04.04.2016

Sexto Piso, la editorial de las ‘fábulas’ de izquierda… y mucho más

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La editora, Raquel Vicedo.

La editora, Raquel Vicedo.

Hace 13 años, un grupo de estudiantes y profesores mexicanos con una vocación claramente política, interesados sobre todo por el ensayismo político-social y filosófico, y con la voluntad de hacer accesibles al castellano textos todavía no traducidos, fundaron Sexto Piso. Tres años después, ese proyecto editorial, que actualmente vende a diversos países de Latinoamérica, trascendió las fronteras mexicanas y se instaló en Madrid. Hemos entrevistado a Raquel Vicedo, que lleva las riendas de Sexto Piso en España, para conocer mejor la trastienda de esta casa.

El ensayismo sigue ocupando un lugar privilegiado de esta editorial; sin embargo, ha abierto su catálogo al periodismo, la narrativa y el libro ilustrado. Fiel a su espíritu originario, Sexto Piso es una editorial que conjuga la excelencia de los títulos con un compromiso marcadamente político. La reflexión crítica, ya sea desde el ensayo o desde la narrativa, es el rasgo distintivo de Sexto Piso.

Podríamos definir Sexto Piso como una editorial bifurcada entre México y España, de ahí que la primera pregunta, Raquel, sea obligada: ¿Es posible hallar una única definición que englobe las dos estructuras que componen la editorial?

Yo creo que la editorial tiene una identidad muy marcada, independientemente de esta bifurcación de la que hablas, si bien es cierto que los criterios, sobre todo estéticos, entre España y México son bastante distintos. Dicho esto, la editorial no sólo tiene una identidad muy marcada, sino que no ha variado a lo largo de los años; se fundó hace 13 años en México y hace 10 en España. Es una editorial que, a lo largo de estos años, habría podido sufrir transformaciones, sobre todo porque ha vivido la época de la crisis en España y porque está asentada en México, un país muy convulso tanto a nivel social como político. Todo esto habría podido influir en la editorial, pues el editor no deja de ser un reflejo de la sociedad en la que vive; sin embargo, creo que nos hemos mantenido muy fieles a nuestro espíritu.

¿Y cuál es este espíritu inicial al que te refieres?

La editorial nació con una vocación ensayística y, de hecho, nuestros lectores primeros, tanto en México como en España, eran lectores de ensayo; creo que este hecho ha influido mucho en la percepción que los lectores tienen de nuestra editorial hoy en día, a pesar de que nuestra colección de ensayo es solo una colección más. Se nos identifica como una editorial bastante seria, de alguna manera sesuda, intelectual… Y, en efecto, dentro de las editoriales del grupo Contexto, somos la menos comercial y la menos conocida, seguramente por esta vocación ensayística con la que nacimos.

¿Por qué esta vocación ensayística inicial si, posteriormente, el catálogo se abrió hacia la narrativa e incluso el libro ilustrado?

Porque la editorial nació respondiendo a una necesidad muy concreta: la fundaron en México tres alumnos de Ciencias Políticas junto a un profesor de la facultad, con el objetivo de hacer accesibles ciertos textos. Ellos tomaban textos del alemán, del inglés o del francés y los traducían para luego intercambiarlos entre los amigos; de ahí surgió la idea de profesionalizar lo que estaban haciendo y de crear la editorial. Por esto, Sexto Piso nació como una editorial interesada en el ensayo y la opinión y con un sesgo filosófico-político. Con el tiempo, el proyecto evolucionó y se incorporaron nuevos textos no necesariamente ensayísticos y, en la medida en que la editorial se fue profesionalizando, el catálogo se fue ordenando.

Y a España, ¿Sexto Piso llegó como un proyecto ya profesionalizado o vivió un mismo proceso de profesionalización?

Es una muy buena pregunta. Al inicio, cuando se trajo el proyecto a España, no es que no fuera profesional, pues sí que lo era, pero al inicio estaba en manos de una única persona y, evidentemente, una sola persona no podía llevar adelante una editorial. En este sentido, no es que no fuera profesional, pero sí es cierto que la editorial ha pasado por un proceso a lo largo del cual se ha ampliado el equipo –ahora somos seis-, se han distribuido las tareas, se han optimizado los recursos…. Y ahora sí que podemos llamarnos editorial con todas las letras.

¿Cómo se gestiona un catálogo que se dirige a dos públicos tan dispares como el mexicano y el español?

No sé si es algo que juega en nuestro favor o en nuestra contra, pero todavía somos una editorial bastante intuitiva. Quizás debiéramos movernos por estadísticas o estudios de mercado, pero actuamos mucho con la piel y esto me gusta.

¿Todo lo que se publica en México se publica en España?

