16.10.2018

Así fue realmente Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la Luna

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Neil Armstrong en su retrato oficial de la Nasa.

Neil Armstrong en su retrato oficial de la Nasa.

El fin de semana se ha estrenado ‘First Man. El Primer Hombre’, la exitosa película de Damien Chazelle protagonizada por Ryan Gosling sobre la vida del astronauta Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la Luna, fallecido en 2012. A punto de cumplirse 50 años de ese “gran paso para la Humanidad”, ‘El Asombrario’ se detiene en el libro en que se ha basado la película, una concienzuda biografía escrita por James R. Hansen y recientemente publicada en España por Debate. 

Hay pocas personas a las que con total certeza se las pueda calificar del “primer hombre”. Este es el caso de Neil A. Armstrong. Fue el primero en pisar la Luna. En total, 12 hombres forman parte del club más selecto del mundo, el de los que llegaron a la Luna y pasearon por ella.

En 2019 se cumplirán 50 años de la famosa frase de Neil Armstrong: “Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad”. Y esa humanidad, en 1969, estuvo pegada a la televisión para ser testigo de su hazaña y del alunizaje del Apolo 11.

La biografía que James R. Hansen hace de Armstrong para contarnos su vida es también una proeza de casi 600 páginas. Y sí, la película First Man es la adaptación del libro, pero se centra sobre todo en la figura del astronauta entre 1961 y 1969. El actor Ryan Gosling asume su figura bajo la dirección de Damien Chazelle. Así que para conocer más al protagonista hay que leer el libro editado por Debate, El primer hombre. La vida de Neil A. Armstrong. Hansen narra su vida desde el nacimiento –sus orígenes, su familia, sus estudios, sus actos, sus pensamientos, sus intereses– hasta su muerte como mito e icono de una época, pero también centrándose sobre todo en destacar el carácter sencillo de Armstrong.

“Nací y me crié en Ohio (…) La historia sobre los logros de los hermanos Wright y la innovación de los aeroplanos forman parte de mis recuerdos desde que tengo uso de razón (…) Al principio, me interesaba la fabricación de aviones, no pilotarlos”, comentaba Armstrong. Sin embargo fue piloto y también ingeniero. “Soy y siempre seré un ingeniero empollón con calcetines blancos y protector de bolsillo, nacido bajo la segunda ley de la termodinámica (…) Como ingeniero me enorgullezco considerablemente de los logros de mi profesión” y, como su biógrafo recuerda, la ingeniería sería la que propiciaría la llegada a la Luna y un ingeniero, el primero en pisarla.

El 4 de octubre de 1957, la Unión Soviética puso en órbita el primer satélite artificial, el Sputnik I. La naciente comunidad aeroespacial estadounidense tuvo que ponerse en marcha para cumplir el reto de llevar el primer hombre a la Luna. El primer programa espacial tripulado fue el Mercury; allí, entre los primeros astronautas estaba John Glenn, que en 1962 orbitó tres veces alrededor de la Tierra, repitiendo la hazaña de Yuri Gagarin. Life e innumerables publicaciones recogieron el hecho. En ese tiempo Armstrong lloraba la pérdida de su hija y decidía si presentarse o no a la selección de astronautas abierta por la NASA. En septiembre de 1962 le eligieron como uno de los nueves astronautas para llevar a cabo sus programas espaciales. Parece que su transición de piloto a astronauta fue tranquila, sencilla y cómoda. “Neil no era una persona extrovertida -decía John Glenn-. Era tranquilo, afable y simpático, una persona de una ciudad pequeña, igual que yo. Creo que ninguno de los dos nos dábamos aire”.

El actor Ryan Goslin como Neil Armstrong en la película 'El primer hombre'.

El actor Ryan Gosling como Neil Armstrong en la película ‘El primer hombre’.

  1. Por fin después de los sucesivos estudios y prácticas entraba Armstrong en una nave junto a David Scott para realizar el primer acoplamiento espacial con el vehículo no tripulado Gemini-Agena.

