11.11.2013

Refugio en el Botánico de Madrid entre el metafórico mar de basuras

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© Javier Pizarro

Fotografías © Javier Pizarro

Como un símbolo, las basuras escapan de los palacios del poder e invaden la ciudad. Nosotros buscamos refugio en un jardín: el Botánico de Madrid, que se convierte en estos días de noviembre en un oasis de armonía, y un libro, ‘Diario de Oaxaca’, el viaje del famoso neurólogo Oliver Sacks en busca de los helechos de México, que muestra la alianza de la inteligencia humana con la sensibilidad hacia la naturaleza.

“Un día más me quedaré sentado aquí / en la penumbra de un jardín tan extraño”. “Junto al estanque me atrapó la ilusión / escuchando el lenguaje de las plantas. / Y he aprendido a esperar sin razón”.

Estas líneas son parte de una extraordinaria canción de Radio Futura, La estatua del Jardín Botánico. Esperar sin razón. Como las plantas. A que no escampe. A que llueva. En medio del caos de suciedad que se apodera de Madrid -¿metáfora de las basuras del poder, que ya rebosan, no pueden ocultarse bajo la alfombra y se hace visibles en toda su podredumbre?-, hemos buscado un refugio de tranquilidad otoñal para esta Ventana Verde. En semanas pasadas, Javier Morales, desde su Área de Descanso de los domingos, ha encontrado la vitalidad del otoño en el Valle del Jerte y en el Paseo del Prado. Ahora solo tenemos que cruzar de acera y entrar en esas ocho hectáreas de mágica tranquilidad rodeadas de ruidosa urbe, a tres pasos del hormiguero de viajeros de Atocha, a siete pasos del enjambre con la abeja reina, el Ayuntamiento embotellado. Y nos atrapa la ilusión del lenguaje de las plantas… Escribía Jerzy Kosinski en su novela Desde el jardín: “Las plantas eran como las personas; tenían necesidad de cuidados para vivir, para sobreponerse a las enfermedades y para morir en paz. Sin embargo, las plantas diferían de la gente. Ninguna puede reflexionar sobre sí misma ni conocerse; no existe ningún espejo en que pueda reconocer su rostro; ninguna puede obrar intencionadamente”.

Y sin embargo a veces parece que sí pudieran…

Fresnos y abedules ofrecen en esta época del año algunos de sus más inspirados ropajes; y queda ya muy poco para que queden desnudos. Los humildes escaramujos componen un wall-paper contra el cielo azul rugoso / gris plomizo / malva con el que dan ganas de envolver cualquier plan para este tramo final de año.

Madrid convertida en decadencia pura, símil a estas alturas del derrumbe de sueños faraónicos para esta ciudad, que ni los quería ni le pegaban nada, y en El Asombrario hemos huido hoy para proponeros… al menos… algo… sereno…

Las dalias están pletóricas. Por cierto, fue aquí donde florecieron las primeras dalias de Europa. Llegaron al jardín a finales del siglo XVIII, procedentes de México. Ahora son el símbolo del Botánico, abierto en el Prado en 1781 a partir de una orden de Carlos III y proyecto de Francisco Sabatini, pero con trazado final de Juan de Villanueva.

Nos emociona un liquidámbar; un caqui da lo mejor de sí antes de recogerse en el frío. Ahora y en primavera es cuando este oasis madrileño, visitado anualmente por casi 400.000 personas, ofrece sus mejores recovecos. Ahora, ya casi en la somnolencia del Adviento, de estos días tan cortos, va preparando para soportar las heladas a su ejército de unas 5.000 especies de plantas y 1.400 árboles, entre los que destacan un cedro del Líbano de 21 metros, varios almeces con edades que rondan los dos siglos y alturas de hasta 30 metros, un ciprés de 32 metros y 240 años junto a los invernaderos, un pino carrasco de 34 metros y unos 200 años, y un monumental olmo del Cáucaso de 40 metros y 180 años.

