San Sebastián sufre la sacudida de la violencia extrema

San Sebastián sufre la sacudida de la violencia extrema

Un fotograma de ‘As you are’.

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Un fotograma de 'Playground'.

Un fotograma de ‘Playground’.

La maldad parece ser una invitada muy especial en esta 64 edición del Festival de Cine de San Sebastián y con ella, la violencia extrema. Desde los jóvenes terroristas de Nocturama pasand0 por el violador de viejas de Que Dios nos perdone, sin olvidar al maltratador de EllePlayground, en la sección oficial, se ceba además con escenas hiperrealistas que hicieron saltar a parte del público. 

Playground. Bartosz M. Kowalski. Polonia. Sección Oficial.

Una ola de indignación como no había visto en ocho años de festival ocurrió en el momento de la (terrible) escena final del filme polaco Playground. Una buena parte del aforo de la sala del cubo grande del Kursaal la abandonó. El filme terminó y unos aplaudieron, otros taconearon. Se oye un grito. «Lamentable, vaya película, ¡sádicos!», se oye gritar a una señora contra la representación de actores, director y productores en la sala.

En la rueda de prensa posterior, productora y director se congratularon de que la estampida demostrara que la vocación hiperrealista de la escena funcionó. En pantalla se ve como un plano único general a 50 metros de distancia de los hechos, aunque, según desveló el joven director Kowalski, en realidad se rodó en varias tomas, con un muñeco y pantallas verdes de croma. “Es una escena de post producción; típico y pornográfico a mi juicio hubiera sido rodarla de forma convencional”, se defendió. ¿El mal existe? Obviamente sí. De eso trata, ¿pero aporta algo más? El joven director en la rueda de prensa admitió no tener las respuestas. El retrato perturbador que hace del futuro de la Humanidad en manos de jóvenes sin alma es cuestionable. Y la película flojea en ese plano condenatorio que salta la continuidad de lo anterior cuando los chicos vuelven de las ruinas. Curiosamente, en el encuentro con los medios, las palabras más sensatas salieron de los tres niños protagonistas presentes.

Esta historia de dos preadolescentes sin motivación aparente para llegar a lo que hacen se narra con voluntad documental. El acoso a la niña, el asesinato vil inspirado en el ocurrido en Liverpool en 1993 a un niño de dos años, se cuenta en seis actos. Los primeros presentan a los protagonistas, los tres últimos se desarrollan en la escuela, unas ruinas y el parque infantil de un centro comercial. Kowalski es atrevido al mostrarlo de forma tan descarnada en una escena insoportable. Para una parte del público también muy cobarde. El trabajo de los jóvenes actores es excelente. El filme se rodó todo cámara en mano con el equipo técnico y humano mínimo posible para dejar el mayor espacio posible a los niños.

(L. R.)

Un fotograma de 'Porto'.

Un fotograma de ‘Porto’.

Porto. Gabe Klinger. Portugal / Francia / Estados Unidos. Sección: Nuevos Directores.

El equipo de Porto sabe que cuenta con una ventaja a la hora de atraer público a la proyección de su película en un festival. La producción ejecutiva del filme es de Jim Jarmusch. Y lo explotan todo lo que pueden, aunque tal vez no les haga falta. No es de extrañar que el director de películas de culto como Mistery train y Night on earth se enamorase de este proyecto. Jarmusch, desencantado del periodismo, estudió en la neoyorquina Universidad de Columbia para convertirse en poeta. Y Porto es una película con toda la intencionalidad de ser un poema visual.

Porto explota la muy cernudiana dualidad de la realidad y el deseo desde tres puntos de vista diferentes y en el espacio temporal de una noche en la ciudad portuguesa de Oporto. Chico conoce chica y pasan una madrugada y parte del día siguiente juntos. En el primer capítulo vemos la historia desde el punto de vista del idealista Jake; el segundo le toca a la burguesa y bastante pija Mati y, como tercer capítulo, epílogo de la historia, se nos habla de lo que podía haber sido y no fue. Son 75 hermosos minutos en los que pasamos de la frustración a la esperanza y de la admiración al odio casi sin solución de continuidad. Un caramelito para los amantes del cine de autor.

(M. C.)

Fotograma de 'Jesús'.

Fotograma de ‘Jesús’.

Jesús. Fernando Guzzoni. Francia, Chile, Alemania, Grecia, Colombia. Sección Oficial.

