29.04.2016

‘Shadows’, máscaras para cubrir la falta de identidad

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Un fotograma de Shadows de John Cassavetes.

Un fotograma de Shadows de John Cassavetes.

Traemos hoy a este ‘Viernes de Cine’, que no es de estrenos sino de repaso de joyas a las que siempre merece la pena acercarse, una obra maestra del cine independiente americano: Shadows (1959), de John Cassavetes. Una película alejada absolutamente de los cánones y convenciones típicas del Hollywood contemporáneo, del cine comercial. Una enorme y extraña película sobre la búsqueda de la identidad y las máscaras que durante la juventud cubren su falta.

Cuentan que durante una entrevista en un programa de radio, concretamente Night People, allá por el año 1956, John Cassavetes lanzó un órdago a la audiencia diciendo que si cada uno enviaba un dólar al programa, él haría una película totalmente independiente, y que a partir de ese momento empezó a llegar dinero de los oyentes para tal propósito. Desconozco si Shadows (Sombras), la película que les traemos hoy a este Viernes de Cine, fue enteramente financiada a través de este método, quizás la primera versión, pues hubo dos de dicho filme, luego lo explico, pero se sabe también que para terminar la segunda de éstas, Cassavetes accedió a rodar varios largometrajes como actor (entre ellos La semilla del diablo) para así sufragar los gastos y terminar la película con absoluta independencia.

Shadows (1959) está considerada el referente principal del llamado cine independiente americano. Es la primera película dirigida por John Cassavetes, y está rodada en 16 milímetros, el soporte cinematográfico más barato de aquellos años. La historia se centra en la vida de tres hermanos que viven juntos en Manhattan: Hugh (Hugh Hurd), el hermano mayor, un cantante de jazz en clubes nocturnos de segunda categoría, con la piel negra, mientras que sus otros dos hermanos, Ben (Ben Carruthers) y Lelia (Lelia Goldoni), tienen la piel lo suficientemente clara como para pasar por blancos. Ben es un joven trompetista que en realidad dedica su tiempo a ligar con chicas blancas junto a sus dos amigos; Lelia, la pequeña de los hermanos, es una artista multidisciplinar, o al menos eso quiere ser, amiga de David, un intelectual neoyorquino. Durante una fiesta, Lelia conoce a Tony (Anthony Ray) y se enamoran. Cuando Tony conoce a Hugh, el hermano mayor, descubre que Lelia es mestiza y no puede evitar sentir prejuicios raciales; Hugh al comprender el daño que le puede causar a su hermana decide impedir que vuelvan a verse.

Concebida en un principio como un ejercicio de improvisación -según reza el título final en la película- a partir de prácticas de los alumnos en su academia de interpretación, es la única película de Cassavetes que no se atiene a un guión concreto, si bien al estrenar para amigos y allegados la primera versión, que parece no tuvo una gran acogida, el director decidió escribir al menos ocho secuencias y rodarlas para obtener una segunda versión -que es de la que hablamos-, y apartarse de lo que él mismo denominó una historia demasiado intelectual y, por lo tanto, alejada de su meta, de la frescura y la libertad perseguidas y que, sin lugar a dudas, sí encontramos en esta versión que conocemos como Shadows.

Cassavetes lleva a cabo una película alejada absolutamente de los cánones y convenciones típicas del Hollywood contemporáneo, del cine comercial, y se alza con una cinta hermosa, extraña, cargada de delicadeza y naturalidad, convirtiéndola en una rara joya coetánea de las primeras obras del cine independiente europeo, de la mejor nueva ola francesa. Shadows es una enorme película -a pesar de su corto metraje y sus escasos medios- sobre la búsqueda de la identidad y las máscaras que durante la juventud cubren su falta. Trata el problema racial, es cierto, pero no desde un punto de vista reivindicativo o de protesta, ni siquiera como denuncia; Cassavetes va más allá, y de una manera elíptica recorre una sucesión de sentimientos y múltiples actitudes, tantas como personajes contempla la película, interrelacionándose como a través de un prisma. Y lo hace frente a un espectador que no es colocado ante un único punto de vista, al cual le exige interactuar con cada una de las secuencias para escoger, si no el suyo propio, al menos el que más le seduzca como observador -privilegiado sí, pero no guiado- durante un juego único en el cine hasta entonces, alejado de cualquier inhibición tanto como de cualquier guía. Un hermoso estallido de emociones que no excluye a conciencia lo amargo, lo doloroso, al examinar los anhelos y temores de aquella generación, principalmente neoyorkina, que vino a denominarse generación beat y que Cassavetes y sus actores no tienen miedo de mostrar bajo una normalidad asombrosa. La crudeza surgida de manera natural.

Compone el director a su vez, seguramente sin proponérselo, el retrato de un Manhattan ya desaparecido; refleja, casi documentalmente, el Nueva York de los años 50, de la calle 46, de Central Park en invierno o del parque de esculturas del MOMA en medio de los paseos sin rumbo, de las idas y venidas de los personajes por sus calles, desde los clubes o estaciones de autobuses, hasta sus apartamentos.

Shadows es una película de concepción revolucionaria, examina los valores, no los critica, pero los expone desnudos, tal y como son, en la pantalla. Rebelde, incómoda en ocasiones, de una rareza seductora que aún continúa sorprendiendo quizás por la capacidad de capturar las emociones, no desde una postura didáctica si no real y conmovedora. Hasta sus fallos debidos a la falta de presupuesto, como lo es su sonido directo, le confiere incluso un plus mayor de ausencia de engaño, al igual que sus 16 milímetros de blanco y negro fotografiados con luz natural.

Si tienen la oportunidad, no dejen de acercarse a esta película que marca un antes y un después en la concepción del cine norteamericano en general y del cine independiente en particular, aparcada inmerecidamente en un rincón de la historia y que hoy pretendemos vuelva a ser indiscutiblemente aclamada, al menos por unos cuantos.

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Sobre el autor

Antonio Bazaga
Toño Bazaga. Más de 20 años dedicados al mundo del cine, habiendo tocado casi todos los palos: producción, desarrollo, escritura, financiación… Convencido de que el futuro del cine está aún por llegar. Apasionado de la literatura y la historia, creo que el celuloide es el mejor invento para contar lo que pasa, lo que pasó y lo que puede pasar. En fin, parte indispensable de nuestra vida.

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8 comentarios

  • El 29.04.2016 , Peio ha comentado:

    Me encantaría ver la película, pero ¿de dónde la saco?

    • El 29.04.2016 , El Asombrario & Co. ha comentado:

      Encastrado en el texto hay un vídeo de youtube que es la película entera, eso sí, está en inglés.

  • El 29.04.2016 , chifus ha comentado:

    interesante !
    gracias !

  • El 29.04.2016 , chifus ha comentado:

    MUY interesante !
    gracias !

  • El 30.04.2016 , Alex Mene ha comentado:

    Una película estupenda.

  • El 01.05.2016 , Olga ha comentado:

    Me encantan estos artículos, no solo porque nos descubren películas, sino por las curiosidades y entresijos que nos revelan. Gracias Antonio por hacer esto del cine más interesante y entretenido para quienes lo amamos.

  • El 01.05.2016 , Roberto ha comentado:

    Me ha gustado mucho este artículo. Parece mentira lo que se ha tenido que luchar siempre para conseguir los sueños y para realizar una película. Todo por no considerar verdaderamente como un arte al cine. Difícil vivir de esto,desde luego.

  • El 06.05.2016 , Auri ha comentado:

    No la conocía, me ha encantado, una magnífica recomendación y estupendo artículo. En versión original lo mejor.

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