25.01.2018

Premio Luis Valtueña de Fotografía: Una lucha contra los recortes y mezquindades del Estado

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Carlos de Andrés. 'Desayuno en la cocina'.

Carlos de Andrés. ‘Desayuno en la cocina’.

Los cuatro ganadores de este año de la XXI edición del Premio Internacional de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña, que organiza la ONG Médicos del Mundo, tocan directamente los recortes y mezquindades del Estado, del poder público que se supone garante de un mínimo de estabilidad para sus ciudadanos. Reflejan realidades duras, como la falta de ayudas públicas dignas a los mayores en España o el silencio del Gobierno argentino frente a la cada vez más preocupante violencia de género en ese país, con una mujer asesinada cada 18 horas. Las obras estarán expuestas en el espacio CentroCentro de Cibeles desde hoy hasta el 11 de marzo.

Suena un clic. Un disparo. Aunque en un primer momento esta acción no produce ningún efecto, el impacto es potencialmente enorme. Tanto que puede llegar a parar guerras, descubrir nuevas realidades, crear conciencia…, en definitiva, cambiar lo previamente establecido. Son múltiples las personas que dedican su vida a ello, llegando incluso a perderla en el ejercicio de su oficio. Personas como Luis Valtueña, quien fue asesinado en Ruanda en 1997 mientras trabajaba en proyectos de acción humanitaria de Médicos del Mundo. En nombre de él y de los colaboradores de esta ONG Flors Sirera, Manuel Madrazo y Mercedes Navarro, que también murieron en guerras, esta organización creó el Premio Internacional de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña, el cual no sólo ha alcanzado su XXI edición, sino que se ha consolidado como un referente a nivel mundial dentro de la fotografía de denuncia de violaciones de los derechos humanos. Las obras del ganador y los tres finalistas de esta edición estarán expuestas en el espacio CentroCentro Cibeles (ubicado en el Palacio de Cibeles de Madrid) desde hoy mismo hasta el 11 de marzo.

Carlos de Andrés. 'Televisión en el salón de casa'

Carlos de Andrés. ‘Televisión en el salón de casa’

Para el ganador del concurso, Carlos de Andrés, la fotografía tiene muchísimo potencial “si se viera difundida por los medios de comunicación, que son los que tienen el verdadero poder”. Aunque, según apunta, “por desgracia, a día de hoy, no están actuando como contrapoder, sino más bien como propaganda”. Carlos es un fotoperiodista con mucha experiencia a sus espaldas que a día de hoy imparte clases de fotografía en el Centro EFTI. Su reportaje, al que tituló La soledad de María contra la Ley de Dependencia, trata sobre María del Palacio, una mujer de 95 años que vive en soledad y a la que la Comunidad de Madrid le rechazó la entrada en una residencia porque podía “andar y comer con sus manos”. Textualmente. Aunque haya utilizado a María, que es su madre, para su reportaje, Carlos tiene claro que es una cotidianidad que viven muchas personas en este país y apunta que “este trabajo es un grito” contra lo que él considera que es una auténtica vergüenza.

Como fotoperiodista que es, “su finalidad no es otra que la de exponer este sufrimiento para hacerlo saber en la sociedad, para que obtenga voz”. Expone que el proyecto surgió de manera espontánea, cuando iba a ver a su madre a casa. “Pensé que mi madre se iba a morir un día cercano y que no tenía fotos de ella”. Así que de esta espontaneidad, poco a poco fue tomando cuerpo un trabajo que realizó durante seis meses. “El día de Navidad de 2015 di por finalizado el proyecto y curiosamente murió esos Reyes. Parecía que me estaba diciendo que aprovechara esa oportunidad”, apunta. Una oportunidad que no sólo ha servido para denunciar públicamente una pata de la que cojea la Comunidad de Madrid, sino que también le ha valido para poner en valor la vida de todas estas personas desamparadas.

El trabajo de Constanza Pornoy, psicóloga y fotoperiodista argentina a partes iguales, nació sin embargo tras cuatro años de trato con Jorge Alejandro Escudero, el protagonista, junto con su familia, del reportaje Fuerza de vida, lo que salva el amor. Gracias a él, Constanza ha sido elegida la primera finalista. En sus fotos se puede leer a Jorge como persona “llena de voluntad y de fuerza, de vida”, aunque sufra de una malformación congénita a causa de un medicamento que fue administrado a su madre sin ningún protocolo sanitario antes de su nacimiento. Pero aparte de esta malformación (no tiene ni piernas ni brazos), Jorge también padece de unos tumores benignos oculares por los que, si no se opera, se acabará quedando ciego. Aun así, sus ojos son lo más característicos de él, ya que a través de ellos se puede leer “su historia, sus sueños, sus deseos, pero también su sufrimiento”. En un principio, la idea de la fotoperiodista era acercarse a Jorge con el fin de retratar su afección, su discapacidad. Pero pronto se encontró justo lo contrario: “un mundo lleno de esperanza”. Esto le ha llevado a aprender sobre la vida, sobre los vínculos, sobre el amor, es decir, “sobre lo esencial de la vida”. Aunque no se olvida del lado crítico de su fotoperiodismo, puesto que con estas imágenes busca conseguir lo que el Estado argentino le niega: “Un buen nivel de vida, una pensión como le corresponde y la operación de sus ojos”.

Constanza Portnoy. 'Fuerza de la vida. Lo que salva el amor'

Constanza Portnoy. ‘Fuerza de la vida. Lo que salva el amor’.

