23.03.2020

Nosferatu y el ‘Cofidís del 19’

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Nosferatu.

El escritor Alejandro Palomas añade una veta más a sus aportaciones a ‘El Asombrario’. A sus libros preferidos y sus pensamientos, a las cartas al director del niño Guille, ahora suma los comentarios del día a día de su madre. Esta vez ha tocado salir a hacer la compra por el confinamiento provocado por el “Cofidís del 19”. No viene mal sonreír un poco.

Ayer tocó hacer la compra. Mi madre se negó a quedarse sola en la casa en la que compartimos confinamiento y en cuanto me despisté la tenía instalada en el coche, agarrada con las dos manos a la cosa esa que está encima de la puerta como si fuera a sobrevolar la Antártida en un Hércules. Cuando fui a decir algo, soltó con una sonrisa de niña inocente: “Ah, qué bien ir al súper, ¿verdad?”.

Cuando llegamos, se quedó pertrechada en el coche. Tardé lo mío en volver, después de una larga cola de espera, distancia de seguridad, guantes y miradas de desconfianza a granel por los pasillos del súper. A la salida vi de lejos a mamá con la ventanilla bajada, hablando con otra señora mayor que se mantenía a una distancia prudencial y que al verme se despidió y desapareció. En cuanto subí al coche, mamá me contaba el encuentro con pelos y señales: “Pobre mujer”, suspiró. “Dice que mientras su marido dormía la siesta ella se ha escapado de casa por el terrado para comprar chocolates y donuts y ositos de esos de cartílago de muerto que se te pegan al paladar. ¿Cómo se llaman? ¿Xanadú? ¿Mariló? ¿Caribú?”.

Ni siquiera tuve tiempo de decirle que eran los Haribó. También ha dicho que esto es la peste mundial, “como la de la película esa que vimos juntos en Navidad en tu ordenador, ¿te acuerdas?”. No, no me acordaba. “Sí, hombre, la del vampiro calvo con las uñas como las de Rosalía con los ojos rojos que se comía las ratas crudas por la calle porque había un virus como este, pero que era bubónico porque era del campo y de los bobinos y además era rumano”.

“Nosferatu, mamá. El vampiro era Nosferatu”, la interrumpí intentando no reírme mientras arrancaba el coche.

No me escuchó. Y me ha dicho que lo mejor para este virus es el chocolate con leche, pero el de toda la vida, no el de los porcientos de cacao y toda esa porquería. Y los Donuts. Rellenos. Que ella se come dos paquetes al día. Y que lo peor, pero lo peor de lo peor, es ducharse mucho. “El agua, eso es casi muerte segura”.

Entonces entendí. Había olvidado que ayer tocaba ducha y mamá, desde que es mayor, ha desarrollado una aversión primigenia a pasar por el baño. Pavor a la ducha y sobre todo a lavarse la cabeza. Me volví a mirarla. Ella me dedicó una mirada dramática y añadió: “Su hija, que es auxiliar de veterinaria en la UCI de un hospital, le ha dicho que con el Cofidís no se sabe porque como es un virus joven, con el agua revive y crece. Y bueno”.

Frené en la rotonda.

“¿El… Cofidís?”.

“Si. El virus. El Cofidis del 19”.

No respiré para no reírme. Todos los martes, jueves y sábados tenemos la pelea de la ducha desde que empezó la cuarentena y en esa guerra por evitar el agua, para mamá vale todo. Me pregunté en qué momento de la cuarentena había llegado esa mente extraterrestre que es mamá a convertir el Covid-19 en Cofidís del 19, pero ella siguió parloteando sobre la peste y Mariona, que así se llamaba su nueva amiga, hasta que llegamos a casa y empezó entonces la verdadera batalla por meterla en la ducha. Empezamos suavecito a negociar el tema ducha durante la merienda. Todo parecía ir bien hasta que el negociado degeneró rápidamente en un poco sutil intento de chantaje emocional por mi parte y en un berrinche de niña poseída por la suya. Luego, aprovechando un despiste mío, ella se metió en su habitación y llamó a mi hermana.

Entreabrí la puerta y espié.

“Hija, esto es una pesadilla. Tu hermano está obsesionado con la ducha y me tiene sin comer desde hace días… Seguro que termina obligándome a beberme mi pipí como esos amigos suyos de San Francisco. Es horrible, te lo juro…, me tiene todo el día limpiando para que sude… Sí… Vale, vale…, pobrecito, ya lo sé, está tan solo… Es verdad… ¿Sabes?, hoy lo miraba mientras conducía y ¿no te parece que cada vez se parece más al vampiro pelón?… ¿A cuál va a ser, hija? Al Nosferatu de la película de las ratas… Jijiji… Con lo guapo que era de niño, con su pelito rubio y sus ojazos verdes… Hay que ver lo que cambiamos… Qué pena, sí… Ah, y no te he contado lo de Mariona… Una señora que he conocido en el parking del súper… Un amor… No, me ha contado cosas del Cofidís… Pues el virus, qué va a ser, parece que no veas la tele, hija… Que no, tonta. El Coronís era el chino, el nuestro es el Cofidís del 19 porque los virus tienen cepas, como los vinos. Pero… pero, hija, no te pongas así… Pero…”.

No pude más. Intenté aguantar, pero se me escapó la risa y en cuanto llegó no hubo forma de disimular. Mamá me oyó y se giró de golpe. Al verme en la puerta, colgó.

“Tu hermana se ha puesto como una moto con lo de virus. Desde luego, qué poca paciencia. Y encima ahora, con lo de la cuarentena, parece una hiena. Dice que me invento las cosas y que estoy chiflada. ¿Tú crees que es para ponerse así?”.

Me acerqué a ella y me senté en la cama.

“Y ha dicho que es verdad lo del agua y lo del Cofidís. Que han dicho en el 24 horas que los mayores de 80 no podemos ducharnos más de una vez a la semana porque el agua nos deja sin defensas”.

Entonces me reí. Me reí soltando tensión, impaciencia, días de encierro y cansancio, y mamá, que vio el cielo abierto, se rio conmigo. Entendió que había ganado la batalla del día y que la ducha debería esperar. Estuvimos así unos minutos y luego me levanté y me fui a mi cuarto. Media hora más tarde, al pasar por la cocina, le oí decir al teléfono, mientras hablaba con mi otra hermana:

“Pero, hija, ¿quién soy yo para decirle a esa pobre mujer que Cofidís es una marca de sal para el lavavajillas? Bastante tengo con estar aquí encerrada con tu hermano, que me persigue con la regadera para dejarme sin defensas…”.

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Sobre el autor

Alejandro Palomas
Novelista, traductor y poeta, ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de Literatura Juvenil 2016 con Un hijo y el Premio Nadal 2018 con Un amor. Su obra ha sido traducida a más de 20 lenguas.

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5 comentarios

  • El 23.03.2020 , Blanca Gonzalo ha comentado:

    Genial como siempre

  • El 23.03.2020 , Lali S. ha comentado:

    Gracias, Alejandro, gracias a tu madre sonreimos. En esta clausura.

  • El 23.03.2020 , Celeste ha comentado:

    Trabajo con personas mayores, la mayoría con demencia y los días de ducha son una batalla. Así que me he reído un montón porque a nosotras nos pasa.

  • El 08.04.2020 , María Sainz ha comentado:

    ¡Gracias! Uno necesita reír. Es muy duro estar bajo la tiranía del «Cofidís del 19».

  • El 22.04.2020 , Sonia ha comentado:

    ¡Maravillosa tu madre!

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