14.03.2016

Michel Camilo sigue haciendo crecer el jazz latino en ‘Playing Lecuona’

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Michel Camilo foto de Frankie Celenza.

Michel Camilo. Foto de Frankie Celenza.

Compuso su primera canción a los cinco años. A los 16 ingresó en la Orquesta Sinfónica Nacional de su país. En 1979 se mudó a Nueva York. En 1985 debutó con su trío en el Carneggie Hall. Poco a poco acrecentó su prestigio hasta convertirse en referente mundial del jazz latino. Esta entrevista al pianista y compositor Michel Camilo (1954) se hace a propósito de su participación en ‘Playing Lecuona’ (Juan Manuel Villar, Pavel Giroud, 2015), documental que protagoniza con los músicos cubanos Chucho Valdés y Gonzalo Rubalcaba.

Pero el dominicano, ganador de tres Premios Grammy, no solo habla del filme que está suponiendo el renacer de Ernesto Lecuona, considerado el padre de la pianística caribeña. También ofrece tres primicias relacionadas con sus discos con Tomatito, su faceta de compositor y Broadway, y habla de sus orígenes, su vinculación al mundo del cine, Bob Fosse, Fernando Trueba, el filme Calle 54 y Emilio Martínez-Lázaro.

Premio del Público al Mejor Documental en el último festival de Montreal, Playing Lecuona está siendo reclamado por numerosas citas internacionales. La última, en la Muestra de Documentales de Hispanoamérica, que estos días se celebra en San Juan de Puerto Rico como antesala del VII Congreso Internacional de la Lengua Española. En Playing Lecuona también actúan, entre otros, Ana Belén, Omara Portuondo, Raimundo Amador, Esperanza Fernández y Los Muñequitos de Matanzas. La producción se desarrolla entre las ciudades cubanas de La Habana, Guanabacoa y Matanzas; las estadounidenses de Miami y Nueva York; y las españolas de Sevilla, Málaga, La Laguna y Santa Cruz de Tenerife.

En Playing Lecuona, Michel Camilo aparece en el cementerio neoyorkino de Hawthorne llevándole flores a la tumba del compositor cubano fallecido en 1963. “El lugar está a veinte minutos de mi casa. Hacía un día gris, acababa de llover, se respiraba un rocío maravilloso, había mucha paz. Su tumba es muy bonita, un mausoleo color castaño claro. Fue muy emocionante estar ahí. Llevo escuchando la música de Ernesto Lecuona desde casa de mis abuelos”.

¿Siendo todavía un niño?

Sí, yo tenía una tía que era maestra de piano y un tío que aprendió música de oído, escuchándola practicar. Ella tocaba la música de Ernesto Lecuona por las partituras y mi tío de oído, él popular y ella clásico, pero ambos perfectamente bien. Por ellos me entró la música en las venas.

He leído que compusiste con cinco años tu primera pieza.

Vengo de un pueblo que se llama Salcedo, en el centro de la República Dominicana, y concretamente de un barrio que se llama Ojo de Agua, una finca inmensa y muy verde. Cuando se juntaba la familia era una gran fiesta musical. Había un piano enorme, de esos antiguos verticales, donde todo el mundo se tornaba para tocar. El que no tocaba el piano, tocaba la guitarra, percusión, el acordeón… Por eso mi primer instrumento fue el acordeón. Todos escribían boleros, merengues, chachachás, muchas de las orquestas de baile de allá tocaban temas compuestos por mi familia.

Antes de entrar en Lecuona y el cine, cuéntame esas tres primicias que me dijiste.

La primera es que he grabado el tercer volumen de mi serie Spain con Tomatito. Se va a llamar Spain Forever y es el tercero de la trilogía formada por Spain y Spain Again. La Universal lo va a lanzar a finales de septiembre. Haremos gira mundial, tenemos conciertos cerrados en Suiza, Alemania y Japón. A diferencia de los anteriores, es un disco muy íntimo, romántico y maduro, que sucede diez años luego del segundo. El primer volumen fue como el descubrimiento, el segundo vamos a decir que la meseta y este tercero es la elegancia, la trascendencia. Es un disco denso. Sorprenderá. Tomatito y yo hemos seguido siempre vinculados, hemos disfrutado de 18 años de amistad musical haciendo giras, es impresionante cómo el público todavía disfruta el dúo. En mayo tocamos juntos en Hungría. El repertorio de Spain Forever está probado delante del público, hemos ido incorporando los temas al disco según vamos sintiendo cómo llegan.

