28.11.2013

Rodrigo Sorogoyen: “Somos una generación de consumo rápido, también en el amor”

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© Caballo Films

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‘Stockholm’ ha llegado al público con buenas credenciales: premios en el Festival de Cine de Málaga y largos debates sobre cómo retrata a quienes tienen hoy entre 15 y 40 años, y sus relaciones utilitarias, desechables, hedonistas… Hablamos con su director y coguionista.

Rodrigo Sorogoyen (Madrid, 1981) es el director de Stockholm, película de la que también es coguionista, junto a la zaragozana Isabel Peña. Financiada parcialmente a través de crowdfunding, recibió varios galardones en la última edición del Festival de Cine de Málaga, incluido el de ‘mejor dirección’. La historia de la película se desarrolla en apenas unas horas, las que van de la noche de fiesta en la que se conocen los dos personajes centrales y casi únicos (interpretados por Javier Pereira y Aura Garrido) a la mañana del día siguiente. Noche y día también en la actitud de los propios personajes que, de alguna manera, intercambian roles con las horas. Recibida y asumida por su director como un retrato generacional, Stockholm despierta interesantes debates sobre las relaciones personales de esta generación, utilitarias y desechables, y sobre otras cuestiones que seguramente van más allá del propósito inicial de los autores.

Stockholm llegó al cine. En estos tiempos que parecen minusvalorar la sala de cine ante la fascinación de los nuevos medios de proyección, ¿sigue siendo un objetivo del director proyectar en la gran pantalla?

Es una pregunta difícil porque a cada minuto puede cambiar esa respuesta. Para nosotros lo era, pero hace seis meses. Ahora, según están las cosas, me gustaría decir que sí es el objetivo. Esto significa que me gustaría que las salas de cine siguieran funcionando. Yo intentaré hacer todo lo que esté en mi mano, que es muy poco, pero todos mis deseos y energías positivas van para que eso siga. Pero, quién sabe, puede que en el futuro no sea el principal objetivo. De hecho, para algunos directores ya no lo es.

Pero tú, como creador, como cineasta, ¿sigues teniendo el sueño de la proyección en la gran pantalla?

¡Por supuesto! Es que no concibo ver una película en un ordenador. Cada vez los ordenadores son más grandes, cada vez hay mejores pantallas, pero para mí, que soy un inútil tecnológico y que casi ni me molesto en conectar ordenadores a ningún sitio, la sala de cine es el lugar.

En Stockholm se ha contado con crowdfunding y quienes participabais de ella lo habéis hecho en calidad de cooperativistas. ¿Cómo se ha traducido eso a efectos prácticos tanto para la realización de la película como para la necesaria remuneración de los profesionales?

Para la realización, explicar muy bien todos los términos a todo el mundo, ser muy honestos y muy sinceros, y contar con gente que se ha sacrificado y ha confiado plenamente en esto. Unos habrán confiado más, otros menos, pero los que han confiado menos supongo que lo que les valía la pena y les pesaba era otra cosa, como hacer una película, como trabajar con amigos, aprender, que es lo que a mí me movería realmente en su lugar. En definitiva, dejarlo todo muy claro, dar de alta en la Seguridad Social, intentar hacer todo lo mejor y más ameno posible y ya está. No es difícil realmente, aunque hay que estar eternamente agradecidos a todos los que han hecho eso, que han invertido su sueldo –todos han capitalizado su sueldo-. Son amigos, gente con la que trabajábamos, que conocían el proyecto y les gustaba. Para muchos era su primera película como jefes de equipo, eso también es un premio y un trabajo. Una pena que el premio no vaya remunerado a priori, pero así es como están las cosas. Creo que esa gente que ha trabajado con nosotros -y repito que son amigos-, opinan igual que yo o que los tres productores que son socios míos en Caballo Films: mejor que estar en casa parados, hacer una película. Así de sencillo.

Y a posteriori, ¿llega o no llega la remuneración?

Eso ya depende. Si tiene que llegar, llegará. Depende de las cifras, yo confío en que sí. Pero puede que no lleguemos a la remuneración, puede que nos pasemos o puede que nos quedemos igual. Las cifras en las salas están siendo las esperadas. Las esperadas eran muy bajas, obviamente. Pero el dinero viene después por otros lados, de las ventas internacionales, de las ventas de televisión… Todavía queda mucho para calcular una cifra. Esperemos que al final se pueda llegar a lo que la gente ha trabajado.