No, pero casi. Cuando yo entré en Sexto Piso hace cuatro años, la producción editorial se hacía en España, pero las decisiones editoriales se tomaban en México. Es decir, nos llegaba un plan editorial elaborado y nosotros nos encargábamos de las traducciones, de corregir, maquetar y comercializar. Poco a poco, el equipo de España se fue consolidando y empezamos a adoptar algunas decisiones, en concreto respecto a España. Todos los editores podemos hacer la labor de recomendar la publicación de un libro, pero por la carga de trabajo o por la especialización de cada uno de los profesionales, el número de títulos que recomiendan unos y otros varía. La mayoría de los títulos que publicamos en realidad vienen de México; nuestra aportación es que podemos decidir no publicar un título, cosa que no suele darse, excepto en el caso de un título bastante autóctono mexicano.

Imagino que la elección de publicar o no un determinado libro se debe a la realidad lectora a la que vosotros os dirigís en España.

Efectivamente, no publicamos determinados libros en España si vemos que no tienen cabida en nuestro mercado o si en España los derechos del autor están en manos de otra editorial. Después, otra cosa que decidimos nosotros es la tirada: hay libros que en México tienen tiradas de 5.000 y aquí en cambio de 1.000. Esto sucede cuando queremos testar el contexto y la prensa, pero no estamos seguros de que nuestro mercado sea el apropiado para un determinado título que, sin embargo, en México puede funcionar.

¿Es más receptivo a nivel lector el mercado mexicano?

Hay más población y no sólo en México, sino considerando Latinoamérica en su conjunto. Nosotros exportamos a toda Latinoamérica y, por tanto, es imposible hacer competir España con la suma de países como México, Perú, Argentina, la parte hispanohablante de Estados Unidos… Es un mercado enorme en comparación con el español. Sin embargo, en México la proporción de lectores respecto a la población total es muy baja. Resumen: hay más lectores en Hispanoamérica y esta es nuestra fuerza. Tenemos una economía de escala que nos permite aumentar las tiradas de nuestros libros, con lo cual el unitario de libro es más económico en impresión, en traducción y en todo, y al mismo tiempo tenemos un mercado más amplio para vender.

Es decir, que un mercado compensa al otro.

Efectivamente. Hay libros, por ejemplo, de los que aquí vendemos 2.000 ejemplares y en México sólo 300; un libro como este nunca lo podría hacer México por sí solo porque no sería rentable, pero se puede hacer gracias al mercado español. Y lo mismo sucede al contrario, es decir, libros que en México funcionan muy bien y aquí menos. Luego, evidentemente, hay libros que son universales y que tienen un público medio.

Tenéis una colección de clásicos, ¿representan ellos esta universalidad a la que te refieres?

Sí, aunque, por mi experiencia, puedo decir que los clásicos se venden mejor en Latinoamérica que aquí.

Me llama la atención.

Creo que la razón de esto es que los clásicos ya están disponibles en nuestro mercado en otras ediciones. Si tú no eres un sibarita al que le importa mucho que la traducción sea buena, que la edición sea cuidada o que las ilustraciones sean bonitas, comprarás un clásico en una edición de bolsillo con una traducción de los años setenta por 5,95 € y no una nueva edición de 20 €, porque para ti es lo mismo una edición u otra. Sin embargo, si eres un exquisito preferirás gastarte los 20 €. Por el contrario, lo que sucede en México es que no hay traducciones disponibles de los clásicos o, si las hay, son traducciones muy españolas, que es un problema al que nosotros nos enfrentamos siempre. Antiguamente al lector mexicano no le importaba una traducción excesivamente española porque era la única disponible, pero ahora ya no es así, ahora puede leer libros en su variedad de español.

Además de la diferencia de mercados, vosotros os enfrentáis también a la diferencia de dialectos que, imagino, implicará la pregunta sobre cómo traducir o desde qué dialecto.

Nosotros intentamos buscar siempre la versión más neutra y, por ejemplo, siempre que puedo intento no utilizar el verbo coger en ninguna traducción y evito palabras muy españolas, como pueden ser “joder” o “tío”. Algo que he aprendido a lo largo de estos años trabajando con México es que siempre es mejor optar por una opción que sea neutra y que en España y en México suene bien, es decir, una opción que no resulte forzada en ninguno de los dos contextos.

Supongo que el intento de buscar una opción neutra dentro del castellano se complica cuando en narrativa se recurre a los coloquialismos.

Los coloquialismos son los más difíciles de traducir. El ensayo, la poesía y los clásicos, aunque no siempre, suelen crear menos problemas y de todos ellos es posible hacer una única edición para los dos continentes; en narrativa es donde encontramos más dificultades y, entonces, hacemos dos ediciones, una para España y otra para México. En estos casos, si la traducción la hace un mexicano, la españolizamos, y si la ha hecho un español, la mexicanizamos. A pesar de que los costes sean más altos, intentamos hacerlo siempre porque vale la pena, pues es algo importante para el lector. De hecho, si en tu editorial, como sucede en nuestro caso, la excelencia es uno de los principales valores, la traducción es una de las cosas más importantes en toda la edición del libro.

