12.10.2018

¿Podrán los androides llegar a soñar con ovejas eléctricas?

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La exposición ‘Nosotros Robots’ en la Fundación Telefónica de Madrid.

Los robots no abandonan Madrid. Tras el gran encuentro IROS 2018, el mayor evento internacional sobre robótica, se puede ver la evolución de estas máquinas en una exposición en la Fundación Telefónica de Madrid que durará hasta el 3 de febrero de 2019. ‘Nosotros Robots’ nos muestra la evolución imparable de estas máquinas y sus capacidades para transformar el futuro.

Un robot se puede definir, como hace el libro blanco sobre estrategia robótica del Ejército de EE UU, como un “aparato fabricado por el hombre, capaz de detectar, comprender e interactuar con su entorno”.

Para el comisario de esta exposición, Andrés Ortega, “los robots plantean nuevas posibilidades para afrontar tareas arduas que antes hacían los humanos y para otras a las que, por muy grandes o muy pequeñas, muy lentas o muy rápidas, las personas no alcanzaban. También retos, de nuestra esencia como seres humanos, para los que aún no tenemos respuestas”. Ortega, autor de La imparable marcha de los robots, piensa que “todas estas transformaciones, muy distintas en su alcance, de las que se han producido hasta ahora en la historia de la humanidad, nos pondrán a prueba y harán necesaria una nueva antropología”.

Fuera de distopías u utopías varias, las máquinas nos acompañan como civilización. Pero si hubo unas que abrieron el camino a los robots fueron los autómatas. Desde el Medioevo hasta el siglo XIX, estos artilugios fomentaron la imaginación y maravillaron con sus engranajes. Por ello el recorrido de esta exposición empieza con el gran Leonardo Da Vinci y su caballero mecánico, de 1495, que con su potencial de control remoto y antropomorfismo, se puede considerar el primer humanoide. Se desconoce el uso, tal vez la guerra, que Leonardo tenía pensado para estos caballeros que movían los brazos y las piernas.

El término robot se lo debemos a la obra teatral R.U.R (Rossumovi univerzální roboti) estrenada en el Teatro Nacional de Praga en 1921. Karel Čapek acuñó el famoso término inspirándose en la palabra checa robota, que significa trabajo duro, para unas máquinas que parecían humanos. En la obra, Harry Domin, el director de la empresa R.U.R., asegura que fabrica “personas artificiales”, esclavos sintéticos, elaborados a partir de materia orgánica, para hacer tareas arduas, y con capacidad de pensar. Producidos en masa, acaban rebelándose y destruyendo a sus amos. Fue un alegato distópico contra la deshumanización y la barbarie. El estreno en 1924 en Tokio provocó una fiebre robótica. En España no se publicó el libro hasta 1966. Los conflictos de amos y trabajadores volverán también de la mano de los robots en Metrópolis, de Fritz Lang (1927), con una María inolvidable.

Los humanoides son los protagonistas de la visión amable o destructiva que se tiene de los robots, fomentada por las películas, libros o cómics, pero este término se aplica también a los menos glamurosos brazos industriales. El primer robot industrial realmente programable, Unimate, de 1960, lo ideó y construyó George Devol (1912-2011), reconocido como “padre” de la robótica. Y se instaló en una fábrica de General Motors para fundición a presión y soldadura por puntos. Al Unimate se le considera una de las cincuenta grandes invenciones del siglo XX.

Entre lo humanoide y los brazos robóticos, existen una gran gama de modelos que se exhiben ahora en Madrid: androide (semejante a un hombre), ginoide (semejante a una mujer), geminoide (semejante a una persona real concreta), animaloides o plantoides, también drones o nanorobots. El español RH-1 (2011 de RoboticsLab) muestra sus componentes al visitante y el InMoov (2012), de Gaël Langevin, se presenta como el primer humanoide de código abierto que puede fabricarse en casa con impresoras 3D. Además de los reales se pueden ver los de la ficción, como una réplica de R2-D2 y BB-8 de Star Wars y el T-800 de Terminator.

La muestra, con más de 50 piezas, acoge a todos ellos, muchos cedidos por Casual Robots. Para su representante, Pablo Medrano, “es preocupante sobre todo la falta de formación e información en este campo, por eso desde Casual Robots asesoramos a empresas y a particulares sobre qué uso deben hacer de la robótica”.