¿La segunda?

La Orquesta Sinfónica de Detroit me acaba de encargar mi Tercer Concierto, que se estrenará en abril de 2017. Los dos primeros fueron un encargo del Kennedy Center para la Orquesta Sinfónica Nacional de Estados Unidos, en 2001, que ya ha sido tocado 107 veces, y el encargo del Auditorio de Tenerife, de 2009. Este es lo que llaman un Triple Concerto, escrito para trío de jazz y sinfónica, es decir, el solista no es el piano, como en los anteriores, sino el trío de jazz. Se trata, concretamente, de una propuesta del maestro Leonard Slatkin, que ya me encargó el primero y me ha dirigido muchas veces. Será una obra planteada clásicamente, pero con elementos jazzísticos, como juntar los dos mundos.

¿Y la tercera primicia?

¡Que vuelvo a Broadway! Actualmente estoy colaborando con la dramaturga Quiara Alegría, ganadora de Premio Pulitzer, de origen portorriqueño, pero criada en Filadelfia, la que escribió el guión del gran éxito In the Heights. Quiara estrena a principios de mayo en off-Broadway un drama, Daphne’s Dive, en el que se escucharán unas siete piezas mías. La obra transcurre toda en una barra y yo soy un vecino que vive encima, así que lo que el espectador ve es un piano y escucha mi música, como si yo estuviera ahí tocando.

Hablemos de ‘Playing Lecuona’.

Permíteme decirte que con motivo de este renacer de Ernesto Lecuona hubo un concierto, Tributo a Ernesto Lecuona, que hicimos sus tres protagonistas el 21 de junio pasado en el festival más importante de jazz de San Francisco, el SFJAZZ. Era la primera vez que los tres coincidimos en el escenario, una sola noche y nada más que los tres pianistas, sin sesión de ritmos, en el Davies Symphony Hall, tocando todo de Lecuona, tanto la parte cubana como la andaluza. Porque la película ha sido el comienzo de algo muy grande que ahora sigue creciendo. El repertorio ha crecido. Fíjate que en ese concierto en San Francisco cada uno tocó primero en solitario, luego cada uno en dúo con el otro y, al final, los tres pianos sobre el escenario. ¡Y el bis lo hicimos a seis manos sobre el mismo piano! Fue arrollador, de hecho ya estamos invitados para la próxima temporada, en mayo que viene, para hacer tres noches. Estamos felices. El gran maestro nos ha conjugado a los tres juntos por primera vez, ha sido el catalizador, así que estamos felices de haber participado en la película.

¿Quién es Ernesto Lecuona?

El padre de la pianística del Caribe, un músico y compositor clásicamente educado, que fue hasta alumno de Maurice Ravel. Tenía una técnica portentosa al piano, y así dejó un repertorio dificilísimo de tocar. Hoy justo leí en la prensa que el mismo Lang Lang acababa de tocar Y la negra bailaba, que yo toco también en la película con mi trío.

¿Cuál fue su mayor virtud?

Supo traducir los tambores afrocubanos a la mano izquierda del piano. Entonces, gracias a tener conocimiento clásico en la mano derecha, poder ofrecer esas armonías súper ricas, y al mismo tiempo la facilidad técnica en el instrumento, hay un descubrimiento inmenso de posibilidades, y dejó abierta la puerta para que por ahí pasemos todos y queramos ser como fue él.

Después está su vertiente como compositor de bandas sonoras de cine.

Hizo muchísimas en Hollywood, y de hecho estuvo nominado a un Óscar, por Siempre en mi corazón (Jo Graham, 1942). Perdió frente a Irving Berlin, por Blanca Navidad (1954). Fue, además, gran amigo de George Gershwin. De hecho, la Rapsodia Negra, estrenada en el Carneggie Hall a finales de los 40, es su respuesta a la Rhapsody In Blue, de Gershwin. 