Y la excelencia en la traducción se observa, entre otros aspectos, en el hecho de que el lector se sienta identificado con el lenguaje y no se sienta ajeno a él.

Un libro no funciona si el lector se siente ajeno al lenguaje, efectivamente. Aunque, también es cierto, que por ser una editorial originariamente mexicana, se nos ha colgado el sambenito y hay veces que al publicar libros de autores mexicanos, que evidentemente no voy a españolizar, en reseñas de prensa se ha criticado que el texto “sonaba mal”. Vivimos en un momento en el que, por la facilidad de las comunicaciones y también por el inmenso desarrollo que está teniendo como continente, Latinoamérica está muy presente en nuestra realidad y me parece que es más relevante que nunca preservar toda esa variedad y riqueza del lenguaje.

Aunque en vuestro catálogo la narrativa tenga un gran peso, vosotros sois una editorial que empezó publicando ensayo. Como hice con Miguel Aguilar aquí, en ‘El Asombrario’, me gustaría preguntarte por el público lector de ensayo. Siempre se ha dicho que el lector español es un lector de narrativa, ¿en México, hay más lectores de ensayo?

Leí la entrevista que le hiciste a Miguel Aguilar y me sentí muy identificada en muchas de las cosas que comentó. No puedo sustentarlo en ningún estudio de mercado, pero mi intuición me dice que probablemente aquí no hay tantos lectores de ensayo como en Latinoamérica, cosa que a nosotros, por la economía de escala que tenemos, no nos afecta demasiado. Sin embargo, creo que en España hay muchos más lectores de ensayo de lo que pensamos y hay una cosa que está clara: los libros de narrativa pueden ser un éxito total o un fracaso absoluto, pero los libros de ensayo tienen un número de lectores bastante fiable y estable que no se modifica. A mí nunca me ha pasado publicar un ensayo que sea un absoluto desastre; cuando publicas un ensayo sabes, más o menos, el número de lectores que tienes y es un número que se mantiene o incluso crece a lo largo de los años.

¿Los lectores de ensayo son lectores más fieles?

Absolutamente. Editoriales como Debate, Akal o Capitan Swing tienen legiones de fans más o menos elevadas que siguen atentamente el catálogo y van a las librerías a buscar el nuevo título de la editorial. Y el librero que tiene este tipo de libros conoce perfectamente a estos lectores de ensayo, lectores que, además, suelen ser también bastante fieles a la librería. Esto me llena de satisfacción, por supuesto; me da mucha esperanza en el género humano y creo que es una motivación para seguir publicando ensayo.

Aludes a la fidelidad del lector de ensayo, una fidelidad que implica un reconocimiento del sello editorial: El lector se fía de lo que publica la editorial.

Esto es lo que buscamos todas las editoriales independientes, al margen del publicar ensayo o no. Es decir, independientemente del género, lo que tú buscas como editor ahora mismo es que tu editorial deje una impronta, que el lector se fíe de ti, que se fíe de que tu editorial es sinónimo de calidad. Yo creo que el reto ahora es que esta fe que era un rasgo del lector de ensayo se convierta en un rasgo del lector de narrativa.

Y esta fe se sustenta también en el reconocimiento del editor, cuyos nombres y apellidos, al menos en las editoriales independientes, son conocidos.

Me acuerdo de cuando empecé a trabajar en Sexto Piso y participé en la Feria del Libro de Madrid, me di cuenta de esto que comentas: la gente se acercaba y preguntaba por Enrique Redel [Impedimenta], por Diego Moreno [Nórdica], por Luis Solano [Libros del Asteroide]… Los lectores buscaban conocer a quien había editado aquel libro que, para ellos, había sido importante. Es absolutamente esencial reivindicar la figura del editor, cuyo reconocimiento antes era indiscutible. Pienso en cómo antes la gente llevaba personalmente sus manuscritos a Gallimard o a las Éditions de Minuit y esperaba hasta que se les dijera si les publicaba o cómo Simone de Beauvoir le decía a Violette LeDuc que, precisamente porque le había gustado su manuscrito, iba a trabajar en él corrigiendo, editando… Esta es la figura de editor que, afortunadamente, editoriales como la nuestra todavía podemos tener, si bien es cierto que editoriales grandes tienen grandes ventajas, sobre todo en cuestión de traducción y de promoción.