Las grandes aliadas de los robots serán la inteligencia artificial y la inteligencia emocional. Para Concepción Alicia Monje, doctora investigadora del grupo de investigación RoboticsLabs de la Universidad Carlos III, “la inteligencia emocional debe estar ligada a la artificial: el robot parece que siente, pero en realidad no lo hace. Evidentemente, es una simulación, pero para nosotros es suficiente con entender hasta dónde llega la máquina”.

Enseñarles a entendernos será el futuro reto. Un estudio de la Universidad de Stanford recoge que las personas pueden experimentar sentimientos de cariño hacia estos nuevos aparatos. “Los últimos avances en inteligencia artificial indican que no es tan difícil deducir emociones o sentimientos a partir de datos, o provocarlos a través de algoritmos, máquinas o redes sociales capaces incluso de manipular emocionalmente a seres humanos”.

Según la teoría empírica del Valle Inquietante, acuñada en 1970 por el japonés Masahiro Mori para la robótica y la animación en 3D, ante réplicas de apariencia antropomórfica, se produce en los humanos una respuesta emocional positiva. “Pero si los robots se semejan en exceso a la apariencia humana, generan una reacción de inquietud, porque dudamos si son máquinas o seres vivos, provocan una sensación de extrañeza, nos recuerdan a la muerte o tememos que acaben remplazándonos”.

Dentro de la exposición, podemos experimentar esta teoría; una videoinstalación muestra lo más sofisticado de Hiroshi Ishiguro, la copia robótica que ha hecho de sí mismo un androide hiperrealista: el Geminoid HI-4. Este ingeniero de la Universidad de Osaka y experto en inteligencia artificial está convencido de que los androides podrán servir a los humanos como socios para los negocios en el futuro.

Ishiguro vaticina que en los próximos años ofrecerán asistencia en lugares públicos, centros comerciales, estaciones y escuelas, e incluso como profesores. Su clon cibernético puede sustituir a su creador impartiendo clases y conferencias; tiene la capacidad de conversar con humanos y controlar la expresión facial.

La copia robótica hiperrealista de Hiroshi Ishiguro.

La copia robótica hiperrealista de Hiroshi Ishiguro.

Las tecnologías implantables serán otro gran salto. El término cíborg, derivado de “cibernética” y “organismo”, lo acuñaron Manfred E. Clynes y Nathan S. Kline en 1960 pensando en seres mejorados para la exploración espacial. Un nuevo futuro se abre con la emergente robótica biohíbrida que combina tejido vivo con otros materiales metálicos o plásticos.

Las preguntas respecto a los robots son constantes: ¿Es posible un alzamiento de las máquinas contra los humanos? ¿Acentuarán los robots las desigualdades en la sociedad? ¿Cuál es el peligro de encargarles ciertas tareas? ¿Qué tipo de emociones despertarán en nosotros? Por suerte ya tenemos las 4 leyes de Asimov, que pretenden protegernos de la tiranía de los robots.

La gran explosión de los robots se va a producir. La Federación Internacional de Robótica (IFR) espera que para 2019 se hayan instalado más de 1,4 millones de nuevos robots industriales en el mundo, hasta un total de 2,6 millones. El 74% de las ventas globales de robots se concentraron en cinco países en 2016: China, Corea, Japón, Estados Unidos y Alemania. China tiene un plan de intensa robotización en los próximos años. La mitad de los diez países con más robots industriales por cada 10.000 empleados pertenecen a la Unión Europea, España incluida.

¿Habrán de pagar impuestos los robots, lograrán que los humanos disfrutemos de una Renta Mínima Universal? / No se sabe cuántos empleos destruirán la robotización y la automatización, ni cuántos nuevos crearán. Es uno de los grandes temas a debate. La exposición nos invita a la reflexión pero también a disfrutar de su lado amable y de “esos robots buenos que ayudan al hombre”.

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Sobre el autor

Pura C. Roy
Periodista y gestora cultural. Estoy a favor de un conocimiento transversal, por eso me apasiona tanto la ciencia y el medio ambiente como la poesía, la literatura y el teatro. Puedes seguirme en Twitter: @cuencapura

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