13.02.2018

Plaza y Valdés, una editorial comprometida en abordar la crisis ecológica

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Marcos de Miguel, director en España de la editorial Plaza y Valdés.

Marcos de Miguel, director en España de la editorial Plaza y Valdés.

Nacida en México hace más de 30 años como sello independiente especializado en el ensayo, la editorial Plaza y Valdés aterrizó en España en 2003 dispuesta a descubrir autores que nadie había publicado antes y que con el paso del tiempo se han consolidado como referentes intelectuales. Desde entonces han editado casi 300 títulos, entre los que tienen un lugar destacado los que abordan la crisis ecológica y los derechos de los animales. Por eso les traemos hoy aquí dentro de nuestra serie de personajes del mundo de la cultura preocupados por la sostenibilidad, la economía circular y el reciclaje. Hablamos con su director en España, Marcos de Miguel, quien apela a la necesidad de leer y pensar.

Vuestra línea editorial está centrada en el ensayo, con especial hincapié en los temas ambientales y en los derechos de los animales. ¿Por qué decidisteis darle este enfoque?

Es cierto lo que señalas, pero yo diría más bien que nuestra línea editorial está centrada en ensayos que tratan temas que tienen que ver con la ética y, dentro de ese campo, incluiría los títulos que miran al medioambiente y la ética animal. Pero también hemos tratado otros temas con mucha intensidad como la emigración o la bioética, por ejemplo. Es incuestionable que hoy en día el ecologismo y el animalismo son dos corrientes no solo de pensamiento sino también culturales, sociales y políticas muy fuertes, con mucha demanda de contenidos serios, rigurosos, que hagan propuestas innovadoras y análisis certeros. Ambas líneas son necesarias para pensar el mundo en el que vivimos y el tipo de futuro que estamos dispuestos a construir. Un futuro que ignore estas dos visiones de manera complementaria se presenta bastante desolador. Aparentemente, ambas corrientes están enfrentadas pero, desde mi punto de vista, tienen muchas más cosas en común que diferencias entre sí, aunque haya algunas de esas diferencias que son muy difíciles de salvar, es verdad. Desde luego, si hay una posibilidad de comunión, será pensando, debatiendo y compartiendo ideas, puntos de vista, preguntas y respuestas, sin darse la espalda.

Los libros que hemos publicado sobre estas temáticas son de carácter interdisciplinar, abordan estos asuntos desde la filosofía, la sociología, la psicología o la perspectiva de género, entre otras, y creo que juegan un papel fundamental para construir puentes y fomentar un diálogo constructivo. Leer y aprender sobre estos temas ayuda a desarrollar cualidades como la empatía y la solidaridad, tan importantes para aprender a ponernos en el lugar de los demás, especialmente de las víctimas, los inocentes, los desprotegidos, los más vulnerables. Los libros combaten la brutalidad y la violencia desde la cultura y la educación.

¿Necesitamos pensar más y opinar menos?

Opinar está muy bien, no hay nada malo en hacerlo, pero opinar sin criterio no tiene mucho valor. Para opinar con criterio hacen falta el estudio, la reflexión y el discernimiento propios, cualidades que no se dan solas, hay que cultivarlas, y eso lleva tiempo y esfuerzo, pero sobre todo voluntad de querer aprender. Me gusta pensar que es mejor la calidad que la cantidad. Es mejor una idea bien elaborada que diez sin elaborar. Normalmente la gente que sabe mucho habla poco y la gente más ignorante no para de opinar sobre todo lo que se tercie. Las redes sociales son un buen ejemplo de ello. Me viene a la mente aquella frase de Labordeta, con su peculiar sentido del humor, cuando decía que admiraba a la gente de pueblo (a quien consideraba más sabia que los urbanitas) porque de lo que no saben, no hablan. Labordeta estaría de acuerdo conmigo en que cuanto más aprendo antes comprendo todo lo que me falta por aprender, es un proceso que nunca termina. Por eso la humildad intelectual es tan importante.

