24.05.2013

¿Qué leían en el Arca de Noé?

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Lo humano y lo animal: gatos, perros, hormigas, escarabajos, ballenas, pájaros, gallinas, erizos, flamencos, tortugas, grillos y un ratón, entre otros muchos animales, se apoderan de las páginas de las historias que nos visitan hoy.

SARDIFLOR

Puedes seguir a la autora en Twitter @arenqliterario

Lo humano y el universo, lo humano y la naturaleza son parte de nuestro entender y se reflejan en nuestras creencias e ideologías.  Muchos conceptos relacionados con la conciencia y la mente hacen referencia a entidades que pueden ser reducidas a relaciones de interdependencia  con fuerzas y causas naturales. Parece que la existencia se articula en esa realidad polar entre lo humano y lo divino. Lo humano y lo animal se muestra de incontables maneras desde el Arca de Noé e incluso antes que disputando la famosa manzana. ¿Y qué nos contamos sobre nuestra relación con los animales?

Aprender a mirarnos y reconocernos en los animales nos devuelve a espacios más cercanos a nuestra esencia. No se trata solamente de los animales domésticos, sino de todos. Gerald Durrell, el hermano de otro gran escritor, Lawrence, reconocido por su Cuarteto de Alejandría, sin ningún lugar a dudas es quien más puede contarnos al respecto. Sus libros son necesarios como parte de la educación y del goce animal: Los secuestradores de los burros, Rosi es mi familia, El paquete parlante, El pájaro burlón, La fantástica aventura del dinosaurio, Toby la tortuga y Mi familia y otros animales. Todos sus títulos nos muestran una prosa alegre y vital porque Durrell se está divirtiendo hasta cuando se le caen las lágrimas. Alegría plural. Una muestra de ello se encontrará en el video que sigue, solo hay que activar los subtítulos para disfrutar de la versión en español.

Ponerle nombre a un gato, de T. S. Elliot

Ponerle nombre a un gato es un asunto complicado,

no es precisamente uno de tus juegos de vacaciones;

al principio quizás creas que estoy loco como una cabra

cuando te digo que un gato debe tener TRES NOMBRES DISTINTOS.

Pero te lo dije, un gato necesita un nombre que sea particular,

un nombre que sea particular, y más digno,

si no ¿cómo podría sostener su cola en alto,

o desplegar sus bigotes, o mantener su orgullo?

Pero, más allá de esto, todavía falta un nombre,

y es el nombre que nunca podrás adivinar;

el nombre que ninguna investigación humana puede descubrir –

pero que EL GATO CONOCE, y nunca confesará.

Cuando ves a un gato en profunda meditación,

te comento que la razón es siempre la misma:

su mente está ocupada en la absorta contemplación

del pensamiento, del pensamiento, del pensamiento de su nombre:

de su inefable efable

efableinefable

profundo e inescrutable singular Nombre.

Uno de mis libros preferidos es sin lugar a dudas El libro de los gatos habilidosos del viejo Possum de T. S. Elliot.  Ponerle nombre a un gato es el primero de esos poemas. Es una colección de versos y cada uno está dedicado a un tipo de gato. Todos perfectamente retratados y una de las formas más fáciles de disfrutar de la poesía si aún no se ha sido tocado por su ángel. Lo ha publicado con maestría y una excelente traducción la magnífica editorial Pretextos. Elliot adoraba a los gatos y decidió escribir estos poemas para los hijos pequeños de su editor. El libro ha servido para germinar un musical que todos conocemos:

Natsume Soseki es menos reconocido en occidente que el autor anterior, pero es uno de los escritores clásicos más importantes de Japón. Escribió la trilogía Sanshiro, Daisuke y La puerta, que puede resultar algo más familiar a algunos. Soseki logra hacer hablar a sus personajes a través de gestos y miradas como solo acostumbran  los autores de su cultura, con delicadeza y con sabor a tiempo.  La editorial Impedimenta ha publicado, junto con estas obras, la exitosa, Soy un gato, que ya ha sobrepasado las 15 ediciones. En él se cuenta la vida a través de los ojos de un felino que nos observa con especial curiosidad y sentido del humor.

“Alain volvió la cabeza sin levantar la nuca hacia la puerta vidriera abierta por donde entraba un suave olor a espinacas y heno fresco, porque habían segado el césped durante el día. La madreselva que cubría un gran árbol muerto también aportaba la miel de sus primeras flores. Un tintineo cristalino anunció que los azucarillos de las diez y el agua fresca entraban en las temblorosas manos del viejo Émile, y Camille se levantó a llenar los vasos.”