Cabo Kennedy. Florida. Control del lanzamiento del Gemini VIII.

(06.33.52 h) Armstrong a control: “Estamos acoplados. Sí, todo ha ido como la seda”.

(07.17.15 h) Scott: “Tenemos problemas graves. Estamos… Estamos dando vueltas sin control. Nos hemos desacoplado del Agena”.

A pesar de los problemas, volvieron a la Tierra y tuvieron que enfrentarse a los titulares sensacionalistas de la prensa del tipo de Pesadilla en el espacio. Armstrong llegó a ponerse en contacto con Life para decir que no le gustaba cómo titulaban un reportaje: Un alocado viaje espacial. La revista cedió y eligió el título Alta tensión para los astronautas. Se descartó un error del piloto como causa de la emergencia y obtuvieron sus condecoraciones. El segundo y último vuelo espacial de Armstrong fue ya como comandante de la misión Apolo 11.

Hansen cuenta en esta biografía otros encuentros con la prensa, incluso con el gran Norman Mailer, que estaba presente en la rueda de prensa anterior al lanzamiento del Apolo 11 y “ya se dio cuenta que Armstrong no era un héroe al uso”. Los periodistas consiguieron arrancar a Mike Collins y Buzz Aldrin algunos comentarios sobre su familia y su historia personal (Buzz habló de las joyas familiares que llevaría a la Luna). Neil Armstrong no mencionó nada parecido.

 – Neil ¿llevará recuerdos personales a la Luna?

– Si dependiera de mí, llevaría más combustible.

 A pesar de esta muestra de normalidad, Mailer nunca cejó en crear el mito. Pero para Hansen, aunque las brillantes exposiciones de Mailer eran innegables, opina que lo que escribió en La psicología de los astronautas “era sumamente provocador y esclarecedor como crítica social, pero, como historia, biografía o psicología real, arrojaba bastante más calor que luz”.

Pero el mito solo había comenzando. Cinco días después de esta rueda de prensa, Neil Armstrong partiría y llegaría a la Luna el 20 de julio y sería el primer hombre en pisarla el 21 de julio a las 2.56 (hora internacional UTC) al sur del Mar de la Tranquilidad, seis horas y media después de haber alunizado.

En televisión, Walter Cronkite acentuó el drama al señalar: “Todo el mundo guarda silencio mientras espera que el Apolo 11consiga entrar en la órbita de la Luna”. Neil acabó con la angustia.

(03.03.58.10 h) Armstrong: “Una puesta en marcha fantástica”.

El piloto meticuloso y profesional que era Armstrong se aprecia en las grabaciones del vuelo al entrar en la órbita lunar deseada, sus compañeros se muestran más apasionados con el momento:

(03.03.59.11 h) Aldrin: ¡Mira eso! ¡Mira eso!

(03 .03.59.15h) Collins: ¡Hermoso, hermoso, hermoso, hermoso!

(03.03.59.28 h) Aldrin: Solo hemos fallado por un veinteavo de milla.

(03.03.59.36 h) Collins: ¡Hola, Luna!

El Eagle y el Columbia se separaron sin problemas, una sobrecarga del ordenador a bordo saltó la alarma 1202, pero a pesar de eso Armstrong no perdió la concentración. 

(04.06.45.58 h) Armstrong: “Houston, aquí Base Tranquilidad. El Eagle ha alunizado”.

En televisión, Cronkite exclamó: “¡Madre mía! ¡El hombre ha llegado a la Luna!”.

Cuando por fin se abrió la escotilla y bajó de espaldas por las escaleras antes de las 22.57 h en EE UU, y puso sus pies en la Luna, Neil pronunció las famosas palabras que más tarde darían lugar a todo tipo de especulaciones. Desde que se había equivocado y quería decir un gran paso para el hombre, hasta que se le ocurrió leyendo El Hobbit, cosa que según su biógrafo no hizo hasta años después animado por sus hijos.

