24.02.2020

Pondus y todos esos pingüinos que salimos a buscar ‘lo otro’, ‘lo que no’

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Un pingüino rey, como ‘Pondus’.

El escritor Alejandro Palomas emprendió hace una semana la expedición ‘En busca de Pondus’, protagonista de un libro infantil danés de los años 60 que le marcó de niño. Alejandro tenía una cita con ese pingüino y su familia, al sur de los sures chileno, en Tierra de Fuego. Desde allí nos envía este artículo en el que se identifica con ese pingüino que decide dar la espalda a la colectividad para adentrarse en otros caminos, que parte él solo hacia lo desconocido, hacia la búsqueda de ‘lo otro’, que decide explorar ‘lo que no’.

Desde la ciudad de Porvenir, en plena Tierra de Fuego chilena, he dejado aparcado al escritor que explora para convertirme durante unas semanas en un explorador que escribe. Hoy es día de receso aquí en la Patagonia. El viento lo paraliza todo y llega la reflexión. Tras visitar con detenimiento la pequeña colonia de pingüinos rey enclavada a dos horas de aquí, reviso una vez más el documental en el que Herzog muestra y comenta el caso del pingüino que decide abandonar la comunidad a la que pertenece y adentrarse tierra adentro hacia el continente. Herzog lo expone más o menos así: “Por mucho que insistimos en atraparlo y colocarlo de cara a la colonia que ya se aleja hacia el agua, este ejemplar se empeña en alejarse solo, renunciando al grupo y dirigiéndose a una muerte segura”.

En su día, ver al pingüino del documental avanzando solo hacia los hielos agrestes del continente me provocó una ternura y una pena tremendas. Los pingüinos nos recuerdan a nosotros, son en cierto modo nuestra versión más inocente y tierna: tan erguidos, tan torpes, tan inofensivos, tan queribles… Encarnan esa versión pura de lo que enhebra al ser humano (o debería enhebrarlo) y eso cala y llega. A partir de ahora llamaremos Pondus a ese individuo que, en toda colonia, decide dar media vuelta y partir solo a lo desconocido, dando la espalda a la colectividad.

Herzog dice de él “que va a una muerte segura” y desde aquí creo que eso no es exactamente así. Pondus y el resto del grupo van siempre a una muerte segura, sea cual sea el camino que tomen. La muerte es segura para todos, es el final compartido. Pondus simplemente decide investigar qué otras posibilidades hay, qué pasa si decide por sí mismo y se arriesga a probar otro camino. Quizá sea locura (de hecho, en el documental se plantea si existe la locura o la depresión en los pingüinos que actúan de ese modo), quizá sea enfermedad, o quizá no. Herzog se equivoca cuando habla de “una muerte segura” como si esa fuera la condena o la consecuencia de rebelarse contra la costumbre de grupo. No. Lo que define a Pondus, su decisión, es la búsqueda de lo otro, de lo que desconoce. A Pondus le espera un “destino inexplorado y en solitario”, la muerte segura es simplemente un bien/mal común.

Desde que tengo uso de razón siento que he vivido desencajadamente. Sé que somos muchos/as los que nos entendemos así y sé también que todo lo que nos envuelve y rodea está diseñado para que la comunidad y el grupo funcione, para su supervivencia, más allá de sus individualidades. De ahí que históricamente se haya castigado por defecto al individuo que decide dar la espalda a la comunidad para explorar otros horizontes. La vida de los cientos de miles de Pondus que pueblan el planeta debe sobrevivir a las voces y a los enunciados que nos repiten sin descanso que nuestra opción está errada: “La diferencia no aporta, la diferencia cuestiona lo común, qué necesidad, por qué, para qué…”.

Figura danesa del pingüino Pondus con su característica bufanda roja.

Nacer, ser, comportarnos, querer, pensar, actuar, sentir, desear lo que la colectividad descarta es formar parte de ese descarte e “ir a una muerte segura”, como lo verbaliza Herzog mientras el pingüino insiste en perderse solo camino del continente. Pena, los que exploramos “lo que no” a veces damos pena. “Pobres”, dicen. Otras, las más, somos lo que molesta. La diferencia es peligrosa y, peor aún, puede ser contagiosa.

En los patios de los colegios, en los parques, en los clubes deportivos… los/as niños/as que juegan solos/as, lejos del grupo, hacen sonar las alarmas. La colectividad exige que el juego sea compartido porque el niño/la niña que juega solo/a quizá en algún momento levante la mirada y al mirar al grupo vea lo que el grupo es y lo entienda desde fuera. Peligro. Si el/la niño/a juega solo/a y decide despegarse es, cómo no, porque hay algo en él/ella que no funciona y esa disfunción es lo que lo/a hace diferente. Esa diferencia debe ser corregida.

Muchos/as llevamos dentro a un/a Pondus, “ese niño/a que no” que, a pesar de la edad, del esfuerzo por ser colectividad no termina de estar dentro porque anhela lo que la colectividad le niega. Muchos/as llevamos dentro a un/a disidente. Hoy, en Tierra de Fuego, celebro nuestra disidencia porque celebro también que somos/as muchos/as los que sabemos que vamos a una muerte segura y eso –eso precisamente- es lo que nos da el valor de querer cambiar lo que no nos hace bien.

Somos miles de Pondus poblando el mundo.

La vida es encontrarnos.

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Sobre el autor

Alejandro Palomas
Novelista, traductor y poeta, ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de Literatura Juvenil 2016 con Un hijo y el Premio Nadal 2018 con Un amor. Su obra ha sido traducida a más de 20 lenguas.

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3 comentarios

  • El 24.02.2020 , Mabel Cejas Tonani ha comentado:

    Pertenezco al grupo de muchos » Pondus» que andan por el mundo y el texto, otra genialidad del magnífico escritor que es Alejandro Palomas !!!

  • El 24.02.2020 , Kanitines ha comentado:

    Alejandro es Pondus..
    Yo soy una aprendiz de Pondus y de Alejandro,
    desde que era muy niña sigo buscando un camino lejos del grupo. Muchas veces cuando joven me enorgullecía, despues me preocupé, ahora no me lo cuestiono….me dejo llevar.
    El rio fluye y yo busco la otra orilla para reencontrarme conmigo y con él. Mi alter ego de 4 patas. ..

  • El 27.02.2020 , Encarni ha comentado:

    Afortunadamente, la hora del recreo te da información que no te ofrece otro momento. Se tiene que cambiar la mirada. Si la soledad del niño/-a es deseada y es feliz no pasa nada pero si es por el rechazo del grupo entonces es otra cosa. El ser diferente es un don y en la diversidad está la riqueza. Ahora, a parte de decirlo, hay que creerlo porqué hay gente que tiene un 10 en teoría ya que es bonito decir según que. La sociedad, y me incluyo, tenemos que trabajar en la práctica hasta que ya no sea necesario tratar estos temas.

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