18.09.2014

‘Network’, la carrera implacable y sensacionalista de los medios

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Un fotograma de la película Network de Sidney Lumet.

Un fotograma de la película Network de Sidney Lumet.

Hasta el nuevo líder del PSOE, Pedro Sánchez, ha entrado en el ‘juego’, interviniendo en ‘Sálvame’. El autor revisita ‘Network’ (1976) en esta sección de cine que huye de la paranoia de los estrenos y se centra en las buenas películas. El trabajo de Sidney Lumet fue un adelanto de la carrera desquiciada de morbo y sensacionalismo en los grandes medios de comunicación por ganar audiencia, sin escrúpulos ni reflexión. Verla casi 40 años después nos ayuda a entender mejor lo que está pasando en la televisión, sin que se alcen voces contundentes para dar un giro hacia la dignificación de contenidos.

“¡Por mi audiencia, mato!”.

¿Les recuerda a algo esta frase? ¿Sí?

Bien, ahora sintonicen mentalmente su aparato de televisión y déjense llevar por esta imagen: Una atractiva mujer, presentadora de informativos, da paso a un vídeo de violencia callejera, se queda mirando a cámara, pero algo falla en el control de realización y el vídeo no puede emitirse; alertada del percance, serenamente se dirige a los espectadores y comienza su corto pero desesperado discurso: “No importa. De acuerdo con la política del Canal 40 de brindarles lo último en sangre y entrañas a todo color, están a punto de ver otra primicia: un intento de suicidio”.

Era la mañana del 15 de julio de 1974, Christine Chubbuck, periodista estadounidense presentadora del talk show Suncoast Digest, se suicidaba mientras presentaba su programa de televisión en directo. Les ahorro más detalles.

En 1976, el director Sidney Lumet realiza para la pantalla cinematográfica, la película Network, subtitulada en España como Un mundo implacable.

La historia estaba escrita por Sidney Aaron Paddy Chayefsky, dramaturgo, novelista y guionista destacado de la llamada edad de oro de la TV americana, que ya tenía a sus espaldas diferentes premios, incluido el óscar por sus trabajos en Marty en 1955 o en The Hospital en 1971, siendo también el autor de guiones tan reconocidos como La americanización de Emily o la extraordinaria La leyenda de la ciudad sin nombre.

Parece ser que Paddy Chayefsky se inspiró en el episodio antes narrado del suicidio de la periodista C. Chubbuck ante las cámaras, y no sé qué opinarán ustedes si la han visto o si la pueden ver tras este artículo, pero, a mi juicio, este valiente guión no sólo nos revelaría lo que comenzaba a suceder en el mundo de la televisión durante aquellos años, sino que nos adelantaría, a modo de primicia o vaticinio, lo que 40 años más tarde, confirmamos, está a la orden del día en las parrillas de nuestras actuales y múltiples televisiones, sin hacer diferencias exhaustivas entre las llamadas privadas y la televisión pública, sufragada por los ciudadanos, hagan uso o no de ella. O al menos así lo pienso yo.

Pues verán, se trata de una historia algo difícil de contar en pocas líneas, pero vamos a intentarlo.

Howard Beale (Peter Finch), presentador de las noticias de televisión de la UBS, sabiendo que va a ser despedido tras la bajada de audiencia significativa en los últimos meses, decide proclamar públicamente lo que piensa de la sociedad norteamericana y de la manipulación a que les somete el canal durante las noticias de las 20 h, anunciando además que en su próxima edición se volará la tapa de los sesos en directo. Esto hará que aumenten significativamente los índices de audiencia del programa. Beale se convertirá rápidamente en una especie de moderno profeta televisivo para los norteamericanos en cuya vida la televisión tiene una influencia tal que les hace creerla mucho más real que su propia existencia. Pero, al final, Howard Beale, hipnotizado por su propio éxito, empieza a creerse un predestinado mesías y acabará cansando a todos, comenzando por los ejecutivos del propio canal. La maquinaria se pondrá en marcha para deshacerse de él sin que la audiencia baje, sin que los contratos publicitarios se desmoronen y sin que los espectadores se queden sin su ración de morbo.

