25.10.2018

El mundo de la moda, “donde personas bellas hacen cosas feas”

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La escritora Eugenia Melian. Foto: Ethan James Green.

La escritora Eugenia Melián. Foto: Ethan James Green.

Eugenia Melián, agente de artistas icónicos como el ilustrador Tony Viramontes, el fotógrafo David LaChapelle o la bailarina Blanca Li, acaba de publicar ‘Wildchilds’, una interesante y cruda novela sobre el negocio de la moda, donde “personas bellas hacen cosas feas”. Hablamos con ella de la trastienda de ese mundo que a tantos cautiva.

Durante más de tres décadas, Eugenia Melián fue agente de artistas como el icónico ilustrador y fotógrafo de moda Tony Viramontes, el también fotógrafo David LaChapelle, la fotógrafa y cinematógrafa Peggy Sirota, el músico británico Matthew Herbert o la peculiarísima bailarina de contemporáneo Blanca Li. A lo largo del camino, co-produjo con Malcom McLaren el albúm París, donde oímos cantar terciopelo, no sé si azul o rojo, pero terciopelo bellísimo, a Catherine Deneuve… Y un día, de pronto, se dio cuenta de que ya no le “ponía” lo que estaba haciendo, se encerró en su casa de California y se tiró tres años escribiendo Wildchilds, una novela sobre el mundo de la moda donde “personas bellas hacen cosas feas”.

¿Por qué ficción? “Porque con la ficción puedes decir la verdad”.

Cae la tarde en California, y, sin embargo, el calor todavía es insoportable. Eugenia Melián se lamenta de los incendios forestales, “uno de los paisajes más bellos del mundo está siendo destruido, es devastador”. Literal. Luego, agarra su timidez a una taza de café y cuenta con coraje. Mientras ella habla para la grabadora, unos pocos cuervos vienen a picotear la puerta de una de las terrazas de la casa: “¡Fuera!, ¡fuera!”, grita enfadada, porque los pájaros le están robando la comida a “las pobres ardillas”. En ese momento levanto la mirada del suelo y me resulta imposible no darme cuenta del enorme y peculiar cuello que sobresale entre la vegetación del jardín. “¿Es eso una jirafa rosa?”, no puedo evitar preguntar. El micromundo en el que Eugenia Melián escribió Wildchilds en esta pequeña área al este de la bahía de San Francisco gira sobre sus propios resortes.

¿Quién fue Tony Viramontes?

Tony se convirtió en su tiempo en un icono de las revistas de moda porque vino detrás del ilustrador Antonio López, que llenaba de glamour a sus modelos, mujeres como Pat Cleveland y Mounia, y Tony fue un paso más allá y comenzó a hacer que chicas feas aparecieran hermosas… o que las chicas guapísimas aparecieran feas. Lo que él buscaba, era la “jolie laide, la bella niña fea”. 

¿De dónde sacabais a las modelos?

Muchas veces en las puertas los clubes nocturnos. Toni buscaba caras interesantes y luego las transformaba, les cortaba el pelo…, les ¡afeitaba! el pelo, les ponía mucho maquillaje, les llevaba a que hicieran poses muy feas; cada vez que ilustraba las necesitaba completamente maquilladas y peinadas. Era él quien las enseñaba a posar y a ponerse feas. Lo mismo con los chicos. Fue Tony el que empezó todo ese juego de chicas que parecen chicos y chicos que parece chicas… Ponía maquillaje a los chicos, los vestía como chicas… y al contrario. Fue él quien empezó todo eso.

¿Había alguien haciendo algo parecido en aquel momento?

No, nadie. Nadie. Él fue el primero. Realmente fue el primero.

¿Cómo le conociste?

Yo trabajaba en una oficina de tendencias y se presentó un día con su portfolio. Le eché una ojeada y en ese mismo instante decidí que dejaba mi trabajo. Me convertí en agente para representarlo.

Hicisteis trabajos espectaculares para Valentino. ¿Era uno de vuestros principales clientes?

Sí. El principal al comienzo. Llegó a encargarnos dos veces al año la alta costura, un gran portfolio dentro del Vogue italiano. 50 o 60 páginas de ilustraciones.

¿50 o 60 páginas sólo con ilustraciones?

Valentino llevaba a Tony a Roma y lo alojaba en una suite del Hotel de la Ville, y Tony ilustraba y dibujaba durante un mes entero. Traíamos modelos en el Concorde desde Nueva York sólo para un día, pero, claro, las chicas se lo pasaban tan bien que luego no se querían ir…

Pero Viramontes hizo también fotografía de moda….

Más o menos… Creó algo propio en el mundo de la fotografía. Todo el trabajo que hizo para Valentino fue como ilustrador, pero como fotógrafo de moda tuvimos varios contratos: Genie, Complice, Janet Jackson… También hicimos portadas de álbumes… El trabajo que lo lanzó en el mundo de la publicidad fue para The Genious Group, un portfolio que salía en el Vogue Italia y en Lei y Per Lui dos veces al año… Fue la primera campaña que hicimos para ellos la que realmente lanzó su carrera a nivel internacional y comercial.

