02.12.2014

The Portable Photo, llegan las innovadoras ‘fotoapps’ de autor

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Imagen promocional de las apps de fotografía.

Imagen promocional de las apps de fotografía.

La fotografía española está viviendo un momento dulce en creatividad. La ‘Generación de los Intensos’ ha venido para quedarse; nuevos nombres empiezan a tener reconocimiento, nuevas ideas sobre qué es fotografía empiezan a ser reconocidas, nuevas formas de comunicar llevan a maneras diferentes de exponer o publicar. En ese afán por buscar otros caminos, nace un nuevo formato: las ‘apps’ de autor, el proyecto The Portable Photo, que ya cuenta con dos títulos: ‘KARMA’, de Óscar Monzón, y ‘Los Modlin’, de Paco Gómez. Otros dos ya están en camino.

The Portable Photo es una propuesta pionera en el ámbito de la fotografía internacional, que consiste en una colección de apps de fotógrafos españoles contemporáneos dirigida por el estudio Espadaysantacruz y que cuenta con la colaboración del editor independiente Gonzalo Golpe.

Espadaysantacruz es un estudio tecnológico enfocado a la búsqueda de soluciones tecnológicas en el entorno cultural, que experimenta en áreas como la renovación de las soluciones expositivas o en las formas de comunicar en el mundo del arte. Parte de su equipo viene de entornos más técnicos como la ingeniería o la informática, pero algunos de sus miembros tienen relación directa con la fotografía y el mundo audiovisual. Dar el paso a investigar el mundo de las apps para fotos resultaba casi inevitable: “Ya latía en el aire la posibilidad de una app. Hace tiempo que teníamos la necesidad de vincular la foto al mundo digital y explorar las posibilidades de los diferentes soportes y las nuevas tecnológicas”, nos cuenta Nerea Goikoetxea, responsable de esta área en el estudio. “Pero no pretendíamos un soporte neutro, sino que buscábamos que fuera participativo, que se integrase dentro del discurso y el lenguaje fotográficos”.

Las ‘apps de autor’ son un fenómeno que tenía que llegar. Hay quien dice que los avances tecnológicos no dependen tanto de una mente privilegiada, sino de que se den las condiciones necesarias en una sociedad para que aparezcan y, además, se desarrollen. Tal vez por eso las apps fotográficas de autor han nacido aquí y ahora. Y han tomado cuerpo con este proyecto. En España se está dando un ambiente donde, por la falta de apoyos, una generación de fotógrafos se han buscado sus propios recursos, sus propias escuelas, editoras… Y era cuestión de tiempo que se planteasen el salto digital como forma de expresión.

En Espadaysantacruz pretenden crear fotoapps que saquen partido a las múltiples posibilidades que ofrece una tableta, que permite realizar gestos, geolocalizar, girar, detectar la intensidad de la luz ambiente, interactuar con otras tabletas… Un sinfín de recursos que pueden servir para enriquecer el discurso partiendo de un trabajo fotográfico. “Es algo que ya llevan un tiempo explorando otros sectores como la literatura, el cómic o la industria del videojuego y la música”, sigue explicándonos Nerea Goikoetxea. “En nuestro caso, no hemos partido de ningún referente conscientemente, pero sí encontramos muy inspiradores proyectos de documentales interactivos en la red (interactive web documentary) como Journey to the End of Coal The Build. Aunque no todo es tecnología digital, la edición en papel, la audiovisual y el mundo de los videojuegos tienen mucho que ver con el bagaje con el que hemos contado a la hora de diseñar las apps“.

Hasta ahora, según sus palabras, las apps fotográficas venían a ser traslaciones de libros al formato digital, o galerías fotográficas con muy pocas opciones para la interacción con el lector. No se podía hablar de apps fotográficas propiamente dichas. “Las referencias que teníamos de fotógrafos eran puramente de soporte, sin aprovechar todas las posibilidades; es decir, hasta ahora sólo se permitía ver imágenes, enlazar, ver vídeos… Eran una especie de pdf enriquecido. Pero las tabletas permiten establecer una relación como soporte creativo mucho más rica y llena de posibilidades”.

Por tanto, había que inventarse el futuro. Y además, había que elegir bien cuáles eran los primeros autores para desarrollar esta tecnología. Fue así como se unió al proyecto Gonzalo Golpe, para que hiciera de editor en esta colección. Para ello pesó su trayectoria como editor de libros de autor de calidad, pero sobre todo, su conocimiento del entorno fotográfico más de vanguardia, así como su relación profesional, y en muchos casos personal, con muchos de esos autores.

Cuando consiguieron el respaldo económico de la Secretaría de Estado de Cultura, comenzaron la selección de los autores más adecuados para realizar las dos primeras apps de la colección. Dos nombres fueron los que acabaron materializándose: Oscar Monzón, incluso antes de que se premiara su trabajo KARMA, y Paco Gómez, del colectivo Nophoto, cuyo libro Los Modlin se ha convertido en un fenómeno editorial.