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La fórmula del crowdfunding está cada día más extendida, se hace uso de ella para todo tipo de cuestiones. ¿Vamos camino de un modelo de creación cultural cada vez más dependiente de la participación popular y menos de las ayudas públicas directas?

Sí, tristemente vamos hacia ese modelo. Yo creo que en cine justamente no, pero como tú has ampliado a toda la actividad cultural, yo creo que en la actividad cultural sí. En el cine no, porque el cine es muy caro. Es una locura mantener una industria como esa. No es que sea una locura, es que es imposible, es inviable. En cuanto a la actividad cultural en general yo creo que sí. Estamos en una crisis. La gente, como el gobierno, se quiere gastar el dinero en otras cosas. Hay algunas que son necesidades básicas, otras que son más discutibles, pero la cultura en este país se considera ocio y mientras se siga considerando ocio se gastará, lógicamente, menos dinero. Es una pena que se le considere ocio. Al ser considerada como tal se invertirá mucho menos dinero. Como hay gente que sigue creyendo en la cultura y gente que sigue queriendo contar historias, ya sea por el medio audiovisual o por el que sea, parece que es un modelo. Pero repito y me reitero en que para el cine no. Ni lo mantengo, ni lo defiendo, ni creo que vaya a ocurrir.

El marketing de las grandes productoras arrasa y cuela como información la mera publicidad en los medios de comunicación. Eso crea un tremendo desequilibrio en la posibilidad de llegar hasta el espectador. El mensaje publicitario de Stockholm ha incidido mucho en el bajo coste de la producción. O, al menos, ese ha sido un mensaje que ha trascendido. ¿Beneficia o perjudica la insistencia en ese factor económico de bajo coste?

Es una pregunta que nos hemos hecho muchas veces. Hay veces que te beneficia y otras que te perjudica. En el caso de Stockholm creo que ha ido bien. Tampoco lo hemos explotado mucho nosotros. Sí se ha dicho mucho, porque es así y todo el mundo lo sabe, pero yo creo que no la hemos explotado como “la gran película de bajo coste”. También hemos jugado con otros elementos como Málaga, Aura Garrido y una película de actores. No te sabría decir, porque yo en marketing soy un inútil, nadie sabe cuál es la tecla. Es cierto que hay películas que están tocadas por la gracia de Dios, y por ser de bajo coste la gente precisamente va, y otras que eso les perjudica bastante. No te sabría decir, depende.

El factor económico del cine se ha concentrado últimamente en el precio de las entradas. El experimento de ‘La fiesta del cine’ lo ha agitado y Stockholm ha procurado en esa línea abaratar su coste allá donde ha podido. ¿Es tan caro el cine y esa fiesta lo demostró o es que somos más proclives al evento que ciudadanos con una vida cultural continuada?

El cine está caro, ¿dependiendo de qué? Está caro comparándolo con bajarse una película gratis. Entonces sí, está caro. ¿El cine está caro? Sí, porque ya cada vez se puede ver cine de una manera más barata, legal o ilegalmente, pero se puede ver. Es una obviedad. Lo repito, yo no lo cambiaría por nada, no soy nada asiduo de Filmin, de plataformas legales o ilegales, pero está claro que es una realidad. Esto sumado a una crisis, sumado a que a la gente no le interesa mucho el cine, no le interesa gastar, y que en este país, si se sale, es para tomar copas y tomar cañas, entonces hay que hacer algo. Y si ese hacer algo significa inventar eventos, bienvenidos sean. Es tan sencillo como que hay que intentar que la gente vaya al cine. Se tiene que intentar de todas las formas. Haciendo películas que interesen, mejores, pero también abaratando costes o creando eventos.

Yo tengo la sensación de que somos mucho más de eventos que ciudadanos acostumbrados a la cultura como gesto cotidiano.