Murió brutalmente joven… Otra carrera cortada por el sida. Eso afectó demasiado a su legado.

Tony Viramontes es conocido en el mundillo de los profesionales por una carrera dilatada, y en el de los estudiantes de moda también. A nivel popular no tiene aún el reconocimiento que debería por lo que significó en su tiempo. De todas formas, eso está cambiando, si vas a Pinterest, por ejemplo, cada vez más gente pone su trabajo en sus pizarras. También hay un libro muy bueno de Dean Rhys-Morgan llamado Bold, Beautiful and Dammed. Cuando lo publicaron, Bergdorf Goodman hizo sus escaparates inspirados en Tony y le siguieron una buena cantidad de exposiciones…

¿Como definirías el ‘look’ Tony Viramontes?

Adriano Goldschmied, de The Genius Group, no quería que hiciera ilustración, quería que inventara un nuevo concepto. Así que Tony alquiló una de las dos únicas cámaras de gran formato Polaroid que había en el mundo –gigantes, por cierto– y venía con dos operadores desde Alemania. Él sacaba la foto, enormes, brutales, pero… la luz resultaba un poco plana por la tecnología, así que las rompía, las apilaba y dibujaba encima graffiti. Fue una técnica nueva que se inventó y, encima, se volvía completamente loco con el maquillaje y los peinados. Ese paquete completo, el pelo, el maquillaje, las caras distorsionadads, las Polaroids, el graffiti, el collage… Todo eso junto era el look Tony Viramontes.

¿Trabajasteis también fuera del mundo de la moda?

Sí, ¡mucho! En el de la música, por ejemplo, recuerdo hacer la portada de Janet Jackson, pero hubo muchas más.

Durante un tiempo trabajaste en el estudio de Yves Saint Laurent…, ¿coincidiste con él alguna vez?

Sí, claro. Por supuesto que sí. Coincidía con él continuamente. Nunca nos dijimos hola, Saint Laurent era muy tímido y yo era tímida. Fui allí a los 19 años y trabajé como ayudante del asistente del director de Relaciones Públicas de la alta costura en París. Mi oficina estaba justo al lado del estudio de diseño donde Monsieur trabajaba todos los días con Loulou de la Falaise, Madame Muñoz…, creando los vestidos justo ahí, delante nuestro. Era increíble. 

¿Dirías que aprendiste algo viéndole trabajar?

Sí. Que se necesita un equipo. Eso fue lo que aprendí. Él tenía a su alrededor un equipo muy bueno de gente muy creativa y con una fuerte personalidad dándole constantemente opciones, moodboards, telas, accesorios… Las modelos de la casa estaban allí perfectamente maquilladas y peinadas durante durante todo el día esperando para una prueba, o a que llegara un cliente de alta costura. Y todo eso era un equipo.

¿Cómo conociste a David LaChapelle?

Conocí a David a través de una amiga mía, que era productora y representaba a Marcus Nispel. Ellos se conocían de los días de Studio 54 en Nueva York y un día, hablando él, comentó que le gustaría trabajar en París y hacer moda, y mi amiga le dijo: “Oh, tengo una amiga que vive en París, es agente, le pregunto”. Me envió su libro con fotografías de chicos con grandes alas de ángel y, de nuevo, inmediatamente dije: “quiero representarte”.

¿Sin haberte reunido nunca con él?

Me reuní antes, claro. Fui a su estudio en Nueva York, en su casa de San Marcos, encima de un cine en East Village. Amor a primera vista. Él estaba haciendo sobre todo obra artística y tiraba como podía. A veces le adelantaba dinero para pagar algún recibo. 

¿Fue complicado introducirlo en el mundo de la fotografía de moda?

En aquel momento David hacía sobre todo retratos de celebrities, pero las agencias de publicidad de París siempre decían: “¡Oh, que kitsch; es tan americano!”. En París era el momento del grunge, de las chicas pálidas y muy flacas, el look “heroin-chic”, y los ángeles de David y sus retratos de famosos eran sobre todo alegría y color… No fue fácil.

¿En las revistas?

Yo quería que él hiciera publicidad primero… Para ir cambiando un poco la opinión general, pero mandé su book a un par de revistas; creo que en Glamour fue nuestro primer encargo y, de pronto, todo parecía estar a punto. Hubo un cambio en el Vogue Francia, llegaba una nueva editora americana, una mujer fantástica llamada Joan Juliet Buck que, además, escribía maravillosamente, era muy camp y conocía a Lauren Hutton y Malcolm McLaren. Así que me hablaron de ella, le llamé y le dije “si hay una nueva dirección en el Vogue Francia, quizá estés interesada en David LaChapelle”. Cuando vio su trabajo, inmediatamente le hizo un encargo, su primer gran trabajo: la alta costura para el Vogue Francia. Eso era definitivo.

¿Cuánto tiempo tardaste de la A a la Z…, de la reunión en Nueva York a esos encargos ‘top’?