Aprovechamos que nos encontramos bien para abrir un libro que nos descubre la pasión botánica que a menudo sienten grandes personajes. En otra Ventana Verde ya hablamos de famosos ornitólogos famosos. Hoy recogemos una recomendación que nos hizo Esther García Llovet, verso suelto como crítica de cine de esta revista: Diario de Oaxaca, escrito por el conocidísimo neurólogo inglés afincado en Nueva York Oliver Sacks, autor de libros como Despertares -que se convirtió también en éxito en su formato cinematográfico-, El hombre que confundió a su mujer con un sombrero y Un antropólogo en Marte. Pues ese hombre también ha escrito Diario de Oaxaca, publicado en 2002 por National Geographic Society (en España por RBA Publicaciones), que es sobre todo el relato de un viaje de 10 días a esa sorprendente región de México con un grupo variopinto de botánicos, profesionales y aficionados, con un denominador común: su pasión por los helechos. Es este uno de los objetivos de esta Ventana Verde: abrir los sentidos a las diversas aproximaciones desde la cultura a la naturaleza. Leed lo que dice Sacks: “Prefiero el mundo verde y sin aroma de los helechos, un antiguo mundo verde, el mundo tal como era antes de que aparecieran las flores. Un mundo, además, de un encantador recato, en el que los órganos reproductores, estambres y pistilos, no están aparatosamente expuestos, sino ocultos, con cierta delicadeza, en la parte inferior de los frondes”. “Al igual que John, siempre me he sentido inclinado hacia la botánica de las criptogramas. Las flores, con su carácter explícito, su abundancia, me parecen excesivas”. “Al oírnos hablar un sábado por la mañana, uno creería que aún vivimos en un mundo paleozoico, sin flores, donde los insectos no juegan papel alguno y solo el viento y el agua dispersan las esporas”. “La abundancia y variedad de los helechos de Oaxaca parece milagrosa, pues en Nueva Inglaterra hay tan solo alrededor de un centenar de especies, y tal vez 400 en toda Estados Unidos”, mientras que en Oaxaca se ha catalogado un impresionante total de 690 especies.

botanico

No, no os asombréis tanto, no estamos tan descolgados de la actualidad editorial con este Diario de Oaxaca. A fin de cuentas, lo que manda ahora en las noticias es la publicación de libros de grandes dinosaurios, de Aznar, Felipe González y Zapatero; y nosotros nos centramos en los helechos, las plantas que protagonizaban el atrezzo del hábitat de los dinosaurios. A fin de cuentas, todos nos remontamos más allá del Jurásico.

Pero Diario de Oaxaca no es solo un acercamiento sin gran alharaca (no, “sin albahaca” no, “sin alharaca”) a la Botánica; es también una mirada distinta a la cultura mexicana de alguien prestigioso por su capacidad de observación: “Boone está diciendo ahora que aquí, en México, tienes que usar la cabeza para saber lo que sucede. En Estados Unidos todo se publica, se organiza, se da a conocer. Aquí todo está bajo la superficie, y la mente se enfrenta a un reto continuo”. También un homenaje a grandes naturalistas de la historia: “Humboldt es uno de mis grandes héroes, y lo ha sido desde que tenía catorce o quince años. Me encanta su enorme e insaciable curiosidad, su sensibilidad y su audacia”. También una aguda aproximación al reino animal, aparte del vegetal: “Un perro letárgico yace sobre un escalón, a la sombra. Cuando me siento a su lado, abre perezosamente un ojo y entonces, al ver que no soy una amenaza, sino una especie de hermano, lo cierra y permanecemos juntos en paz. Noto la relación que se establece entre nosotros, el flujo de sentimientos. El animal descansa pero, al mismo tiempo, está preparado, como un león con los ojos entornados en la estepa africana, o como un cocodrilo inmóvil, a la espera de una presa desprevenida, capaz de ponerse en acción al instante”. Y es también un extraordinario ejercicio de abrir las entendederas frente a tanta mente anclada en las tradiciones: “Me pregunto por qué hemos de limitarnos a saltamontes y gusanos. La cuarta parte de la masa animal terrestre está formada por hormigas, que constituyen una amenaza, puesto que producen una gran cantidad de metano que ensancha el agujero de la capa de ozono, pero a la vez también son una enorme fuente potencial de alimento”.

Cae la tarde en el Jardín Botánico. Y aquí estamos, en medio del desastre del tifón en Filipinas, del metafórico mar de basura que inunda Madrid, buscando un refugio de savia sabia y de hojas doradas, persiguiendo motivaciones distintas, un refugio para los lectores de El Asombrario.

Suena Radio Futura: “Cae la tarde y me olvidé otra vez / de tomar una determinación”.

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Sobre el autor

Rafa Ruiz
Periodista convencido de que las luces al final del túnel solo se ven desde una perspectiva progresista de la realidad, con un compromiso sólido con la cultura, el arte y el medio ambiente, temas a los que ha dedicado la mayor parte del tiempo de su vida profesional -10 años en 'El País' y 15 años en 'El País Semanal'-. Autor de los libros de cuentos infantiles 'Toletis' y 'Ninoninoni', codirector de la galería madrileña Mad is Mad -centrada en artistas emergentes- y uno de los socios fundadores de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA).

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2 comentarios

  • El 11.11.2013 , José Luis ha comentado:

    Fantástica entrada, enhorabuena y gracias.

  • El 12.11.2013 , Esther Garcia Llovet ha comentado:

    a la caza del sequoya y los tejos del botánico!!!

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