¡Totalmente! En este país sí. Ahora mismo estoy yendo a Francia [la conversación es telefónica y Rodrigo está en el metro camino del aeropuerto], a París, y la comparativa es una pena. Allí son tan chauvinistas en el mal sentido pero también en el bueno, que da pena. Aquí defendemos muy poco lo nuestro… Bueno, el fútbol sí. Supongo que 40 años de dictadura pesan mucho en la vida cultural y, aunque parezca una barbaridad lo que estoy diciendo, siguen pesando. Ahora mismo hay muchas cosas que no se pueden arreglar y, como siempre, en este país vamos todo el rato poniendo parches. Ahora mismo estamos en ello, abaratando costes, subvencionando las películas españolas, al espectador o poniendo más baratas las películas. Pero tocando teclas, porque está claro que no puede desaparecer una industria así. Hay que hacer algo.

Acabas de mencionar el franquismo. Mi siguiente pregunta está ligada de algún modo. No sé tú, pero yo conozco todavía gente que me dice frases que empiezan con “el cine español” y acaban muy mal. Yo no sé si existe algo parecido a “el cine español”, pero ¿tú cómo acabas una frase que empiece con ello?

Diría: ¿qué es el cine español? Es absurda esa frase hoy en día. Hace 20 años se podía decir que había un cine español, pero hoy en día no se le puede catalogar; no es un género. Hay directores de todos los tipos, películas de todos los tipos, buenísimas, de todos los estilos. Están saliendo directores, tanto nuevos como directores que se están regenerando a sí mismos como los clásicos que siguen aguantando, que hacen un cine interesante. Es absurdo hablar de cine español.

Por encima de cualquier otra cuestión, para hacer películas hay que tener algo que contar. ¿Qué querían contar Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña, guionistas de la película?

Ahora parece una respuesta totalmente sabida porque la he contestado ya muchas veces, pero no me di cuenta de ella hasta una vez escrito el guion. Cuando lo estábamos escribiendo no sabíamos qué queríamos contar. Queríamos hacer una película interesante, entretenida y, por supuesto, buena. Nos interesaban, no sabíamos por qué, dos personas que se enamoraban en ese ambiente y que acabaran de una manera que nos gustaba cinematográficamente, como si nosotros fuéramos espectadores y nos gustase ver esa película. Con el tiempo me he dado cuenta de lo que queríamos contar o, por lo menos, de lo que yo quería contar, que era cómo nos estamos relacionando hoy en día, qué es lo más importante para una generación como la nuestra, la que yo vivo, que la considero, tranquilísimamente, una generación entre los 15 y los 40 años. No criticar ni denunciar, sino simplemente contar una realidad. Una generación de consumo rápido. Y eso se traslada también al amor y a las relaciones. Creo que yo estaba un poco asustado por cómo nos relacionamos.

He leído por ahí aquello de película generacional. Hay quien de esa generación –aunque por el abanico de edades que manejas, me has metido dentro de ella- que me ha dicho que se ve reflejado en muchas de las reacciones de los personajes. La historia arranca en una fiesta, algo que parece muy de esta generación que ahora roza los treinta. Ya has utilizado algún adjetivo, ¿pero es una generación esencialmente hedonista?

Totalmente. Somos una generación hedonista, para bien y para mal, aunque para bien sea por pocas cosas. Somos una generación que no nos podemos quejar de nada porque lo tenemos todo, pero supongo que, al tenerlo todo, nos hemos convertido en unos malcriados. Somos hedonistas. Nos han vendido en televisión, en publicidad, en el cine también –gracias a Dios el cine existe, también somos víctimas del cine- que podemos conseguirlo todo. Que si no lo consigues eres un fracasado y todas esas cosas que ya sabemos. Nos hemos convertido en una generación muy malcriada y hedonista, sí.

Chico y chica en la película, chico y chica en la escritura del guion. ¿Hubo mucho debate entre vosotros a la hora de desarrollar la trama y los diálogos? Es más, ¿sigue habiendo debate una vez la película ya está cerrada?

No, ya no. Lo hubo en un momento dado. Isabel y yo nos grabamos en unas entrevistas para esto del marketing y del crowdfunding, y ahí sí que hubo debate en directo y fue además muy gracioso. Yo creo que ya no lo hay entre ella y yo. Sí que es una película muy controvertida, que genera mucho debate entre la gente. Por eso es interesante y está gustando mucho, porque cada espectador que la ve tiene una lectura distinta. Es muy difícil encontrar a dos personas que opinen exactamente lo mismo de todas las reacciones. En muchas cosas están de acuerdo muchos, pero en todo es muy difícil. Y en las relaciones, las actitudes, los comportamientos de los personajes, de lo que no se conoce de ellos, cada uno tiene una interpretación y eso es muy interesante. Es una película que si la vas a ver con alguien, sobre todo con un grupo de gente, hay discusión seguro.