Hoy en día la gente cree estar muy informada por leer los periódicos, seguir unos cuantos blogs o participar en las redes sociales, pero es al contrario. El exceso de información supone desinformación. Hay que filtrar la información para que se convierta en conocimiento y ese filtro es la reflexión personal, no hay otra manera. La lectura de un ensayo es muy diferente a la lectura de esas píldoras que he mencionado, requiere verdadero interés, querer saber, querer aprender. Un ensayo de pensamiento crítico o filosofía puede resultar a veces difícil de digerir porque hay que masticar mucho más, pero sus nutrientes también alimentan mucho más. Leer filosofía, como jugar al ajedrez, ayuda a entrenar la mente para pensar de muchas maneras diferentes. En este sentido, contar con una buena estantería de libros de ensayo en casa para consultar sería como tener una gran caja de herramientas siempre a la mano.

¿Cuáles son los principales retos ambientales a los que nos enfrentamos?

En mi opinión, la contaminación y el cambio climático serían dos caminos que pueden llevarnos a un punto de no retorno, por no hablar de la guerra. No es un tema abstracto, como parece que algunos se empeñan en confundir, tiene que ver con la calidad del aire que respiramos, así como la calidad de la comida y la bebida que ingerimos, entre otras cosas. La industria ganadera, por volver al tema de los animales, es una de las mayores amenazas que existen para el medioambiente. A veces me sorprende, y me preocupa, la postura que toma mucha gente respecto a estos temas, personas aparentemente cultas y formadas que se muestran incrédulas frente a datos concluyentes de estudios científicos o estadísticas demoledoras. Como muy bien señala Jorge Riechmann, si no aprendemos a cambiar de mentalidad y actitud, si no comenzamos a decrecer, si no hacemos un alto en el camino y repensamos bien hacia dónde nos dirigimos antes de continuar, ocurrirá lo inevitable.

Desprenderse de lo innecesario sería una de las claves del buen vivir. Pero la sociedad de consumo no parece que vaya por ahí, ¿no?

El nombre que define al sistema en que vivimos es el capitalismo. El capitalismo necesita una sociedad de individuos consumistas. El consumismo existe gracias a la publicidad, que es una máquina de generar deseos para satisfacer necesidades que no sabías que tenías. Me gusta pensar que no es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita. Cuando uno llega a desprenderse del deseo de consumir entonces es posible mirar al capitalismo desde fuera y comprender lo absurdo de este sistema impuesto por la sociedad de consumo. No soy amigo de las políticas de austeridad, sobre todo si afectan a los servicios sociales, pero sin embargo abrazo el término ascetismo en el plano individual, lejos de cualquier doctrina religiosa, por supuesto. Yo me pregunto: ¿y si la publicidad fuese el software instalado en nuestro inconsciente que mantiene en funcionamiento el código de obsolescencia programada que necesita el capitalismo para sobrevivir? Hay que redescubrir el silencio, tan lleno de sentido. Hay que alejarse, literal o metafóricamente, de quien nos quiere someter a sus gustos y productos, quien disfruta manipulando poniéndonos la zanahoria delante. No es tan difícil realmente. El máximo exponente de una sociedad capitalista es la sociedad estadounidense y no me parece un destino muy apetecible en estos momentos. Hay que mantener la guardia alta. Los libros serán siempre buenos aliados en esa lucha diaria. Si no tienes dinero para comprarlos, seguro que no muy lejos hay una biblioteca esperándote. No hay excusas.

Quizás deberíamos ir hacia una economía circular en la que todo fuera objeto de reciclaje, que la basura dejara de tener el sentido que tiene hoy. Todo es aprovechable. ¿Qué pensáis?