El filme chileno a competición en la Sección Oficial del 64 festival de cine es de interpretación compleja por ese final en el que el padre toma una decisión que pocos espectadores esperan. Según expresó el director Fernando Guzzoni en la rueda de prensa posterior, la película “trata de la crisis de la relación entre padre e hijo y de cómo esa relación está lejos de ser afectiva o amorosa. El hecho extremo que ocurre hace confrontar a padre e hijo y enfrentar esa relación”. Guzzoni lo extrapola a la realidad chilena, un país donde “por causas históricas, fruto del desarraigo generacional del país, las bases y los vínculos no son tan sólidos. Allá la figura patriarcal es muchas veces permeable, intermitente, te puede traicionar”. Para el espectador español, la decisión del padre respecto al terrible acto llevado a cabo por su hijo es, sin embargo, confortadora.

La segunda película de ficción de Guzzoni tras Carne de perro (2009), mantiene el estilo de rodar por detrás de los personajes, de forma que el espectador descubre lo que ellos ven al mismo tiempo. Es una técnica habitual del cine contemporáneo de vocación realista. La primera parte muestra las correrías de unos jóvenes marginales, borrachos y drogados. “El sobrevalorado modelo neoliberal chileno provoca grandes bolsas de marginación y diferencias sociales, eso genera mucha soledad. Está explotando por momentos y es necesario que los cineastas lo cuenten”, opina el director, que estuvo acompañado por el joven actor Nicolás Durán (el papel de Jesús es el primer protagónico de su carrera) y el veterano Alejandro Goic (que interpreta al padre). Interesante del filme es la constatación de que las jóvenes generaciones rechazan las etiquetas en relación al sexo. La relación con el cuerpo del otro se produce sin tabúes, según sus querencias en cada momento.

Como el filme polaco con el asesinato de Liverpool de 1993, Jesús tiene cuenta con un referente en un caso real ocurrido en un parque de Santiago. Y en la investigación, Guzzoni descubrió que, a pesar de que los medios enseguida lo tacharon de crimen neonazi, “en realidad aquellos cuatro asesinos tenían en común una falta de relación afectiva con sus padres». «Aquel no fue un crimen de venganza, ideológico o de odio. Lo aterrador es que se matan y traicionan entre ellos, como un fratricidio. Esa violencia cotidiana, que existe de forma extendida en Chile, en un momento determinado eructa y señaliza el fracaso del pueblo”.

(L. R.)

Un fotograma de 'As you are'.

Un fotograma de ‘As you are’.

As you are. Miles Joris-Peyrafitte. Estados Unidos. Sección Oficial.

El jovencísimo director Miles Joris-Peyrafitte (23 años) concursa en esta edición del Festival de Cine de San Sebastián con su primera película, a la que ha llamado como el título de una de las más míticas canciones de Nirvana, Come as you are. El autor de la película lo es, además, del guion y de la música de la cinta. Y en este caso, se hace patente que quien mucho abarca poco aprieta.

Miles Joris-Peyrafitte trata de hacer un retrato de la generación X, de aquellos chavales que vivieron en plena eclosión del grunge, a través de un trío de amigos (dos chicos y una chica) de clase media-baja. Pero ese retrato se queda en intento más que en otra cosa. En ocasiones la película es un desfile de lugares comunes que le valió algunos abucheos por parte del público.

As you are es una ensaladilla rusa de lugares comunes contados con el hilo conductor de una investigación policial. Sabemos que algo le ha ocurrido a uno de los chavales e intuimos que algo ha tenido que ver su compañero. A partir de ahí, el director se monta un batiburrillo imposible que alcanza su cúspide, oh sorpresa, en la imposibilidad que muestran los muchachos para poder vivir libremente su sexualidad. Y ahí pasea por terreno pantanoso, pues en cierto momento de la película parece que, una vez más, nos enfrentamos al cliché de que una homosexualidad reprimida suele terminar en muerte violenta.

Aunque lo pretenda, el director no retrata ni a unos outsiders, ni a unos inadaptados. Más bien a un par de chavales estadounidenses como cualesquiera otros a los que una tarde se les va la mano con las drogas y, teniendo acceso muy facilito a armas de fuego, la lían parda. Nada más y nada menos. Tal vez el problema resida en que el director nos quiera colar como punto de inflexión de la historia la muerte de Kurt Cobain, cuando el propio realizador solo había cumplido un añito aquel 5 de abril de 1994.

(M. C.)

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Comentarios

  • Hugo Emigrante

    Por Hugo Emigrante, el 22 septiembre 2016

    El titular hiede… y lo sabes.

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