La cita pertenece a Colette en su deliciosa La gata editada por Norte Sur.  Sensualidad a raudales y ecos de lo salvaje que nos habita. Amor,  celos y un triángulo en el que el tercer componente es una gata. La pasión de Alain por su Sasha, memoria de su adolescencia, consigue crear una situación límite en su  matrimonio con la joven y ardiente Camille. Balzac dedicó a una gata británica un relato cargado de emoción titulado Penas de amor de una gata inglesa.

El hombre que amaba a los perros de Raymond Chandler es un relato escrito en 1936 sobre la historia de un asesino profesional que siente una llamativa predilección por estos animales y que le sirvió para desarrollar más adelante Adiós, muñeca novela publicada en 1940.

Te daba por muerto de Pete Nelson nos presenta a una perra anciana y su compañero humano. Stella es una perra callejera, mezcla de váyase a saber qué razas. Está junto a Paul, quien la ha recogido. Uno de los elementos más atractivos y originales de la novela son las charlas de Paul con Stella. Es como la voz de su conciencia, es nuestro instinto animal que nos empuja a vivir plenamente y que nos recuerda lo esencial en la vida. La serie de origen australiano Wilfred y que en los EE UU protagoniza Elijah Wood junto al creador del programa, se apoya precisamente en esa línea de que el perro no es solamente nuestro mejor amigo, sino también nuestro mejor instinto y que a veces, no siempre, la conciencia debería escucharlo muy atentamente.

Ciro Alegría es un importante autor chileno que escribió Los perros hambrientos como parte de su tratamiento para recuperarse de una semiparálisis que lo dejaría sin habla y sin poder escribir. Por la ventana de su habitación en el hospital escuchó aullar a unos perros, recordó la crisis que su país viviera entre los años 1910 y 1920 y le fue fácil acabar en un mes el magnífico relato. Los perros trastocan el orden establecido. Perros y humanos, humanos y naturaleza, tierra y agua son los elementos esenciales del texto. Debido a la crisis los perros pasan hambre y atacan a las ovejas. Esa crisis está retratada desde sus aristas. Los animales son expulsados del pueblo y acaban formando jaurías que asolan en los alrededores de la comunidad. Finalmente son envenenados por el hacendado cuyas propiedades habían empezado a invadir. Frente al poder los perros hambrientos son indistintamente tanto los aldeanos como los animales. Cuando las lluvias anuncian el fin de la sequía imparable de años, finaliza el ciclo, queda la esperanza de lo nuevo y las dudas sobre la memoria.

XXXV, de José Ángel Valente

La aparición del pájaro que vuela
y vuelve y que se posa
sobre tu pecho y te reduce a grano,
a grumo, a gota cereal, el pájaro
que vuela dentro
de ti, mientras te vas haciendo
de sola transparencia,
de sola luz,
de tu sola materia, cuerpo
bebido por el pájaro.

Si bien la mayoría de relatos se centran en los que nos son más cercanos, los más domésticos, también hay grandes novelas dedicadas a otros animales.

George Orwell también tocó el tema de la crisis de nuestro sistema a través de una granja reflejándonos de manera implecable. El tema ya había sido desarrollado por el caricaturista e ilustrador Grandville en el siglo XIX en su Escenas de la vida  privada y pública de los animales que en su momento gozó de un gran éxito siendo reeditado en numerosas ocasiones.

Maldito Karma de David Safier publicado por Seix Barral explora la transformación de un humano en insecto, en su caso se trata de una presentadora de televisión que se halla hormiga y que nos recuerda al gran Gregorio Samsa de Kafka. Pedro Gálvez también se ha ocupado de las hormigas y les dedicó su libro de ciencia ficción mientras declara que pretende ofrecer un pasatiempo, un divertimento intelectual y  hormiguesco, para comunicar el amor que siente por esos pequeños y valientes seres que nos ayudará a descubrir de forma certera. Y así lo encontramos en la primera página:“A la memoria de mi hormiga Brunilda, una hermosa Fórmica sanguínea de las estribaciones de los Alpes bávaros.”

El cántaro fresco, de Juana de Ibarborou

Tal vez, únicamente, el hombre que implantó el rito

de la oración de la tarde lo supiera.