A la vez, nos cuenta la historia de Diana Christensen (Faye Dunaway), directora de programación, mujer producto de la nueva generación de ejecutivos de la cadena, sin escrúpulos a la hora de obtener audiencia al precio que sea y bajo el morbo más denigrante si es necesario. Y la de Max Shumacher (William Holden), director de informativos de UBS que parece ser la única persona con los pies en la tierra y con la ética suficiente para no estar de acuerdo con la línea editorial del canal, cosa que le costará el puesto, y a la vez alguien tan humanamente estúpido como para enamorarse de la joven tiburón Diana, a sabiendas de que sólo le traerá disgustos.

Lumet expuso con valentía la facilidad de caer en la tentación de manipular a través del medio televisivo, medio que consigue crear opinión, uniformando mentes de espectadores, muchas veces con el único motivo de crear audiencia fiel y sin otro fin que el recaudatorio, alejándose sin escrúpulo de la deontología imprescindible que debe comprometer a esa ventana en la que el ciudadano espera ver reflejada su condición y su mundo, y que, más que ningún otro espacio, deberían poner por delante los llamados informativos.

La crítica de la época la calificó de sátira; muy discutible este calificativo, pues creo que no es fácil llegar a la carcajada en cualquiera de sus escenas, a no ser en relación a lo ridículo que puede parecernos el trato que se da a la información, los contenidos y al público en el medio, cosa que entonces deberemos hacer cada vez que sintonicemos la mayoría de programas y televisiones que nos tragamos hoy en 2014.

Fue tratada también de irritante y discutible, aunque en general se alabó el brillante guión por su espíritu valiente y apasionado. La mayoría de los críticos considerados como serios tuvieron que reescribir sus artículos con la revisión de los años.

También hubo quien la tachó de violenta y destructora, cosa que hoy en día puede parecernos una reacción tremendamente exagerada, si estamos un poco al tanto del devenir de los fenómenos sociales ocurridos desde entonces, del acontecer de la globalización -en aquel tiempo denominada mundialización-, de los continuos cambios y desregularizaciones de los mercados financieros o del corporativismo atroz y sus consecuencias en el reparto de la riqueza hoy en día.

La actriz Faye Dunaway en 'Network'.

La actriz Faye Dunaway en ‘Network’.

Por supuesto, hubo unanimidad en el trabajo excelente de sus actores. Hollywood le dio la mano en ese sentido, nominando a casi la totalidad de sus intérpretes, la mayoría de los cuales conseguirían la estatuilla, y a los autores y técnicos, a los que no concedió ninguna. Piensen que ese año la Academia, siguiendo con su tradición de alabar las películas críticas con la sociedad norteamericana para luego premiar al sistema bajo el manido discurso del sueño americano, le concedió el Gran Premio a Rocky, frente a títulos como Taxi Driver, Todos los hombres del Presidente, Ésta es mi tierra o la que hoy recomendamos, Network (Un mundo implacable).

Un guión, extraordinario por momentos, es la clave de la actualidad de Network, aún en el siglo XXI, ya que contiene varios de los discursos cinematográficos más certeros y feroces del género (incluso alguno de los más bellos), tanto que realmente no habría que contar nada de la historia si les transcribiésemos un par de ellos. Si no, juzguen ustedes sólo un pedazo de la brutal perorata del mandamás de la cadena: “… No existe América, no existe la democracia, sólo existe la IBM, la ITT, la ATIT y DUPOND, DAWN, Unión Car. Y Epson. El mundo es un negocio… Gran sistema de sistemas, sistema internacional monetario que determina la totalidad de la vida en este planeta, ese es el orden natural de las cosas de hoy en día”

Pero Lumet no sólo critica y nos muestra las vísceras del mundo televisivo, sus ejecutivos, sus protagonistas y sus contenidos, no se queda ahí, sino que carga contra el espectador, contra la sociedad visual alienada en la que prueba habernos convertido, dejándonos ideologizar por el poder deshumanizante de las entonces 625 líneas, y muestra al público como la verdadera marioneta de nuestra generación y nuestro mundo.