Ambos trabajos, aunque ya tenían una plasmación como libros, y en ambos casos de manera exitosa, son trabajos que trascendían ese formato. Por un lado, KARMA contaba con una videoproyección vinculada con el trabajo que era muy demandada por el público, que contaba con grabaciones y música compuesta por el propio Óscar. “Desde el principio olvidamos el libro y buscamos realizar una experiencia propia de esta plataforma”, dice Gonzalo.

La línea de la colección trata de hacer una app completamente diferente en función del autor y del material con el que se trabaja. Aseguran que con KARMA hubiera sido fácil convertirlo en un juego lleno de fuegos de artificio, pero tanto Óscar como el propio Gonzalo quisieron limitar las posibilidades de interacción a aquellas que pensaron que estaban más en consonancia con el proyecto. El resultado ha sido una app en la que el lector es conducido por un camino en el que es obligado a realizar ciertas acciones para alcanzar un destino, pero en la que es la aplicación la que manda: te obliga a ponerte unos cascos, a esperar unos tiempos, a visionar unas imágenes, a escuchar una música… Pese a ser interactiva, la experiencia es impuesta.

En cambio, el planteamiento para Los Modlin fue completamente diferente. Aborda la historia de una extraña familia norteamericana que terminó viviendo en la madrileña calle del Pez. A partir del material gráfico que Gómez encontró tirado en la calle tras la desaparición de sus miembros, inició una investigación con el curioso resultado que relata en el libro. Según nos cuenta Nerea, muchos de los que lo leyeron manifestaban el deseo de compartir la investigación que realizó Gómez. Por ello, en el momento de llevar este material a la app, Espadaysantacruz se inspiró en las aventuras gráficas en las que el lector elige su destino; eso nos permite realizar nuestra propia investigación, a través de diferentes caminos. Unos nos llevarán a conocer mejor a esta apocalíptica familia y otros nos dejarán en punto muerto, obligándonos a retomar nuestras pesquisas.

Dos aplicaciones completamente distintas en las que el lector necesita realizar un nuevo aprendizaje. “No hay un catálogo de gestos, ni de acciones que sirvan de una app a otra. Cada fotoapp es diferente en función del material con el que se trabaja, porque queremos que cada proyecto forme parte del discurso del autor”, puntualiza Nerea.

¿Y cómo se enfrenta el autor al universo de las apps? “Los fotógrafos parten con muchas dudas, pero cuando lo interiorizan pierden el miedo y entran con muchas ganas”, explica Nerea. “En ocasiones, nos encontramos con autores que requieren una alfabetización tecnológica, pero no es problema porque están bien acompañados y todo el equipo se encuentra en aprendizaje permanente. Además, no imponemos, hacemos un trabajo de alto nivel tecnológico pero la palabra final la tiene el autor. Él es el que establece lo que quiere y nosotros hacemos la traslación a lo técnico. La suerte es que nuestros técnicos son también creativos con los que no hay que realizar labores de traducción entre lo técnico y lo creativo”.

En los próximos meses desarrollarán dos nuevas apps. En una esperan contar con un autor consolidado que se adentre en estos nuevos lenguajes. Pero también buscan alguien nuevo en los circuitos fotográficos, de manera que su trabajo se presente por primera vez con esta aplicación. Así que nos muestran su deseo de animar a fotógrafos sin consolidar a que se pongan en contacto con ellos para proponer sus proyectos. De esa forma, será más evidente que no estamos hablando de fotolibros digitales, aunque las dos primeras apps contaran con ese antecedente. Buscan un proyecto que se desarrolle de manera nativa en este lenguaje digital.

Sobre la acogida de los dos primeros títulos del catálogo nos reconocen que la respuesta aún no es masiva: “No ha sido un boom. Pero tampoco buscamos una rentabilidad directa. Según los entendidos, sólo un 0,01% de las apps obtienen un éxito económico. Lo que sí se está consiguiendo es un gran interés sobre este soporte por parte de los autores. Lo ideal sería que surgiera más gente que desarrollara fotoapps, que hubiera una apuesta más decidida. Que hubiera más catálogo, más público, más fotógrafos interesados. Ya están surgiendo programas de autoedición de apps, algo importante en la difusión del formato, que contribuye a generar una comunidad de autores, de editoriales, estudios independientes, lectores… Pero no nos cabe duda de que es sólo una cuestión de tiempo. Hay una clara demanda incipiente. Cuantas más aplicaciones fotográficas haya más se enriquece el mercado”.

El futuro de la convivencia entre fotografía y tecnología ya está aquí y se toca con los dedos. El reto es trabajar sin prejuicios.

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