Rubén Serrano: “Las personas LGTB+ en España siguen pisoteadas”

Rubén Serrano: “Las personas LGTB+ en España siguen siendo pisoteadas”

El escritor y periodista Rubén Serrano. Foto: Cristina Tomás.

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Rubén Serrano ha sido uno de los impulsores del movimiento #MeQueer en España, una revolución surgida en las redes sociales a través de la cual miles de personas LGTB+ –personas con identidades de género y orientaciones sexuales diversas– compartieron en Twitter sus experiencias de discriminación. Tuvo amplio éxito y supuso el principio de un proceso de investigación y documentación exhaustivo que se ha materializado en el libro ‘No estamos tan bien’. En él, Rubén expone, a través de 30 historias personales, qué supone “nacer, crecer y vivir fuera de la norma en España”. Es decir, cómo se vive siendo queer en la España actual.

Rubén (Monóvar, Alicante, 1992) es periodista y está especializado en temas LGTB+, género y VIH/sida. Empezó a trabajar en todos estos temas mientras escribía para la revista PlayGround, y ahora sigue haciéndolo como freelance, en medios tan relevantes como elDiario y El Salto. Además, cada mes repasa la actualidad LGTB+ en el programa Radio Primavera Sound y ha participado en las antologías queer Asalto a Oz (Dos Bigotes, 2019) y Vagos y maleantes (Egales, 2019). Ahora con No estamos tan bien (Temas de Hoy) aborda cómo tener una orientación o identidad de género diferente todavía nos condiciona en múltiples ámbitos como las instituciones educativas, la familia, el sistema de salud, la cárcel o el mundo laboral.

Tu libro es, ya desde el título, una declaración de intenciones muy directa, sin preámbulos, enormemente reivindicativa. Voy a empezar jugando al abogado del diablo: ¿por qué dices que no estamos tan bien?

Porque es evidente que las personas LGTB+ en España no estamos nada bien. Hace unas semanas una adolescente de 17 años se suicidó en Galicia porque no soportaba más el acoso escolar que sufría por ser bisexual. Hablando mal y pronto, las personas LGTB+ en España importamos una mierda. Hace unos meses se hacía un vídeo viral en redes de dos policías de Benidorm humillando y acosando a una mujer trans que estaba ejerciendo la prostitución. Una parte del feminismo académico (que no es feminismo si no contempla la igualdad de las mujeres trans) ataca las vidas de las mujeres trans desde tribunas, medios y redes sociales. La ultraderecha vuelve a señalarnos en el Congreso y también en platós de televisión como sucedió en El Hormiguero. Nos siguen dando palizas, seguimos teniendo miedo de salir del armario en casa, en la calle y en el trabajo, las operaciones a bebés intersexuales siguen sin estar prohibidas, en España aún se patologiza a las personas trans en contra de lo que dice la OMS… Podría seguir la enumeración páginas y páginas. Porque salgamos en la tele, estemos en política o escribamos libros no significa que nuestras vidas sean fáciles. Seguimos estando pisoteadas y en el margen aunque presumamos de igualdad.

“‘No sé si mi historia es importante’. Esa fue la frase que más veces oí de las personas con las que me senté a hablar”. Qué forma tan dura de comenzar un libro, pero qué bien ilustra, desgraciadamente, el sentir de todo un colectivo. Parece que nos han hecho creer durante demasiado tiempo que nuestras vidas importan menos, ¿verdad?

Así es. Desde pequeños nos hacen saber que nuestras vidas son insignificante y menos válidas a través de insultos como “maricón”, “bollera” o “travelo”, a través de bromas en programas de televisión, series y películas, a través de risas cuando se hablaba de alguien LGTB+, no hablando de nuestra realidad ni en toda la etapa educativa (colegio e instituto), ni tampoco dentro de nuestras casas. Nos hacen saber desde la infancia que tenemos que agachar la cabeza y callar si no queremos rechazo y violencia. Y eso hacemos: sobrevivir en una sociedad cisheteropatriarcal que nos apunta con el dedo y nos dice: “Sois diferentes que nosotros y merecéis menos que nosotros”. Al final es un sistema de dominación en el que la heterosexualidad, ser cis y los roles asignados a cada género rigen nuestras vidas. Si eres gay, lesbiana, trans, bisexual y tienes pluma, el mundo te encierra en el armario y, a la mínima visibilidad, saca la artillería para anularte y aniquilarte. Y eso se multiplica si eres mujer, una persona migrante, racializada, con diversidad funcional, pobre o con menos recursos económicos…

Cuando estaba leyendo tu libro, no pude evitar sobrecogerme al leer el comienzo del capítulo ‘Calle’, donde lanzas una serie de preguntas muy directas a las personas heterosexuales. Por ejemplo: “¿Vosotros también sentís miedo de que alguien os dé una paliza en la calle por ser cisheterosexuales?”. Es casi imposible que una persona del colectivo no se sienta interpelada, pero ¿nos entienden ellos?