¿Cuál es el mayor mérito de ‘Playing Lecuona’?

Le hemos hecho justicia al gran maestro. Por accidentes históricos quizás había caído en el olvido. También ha servido para traer su música a hoy, porque lo que interpretamos no son versiones originales, sino visiones de Chucho Valdés, Gonzalo Rubalcaba y mías, hechas con respeto al maestro. Mi tratamiento de las dos piezas en la película fue hacia el mundo del jazz latino, además de Y la negra bailaba, la conga Para Vigo me voy, pieza clave del maestro, quizás la más conocida, que en su título inglés se llama Say sí sí.

La tercera pieza que tocas es la canción ‘Siboney’, que interpretas con Ana Belén, momento culminante del documental.

Ana Belén vino a Canarias el día antes del rodaje. Fuimos al Teatro Leal de La Laguna para sentir al maestro, por ahí pasó Lecuona. Ella no sabía qué visión tenía yo de la pieza, todo el mundo la conoce como la típica versión de la zarzuela La tierra de Venus, pero ahí es más como una habanera, más afro. Yo quería hacer una versión cinemática, que enganchara al público y lo trajera como cantando una canción de amor, casi como el tema de una película. Eso me permitía ahondar en esa melodía preciosa de la pieza. Ana Belén y yo lo pasamos solo dos veces, lo demás lo dejamos para la cámara. Al otro día llegan los directores, querían ensayar, pero les dije que no, que les iba a decir lo mismo que le dije a Trueba en la escena final de Two Much (1996), tenía que salir de una tirada. El director gritó “¡acción!” y Ana y yo entramos en lo que yo llamo un “aposento alto”, donde todo es posible, la fantasía reina y se manifiesta lo que el flamenco llama el duende. El director no se atrevió a cortar. Ninguno quería que eso acabara. Entonces es cuando me levanto del piano y le doy un beso y un abrazo a Ana. Eso lo registra la película.

Gonzalo Rubalcaba

Fotograma de Playing Lecuona.

Un fotograma de 'Playing Lecuona'

Un fotograma de ‘Playing Lecuona’

¿Hay obras aún por descubrir del maestro Lecuona?

Hay mucho por hacer y descubrir. Su obra es inmensa, más de 800 obras, apenas hemos rasgado la superficie.

En el último festival IDFA de Ámsterdam, ‘Playing Lecuona’ destacó por ser el único de tema latino entre otros filmes musicales dedicados a artistas del universo anglosajón como Janis Joplin, Nina Simone, Johnny Cash y Keith Richards. ¿Falta mucho para situar al jazz latino en el lugar que le corresponde?

Le debemos dar las gracias inmensas a Fernando Trueba por Calle 54 (2000). Podemos hablar de un antes y un después de esa película. Se multiplicaron los seguidores, tocamos en lugares donde nunca jamás habíamos tocado. Fue un salto cuántico. Ahora, con Playing Lecuona también me dicen que hay gente que aplaude los temas musicales en el cine.

He leído que eso te ocurrió ya con ‘Calle 54’.

Así es. Uno de mis amigos fue a un cine en Saint Michel (París), donde se mostraba la película, y me llamó en ese momento para que escuchara la algarabía en la sala, con la gente de pie. Eso emociona mucho. Pero eso es el poder del cine. Tiene ese don, si está bien rodado la gente conecta. Y en Playing Lecuona los números musicales están rodados con mucho cariño.

‘Playing Lecuona’ no ha sido tu primera incursión en el cine.

He sido siempre fanático del cine. Mi primera visita a España fue al festival de Jazz de Madrid como pianista de Paquito D’Ribera a principios de los 80, un gran concierto en el Palacio de Deportes. En el público de aquella primera actuación estaban Fernando Trueba y su mujer Cristina Huete. Hemos mantenido la amistad hasta hoy. Ambos comenzábamos nuestras carreras, él acababa de hacer Ópera prima (1980). En esa época de estudiante en Nueva York, yo estudiaba piano, composición y orquestación. Me sobraba el tiempo y me matriculé además en el American Film Institut, quería saber del cine, cómo hacer música para ese medio. En definitiva, ser mejor compositor, como yo digo, conectar con el mensaje detrás de las notas, la emoción de la música, el espíritu. Y el cine siempre te brinda esa oportunidad de bregar con el subconsciente.

