23.09.2019

Raquel, la nueva amiga de Guille, antes se llamaba Ignacio

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Foto: Pixabay.

Tras las vacaciones de verano, Guille ha vuelto al cole y esta es la primera carta que nos ha enviado a la Redacción a través del escritor Alejandro Palomas. Nos habla de su nueva amiga, Raquel, que antes se llamaba Ignacio: “Parecía un niño, pero a mí no me gustaba porque no era de verdad”. Nos cuenta también que unos de sexto curso se meten bastante con él y le llaman “mariquita”.

Hola, señor Director, es que ya puedo volver a escribirle porque como ahora el colegio está abierto ya no hay vacaciones. Pues lo que ha pasado es que este año hay una niña nueva que se llama Raquel y es rubia porque es de Bélgica. Nazia dice que en Bélgica hay muchas personas rubias porque como no tienen sol así es mejor. Es que si eres moreno y no hay sol te da infección y hay que operar.

Pues Raquel, que habla español muy serio como de los mayores porque sus padres son de un sitio que se llama Toledo, nos ha dicho que antes no se llamaba así. También ha dicho que se puede porque le han dado permiso, pero a mí me ha parecido un poco raro, porque no sabía que te podías cambiar el nombre sin ir al gobierno a hacer cola para el carné como sale en el Telediario. Entonces Nazia le ha preguntado: «¿Y antes cómo te llamabas?».

Raquel se ha puesto un poco así, como haciéndose la interesante, y ha dicho:

–Ignacio.

–¿Y eras un niño?

–Sí. Bueno, no. Es que lo parecía, pero a mí no me gustaba porque no era de verdad.

Y bueno.

Luego hemos jugado un rato a inventar países sin sol y Raquel ha dicho «¿queréis que seamos amigos?» y le hemos dicho que sí y ya está. A mediodía, cuando volvíamos a casa en el autobús se me ha ocurrido que tenía que preguntarle a papá cómo puedo saber si a lo mejor podría cambiarme de nombre yo también, porque en el patio unos de sexto me llaman siempre «mariquita» y a veces se ríen y otras cosas. Dice Rosa Gómez, que sabe mucho porque su madre es profe en la universidad, que eso es porque juego tanto con Nazia a lo de los cuentos y porque tengo un paraguas como el de Mary Poppins y también porque me da miedo el balón de fútbol en clase de gimnasia, pero que no pasa nada porque ahora muchos famosos lo son y hasta hay un juez. Y se casan.
Así que cuando he llegado a casa le he preguntado a papá si mariquita es malo o a lo mejor es mejor para ser famoso.

Papá se ha puesto como cuando ve el partido y pitan gol pero luego el árbitro lo anula porque lo mira en una tele pequeña y dice que se ha equivocado.

–Ni malo ni bueno –ha dicho. Y enseguida ha empezado a poner la mesa y ya está. Bueno, no, no está. Porque cuando me comía la manzana he pensado otra cosa.

–¿Y es mejor ser mariquita o parecer que eres un niño y al final resulta que eres una niña y te cambias el nombre porque se puede? Papá ha seguido mirando la tele. Es que daban lo del tiempo y después van los deportes y eso es sagrado.

“Es que con Raquel, que antes se llamaba Ignacio porque creían que era un niño pero ya no, quieren jugar todos, porque siempre gana y no tiene miedo, pero nunca, ni siquiera a Toño Aguirre”, le he dicho bajito para no molestarle. “Yo lo sé porque el lunes Toño me empujó por las escaleras y casi me caí, pero Raquel bajaba detrás de él y lo cogió del pelo y le dijo que si volvía a meterse conmigo lo esperaba a la salida y le partiría dos dientes y un dedo y ahora Toño ya nunca me dice nada. Pero las niñas no quieren jugar conmigo porque soy un niño y los niños tampoco porque no. Solo Nazia. Bueno, y hoy también Raquel”.

Entonces papá ha hecho una cosa muy rara porque nunca lo hace: ha apagado la tele antes de los deportes y ha dicho: «Tengo que irme ya o no llego, hijo».
Y ya está, aunque me ha dado tiempo de decirle una cosa antes de que se marchara:
“Es que hoy Raquel nos ha dicho si queremos ser sus amigos y le hemos dicho que sí y bueno”.

Lo que quiero pedirle, señor Director, es si puede hablar con el Presidente del Palacio de España para que traiga más Raqueles de Bélgica a los coles. Es que a mí me da un poco de envidia que a ella la quieran todos y a mí nadie solo por lo de «mariquita» y también he pensado esta mañana que creo que no me gustaría cambiarme y ser una niña, pero es que ser un niño creo que tampoco me gusta mucho porque es muy difícil y no se hace porque siempre me sale mal.

¿Y usted cree que solo con dos amigas me llegará hasta que sea mayor y sea juez?

Y ahora sí que ya está de verdad.

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Sobre el autor

Alejandro Palomas
Novelista, traductor y poeta, ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de Literatura Juvenil 2016 con Un hijo y el Premio Nadal 2018 con Un amor. Su obra ha sido traducida a más de 20 lenguas.

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Un comentario

  • El 24.09.2019 , Abene ha comentado:

    Me da la sensación de que en este artículo se trata de decir que si eres trans (probablemente porque está de moda ser trans) todo el mundo te quiere mientras que si eres «mariquita» te pegan e insultan.
    A nuestras hijas e hijos no sólo no les quieren en todas partes sino que les insultan y acosan en colegios e institutos. Ser trans (a día de hoy) no mola, es más bien una putada. Pero sí, ojalá más Raqueles de Bélgica en los coles y menos padres que se van sin prestar atención a sus hijos. ¡Y qué viva la diversidad!

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