¡Seis años! Llevó seis años lanzar su carrera. Seis años de trabajo, de ir a lugares con su book, de enviar el portfolio. Aparte de Vogue Francia y Glamour, recuerdo ahora que también hizo un encargo para Pedro del Hierro, un catálogo en blanco y negro, con todos mis amigos participando porque no podíamos permitirnos modelos. Eso también fue importante, porque dejaba claro que David además era capaz de hacer chic, sofisticado, bello… y blanco y negro. Era el complemento necesario a la estética colorida que era su trade mark, su sello.

Eugenia, ¿y por qué ficción, por qué una novela?

¿Por qué una novela…? Porque nunca he leído una novela sobre la industria de la moda, y eso era lo que me apetecía, porque era algo que conocía a fondo y porque, desde mi experiencia, el mundo de la moda es una industria extremadamente profesional, muy seria, que atrae a un montón de jóvenes, cada vez más jóvenes. La mayoría no tienen ni idea de lo difícil que es entrar, del tipo de sacrificios que tienes que hacer, de los valores que puedes llegar a comprometer. Necesitaba mostrar la industria de la moda de una manera cruda y profunda, porque creo que uno de los principales aspectos de este negocio es su atracción y fijación en lo superficial, y eso es así, pero yo quería profundizar, quería entender y mostrar por qué la gente queda fascinada, por qué les atrae de esa manera, por qué todos se vuelven un poco locos cuando empiezan a trabajar en esta industria.

¿No hubiera servido una biografía u otro tipo de no ficción?

Elegí la ficción porque con la ficción puedes decir la verdad. Además, la verdad no son sólo hechos, es algo más complicado. Narrarlo con veracidad permite al lector sacar sus propias conclusiones sobre cómo son las cosas. 

¿Reconocerá la industria personajes o situaciones?

No. Cada personaje es una mezcla de otros cuatro o cinco personajes, cada situación es una situación dentro de otra situación que se extiende a lo largo de tres décadas. La base son personas y cosas que he visto y vivido en primera persona, pero no, no creo que reconozcan a nadie.

¿Y cuánto de tu propia historia está en la novela?

El 100%.

¿Es Iris tu personaje principal?, ¿es Gus de Santos Tony Viramontes?

No, no de esa manera, no son traslaciones tan directas. Lo mismo con Gus, Joan, Lou y todos los otros personajes. Por supuesto, hay alguien que tenía en mente cuando creé Kitti o Saskia, y probablemente se divertirán con la novela porque sabrán que es un eco de nuestras experiencias juntos.

¿Te consideras una gran lectora?

Me considero lectora. Leí Bonjour tristesse, de Françoise Sagan de joven, y lo releo cada dos o tres años. Fue un libro que escribió cuando tenía 18 años, y es uno de mis libros favoritos, porque habla del paso de la adolescencia a la juventud de una muchacha joven que tiene una relación muy especial con su padre y es un poco maligna, y se convierte en un personaje muy complejo que destruye lentamente su propia vida y la de su padre destruyendo a sus amantes.

¿Te identificas?

(Risas). Por supuesto que no me identifico con el personaje; yo pensaba: “Dios, ¿cómo puedes ser tan malvada?”. Pero me fascinó la chica y el mundo que Françoise Sagan crea en esa casa donde pasan dos meses de verano.

Decidiste autopublicar ‘Wildchilds’. ¿Por qué?

¿Sabes? (coge la novela y pasa las páginas), es un lujo tener este tipo de letra en este tamaño, estos grandes márgenes blancos que hacen que tus ojos se relajen y estés cómodo leyendo. Con una primera novela un editor puede cortar todo eso sólo para ahorrar algo en papel. La novela hoy tiene todo lo que quiero, el título que yo elegí, la foto de portada de de Ethan James Green, que tuvo, por supuesto, toda la libertad creativa… Están los modelos que quise que estuvieran y que acordamos con Ethan y, finalmente, Shawn Stussy diseñó la portada. Eso es brutal, él marca gráficamente un concepto que quería que estuviese ahí presente, el espíritu de los años 80, el punki, el lo-fi… En la portada y en el diseño del libro se mezclan las generaciones y se potencian entre sí con una vitalidad tremenda… Me tomó tres años de mi vida y mucho dolor escribir esta novela… No estaba dispuesta a comprometer nada, así que, sí, me publico a mí misma, estamos muy avanzados en este siglo XXI y algunas cosas ya no volverán a ser iguales.

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Un comentario

  • El 25.10.2018 , c ha comentado:

    La moda como todo tiene un lado oscuro y no es la “prostitucion” de algunas modelos etc etc etc :
    Quien sigue modas tal vez no tiene fuero interno ni creatividad ni elegancia innata
    Otra cosa es que haya gente snob-narcisista
    que quiera destacar – distinguirse
    gastandose un pastizal muchas veces
    O que haya pasarelas donde se muestre
    modelos interesantes a nivel creativo,
    que no suelen pasar de ahipor su
    aparatosidad-etc
    Mucha gente la mayoria de las veecs sigue dictados de pequeños sicopatas

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