Noche y día, como la canción. Hay una noche y hay un día en el relato de esta historia y también en el propio comportamiento de los personajes. La noche de uno es el día de la otra y viceversa. Uno y otro se convierten, de alguna forma, en espejos el uno para el otro aunque sus respectivos comportamientos tienen, a priori, motivaciones diferentes. Y son personajes que, en uno u otro momento, resultan incómodos para el espectador. Resulta difícil quererlos.

Sí. Por un lado, ese era un handicap, a los actores les preocupaba caer bien. “¡Me tienen que querer!”. Y es cierto, tienen su parte razón porque, habiendo dos personajes, como no quieras a uno mal va la cosa. Pero a mí me interesan mucho los personajes difíciles de querer. Las películas que me interesan son esas. Tienen que tener un atractivo, un carisma, te tiene que interesar lo que les está pasando y lo que piensan, por qué reaccionan así y lo que les pasa, por supuesto. Pero quererles, que es la palabra que has usado… Está bien que les quieras un poquito, pero yo creo que no está bien que les quieras muchísimo. Hay películas en que sí, pero otras en que no hace falta y otras en que está muy bien no quererles. Creo que en ésta no les quieres todo el rato y eso es bueno.

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Estábamos hablando de eso, del retrato de una generación. En la crítica de Cuadernos de Cine hablan de “retrato de una generación (los jóvenes que ahora rondan los treinta) que parece condenada a la inmadurez emocional y a la insustancialidad existencial”. Por lo que estamos hablando, puede haber algo de ello pero no sé si compartes que las características de los personajes añaden algún matiz a esa interpretación. No son personajes puramente estándar, al menos en algunos sentidos.

Hombre, para mí son personajes muy profundos pero a la vez son muy arquetípicos. Y creo que ahí está lo interesante. Al que me diga que son muy arquetípicos le diré que sí. Al que me diga que son muy profundos le diré que sí. Al que me diga que no son muy profundos le diré que no. Eso hay quien me lo ha dicho. Recuerdo que en un coloquio alguien me dijo que estaban muy poco dibujados. Y, vamos, no me cabreé porque no era el momento, pero se lo discutí y le terminé convenciendo. No es que no estén currados y no sean profundos, es que te he contado lo que quiero contarte y eso es lo interesante, que tú respondas a esas preguntas. Responden mucho a unos arquetipos, a una generación, a un tipo de personas que se corresponden con esa generación que dices de inmaduros emocionales pero, por supuesto, luego tienen sus matices y su profundidad y son personajes únicos en el sentido menos pretencioso de la palabra. Pero a la vez son personajes, en el fondo, muy comunes y eso ayuda a que la gente se identifique con ellos. Yo puedo ser él o ser ella en cualquier momento.

Antes comentabas que cada cual interpreta las reacciones de una u otra manera. Decía lo de las características específicas, que quizá se salen de la media que nos puede servir de referencia, sobre todo por alguno de los personajes que manifiesta, o teóricamente manifiesta, algún tipo de enfermedad mental. No sé si esa es una buena interpretación pero hay quien me ha dicho que es una película que muestra muy bien, sin tapujos, qué implica una enfermedad mental.

Sí, es un equilibrio. Hay gente a la que le pesa muchísimo esa enfermedad mental y hay gente que ni la ve ni la menciona. La película es tan interpretativa que ya te digo que hay gente que ni la menciona o que le molesta mucho o que no le molesta y lo entiende todo. Como guionistas, que es lo único de lo que te puedo hablar, necesitábamos responder a esa decisión final, darle una razón. Y nos inventamos esto. Pero es cierto que era algo muy delicado, había una línea muy delgada. El guion cambió muy poco y lo que más cambiaba era esto, cómo tratarlo. Porque lo que sí queríamos era tratarla como un personaje normal, como cualquier persona. Para mí ella no es una enferma, es una persona que se medica. Yo tengo un colega muy cercano que se medica y que si lo ves no está loco ni parece que lo esté, ni es nadie raro. Yo me puedo medicar dentro de unos años tranquilamente. No la queríamos tratar como eso porque, si no, la película se hubiera desvirtuado, no hubiese sido lo mismo. Para mí son dos personas normales que están pasando dos momentos… Dos personas normales en el sentido real de la palabra, porque yo podría decir que todos estamos locos. Yo cometo locuras y seguro que tú también. Habría que conocerlas. ¿Quién está loco y quién no? ¿El que se medica está loco y el personaje de él no está loco porque no se medica? Yo no estoy de acuerdo.

