'Tepito’, el barrio más peligroso de México, en 26 fotografías

‘Tepito’, el barrio más peligroso de México, en 26 fotografías

Tepito, Ciudad de México. Un joven se prepara para su entrenamiento de boxeo. El boxeo es un deporte muy querido y un orgullo para los tepiteños (hay que nacer en Tepito para que te llamen tepiteño; si sólo trabajas allí eres un tepitero). Foto: Adriana Zehbrauskas.

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El barrio de Tepito, en el centro histórico de Ciudad de México, es uno de los lugares más peligrosos de Latinoamérica. A Tepito se sabe cómo se entra, pero no cómo se sale. La fotógrafa brasileña Adriana Zehbrauskas lo sabe bien: “Las primeras veces que me aventuré allí ni siquiera tomaba fotos. Fui asaltada dos veces a punta de pistola». Ahora sus fotos buscando la identidad de los habitantes de este ‘barrio bravo’, que venera a la Santa Muerte, pueden verse en la sala EFTI de Madrid.

Al teclear la palabra Tepito en el buscador de Google el 11 de noviembre de 2020 la primera entrada que aparece es un artículo del portal argentino de noticias Infobae que titula: “Así son los cuartos de tortura utilizados por la Unión Tepito, donde descuartizaron a los niños en el Centro Histórico de la Ciudad de México”. El subtítulo dice: “Los inmuebles son departamentos que los presuntos criminales utilizan para secuestrar, torturar, golpear y asesinar a sus rivales o a los comerciantes que se niegan a pagar las extorsiones”.

Tepito es un barrio al norte del centro histórico de Ciudad de México y uno de los lugares más peligrosos de Latinoamérica. A Tepito se sabe cómo se entra, pero no cómo se sale. La fotógrafa brasileña Adriana Zehbrauskas lo sabe bien: “Las primeras veces que me aventuré allí ni siquiera tomaba fotos. Fui asaltada dos veces a punta de pistola. Me quitaron equipo, pero sabía que eso podía pasar, así que me iba con lo mínimo a esas calles”.

Pese a todas las dificultades, a los titulares de violencia extrema, a la leyenda negra que acarrea esa decena de manzanas volcadas en la venta callejera, la reportera –que trabaja frecuentemente para medios como The New York Times, The Wall Street Journal, The Guardian o Time Magazine y que ha ganado el premio del Club de Prensa de Nueva York– asegura que al dirigir su cámara hacia las calles y gentes de Tepito “no quería hacer sensacionalismo, sólo saber quiénes eran”.

El resultado de esa mirada se puede observar hasta el día 22 en la sala Efti. Son 26 fotografías que explican el día a día de este lugar conocido como el “barrio bravo” en el que es mejor que sepas defenderte si quieres sobrevivir. “Tepito es un lugar que tiene una larga tradición de desafío a la autoridad externa, es el lugar al que te advierten que no vayas; un lugar donde puedes comprar cualquier cosa, desde el último éxito de taquilla de Hollywood, hasta un mono araña, una bolsa de cocaína o un AK-47. Es un lugar donde los asaltos y la violencia callejera son tan comunes que pasan casi desapercibidos. En Tepito se asume generalmente que un hombre debe saber cómo luchar, y que al único policía que se teme es al policía honesto”, como se explica en el texto que acompaña las fotografías de Zehbrauskas.

En este ecosistema, ¿es posible descubrir algo positivo? La fotógrafa contesta a El Asombrario: “Encontré familias con una determinación inamovible para trabajar y sacar adelante sus vidas en una situación extremadamente complicada. También el sentido de unión y dignidad que posee ese barrio”. Visualmente, ¿qué es lo que tiene de atractivo? “El caos, sin duda. La cantidad de elementos y colores por todos lados. Uno de los retos más grandes para mí en fotografía es organizar el caos en el rectángulo de mi visor. Me gusta mucho trabajar con el elemento sorpresa, lograr el equilibrio entre lo inesperado y lo cotidiano, resolver esa ecuación”.

Tepito, México. Los devotos de la Santa Muerte se paran junto a un Vocho rojo (Escarabajo Volkswagen) estacionado fuera del santuario de la santa, esperando la misa mensual en su honor. Foto: Adriana Zehbrauskas.

Tepito, México. Los devotos de la Santa Muerte se paran junto a un Vocho rojo (Escarabajo Volkswagen) estacionado fuera del santuario de la santa, esperando la misa mensual en su honor. Foto: Adriana Zehbrauskas.