Las grandes editoriales tendrán la ventaja de la promoción, sin embargo cabe señalar que en vuestra página web dejáis claros vuestros principios: “La política editorial pretende ser rigurosa, lo que nos aleja de objetivos puramente comerciales”.

Es verdad que la editorial es una empresa y, con esto, no quiero decir que nos queramos lucrar, pero la empresa tiene que mantenerse. No se trata solo de tener un sueldo, sino que el proyecto tiene que ser sostenible. Lo ideal, como te decía, es que el interés del libro y su carácter comercial vayan de la mano, pero a veces no es posible y, ante el dilema de si publicar o no, yo me fío mucho de mi instinto y tengo además la suerte de trabajar en un equipo donde me dan carta blanca.

Pero imagino que, siguiendo vuestro lema, en ningún momento impera el criterio meramente comercial.

A veces me pregunto si no estamos yendo demasiado contracorriente. Bromas aparte, sí hay veces que pienso que me gustaría encontrar libros de alta calidad literaria que encajen bien en nuestra editorial y que sean fáciles de vender. Yo siempre les digo a los libros: nuestros libros no es que sean difíciles de vender, es que hay que encontrar el argumento de venta.

Ante este dilema, otro: ¿configurar un público lector o adaptarse al público existente y al mercado?

Para mí, la voluntad debe ser llegar siempre al mayor número de lectores posibles. Como lector, si te gusta un libro, lo primero que haces es recomendarlo a todo el mundo; como editor es lo mismo, solo que además tienes la posibilidad de ser el artífice de este milagro. Dicho esto, yo creo que hay que crear un público lector y esto no quita que no debas disfrutar del que ya tienes, pero para esto es muy importante la fidelidad a tu catálogo, a tu filosofía y a tu visión del proyecto inicial. Hay editoriales que quizás han perdido lectores por el camino porque han perdido la esencia por la que empezaron, pero mientras sigas siendo fiel a tu esencia, a tu proyecto inicial, conservarás tu público lector y buscarás crear nuevos públicos. ¿Acomodarte a un público existente? No digo que esté mal, pero a mí no me interesa.

Si la creación de un nuevo público lector puede leerse como una voluntad ética-política respecto al panorama cultural, la publicación por vuestra parte de determinados ensayos revelan aún más si cabe la voluntad política de Sexto Piso.

Quizá si ves nuestros libros de ensayo, los que son más filosóficos o psicoanalíticos, no se percibe este calado político, pero si te detienes en los ensayos de corte económico y social se ve claramente cuál es la tendencia de la editorial, que es la tendencia que marcaron los fundadores de Sexto Piso y que es claramente de izquierda. Además, en todos nuestros libros de narrativa hay una clara reflexión filosófica, política y económica detrás, una reflexión que no es panfletaria, sino que se plantea a través de la fábula. En la editorial solemos reírnos porque cuando escribimos los textos de la contra, casi siempre tenemos la tendencia de decir “es una fábula sobre…”. Y es así, entre nuestros libros de narrativa encuentras una fábula sobre el mundo capitalista, una fábula sobre la explotación del trabajador, una fábula sobre el aislamiento de las minorías… Son libros que hablan al presente y que hablan de minorías. Son siempre alegorías y fábulas de algo.

Esto responde a una concepción de la editorial como sujeto que debe intervenir en la sociedad y en el debate.

Efectivamente, y precisamente por esto he querido contarte como surgió la editorial, puesto que no es casual que publiquemos los libros que publicamos. Sexto Piso nació con una clara vocación filosófica-política y, por ello, es muy raro que encuentres un libro en cualquiera de nuestras colecciones que no tenga un mensaje. Seguramente alguno dirá, “todo libro tiene un mensaje”, pero no sé si estoy de acuerdo con esto; puede que si te pones a rascar y lo quieres encontrar, lo encuentres, pero no es tan evidente.

¿La tendencia política es un elemento a favor o en contra para la editorial en cuanto empresa?

Yo creo que es un factor en contra. Yo no creo que tengamos más lectores por nuestro sesgo político-ideológico, pero sí creo que este sesgo nos resta presencia en medios de comunicación o en algunas librerías, cosa que comprendo perfectamente.

¿Lo comprendes?

Sí. Es decir, si tú eres un periodista y trabajas en un periódico con una ideología de derechas muy marcada es muy difícil que puedas vender un tema como alguno de los que nosotros planteamos en nuestros libros; quizás hables del libro, pero seguramente desde una perspectiva que no sea la nuestra. En esto quizás sea un poco oportunista, pero yo soy de las que cree que cualquier publicidad es buena, incluso la mala: si un libro está en prensa, también si es para criticarlo, es positivo.

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4 comentarios

  • El 11.04.2016 , Federico Robles ha comentado:

    Lástima que una editorial que tanto piensa en la importancia de la traducción no pague a los traductores a su debido tiempo.

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