Ese es el objetivo de esos párrafos y del libro. Que las personas cisheterosexuales asuman de una vez su responsabilidad en la violencia que ejercen diariamente a las personas LGTB+. Se van de rositas. Pocas veces se habla del agresor, el titular siempre recae en la víctima. Pero quienes nos pegan, insultan, señalan y discriminan no somos las víctimas, son los agresores y hay que empezar a identificarlos de una vez. Hay que poner el foco en la persona que odia para descubrir la raíz de ese odio y empezar a exterminarlo de verdad. Si no, siempre estaremos en el mismo círculo vicioso. El problema no lo tengo yo por ser gay o Teresa por ser una mujer trans o Paulina por ser una mujer lesbiana. El problema es del agresor, del que nos odia y del que nos quiere borrar como ya hizo el franquismo. Mi objetivo es que el lector o la lectora lea el libro y piense de una vez: “Yo insulté a esta persona por la calle” o “yo vi una agresión y no hice nada”. La igualdad LGTBI+ la conseguiremos entre todos, no solo con la lucha de las víctimas.

Creo, de hecho, que esto está relacionado con uno de los grandes males de nuestra sociedad: la falta de empatía. Somos tan privilegiados en tantas cosas que nos cuesta muchísimo ver las injusticias y las discriminaciones cuando afectan a los demás. De ahí que haya tantas personas heterosexuales que piensen que “ya lo hemos conseguido todo”.

Muchas personas heterosexuales piensan que ya lo hemos conseguido todo porque gais y lesbianas nos podemos casar. El matrimonio homosexual fue lo que de verdad hizo que nos vieran como iguales de una vez, pero las personas hetero no temen que les den una paliza en la calle por ser hetero, como les pasó a Andrés y Jorge; ni se plantean que sus padres les rechacen por ser hetero, como les pasó a María, Toni, Teresa y Salima. La heterosexualidad es el privilegio, pero eso sucede porque la sociedad y el sistema es heterosexual, piensa en heterosexual, se articula en torno a la heterosexualidad y sobrevive porque gira en torno a la heterosexualidad. Ellos sí que lo han conseguido todo. Ellos sí que lo tienen todo. Y parece que las personas LGTBI+ les tengamos que pedir permiso por existir y demostrar que somos tan válidas como ellas. Esta sumisión se está acabando.

Una mujer trans ecuatoriana. Un chico gay obligado a ir a terapia de reconversión. Una chica intersexual. Una maestra lesbiana ya jubilada. Una pareja de hombres que han adoptado a una niña trans. El colectivo LGTB+ no puede ser más heterogéneo. Y estamos en todas partes. Sin embargo, se nos sigue reduciendo –sobre todo desde determinados sectores reaccionarios– a una serie de estereotipos manidos y malintencionados. ¿Por qué crees que es así?

Porque quienes tienen el poder de plasmar y reproducir la realidad en películas, artículos o contenidos para programas son personas que ni siquiera nos contemplan en su día a día. Nuestra realidad no es posible y es entonces cuando se activan estos estereotipos rancios y carcas. Y porque, de nuevo, el sistema cis blanco heteropatriarcal y capitalista entra en juego. Nos elimina, hace que no existamos, consigue que no molestemos y así sigue dominando el juego y nos mantiene callados en las sombras.

Hace unos meses tuve el placer de charlar con June Fernández sobre su libro ‘10 ingobernables’ y uno de los conceptos que más grabado me quedó fue el de ‘interseccionalidad’. Tu libro sigue esta misma idea y recoge historias de personas de todo tipo: racializadas, no binaries, de todas las edades… ¿Por qué crees que es tan importante acudir a miradas y formas de vivir tan diferentes dentro del colectivo LGTB+?

Porque, si no, estaremos haciendo lo que llevamos años haciendo: copiando el heteropatriarcado y creando un homopatriarcado donde quienes capitalizan el poder dentro de las siglas LGTB+ son los hombres blancos cis homosexuales. Y eso llevamos años criticándolo. Desde el principio tuve claro que no quería que eso fuera mi libro. Quería que fuera lo más diverso posible y me obsesioné por que así fuera. Porque si hubiera hecho un libro sobre la realidad LGTB+ en España con solo hombres gais estaría mintiendo y ejerciendo violencia patriarcal contra nosotros mismos. Por eso hablan mujeres lesbianas, personas bisexuales, trans, intersexuales, queer, no binaries, racializadas, migrantes, refugiadas, con diversidad funcional, que viven en grandes ciudades pero también en pequeños pueblos… Hacer lo contrario hubiera sido no ser honesto conmigo y mentir a los lectores. Estaría vendiendo humo. España no es blanca, ni de hombres, ni de gente con dinero, ni de gente de Madrid o Barcelona. Pues el libro tampoco. Al final nuestras luchas son mucho más comunes de lo que nos pensamos y hay que volver a reactivar esta evidencia en nuestra conciencia colectiva.

