09.02.2018

Mis extraescolares: zumba, teatro, ‘soundpainting’, piscina, ‘dum dum’…

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Ilustración: Concha Pasamar.

Ilustración: Concha Pasamar.

¡Ay, Dios mío! Ya han pasado 15 días y tengo que volver a escribir mi columna para El Asombrario & Co. Cada mes se me hace más difícil encontrar tiempo para sentarme —o, mejor dicho, tumbarme— en el sofá con el ordenador sobre las piernas. Y es que mi vida se ha ido llenando de actividades disparatadas de las que no puedo prescindir.

Cuando hace unos años era una responsable madre de familia que pasaba el día de aquí para allá, llevando a sus hijas del colegio a sus diversas actividades extraescolares, no sospechaba que estaba a punto de sufrir el síndrome de Benjamin Button y que, en breve, sería yo la niña y tendría que trasladarme a mí misma de una clase a otra.

Poco después, tras mi divorcio, me encontré metida de lleno en una segunda adolescencia, de esas que te tienen todo el día en la calle con amigos. Aquello era un poco cansado, pero no tenía nada que ver con esta segunda infancia en la que estoy inmersa ahora mismo, que me tiene exhausta.

No sabría decir si la cosa empezó con la zumba o con el teatro, pero lo cierto es que, una vez me decidí a probar todo aquello que siempre había querido hacer y nunca me había atrevido, mi vida se ha convertido en un sin parar. He pasado del dicho al hecho a una velocidad que empieza a asustarme: antes, me quedaba atascada en el “Me gustaría…”, mientras que ahora me apunto a un bombardeo, por muy absurda que sea la propuesta. Y lo malo es que, una vez pruebo algo, me engancho hasta tal punto que ya no soy capaz de dejarlo.

Esta semana, como la nieve me ha obligado a mantenerme un poco en retirada —ya que la moto es la clave para poder seguir el ritmo—, estoy en jornada de reflexión, y he llegado a la conclusión de que, si no empiezo a soltar actividades, corro el peligro de colapsar con un ataque de estrés postraumático.

Pero ¿qué dejo?: ¿el soundpainting de los lunes? (no me preguntéis qué es eso, porque me llevaría demasiadas líneas explicarlo), ¿la zumba y el teatro de los martes?, ¿el djembé y el dum dum de los miércoles?, ¿la cabina de belleza —de la que ya os he hablado hace unos días— y la otra zumba de los jueves?, ¿la piscina de los viernes?, ¿las clases de escritura —en las que, para variar, soy la profe— y las cervezas del fin de semana?

Ahora que lo pienso, visto en clave fincheriana, después de la guardería, que llegará cuando me jubile, me tocará volver a la cuna para pasar el día durmiendo, así que, definitivamente, lo mejor es que siga con este ritmo mientras el cuerpo aguante y deje el descanso para el día en que llegue el final.

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Sobre el autor

Marta Rañada
Editora y documentalista de profesión, profesora de escritura creativa por devoción y cincuentista por pura diversión. Mi única ambición es reírme de los cincuenta y vivirlos con la cabeza bien alta, desafiando incluso la ley de la gravedad. He publicado varios libros infantiles y el año pasado me estrené como novelista con Las uvas de la Hidra (Bookolia, 2016).

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5 comentarios

  • El 09.02.2018 , Marta ha comentado:

    Como siempre, genial!!! Sigue con esa vitalidad y que el trajin no te quite las ganas de escribir para regalarnos tu sentido del humor filosófico cada 15 días. 💪👏

    • El 10.02.2018 , Marta Rañada ha comentado:

      Jajaja, Marta. Me gusta el concepto filosofía humorística. Suena mucho mejor que como yo las llamo: mis chorradas.

  • El 09.02.2018 , Marta ha comentado:

    Genial como siempre!!! Que tanta actividad no te agote y nos dejes sin tu filosofía humorística quincenal eh!!!💪👏👏👏

  • El 10.02.2018 , Cruz ha comentado:

    ¿Quién dijo que la vida es eso que pasa mientras hacemos otros planes? Que, qué?? Más planes no caben en estas vidas!!

    • El 10.02.2018 , Marta Rañada ha comentado:

      Cruz, a mi desde luego no se me va la vida planeando. Ya perdí demasiados años haciéndolo. Ahora directamente paso a la acción sin pensar, e intento, siempre que puedo, hacer lo que me apetece.

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