En su autobiografía, Aldrin pide excusas por las pocas fotos en la Luna de Armstrong. “Neil tuvo la cámara todo el tiempo y en la mayoría salgo yo”. Hansen redunda en la idea de un Armstrong gentil, “creo que Buzz no tenía ningún motivo para hacerme fotos y nunca pensé que debiera hacerlo. Siempre he dicho que él era el más fotogénico de la tripulación”.

Es imposible entrar en todos los detalles tanto científicos, técnicos, humanos y de anécdotas más o menos importantes que recorren este hito y todo el libro. Las transcripciones de las conversaciones de los astronautas seguro que entusiasmarán a los amantes de los vuelos espaciales.

Todavía quedaba el aterrizaje. En la última emisión, en la que hablaron cada uno de los tres astronautas, Neil dijo:

“Buenas noche, aquí el comandante del Apolo 11. Hace cien años, Julio Verne escribió un libro sobre un viaje a la Luna. Su nave, el Columbia, despego de Florida y amerizó en el Océano Pacífico tras completar el viaje. Nos ha parecido apropiado compartir con ustedes algunas reflexiones mientras el Columbia moderno finaliza mañana su encuentro con el planeta Tierra y con el mismo Océano Pacífico. Primero hablará Collins…”. 

Cómo se asume la vida después de homenajes, medallas, felicitaciones, invitaciones, viajes, admiradores y ser considerado un héroe. También cómo se asume cuando aparecen ciertas críticas de un compañero. “Hombres habría sido más correcto y debo confesar que hirió mis sentimientos”, escribió Aldrin al referirse a que siempre se decía el primer hombre.

Le habría gustado seguir volando, pero Washington tuvo otros planes para él. Sin embargo, en 1971 abandonó la NASA para impartir clases en la Universidad de Cincinnati y colaborar más tarde con varias empresas e incluso realizar anuncios publicitarios para Chrysler.

En 2005 concedió una entrevista para 60 minutos, programa presentado por Ed Bradley y en el que también estaba Cronkite, que cubrió todos los lanzamientos desde el Mercuy hasta el Apolo. A sus preguntas sobre el programa Apolo, Neil contestó: “Sabía que el programa tendría una vida limitada, pero debo decir que fue más corta de lo que esperaba”. Y al preguntarle por qué no aceptaba alabanzas dijo: “No lo merezco, no me eligieron para ser el primero, sino para ser el comandante de ese vuelo. Las circunstancias me concedieron ese papel. No era algo planeado”.

Pero la fama estuvo ahí “Durante doce o quince años firmaba todo lo que me pedían”. Pero hacia 1993 se dio cuenta de que sus autógrafos se vendían por Internet y que muchas de las firmas eran falsas, así que dejó de dar autógrafos.

 Toda historia tiene una cara no tan agradable. Cuando Neil volvió de un viaje de negocios se encontró una nota de Janet, su mujer, en la mesa de la cocina en la que le expresaba su insatisfacción y que ya no podía convivir con la celebridad. En ella le decía que iba a dejarlo. A Armstrong le costó encajarlo, pero después de la depresión, nos cuenta Hansen, vino la redención de la mano de Carol Held Knight, viuda con dos hijos. En sus últimos años, según Hansen, parecía un hombre feliz.

Aunque en julio en 2002 seguía tan ocupado como siempre, accedió a que se escribiera una biografía autorizada. Neil Armstrong, años más tarde, como único cumplido para Hansen expresó: “Has escrito exactamente el libro que me dijiste que escribirías”.

El 25 de agosto de 2012 falleció, tenía 82 años. Un último ejemplo de la extraordinaria iconografía asociada al astronauta y su viaje a la Luna llegó cinco años después de su muerte, en 2017. Una pequeña bolsa vacía manchada de partículas de polvo lunar y utilizada por él en su paseo extravehicular se convirtió en el objeto espacial más valioso y caro jamás vendido.

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Sobre el autor

Pura C. Roy
Periodista y gestora cultural. Estoy a favor de un conocimiento transversal, por eso me apasiona tanto la ciencia y el medio ambiente como la poesía, la literatura y el teatro. Puedes seguirme en Twitter: @cuencapura

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