Tepito, México. Además de la Santa Muerte, los niños de Tepito también han empezado a idolatrar sus teléfonos móviles. Foto: Adriana Zehbrauskas.

Tepito, México. Además de la Santa Muerte, los niños de Tepito también han empezado a idolatrar sus teléfonos móviles. Foto: Adriana Zehbrauskas.

Tepito es también conocido en el mundo porque se rinde culto, literalmente, a la muerte. Concretamente, a la Santa Muerte, una diosa-esqueleto cuyos orígenes se remontan al México precolombino. Así se explica en la propia exposición: “Es venerada tanto por los criminales como por los ciudadanos comunes, que acuden a ella para rezar por la recuperación de la salud, los objetos robados o los miembros de la familia secuestrados. Como dice un residente local: ‘la gente que viene aquí es de todo tipo. No importa. Dentistas, asesinos, narcos, maestros, no hay ninguna diferencia. Si tal vez quieres algo con lo que no quieres ir a Dios, vienes aquí. Di que tu primo está en la cárcel. Haces una ofrenda y le pides que lo ayude. A la Santa Muerte no le importa quién seas o lo que le pidas”.

¿Cómo son sus feligreses?, le preguntamos a la fotógrafa. “No creo que haya una definición muy clara. Hay gente de todos los tipos y clases sociales. Son jóvenes, madres de familia, abuelas, profesionales liberales, de todo un poco. Muchos piden protección para personas que tienen ocupaciones peligrosas, legales o ilegales. Eso sí, todos tienen una fe inamovible”.

Pero, ¿cómo se hace para realizar estas fotografías de personas reales y anónimas?, ¿cuenta el fotógrafo siempre con su complicidad; pide permiso para realizar las fotografías o muchas de ellas son robadas?

“No me gusta el termino robadas. En la fotografía de calle hay siempre un elemento de sorpresa y es imposible pedir permiso a cada persona antes de tirar una fotografía. Dicho esto, mi trabajo en Tepito no es fotografía de calle, aunque casi todas las instantáneas estén tomadas en la calle. Allí no se puede fotografiar sin el consentimiento de las personas. Además, mi interés no era solo crear escenas de impacto, sino todo lo contrario: quería poner nombre a los anónimos y contar sus historias. Generar diálogo y no contribuir a la percepción de los clichés asociados con el barrio. Muchas veces pasaba más tiempo charlando que fotografiando».

Dice Zehbrauskas que haber fotografiado a personas reales, a gente anónima, le “ha proporcionado alegrías” y le “ha enseñado lecciones personales y profesionales”. “Me ha enseñado a perseverar. Lograr acceso y trabajar en un lugar como Tepito era una empresa muy complicada. Tirar la toalla era algo que siempre estaba ahí, sobre todo cuando nadie espera resultados salvo tú misma. Me ha enseñado a no bajar nunca la guardia, a confiar en mi instinto y a mantener mis promesas».

‘Tepito’, de Adriana Zehbrauskas. Del 6 al 22 de noviembre en Efti dentro del mes de actividades Leica/Efti.

Tepito, México. Una joven sale de la iglesia después de su primera comunión. A pesar de toda la violencia, Tepito también está lleno de religión, historia, orgullo y creatividad. La gente vive aquí, trabaja aquí, adora aquí, nace y muere aquí. Hay clubes de fútbol e iglesias del siglo XVI. Foto: Adriana Zehbrauskas.

Tepito, México. Un hombre muestra su tatuaje del pecho en honor a la Santa Muerte. Los tatuajes son comunes y son vistos como una ofrenda más. Foto: Adriana Zehbrauskas

Tepito, México. Un hombre muestra su tatuaje del pecho en honor a la Santa Muerte. Los tatuajes son comunes y son vistos como una ofrenda más. Foto: Adriana Zehbrauskas.

Tepito, México. El gimnasio de boxeo es una de las mayores fuentes de orgullo del barrio, hogar de algunos de los mejores peleadores mexicanos. Algunas jóvenes van allí para aprender autodefensa, parte de cultivar la autoestima. Tepito puede ser pobre en relación con otras áreas de la Ciudad de México, pero no es uno de los más pobres. Más bien, es conocido por ser “rudo”, como el centro de todo tipo de actividades ilegales. Foto: Adriana Zehbrauskas.

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