Esta película, en suma, literalmente profética, nos previene de lo que hoy es ya una realidad. El amarillo parece haberse tornado, cada día, más intenso y brillante en la producción y reproducción de noticias, habiendo alcanzado, ya hace tiempo, a la mayoría de los medios, tiñendo incluso a los antiguamente serios, diarios nacionales.

La dictadura sin pudor e implacable -como el subtítulo español indica- del rating, el share, la necesaria inclusión de publicidad para financiarse y los agentes de presión -políticos, religiosos, comerciales o no- pueden haber alejado al contemporáneo consumidor de estos medios, clásicos ya, en favor de los nuevos canales de comunicación e información nacidos al calor de internet y sus redes. ¿Cuánto tardarán en dejarse acariciar por la varita mágica de la manipulación? Eso está por ver, aunque “la ciencia avanza que es una barbaridad”.

Véanla si pueden, porque no olviden que, como dice el personaje de Holden al comienzo de la historia, toda idea es posible, ¿por qué no? Al final incluso les  encantará: “¡Les encantará! ¡Suicidios, asesinatos, robos, atracos, colisiones de automóviles, la hora de la muerte, la hora del ajusticiamiento, el gran show del domingo por la noche para toda la familia!”.

En fin…

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Sobre el autor

Antonio Bazaga
Toño Bazaga. Más de 20 años dedicados al mundo del cine, habiendo tocado casi todos los palos: producción, desarrollo, escritura, financiación… Convencido de que el futuro del cine está aún por llegar. Apasionado de la literatura y la historia, creo que el celuloide es el mejor invento para contar lo que pasa, lo que pasó y lo que puede pasar. En fin, parte indispensable de nuestra vida.

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8 comentarios

  • El 19.09.2014 , Linkener ha comentado:

    Enhorabuena y gracias, pedazo de artículo sobre esta obra maestra atemporal y real como la vida misma. Cine comprometido con la sociedad que es necesario ver para entender el comportamiento humano, hasta ahí llega este film.

  • El 20.09.2014 , Nely García ha comentado:

    Pienso que en el ámbito político como en todos, los protagonistas deben de ser sinceros consigo mismos, y tener un discurso inteligente, capaz de interesar a un público despierto: ¡si no pueden mostrar sus intenciones últimas!, los espectadores “no manipulables”, captan el juego y el resultado puede ser que, les respalde un público manipulable y sin perspectivas de progreso.

  • El 20.09.2014 , Juanjo ha comentado:

    Gran artículo y aunque suponga tener que comprobar en qué nos están mintiendo y manejando, ha conseguido su objetivo de que quiera ver esta película que no conocía , henorabuena!

  • El 20.09.2014 , Juanjo ha comentado:

    Disculpe la falta de ortografía odio los teclados pequeño a, ahora sí enhorabuena! Y no henorabuena :-(((

  • El 20.09.2014 , Ricardo ha comentado:

    Gran visión la de Lumet en esta interesantísima y desoladora película , qué bien que se escriban artículos así para devolvernos el buen cine y la reflexión

  • El 20.09.2014 , Ángel ha comentado:

    Qué bien tener una sección cultural que no promociona campañas de venta en marcha: películas que no se estrenan calentitas estos días sino películas buenas. Películas buenas y comentarios deliciosos. Y nadie se forra a lo loco. Se parece a la vida pre-neoliberal. Recuerdan? El autor del artículo seguro que sí . Bravo y adelante.

  • El 25.09.2014 , Cántameuna ha comentado:

    Excelente artículo. Una película más en mi lista de pendientes 🙂

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