De hecho, yo creo que él está loco.

¡Total! Es que son dos locos. O son dos tíos normales como tú y como yo, o es que son dos zumbados. Él está zumbadísimo.

Sin desvelar al lector que no haya visto la película el final, me asalta la duda sobre él. ¿Pensasteis en otras opciones menos, digámoslo así, conclusivas?

Sí, las pensamos muchísimo. Es cierto que lo primero que se me ocurrió fue eso. Yo fui con una idea a Isabel Peña donde ya estaba ese final. “Mira, dos personas que se conocen, que tal y tal, y acaba así”. Eso lo tenía clarísimo. Obviamente durante tres años de proyecto y de trabajo nos asaltaban dudas, la gente nos decía que eso era muy delicado. Y cada vez que nos lo preguntaban nos lo íbamos preguntando nosotros mismos, pero sí es cierto que cada vez que yo intentaba imaginarme otro final no estaba, no existía. Había otro, pero no era tan bueno. Es cierto que es un final que a mucha gente le va a distanciar de la película, que no le va a gustar y se va a cerrar. Hay mucha gente a la que no le ha gustado, pero que con el tiempo me ha confesado que era cierto que solo podía acabar así. Y yo creo que eso es lo correcto. Y me voy a flipar y te voy a decir otra cosa. Si acabase de otra forma, a lo mejor tú y yo no estábamos hablando ahora mismo. De verdad, ¿eh? Y eso se lo he dicho a gente del coloquio. “Seguramente tú no me habrías hecho esta pregunta y te habrías ido de aquí”. Esta película no hubiera sido tan interesante, tan redonda. Es cierto que es una línea muy delicada y que la gente nos puede acusar de efectistas o de querer crear polémica, pero ¿cómo acaba la peli? ¿Se queda ahí, sin más?

Yo te digo que mi sensación al salir de la película fue que ese gesto final le iba a restar a la película el debate que merecía, en el sentido de qué se cuenta y cómo se cuenta. Y, sin embargo, es verdad que pasados los días ese gesto final pierde trascendencia y ganan muchos matices otros momentos.

Claro que sí. Es también por cómo está rodada. Creo que fuimos muy inteligentes… Hemos sido muy torpes en otras cosas, pero en esta fuimos muy inteligentes por rodarlo de una manera muy distanciada. Si hubiésemos hecho leña de eso, sí. Pero está rodado de una manera tan delicada, tan distanciada, tan onírica, que se nota que nuestra intención no es hacer leña de eso. Para la decisión que tomamos está acertadamente rodada. Es cierto que va a haber gente a la que no le va a gustar y contra eso no podemos luchar, pero cualquier otro final que me imagino me parece menos redondo. Podría ser más complaciente, pero menos redondo.

Stockholm es tu segundo largo cinematográfico, también hay televisión en tu currículo. ¿Qué hay en el presente para nuestro disfrute futuro?

Estoy trabajando y quiero que salgan muchas cosas, pero no te puedo decir nada porque no ha salido nada. No te voy a mentir. Ojalá que salgan muchas cosas. Estoy metido sobre todo con proyectos de cine.

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Sobre el autor

Carlos Pérez Cruz
Carlos Pérez Cruz, músico y periodista. Desde 2001 dirige el programa ‘Club de Jazz’, dedicado al jazz y músicas improvisadas. Colabora con el programa ‘Carne Cruda’ de Javier Gallego (antes en RNE3 y la Cadena SER), donde dirige la sección 'Bienvenidos al club'; con Radio Vitoria (EiTB) y la revista ‘Cuadernos de Jazz’. Desde 2012 mantiene el blog/podcast ‘Todos los caminos están cerrados’, dedicado a los Territorios Ocupados de Palestina.

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