Nace en la Australia incendiada su mayor red de apoyo ciudadano

Ilustración descargable para colaborar con los que ayudan a combatir el fuego en Australia. Link de descarga, aquí.

Ilustración descargable para colaborar con los que ayudan a combatir el fuego en Australia. Link de descarga, aquí.

Desde hoy, ‘El Asombrario’ traerá cada día último de mes una de las buenas, de las mejores noticias de ese mes. La escritora y periodista Martha Zein se encargará de esta nueva serie con la que intentaremos rematar con optimismo cada ciclo. Las hemos querido llamar ‘Noticias que abrazan’, por lo que implican de generosidad y de confianza en la humanidad. Para empezar, la creación de la mayor red de apoyo mutuo en Australia, ese país-continente arrasado en las últimas semanas por una oleada de incendios que han calcinado casi seis millones de hectáreas. Frente a la tragedia, la solidaridad, ese arrimar el hombro que a veces tanto echamos de menos.

El paso del año 2019 al 2020 pasará a la historia como el tiempo en el que Australia se cubrió de cenizas. Casi seis millones de hectáreas arrasadas, mil millones de animales muertos, 29 personas fallecidas, 2.000 viviendas destruidas… Pero hay algo que en medio de todas las cifras llama la atención: pocas veces como ahora recordamos en nuestras crónicas que en cada hectárea de tierra arrasada habitan, junto a los seres humanos, insectos, aves, mamíferos, árboles y silenciosas plantas de todo tipo. Estamos mostrando la desolación como si hubiéramos logrado entender la inmensa herida de la Biosfera, de la que formamos parte.

En medio de esa herida los habitantes del resto del planeta estamos asistiendo a un suceso aún más impactante: Los habitantes de Australia están creando la red de apoyo mutuo más grande de la historia de su país, al menos en tiempos de paz. En esta suma, los cualquieras adquieren un papel relevante. Una noticia que abraza.

El poder de un tuit a tiempo

Erin Riley es escritora y comentarista deportiva, vive en Razorback, una zona de Nueva Gales del Sur que no se ha visto directamente afectada por los incendios. Erin ha sido testigo, a su pesar, de cómo miles de sus convecinos fueron evacuados de sus casas durante meses. Su impotencia dio un vuelco cuando se dijo que podía cuidar a animales heridos y mascotas sin dueños porque en su finca tenía potreros disponibles. Sucedió el 31 de diciembre, el último día del aciago año pasado. Tuiteó su propuesta; en pocos minutos otras personas secundaban su iniciativa. A media mañana, Riley creaba un sitio web gratuito para que las personas que necesitaran refugio pudieran encontrar a otras que, como ella, estuvieran dispuestas a ofrecerle un lugar. Al terminar la jornada ya eran 100 las personas que ofrecían un refugio. Aquella misma noche recibió la primera solicitud de ayuda.

Nacía Find a Bed

La iniciativa cumple hoy un mes de vida. Ahora son 60 voluntarios los que enlazan necesidades con soluciones. Están encabezados por Erin Riley y por Paige Burton, co-fundadora de la iniciativa y especialista en comunicación y estrategias de campaña en ONGs, instituciones gubernamentales locales e internacionales. En tan sólo 30 días han ayudado a mudarse a 250 personas desalojadas así como decenas de gatos, perros, caballos, vacas… A estas alturas suman 8.500 las personas que ponen a disposición un refugio, desde un espacio en el jardín delantero de su casa para acampar a lugares para que los pollos se queden o una caravana como la que proporcionaron a Tía Gloria, una anciana aborigen que no quería abandonar su tierra ancestral Yuin hasta el punto de estar dispuesta a vivir entre las cenizas. El ofrecimiento se completó con una cadena de personas que condujeron el vehículo por turnos durante los miles de kilómetros que separaban la oferta dadivosa de la demanda de Tía Gloria.

El año en el que millones de plantas murieron calcinadas los australianos han asimilado la sabiduría de las raíces subterráneas: las redes de apoyo mutuo son una particular manera de intercambiar nutrientes. La humanidad es un superorganismo que forma parte de la trama de la vida.

Un caso, una solución amable.

“Sabemos que la amabilidad es y siempre ha sido la respuesta adecuada a la tragedia. Como comunidad, somos poderosas y lo hemos visto en la respuesta a este proyecto”, explica Paige. La clave de su éxito está en la agilidad y el contacto directo entre personas y la creación de soluciones independientes y autónomas. Del mismo modo que en cada célula de una planta hay todo lo necesario para crear la planta entera, cuando ponen en contacto a la persona necesitada con quien ofrece ayuda brota una acción de resiliencia autónoma que multiplica la buena vida.

La capacidad de reacción de esta ciudadanía autoorganizada ha demostrado ser tan ágil que, a las pocas semanas de creación, Find a Bed ya compartía espacio en el listado de entidades recomendadas por las autoridades australianas a quienes quisieran apoyar a los seres damnificados.

Find a Bed es sólo la punta de una larga lanza. Quien se asome a su cuenta de Twitter podrá constatar que no es la única iniciativa de apoyo mutuo creada en Australia. Existen casos individuales, como la de aquel hombre que ofreció su casa de verano de manera indefinida a una familia evacuada. O la de un farmacéutico de Malua Bay, Raj Gupta, que ha mantenido su farmacia abierta a pesar de que el área no tiene electricidad ni servicio de telefonía móvil y que su propia casa se haya quemado. Era consciente de que sus pacientes no sólo habían perdido su casa y sus pertenencias, sino también sus medicamentos. Es más, les seguiría proporcionando los medicamentos aunque no los pudieran pagar en ese momento. “La gente volverá, son personas muy honorables”.

Pero también pueden encontrarse colectivos organizados como cadenas de intérpretes del lenguaje de signos ofreciendo sus servicios, grupos de escritores/as (#AuthorsForFireys) donando sus obras para obtener fondos, gabinetes de abogados dispuestos a agilizar trámites de forma gratuita, entidades que gestionan las ayudas para la protección de animales (Bushfire Fundation)… Algunos se han organizado por vez primera, otros ya trabajaban para el bien común como GIVIT, asociación australiana que reparte bienes específicos y alimentos, The Port Macquarie Koala Hospital o IDEAS Disability Information, quienes atienden a personas con limitaciones físicas, desde wc habilitados a sillas de ruedas. Junto a ellas están las siglas internacionales más conocidas como Save The Children, Cruz Roja, WWF… y las acciones para recaudar fondos por parte de personajes famosos, en gran parte dirigidas a financiar a los bomberos locales, que en Australia ofrecen un servicio voluntario no remunerado.

Junto a las cenizas, el impacto del cambio climático en Australia deja a sus espaldas redes de afecto, de apoyo mutuo, de fraternidad, compasión y compromiso con la vida, capacidades que parecían sepultadas por la cultura del individualismo neoliberal.

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