Por supuesto, es necesario reciclar todo lo posible, tanto a nivel individual como a nivel industrial. Es muy importante tomar conciencia de la responsabilidad que tenemos en este sentido y lo que está en juego. Hemos tratado el asunto en varios libros. En particular, estoy pensando en uno que publicamos hace unos cuatro años titulado La investigación de ecosalud en la práctica, que aborda este tema desde la consideración de las personas como parte de sistemas socioecológicos complejos. Este libro colectivo nos explica, a través de estudios de caso concretos en países muy diversos, las ventajas de incorporar cambios duraderos para mejorar la vida de las personas y los ecosistemas que los sustentan. Tiene mucho que ver con la economía circular que mencionas. En definitiva, una cosa va asociada necesariamente a la otra. Apostar por mejorar el medioambiente, el desarrollo económico sostenible y el reciclaje es apostar por mejorar la calidad de vida de los individuos. Por otro lado, también es necesario hacer ese autoanálisis desde el punto de vista intelectual y teórico, desde la biopolítica o la biocultura, por ejemplo. Estoy pensando en el enfoque de otro libro completamente distinto que publicamos, Filosofía de la caducidad, de Antonio Valdecantos, quien nos alerta sobre la idea de que todo, incluyendo los bienes culturales y morales, sea considerado como perecedero. Para abandonar la cultura de “usar y tirar” lo primero que habría que hacer es dejar de practicarlo con nosotros mismos y con las ideas, pues también estaría en juego la caducidad de las identidades del propio sujeto. Resumiendo, creo que, en lugar de pretender cambiar el mundo, sería más realista pensar en crear micromundos, donde lo material no sea la prioridad y donde asumamos el poder que tenemos: cambiando nuestros hábitos cambiaremos nuestro entorno. Como decía Schumacher: small is beautiful!, lo pequeño es hermoso.

Como sello independiente, dentro del ecosistema editorial, ¿cuáles son los principales retos a los que os enfrentáis?

El principal reto al que nos enfrentamos como sello independiente es seguir siendo independientes. En realidad todas las editoriales somos interdependientes porque dependemos unas de otras en el sentido de tejer una red común, seguir construyendo juntos un entorno editorial diferente al de las grandes corporaciones, que absorben cada año a editoriales independientes para convertirlas en sellos o incluso colecciones dentro de un gigante sin cabeza. Esos gigantes son dueños de editoriales, distribuidoras y cadenas de librerías, de manera que un mismo dueño acapara todo el circuito comercial del libro. Y cuando además son propietarios de periódicos, televisiones, radios, etc., donde se promocionan y se dan autobombo, por momentos pareciese que solo existen sus libros, como si no existiésemos los pequeños editores. Esos gigantes destinan el mayor porcentaje del presupuesto adjudicado a un libro para la promoción y solo una pequeña parte para la producción, mientras que en nuestro caso y en el de muchos otros sucede justo a la inversa. La clave del éxito para las editoriales independientes pasará por crecer cerca de los pequeños libreros y distribuidores, cuidándonos y apoyándonos mutuamente, así como comunicándonos directamente con los lectores.

Otros temas de ‘El Asombrario Recicla’ sobre literatura y medioambiente:

Editorial Errata Naturae.

Cuatro mujeres novelistas.

Entrevista a la escritora Pilar Adón.

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Sobre el autor

Javier Morales
Soy escritor, periodista y profesor de escritura creativa. He publicado las novelas “Trabajar cansa” y “Pequeñas biografías por encargo” y los libros de relato “Ocho cuentos y medio”, “Lisboa” y “La despedida”. Imparto clases de escritura creativa en el taller de Clara Obligado y en la Escuela de Escritores. En Área de Descanso hablo de los libros que me gustan. Puedes seguirme en:

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Un comentario

  • El 16.02.2018 , Tomás Loewy ha comentado:

    Excelentes pasajes en una nota que roza los temas, más profundos y silenciados, vinculantes a un cambio civilizador, para viabilizar futuro y la vida en el planeta.

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