Siguiendo con esto: ¿cómo llevas que dentro del propio colectivo existan facciones muy intolerantes hacia algunos de los miembros más frágiles de la comunidad LGTB+? Me refiero, por ejemplo, a las feministas transexcluyentes. Mujeres lesbianas, bisexuales… que pertenecen al colectivo, pero que no dudan en cuestionar la existencia de las personas trans.

Esa discriminación existe, pero no solo existe dentro del colectivo. Tenemos a personas cis y heterosexuales atacando a las personas trans desde el Congreso, sillones académicos, tribunas en medios y casas ya pagadas mientras las personas trans tienen un 85 % de paro en España según datos de la FELGTB. ¿Que qué me parecen esos ataques a las personas trans? Abuso de poder y privilegio. Y un ataque directo al principio de la igualdad, la base de la democracia y de la Constitución Española que muchos se ponen en la boca para acto seguido levantar muros que segregan. Nadie tiene derecho a cuestionar la existencia de nadie. ¿Cuestionamos acaso que alguien sea hetero o cis? ¿Verdad que no? Pues nadie tiene derecho a cuestionar la autodeterminación de género.

En tu libro hay varias historias de personas trans, no binaries e intersexuales que han sufrido en sus propias carnes las consecuencias que la imposición (médica, social, política) de un binarismo de género sobre las vidas humanas. ¿Por qué crees que este tema sigue causando tanta animadversión social?

Porque, como seres humanos, nos articulamos en torno al género y el género está presente a nivel legal, jurídico, burocrático, médico, farmacéutico. Criticarlo supone cuestionarlo y es tan evidente que el binarismo de género tiene grietas y brechas que, cuando estas salen a la luz, las personas encargadas de proteger este aparato de control social sacan todas sus armas para defenderlo. El género seguirá siendo el eterno debate durante mucho tiempo. Llevamos décadas y décadas y décadas teorizando en torno a él y las que quedan.

Es cierto, no estamos tan bien. Si pudieras solucionar hoy mismo los tres problemas más urgentes del colectivo, ¿cuáles serían? ¿Qué temas crees que son más acuciantes para nosotros ahora mismo?

La despatologización de las personas trans, la alta tasa de paro de las personas trans y acabar con el fascismo que aún nos tiene puestos en su puntería y viene a por todas.

No podíamos terminar sin hablar de política (aunque en realidad todo lo personal es político). Hay una cosa que me preocupa mucho: con un partido de ultraderecha presente en todas las instituciones, legitimado por los medios día sí y día también, ¿crees que se está recrudeciendo el discurso contra lo diferente? ¿Crees que las personas LGTB+ estamos en más peligro ahora que antes?

Creo que es más que evidente que sí se ha recrudecido el discurso contra lo diferente. Y se ha vuelto a validar. Y se consiente. Estamos en peligro de otra forma, porque los tiempos han cambiado si los comparamos con el franquismo, claro. Estamos más expuestos porque somos más visibles y eso nos convierte en un blanco fácil para atacarnos. De hecho ya sucede cuando se habla de “los queers”, la “ideología progre” o la “ideología de género”.

Algunas recomendaciones

Un libro LGTB+ que te haya abierto los ojos.

El pensamiento heterosexual, de Monique Wittig a nivel teórico. Para acabar con Eddy Bellegueule, de Édouard Louis, como novela, porque me sentí muy identificado.

Un artículo sobre temas LGTB+ que todo el mundo debería leer.

Odio hacerme autopromo pero este artículo sobre el passing en personas trans me hizo entender muchas cosas.

Un/a escritor/a LGTB+ imprescindible.

Monique Wittig, Jasbir Puar, Judith Butler, Julia Serano, Paul B. Preciado.

Un/a activista referente.

No puedo darte una porque sería muy injusto. Todas las activistas que están en asociaciones, que luchan desde pueblos, provincias y barrios por hacer nuestras vidas mejor.

Un/a político/a que creas que está haciendo mucho por el colectivo.

Mar García Puig, Eduardo Rubiño, Ada Colau, Carla Antonelli y la lista seguiría. Claramente Javier Maroto y otros aliados de la ultraderecha, no.

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