Constanza Portnoy. 'Fuerza de la vida. Jorge sueña con convertirse en abogado'

Constanza Portnoy. ‘Fuerza de la vida. Jorge sueña con convertirse en abogado’

La relación de Karl Mancini, que ha sido reconocido como segundo finalista en esta XXI entrega de los premios Luis Valtueña, con la violencia de género es larga. Comenzó exactamente hace 12 años y es un tema que le impacta mucho ya que “le afectó a su familia”. Para este reportaje, al que ha puesto el título de Ni una menos, Karl se ha basado en el feminicidio argentino. “Mi relación con este país sudamericano es muy grande; mi madre es de allí”, apunta. Concretamente se decidió a comenzar con este trabajo hace casi tres años, cuando la violencia de género se hizo más dura, pero también cuando las mujeres comenzaron a salir a las calles a demostrar que no estaban solas. “En esos años, empecé documentando manifestaciones y conociendo a las víctimas”. Esto le ayudó a ampliar su información sobre su trabajo. “De esta forma, pude trabajar con los diferentes tipos de violencia que se practican, ya que no sólo existe la física, pero también me lancé a buscar testimonios del otro lado: hablé con el gobierno, con las instituciones, con la policía… Esto me ayudó a crearme una idea global de lo que supone la violencia de género en Argentina”. Una violencia que no ha hecho más que crecer, aunque en 2012 se implantara en el Código Penal la cadena perpetua para este tipo de delitos.

Karl Mancini. Ni una menos. Karina fue quemada por su marido alcohólico tras 11 años de malos tratos.

Karl Mancini. Ni una menos. Karina fue quemada por su marido alcohólico tras 11 años de malos tratos.

Karl Mancini. María Giménez en primer plano. Su padrastro abusó de ella y de su hermana y golpeaba a sus hermanos.

Karl Mancini. María Giménez en primer plano. Su padrastro abusó de ella y de su hermana y golpeaba a sus hermanos.

“Aun así, en 2017 era asesinada una mujer cada 18 horas”. Unas cifras insostenibles. Por lo que la respuesta no se hizo esperar: en marzo de ese mismo año, más de 40.000 mujeres marcharon por las calles de Buenos Aires. Este hecho hizo más visible la problemática no sólo a nivel mundial, sino también a nivel particular. “Esta movilización, que ya se daban antes pero no a estos niveles, consiguió que muchas mujeres se dieran cuenta de la violencia que estaban sufriendo en sus casas y que antes consideraban como un acto más dentro de su relación”. Pero esta visibilización también trajo su otra cara de la moneda: el número de asesinatos casi se duplicó. “Si en 2017 se mataba a una mujer cada 18 horas, el año anterior era cada 30, casi la mitad”. “Unas cifras que no deberían existir”, apunta Mancini. Unos números que no son fáciles de revertir y mucho menos si no se tiene el respaldo absoluto desde el Estado: en su campaña electoral, Mauricio Macri, actual jefe de Gobierno, “no habló nada sobre la violencia de género y cuando llegó al poder, recortó las subvenciones a esta causa”. Por ello, está convencido de que el mejor movimiento posible ahora mismo es “presionar al gobierno”, aunque tiene claro que “no es un problema que se vaya a solucionar mañana”. Esperemos que sea más pronto que tarde.

El reportaje que se ha hecho con el puesto de tercer finalista, el del ruso Vadim Braydov, se centra en una “escuela especial” del país euroasiático. Concretamente en una situada en el pueblo de Serafimovka, Bashkiria. En estos colegios se hallan niños problemáticos de hasta 16 años que han cometido algún delito. “Son niños con muchas dificultades que normalmente vienen de familias desectructuradas o que viven en la calle”, apunta Vadim. “Niños que son invisibles a los ojos de la sociedad rusa, a los que se les ha puesto una cruz y de los que únicamente se preocupan los profesores de estos centros”. Por ello el fotoperiodista ha querido reflejar esta realidad, para darlos a conocer ante su país, para darles un futuro. “Quiero que la sociedad los reconozca porque estos niños van a ser los ciudadanos del futuro, los que van a hacer que el mundo sea mejor o peor”, sentencia. Unos niños que aparecen con el rostro duro en cada fotografía y que representan una realidad que choca con las grandes sonrisas que normalmente muestran los menores al ser retratados. “Me parece que estos niños son más adultos que nosotros muchas veces; la mayoría ha vivido demasiado para tener como máximo 15 años”. Pero siempre hay que sacar el lado positivo a las malas circunstancias y Vadim está seguro de que toda esa experiencia que tienen dentro, “se puede utilizar de forma positiva si se les consigue encaminar”. Obra a la que sin ninguna duda, este reportaje fotográfico ayudará a poner en valor.

Vadim Braydov. Escuela especial. Los chicos pasan lista.

Vadim Braydov. Escuela especial. Los chicos pasan lista.

Vadim Braydov. Escuela especial. Los educadores quieren buscarle una profesión a sus alumnos.

Vadim Braydov. Escuela especial. Los educadores quieren buscarle una profesión a sus alumnos.

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Sobre el autor

Carlos Madrid
Terminé periodismo allá por 2013, pero, no sintiéndome suficientemente formado, me matriculé en lector insaciable, perpetuo viajero, musicodependiente, aprendelenguas... Difundo lo que me agita por dentro en aquellos lugares donde me toleran.

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2 comentarios

  • El 06.02.2018 , Álex Mene ha comentado:

    Buenas fotos.

  • El 10.02.2018 , Marta ha comentado:

    Magnífico artículo

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