Nuria Barrios retrata en un poblado chabolista a los perdedores de la droga

Nuria Barrios retrata en un poblado chabolista a los perdedores de la droga

La escritora Nuria Barrios. Foto: Lorena Otero.

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La escritora Nuria Barrios. Foto: Lorena Otero.

La noche cae demasiadas veces sobre los mismos hombres y mujeres y sus piruetas son rigurosas penas de muerte cuando se precipitan sobre sus biografías. Hay quien acepta esa oscuridad incontrolable hasta mimetizarse con ella, pero hay quien busca la luz para mantenerse vivos. Y en esa dicotomía van creciendo los personajes de un poblado chabolista de Madrid, perdedores de la adicción a las drogas, personajes de ‘Todo arde’, la última y virtuosa novela de Nuria Barrios.

Bajo la noche eterna habita Lena, la hermana mayor, y bajo la luz natural mora Lolo, el benjamín, o eso cree él, tan joven y tan apocalíptico en cada emoción. Dos hermanos que pelean con la noche por encontrar ese chorro de luz que limpie su pasado y su presente hasta aupar sus cuerpos sobre el futuro.

Drogas, fraternidad, defensa y abuso de los animales (los fragmentos sobre las peleas y entrenamientos de perros es un vía crucis para el lector), radicalidad, violencia y hogueras inextinguibles que resucitan entre sus llamas al mismo Rimbaud mientras esa sátrapa llamada droga va encarcelando seres humanos.

Todo arde es una historia llena de cualidades y de calidades narrativas que invaden la estancia del lector mientras avanza en la trama. Su sencillez es atronadora; sus personajes, balas que rebotan una y otra vez contra las paredes de la habitación. Todo arde es un lago sin zonas oscuras a pesar de la oscuridad que apresa el devenir de los protagonistas. Esma, la sultana que guarda la heroína y demás esbirros químicos de la parca en su chabola-bunker. Mikis, el griego enamorado, el Ulises más demacrado y vencido de la historia de la literatura. Noe, adalid de la delación bajo el polvo rebelde del poblado gitano. El Piojo, violento con los seres humanos y, sin embargo, un San Antón de dientes podridos para los animales. Los culatas y los tiznaos, dueños a partes iguales del infierno. Son muchos los personajes que habitan dentro de esta historia de perfiles extremos y poesía pos-adolescente en la que la autora pone un cuidado extraordinario al escoger sus discursos, sus diálogos concretos y eficaces como la mano de una madre cuando un niño debe cruzar una ancha avenida por primera vez. El lenguaje de sus protagonistas es un hallazgo que acaba convertido en un viento inteligente y generoso que sopla e hidrata la narración:

‘‘Nunca he visto un camión de mudanzas detrás de un coche fúnebre. Cuando mueres no puedes llevarte na. Los egipcios ya lo intentaron y, mira, se lo robaron todo en las pirámides’’.

Es una delicia adentrarse en esta reconstrucción tuneada de Orfeo y Euridice; el amor carnal no existe entre los protagonistas y, sin embargo, es el amor quien rebaña el hueso de esta melodía que ha escrito Nuria Barrios. Una melodía que les llevará a la infancia, a ese lugar en el que las heridas son tan sólo excusas y espejismos para lucir tiritas de colores.

Todo arde provoca vértigo, pero también esa ternura irreversible que enarbolan algunos árboles genealógicos, porque mientras se es joven nadie es capaz de desoír al héroe que mueve la carne de su cuerpo.

Lolo, el coprotagonista de esta historia lo es, un héroe que se acurruca cuando la noche escupe contra él y lo golpea como golpea un sparring envidioso a quien cree que ha ocupado su lugar en el cuadro de la gloria:

‘‘La tartamudez de Lolo era un corazón secreto y doloroso. Ella había entrado en esa herida de puntillas, sin hacerle daño’’.

Todo arde es un dossier completísimo de los perdedores que cincela la adicción, un catálogo de estatuas que no han acabado de encontrar el material sobre el que hacerse eternas.

No dejen de leer este libro porque es una carrera de fondo que contradice el flujo del aliento de quien lee. Te deja sin aire en un capítulo:

“Yo ya he perdido una hija, pero no voy a permitir que mi otro hijo, el único que me queda, siga el mismo camino. ¡No lo voy a permitir! Antes te mato” — sollozó.

Y en el siguiente te insufla una cantidad inaprensible de oxígeno.

No dejen de leer este libro si quieren conocer a la deliciosa Fuga, un hallazgo pluriemocional, que rezonga y gruñe porque no conoce su destino, que les robará el corazón y les dibujará todas esas sonrisas que a diario les niega la rutina.

‘Todo arde’. Nuria Barrios. Alfaguara. 287 páginas.

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