‘Quiero un cuerpo que se pueda llevar el viento’

‘Quiero un cuerpo que se pueda llevar el viento’

http://www.metmuseum.org/art/collection/search/338184

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La muerte llevando a un muchacho. Stefano Della Bella. Metropolitan Museum of art New York.

“Soy un cuerpo ligero, quiero un cuerpo que se pueda llevar el viento”. “Abro la ventana, agradezco el frescor y siento un roce extraño”. Nuevo texto inspirado en la pandemia de nuestra serie ‘Relatos de un Extraño Verano’. En colaboración con el Taller de Escritura Creativa de Clara Obligado. Y van 22.

POR ÁNGELA LÓPEZ

Soy un cuerpo ligero, quiero un cuerpo que se pueda llevar el viento. Me gusta sentirme vacía y pensar en cómo conseguirlo. Antes solía caminar deprisa por la ciudad, era algo pequeño que se movía de un lado a otro con un propósito: quemar, desaparecer. Entonces todo el mundo trabajaba demasiado. Los niños todo el día fuera, el colegio, los deportes. No había tiempo para observar o para considerar a los otros. La vida en solitario, cada uno con su tarea individual, acciones, huidas. Recuerdo mi barrita de cereales antes de entrar al gimnasio, las nueces a la hora de comer, mis infusiones detox.

Ahora hay que asegurar los víveres, las comidas ordenadas, el frigorífico siempre lleno. ¿Hacía cuánto que no nos sentábamos los cinco a la mesa? Ellos hablan mientras yo escarbo en mi plato, desintegro la comida, la cubro disimuladamente con la servilleta. Me siento pequeña. Ahora yo soy la niña. De repente, siento el volumen de mi cuerpo menos liviano. Me levanto hacia el espejo y veo un perfil desfigurado, en harapos. Desaparezco, irritada. ¿Adónde vas? ¡No hay que levantarse de la mesa en medio de la comida!

La huida es la noche. Aparezco como un espectro en la cocina. En silencio, sin vigilantes. Me recreo en mí misma, me purgo como un gato. En el exterior se percibe algo denso, difícil. ¿Qué pasa fuera? Los árboles repentinamente frondosos aletean. El asfalto brilla por una lluvia primaveral y abundante que me sobrecoge y me atrae. Oigo un ruido que me ha parecido percibir otras noches desde la cama. Una mezcla de olas, de batir de hojas, o un castañeo, algo que no sé identificar. Abro la ventana, agradezco el frescor y siento un roce extraño, la caricia de una mano huesuda extendida hacia mí. Unos seres famélicos aplauden.

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