En esa época también trabajaste en Broadway.

Con el coreógrafo y cineasta Bob Fosse, como miembro del elenco y entrenador vocal del espectáculo Dancin’, que fue un hit que duró cinco años. Con él y su mujer, Gwen Verdon, una gran bailarina que estrenó Chicago años más tarde. Me nutrí de todo eso. Y al mismo tiempo iba a los clubes de jazz por la noche, a los after-hours. ¡Vivía el Nueva York profundo a tope!

¿Cómo te llegó la oportunidad de tu primera composición para el medio audiovisual?

Tocaba en un grupo que se llamada French Toast. Ahí compuse varias piezas y un día en un club de jazz una persona se me acercó para ofrecerme escribir música para televisión. Entré en una compañía que hacía música para las grandes cadenas norteamericanas. En ese mundo incursioné mucho, compuse temas para noticieros, programas de deportes, concursos como Let’s make a deal, y hasta escribí música para telenovelas norteamericanas, como Another world y Loving. Más adelante, el director James L. Brooks, que acababa de ganar un Óscar, buscaba a alguien que hubiera hecho música para televisión para su película Al filo de la noticia (1987). Necesitaba el tema del noticiero que aparecía en el filme.

Entraste en el cine, pues, componiendo la música de un noticiero que salía dentro de una película.

Así fue. Y entonces fue cuando Fernando Trueba, en España, ve mi nombre en los créditos. Yo estaba en esos momentos en Hollywood y tenía mi primera gira de jazz importante por Europa. La película se fue retrasando, así que al final les dejé mis piezas y me marché. Quien hizo la banda sonora finalmente fue Bill Conti, pero mi nombre aparecía en los créditos, aunque mal escrito. Trueba se dio cuenta, me llama y me conecta con Emilio Martínez-Lázaro, para quien compongo la música de Amo tu cama rica (1992) y Los peores años de nuestra vida (1994). Al mismo tiempo Trueba tenía el guión de Two Much (1996). También estuve ahí.

¿Qué te ha parecido el éxito de ‘Ocho apellidos vascos’ (2014)?

Me ha encantado. Emilio Martínez-Lázaro es un gran director, aprendí mucho con él, su manera de plantear la música en sus películas tiene que ver mucho con Woody Allen. Muchas de las piezas que le hice forman parte hoy de mi repertorio de trío, convertidas a temas de jazz, han tenido una segunda vida. Por ejemplo, Two of a Kind, de mi disco Live at the Blue Note, viene de Los peores años de nuestra vida. En algunos de mis discos hay agradecimientos tanto a Emilio como a Fernando.

Michel Camilo y el periodista Luis Roca en Las Palmas de Gran Canaria.

Michel Camilo y el periodista Luis Roca en Las Palmas de Gran Canaria.

 

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Sobre el autor

Luis Roca Arencibia
Tras titularse en Comunicación Audiovisual, trabaja en el cine desde 1992. Ha publicado biografías sobre el productor Andrés Santana (“El vuelo de la cometa”, 2003) y sobre el distribuidor Francisco Melo Sansó (“El sueño del Monopol”, 2010). Autor en el libro colectivo “Graphiclassic: Moby Dick” (2013). Comisario con Arantxa Aguirre del ciclo “Buñuel/Galdós: Vasos Comunicantes”, exhibido en Belgrado, Nueva Delhi y Tel Aviv. Única firma española en el monográfico sobre Luis Buñuel editado por la Cinemateca de Tel Aviv (2013). Es director de los proyectos formativos “Cinexprés” y de recuperación documental “Salvar la Memoria: 50 años de Tirma y Moby Dick”. Desde 1996 es colaborador de cine del diario La Provincia. Desde 2003 de viajes en El País. Ha publicado textos de cine en El País Semanal. Dirigió la sección de Canarias del festival de Las Palmas, que consolidó como una de las principales de la cita. Ha sido vocal del Ministerio de Cultura para las ayudas al cine en España. Puedes seguirme en: Twitter: @LuisRocaA Facebook: Luis Roca Arencibia Instagram: @luisrocaarencibia

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