta como campeonas, gracias a las generosas tapas que las acompañan.

En fin, que desde que caí aquí —casi por casualidad— me siento más joven. Este Madrid me recuerda al Santander de cuando yo era pequeña, y me encuentro a gusto. Ajena a las burbujas inmobiliarias, la vida, para bien o para mal, bulle y te ayuda a sentirte un poco menos sola.

Menéalo

Sobre el autor

Marta Rañada
Editora y documentalista de profesión, profesora de escritura creativa por devoción y cincuentista por pura diversión. Mi única ambición es reírme de los cincuenta y vivirlos con la cabeza bien alta, desafiando incluso la ley de la gravedad. He publicado varios libros infantiles y el año pasado me estrené como novelista con Las uvas de la Hidra (Bookolia, 2016).

¿Quieres leer más artículos de este autor?

4 comentarios

  • El 06.04.2018 , Hospitalero ha comentado:

    El barrio es de los inquilinos y, no se olvide, de los propietarios, que no somos la mayoría fondos de inversión, sino personas que destinamos nuestros ahorros a comprar un apartamento. Y si lo queremos alquilar a turistas, mientras que lo hagamos queriendo ser legales, y los turistas no molesten, no veo el problema. El problema es más bien que estamos desprotegidos ante el impago y los daños, con los turísticos no. Que se mejore la legislación ante impago y daños, y más apartamentos (muchos de ellos vacíos por desconfianza y/o por necesitar reformas) llegarán al mercado LAU.

  • El 06.04.2018 , Mónica ha comentado:

    Te entiendo perfectamente. He estado viviendo 30 años en zona turística, y en Noviembre cambié a una barriada, una zona con fruterías y con verduras que huelen a vida, y, ¿ porqué no decirlo? los precios son mas equilibrados a los ingresos actuales.
    A primera hora, tras dejar a mi hija en el colegio,voy al mercado, hablo con los tenderos y absorbo los aromas de las tiendecitas que venden a granel legumbres y especias. También me siento más joven y feliz, pero quizás sea porque estoy donde me crie con mi abuela hasta los catorce años ,y a los cuarenta y cuatro he vuelto para quedarme en el que ha sido el hogar de mi infancia.

    Enhorabuena y un saludo.

  • El 06.04.2018 , Moussa ha comentado:

    La vida son los pequeños detalles 👏👏

  • El 07.04.2018 , Mercedes Barranco ha comentado:

    A mí sin embargo, me encanta alquilar mi apartamento a extranjeros. En primer lugar porque me permite ganar algún dinero para poder pagar los estudios de mi hijo y me da cierta tranquilidad al pensar que si a mí me ocurriera lo peor él tendría una pequeña cantidad de dinero que le permitiera sobrevivir con dignidad. Naturalmente me dirás que es un problema personal,pero me gustaría que las personas que demonizan este tipo de alquiler pensarán que tras él hay gente normal,como ellos,con problemas para salir adelante.
    En segundo lugar, me encanta alquilar mi piso a extranjeros,porque así conozco personas como yo, que no pueden permitirse un hotel, pero que les encanta conocer mi ciudad,mi barrio, comprar en la tienda donde yo compro, en la frutería donde tú compras y compartir con esas personas del barrio la vida de mi ciudad. En general son familias,parejas de jubilados,gente como tú y como yo,como tus vecinos, gente tranquila que no molesta en absoluto a nadie y que vuelve a su país con una imagen distinta del nuestro a la qué ofrecen los turoperadores. Me gusta también conocer personas con otra forma de de pensar, quizás más solidarias que nosotros, siempre se puede aprender de los demás,el mundo es más grande que nuestro pequeño barrio.

Deja tu comentario