Y quizás lo sepan también los grillos, que de día trabajan o duermen y en las nochecitas de enero elevansu canto, que puede ser muy bien un Padrenuestro o una Salve.

Desde que he pensado esto, cuando oigo sus notas

agudas entre la hierba de los caminos, al atardecer,

ya no le digo a mi alma:

– Los grillos cantan.

Sino:

– Los grillos rezan.

Muchos libros sobre animales se destinan al público infantil si bien como lo demuestra la incomparable Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar de Luis Sepúlveda la historia tiene mucho que ver con la madurez y con el derecho a vivir en un mundo más solidario y menos cargado de polución.

Si hablamos de amor por los libros y por los animales, es imposible dejar de mencionar Firmin de Sam Savage, novela inciática donde un ratón de una librería de los años sesenta de Bostón nos lleva a conocer el mundo a través de todas las historias que nos han enamorado y nos han perfilado como lectores y humanos. Contarnos y vivir de manos de un ratón desde un rincón del universo, nada más y nada menos.

Canción para dos caracoles que van a un entierro, de Jacques Prèvert

de la vida el color
luego animal y bestia
los árboles las plantas
entonaron con brío
perdiendo la modestia
forzando las gargantas
la canción del estío
como el calor les arde
brinda todo el gentío
es una linda tarde
linda tarde de estío
y los dos caracoles
se van a casa en fila
se van sin desencanto
dichosos los alcoholes
como bebieron tanto
vacilan un poquito
desde el cielo infinito
la luna los vigila.

Los libros dedicados a los animales tienen a uno de sus mejores autores en Jack London con Colmillo blanco y La llamada de la selva. No podemos dejar de mencionar algunos títulos más como los imprescindibles Moby Dick de Herman Melville; El libro de la selva de Rudyard Kipling; La isla del doctor Moreau de Herbert G. Wells, El mundo perdido de Arthur Conan Doyle o el del mismo título de Michael Crichton junto a su Parque Jurásico y El planeta de los simios de Pierre Boulle. Quisiera destacar Los cuentos de la selva de Horacio Quiroga, uno de los grandes maestros del relato corto y que en ese volumen nos cuenta sobre la bondad entre una tortuga gigante y un cazador enfermo, la vanidad de los flamencos, una gama ciega y los cocodrilos en guerra hasta una fiesta muy animal. Importante disfrutar de él y guardarlo en nuestra biblioteca privada y pública.

“Cada media hora hay que levantar bien alto la cabeza y oler el viento,para sentir el olor del tigre.”  Horacio Quiroga.

Hay novelas con títulos animales que tratan sobre los humanos como La chica que iba en hipopótamo a la escuela de Yoko Ogawa , la más que reconocida La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa, la fundamental El señor de las moscas de  William Golding y la intensa La costa de los mosquitos de Paul Theroux, la esencial Los perros ladran de Truman Capote. La novela femenina más reciente ha encontrado en  las tan leídas Los ojos amarillos de los cocodrilos de Katherine Pancol y La elegancia del erizo de Muriel Barbery el sentido de la existencia de la mujer moderna. Las lágrimas de la jirafa de Alexander McCall Smith, La tumba de las luciérnagas de Akiyuki Nosaka, Todos los hermosos caballos de Cormac McCarthy y La liebre con ojos de ámbar de Edmund de Waal se han vuelto onmipresentes en las estanterías de libros en España. Son libros que utilizan lo animal como punto de encuentro con lo humano y de forma puntual. Pero hay otros libros que nos muestran a los animales en primera persona o bien enfocan la relación que algunos humanos mantienen con ellos.

