La inmigración se hace película de terror extremo en San Sebastián

La inmigración se hace película de terror extremo en San Sebastián

Fotograma de la película Coreana ‘Haemoo’.

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Fotograma de la película Coreana 'Haemoo'.

Fotograma de la película Coreana ‘Haemoo’.

Ayer se proyectó en pase de prensa una de las mejores películas que se ha visto hasta el momento en la Sección Oficial durante las cuatro jornadas que ha consumido esta 62 edición del Festival de Cine de San Sebastián. Un filme surcoreano con grandes dosis de terror extremo. Pero no todo fueron sobresaltos. También John Malkovich acudió a la ciudad para presentarle al mundo su nueva y divertida película musical basada en la vida de Giacomo Casanova.

Esto fue lo que vimos.

Haemoo. Shim Sung-bo. Corea del Sur. Sección Oficial.

La mejor película de la Sección Oficial hasta la fecha no lo es porque se pase por el arco de triunfo los muy trillados caminos de la narración cinematográfica, como expresaría un cursi. Tranquilos, que aquí no se ve crecer la hierba; el filme del muy talentoso surcoreano Shim Sung-bo (dirige y escribe la película) se cuenta respetando el más elemental abecé narrativo, nada nuevo bajo el sol. Lo que sí es distinto a lo que se ha contado hasta hoy, al menos no lo había visto quien suscribe, es que se filme casi íntegramente –y con esa potencia visual- en un pesquero surcoreano de gran tonelaje que, por mor de la codicia de su capitán Kang, se dedica provisionalmente a conducir a inmigrantes ilegales chinos a su país.

Una de las virtudes del filme es su tránsito por distintos géneros, pues empieza a modo documental para apuntar a un drama familiar que se transforma en espeluznante drama social y concluye siendo una opresiva película de terror extremo. Y con goterones de comedia en cada uno de los tramos. Otra virtud del filme es el preciso trazo que hace de la evolución de sus personajes. Mientras algunos de la tripulación terminan aterrando como el cornudo capitán Kang, otros acaban enamorando, como es el caso de la bellísima inmigrante. Y qué decir del portentoso Dong-sik, que se convertirá en héroe del filme a su pesar. Un héroe de los de antes. La historia de amor de la pareja está escrita con ternura entre ratos de buen sexo y la espiral creciente de violencia a la que ha de enfrentarse. (L.R.A)

Casanova Variations. Michael Sturminger. Francia-Austria-Alemania. Sección Oficial.

Lo primero que hay que advertir de esta película es que se trata de un musical. Así, con todas las letras. Resumiendo: es una especie de Mamma Mia, pero en versión alta cultura. En esta cinta protagonizada por John Malkovich lo que se trata de contar son aspectos de la vida, la obra, las andanzas y la muerte del gran seductor de todos los tiempos: Giacomo Casanova. Y como en Mamma Mia, la trama y los temas musicales casan de forma rocambolesca, sorprendente y hasta graciosa. Eso sí, las canciones del grupo sueco son sustituidas por algunas de las más bellas arias y duetos de las óperas de Mozart con libreto de Lorenzo da Ponte.

Por ejemplo: el dueto que abre Las bodas de Fígaro en el que Fígaro comienza a medir las dimensiones de la habitación que el conde le ha regalado a él y a su futura esposa Susanna, se transforma aquí en una procaz, picante y morbosa escena en la que Giacomo (ya no se llama Fígaro) lo que mide son los centímetros de una parte determinada de su anatomía y cuenta el número de encuentros amorosos de los que presume puede tener de una sola tacada. Todo, mientras magrea a una muchacha.

Así transcurre esta cinta narrada a tres bandas: en la realidad de un teatro en el que se representa la obra en su versión para el escenario, en la ficción de la casa del conquistador y en un ejercicio de teatro dentro del teatro.

El New York Times definió esta historia, cuando se representó en el City Center de Manhattan, como “una jukebox clásica”. En su traslado a la pantalla grande esa percepción no cambia y grandes cantantes del momento como Jonas Kaufmann, Florian Boesch o Miah Persson, por ejemplo, desgranan arias de Cosi fan tutte, Don Giovani o Las bodas de Fígaro, mientras un Malkovich histriónico, excesivo e intenso es algo más que capaz de reírse de sí mismo. La verdad es que se pasa un buen rato viendo esta película que parece una gran ópera bufa contemporánea y cinematográfica. (M. C.)


Phoenix por teasertrailer

Phoenix. Christian Petzold. Alemania. Sección Oficial.

Con la misma cadencia de un paso de Semana Santa y la misma emoción que, en general, nos produce hacer una fotocopia, se desarrolla este filme alemán sobre una mujer judía que queda desfigurada tras pasar por un campo de concentración nazi e intenta recuperar a su marido tras recomponerse el rostro. Si el argumento ya ofrece serias dudas de verosimilitud (a ver cómo es posible que en 1945 una reconstrucción facial alcance un nivel de perfección que ni siquiera hoy existe, cómo es posible que el marido no reconozca a su pareja solamente por su voz), la puesta en escena elegida por el director Christian Petzold resulta excesivamente teatral. La audacia brilla por su ausencia. Por si fuera poco, las interpretaciones tampoco son buenas. El espectador tiene la esperanza de que el filme arrancará por fin cuando la protagonista entra por primera vez en el club Phoenix de Berlín donde intuye que encontrará a su marido. No hay manera, el motor sigue calándose. (L.R.A)

IN HER PLACE Trailer | Festival 2014 from TIFF on Vimeo.

In her place. Albert Shin. Canadá-Corea del Sur. Sección Nuevos Directores.

Resulta complicado hablar de esta película sin destriparla, así que acudiremos a la gran metáfora que esconde detrás para no desvelar la trama de la historia. In her place es un drama rural en el que se incide una vez más sobre la terrible realidad de un mundo en el que las desigualdades son cada día mayores. El realizador Albert Shin, que opta al premio en la sección Nuevos Directores, nos cuenta la historia de un pacto macabro. Un pacto entre ricos y pobres en el que, además, la parte contratante más débil, para empeorar un poco más las cosas, es incapaz de decidir víctima de un intermediario de su propia familia. En un momento de la película escuchamos en un noticiario por la televisión cómo el locutor habla de ricos y pobres. De cómo los ricos se aprovechan de los pobres, pero de cómo los pobres siguen acudiendo a los ricos. Habla de salarios que se pactan uno a uno entre trabajador y empresario. Habla de desesperada supervivencia situada mucho más abajo que a la baja.

Es una historia sobre el contraste entre la falta de escrúpulos del poderoso, capaz de saltarse sin mayores problemas las reglas del juego que él mismo ha impuesto, y la rebeldía llevada a su estadio más radical por aquel al que se le ha privado de la libertad de elegir el destino de su propia vida.

Shin logra dosificar muy sabiamente la información y los tiempos para captar la atención del espectador durante todo el transcurso de la película. El metraje puede parecer un tanto excesivo (casi dos horas), pero se ve compensado por una trama que crece y crece sin cesar. Cuando crees que va a bajar de intensidad, un nuevo elemento entra en juego. (M. C.)

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