04.07.2018

Reivindicando a John Muir, el visionario de los parques nacionales

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John Muir en una imagen del archivo del Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos.

John Muir en una imagen del archivo del Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos.

‘Mi primer verano en la Sierra’, del norteamericano de origen escocés John Muir (1838-1914) –pionero del ecologismo y de la protección de la naturaleza a través de parques nacionales–, es el primer libro de ‘Hojas en la Hierba’, colección coordinada por Raúl Gómez. Estas ‘hojas’, fruto de la colaboración entre la editorial Relee y la Fundación EQUO, difundirán textos de autores y autoras que han sido relevantes para la historia del ecologismo moderno o que han ayudado a configurar la sensibilidad ecologista. Hoy la colaboración entre EQUO y ‘El Asombrario’ trae a la ‘Ventana Verde’ un texto del escritor y naturalista Joaquín Araújo, autor del prólogo al libro de Muir, explicando el valor de este hombre, hasta ahora poco conocido en España.

POR JOAQUÍN ARAÚJO

Las cifras se prestan a un doble engaño. Por un lado, y como siempre, porque no hay contabilidad alguna que ayude a comprender qué es la Vida o sus mansiones. Por otro, porque tras los guarismos que, en cualquier caso a continuación aportaré, hay demasiadas excepciones y siempre alguna contradicción.

El panorama de la protección a la vida espontánea y sus paisajes arroja un balance que podríamos considerar como aceptable e, incluso, estupendo. Tenemos algo así como el 15% del planeta protegido a través de nada menos que 217.000 espacios legalmente amparados. Intervienen formas legales que varían desde el parque nacional al árbol monumental. Es decir, desde lo muy grande a lo pequeño.
Recordemos, de paso, que en nuestro país tenemos casi el 27% del territorio protegido en nada menos que unos 1.800 lugares.

Son muchos y son pocos. Son necesarios y también deberían ser innecesarios, siempre y cuando mantuviéramos otro tipo de relación con los derredores naturales. Pero hace siglo y medio no teníamos ni uno solo.

Siempre conviene recordar dónde, cómo y con quién comenzaron los procesos.
Se inició todo en California y con un descomunal primer impulso, nacido del mejor brote verde de la historia. Es más, si tenemos en cuenta que la mejor aportación de los Estados Unidos a la historia de la Humanidad es la creación de la figura de parque nacional, ese humano que consiguió fundar el primero, debería figurar en lugar mucho más destacado en todo aquello que estudie y reconozca lo hecho en el pasado. John Muir descubre, estudia, admira y decide defender uno de los mejores ámbitos para la vida del Oeste americano. La sierra Nevada de California se despliega ante los ojos del naturalista como una infinita trama de bellezas.

Gran explorador, mejor escritor y, especialmente, entusiasta militante en lo que hoy llamamos activismo ecológico, John Muir aporta la indiscutible primera y excelente semilla de lo que hoy denominamos, con toda propiedad, el pensamiento ecológico. Pero sobre todo es uno de los eslabones de la cadena de los grandes exponentes del sentimiento de la Natura. Por solo citar algunas de las fuentes en las que sin duda se inspiró recordemos a Lucrecio, Goethe, Emerson, Thoreau…

Acaso entendamos mejor lo que significan los vínculos emocionales con lo espontáneo si cito el siguiente párrafo de mi prólogo a Mi primer verano en la sierra, imprescindible libro auspiciado por la Fundación EQUO y la Editorial Relee. Se trata uno de los pocos textos de Muir traducidos, en este caso de forma espléndida por Alberto Chessa.

“Entendió que a los paisajes hay que merecerlos con soledad, esfuerzo y admiración. Adentrándose en ellos todo lo más adentro posible para que acaben siendo tus adentros. Si te has merecido lo que miras, es decir si te has comportado como huésped agradecido entonces te sientes como en casa. Casa grande, casa de todos, que no puedes perder, que exige tus desvelos para mantenerse en el mejor estado de funcionamiento posible para seguir escanciando sus acogidas que, si sabes mirar, siempre serán inspiradoras”.

En suma, comprendió que, dado que los paisajes siempre nos acogen, conviene unos mínimos de reciprocidad acogiéndolos y defendiéndolos tú a ellos. Por eso John Muir no solo nos narró con prosa poética sus contemplaciones, no solo convenció a Theodore Roosevelt de la necesidad de crear el primer parque nacional, también fundo el club Sierra, la primera gran organización, todavía activa, de defensa de la Natura.

El libro, que forma parte de la colección Hojas en la hierba , también incluye un prefacio que se convierte en un lúcido recordatorio de los orígenes del ecologismo. Lo firman Juantxo López de Uralde y Raúl Gómez.

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