La relación del hombre con la naturaleza es muy similar a la que mantenemos con el universo. En las historias que contamos una buena parte de ese matrimonio eterno se refleja en nuestra relación con los animales. Nos fascinan, nos intrigan, nos consuelan, nos maravillan, nos dan lecciones, nos reflejan. Nos muestran mucho más de lo que muchos creen. En esta crisis que nos asola,  el abandono ha crecido exponencialmente, las asociaciones que se ocupan de los animales abandonados no dan abasto ni tienen medios suficientes para hacer frente a la urgente situación. Los animales domésticos hacen parte del grupo de los débiles de la sociedad que nos muestran de lo que somos capaces tanto para bien como para mal. No se trata solamente de darles de comer. Muchos perros permanecen enjaulados porque no hay quien los saque a pasear y desarrollan enfermedades relacionadas con los nervios y el estrés, muchos gatos se vuelven ariscos porque no reciben mimos. Un recurso que tienen algunos animales abandonados, especialmente los gatos, es dejar de comer debido a la tristeza y se dejan morir. Que nadie se confunda ni asuma conclusiones erróneas: no se trata por falta de cuidados de los voluntarios ni de las asociaciones. Cuando un gato decide algo, solo el cariño lo hará cambiar de opinión. En eso se parecen bastante a los humanos. Los animales abandonados no sobreviven solos como reza el falso mito urbano. Los escasos y valiosos voluntarios apenas cubren las necesidades imprescindibles en muchas situaciones. La labor realizada por tales organizaciones es digna de reconocimiento diario. Y desde aquí quisiera enviar mi apoyo a algunas de ellas que son un ejemplo de otras tantas como Las locas felinas, SOS Galgos, Galgos 112, incluso dejando a muchas, demasiadas,  en el tintero. Son muchas, siempre necesitan voluntarios y seguro que hay alguna cerca del lugar donde vives.

EL ERIZO, de Bernardo Atxaga

El erizo despierta al fin en su nido de hojas secas,
y acuden a su memoria todas las palabras de su lengua,
que, contando los verbos, son poco más o menos veintisiete.

Luego piensa: El invierno ha terminado,
Soy un erizo, Dos águilas vuelan sobre mí;
Rana, Caracol, Araña, Gusano, Insecto,
¿En qué parte de la montaña os escondéis?
Ahí está el río, Es mi territorio, Tengo hambre.

Y vuelve a pensar: Es mi territorio, Tengo hambre,
Rana, Caracol, Araña, Gusano, Insecto,
¿En qué parte de la montaña os escondéis?

Sin embargo, permanece quieto, como una hoja seca más,
porque aún es mediodía, y una antigua ley
le prohibe las águilas, el sol y los cielos azules.

Pero anochece, desaparecen las águilas, y el erizo,
Rana, Caracol, Araña, Gusano, Insecto,
Desecha el río y sube por la falda de la montaña,
tan seguro de sus púas como pudo estarlo
un guerrero de su escudo, en Esparta o en Corinto;

Y de pronto atraviesa el límite, la línea
que separa la tierra y la hierba de la nueva carretera,
de un solo paso entra en su tiempo y el mío;
Y como su diccionario universal
no ha sido corregido ni aumentado
en estos últimos siete mil años,
no reconoce las luces de nuestro automóvil,
y ni siquiera se da cuenta de que va a morir.

Felices lecturas, dichoso acompañamiento animal y cuidado con el canibalismo.

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Sobre el autor

Un comentario

  • El 26.05.2013 , Luis-Lucio ha comentado:

    Sardiflor, excelente post sobre animales en los libros. Lo repito, excelente.

    Me siento muy identificado. A veces, sin saber muy bien por qué, me encuentro buscando películas con animales. Me da igual que sean disneyanas o duras, convencionales o comerciales. Necesito ver a los animales y sentir ese impulso que siento cuando les veo en imágenes (a ser posible, acompañadas con música).

    Recomiendo desde aquí esas obras magnas que has citado como Soy un gato de Soseki o Firmin de Sam Savage. Otra que también recomiendo son El filósofo y el lobo (de la que escribo aquí: http://www.elpisapapeles.com/cultura/ciencia/criaturas-del-momento-canidos-perros.php) y Belleza negra de Anne Sewell.

    Entre las películas que recomiendo, dos que vi últimamente, no muy conocidas, pero absolutamente luminosas. Una es Dean Spanley (2008), con Peter O´Toole y Sam Neill, basada en una novela corta de Lord Dunsany. Es una película a la que le puede costar arrancar, puede parecer incluso menor, y el componente animal está muy apartado, pero cuando te da un hachazo emocional, casi al final,te lo da de verdad. Muy buenas actuaciones.

    Otra de las películas recientes que recomiendo es The hunter (2011), con Willem Dafoe y (precisamente) Sam Neill. Es un aparentemente típico film de un cazador en busca de una presa única, pero que envuelve en mística y emoción al espectador, llenándole de melancolía.

    Os seguiré por Twitter a partir de ahora.

    Gracias a Sardiflor y a El asombrario.

    Un abrazo,
    Luis-Lucio

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