13.10.2013

Terry O’Neill, el retratista de los sueños de la edad de oro

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Bowie con tijeras

Los Beatles y los Rolling Stones. David Bowie, Robert Redford, Liz Taylor y Brigitte Bardot. Rostros legendarios a los que el londinense Terry O’Neill inmortalizó en retratos íntimos y naturales. Una época, los años sesenta, a la que le gustaría regresar, porque se allí se forjaron los sueños en colores pop de un mundo mejor, más libre y tolerante. Hablamos con él de famosos y de fotografía, con motivo de la presentación de la muestra que recoge 62 de sus fotografías en la Fundación Telefónica de Madrid.

MILUCA

“El mundo debería haber empezado en 1960. Fue la mejor época de mi vida, pero fue tan breve… A los jóvenes se nos dio la oportunidad de expresarnos haciendo lo que queríamos. Todo el mundo ayudaba a todo el mundo; si pudiera, me metería en el túnel del tiempo para volver allí”. Quien así habla es Terry O’Neill (Londres, 1938), uno de los fotógrafos que mejor retrató la década de los años sesenta en Londres. Era la época dorada de una ciudad, el swinging, que vivía en plena ebullición cocinando el germen de la cultura pop que luego propagarían por todo el mundo. O’Neill formó parte de ese movimiento y lo fotografió desde dentro porque era uno de ellos. Ahora la Fundación Telefónica nos permite disfrutar de una selección de algunas de esas fotos y del resto de los trabajos que el británico ha realizado a lo largo de 50 años de carrera retratando a músicos, actores, modelos, pero también a deportistas y a los políticos más importantes. Son 62 fotografías en blanco y negro y color que forman Terry O’Neill. El rostro de las leyendas, una retrospectiva que se puede visitar hasta el 12 de enero.

Una fotografía de los Beatles realizada en 1963 recibe al visitante. Fue un encargo del periódico Daily Sketch en que trabajaba O’Neill; la tomó en el patio trasero de los estudios Abbey Road, donde el grupo grababa su primer disco, Please Please Me. El fotógrafo escribe en el catálogo: ”Es una foto casi amateur, porque yo no tenía referencias; era la primera vez que fotografiaba a un grupo pop. Sociológicamente es una imagen relevante porque John Lennon se colocó naturalmente en el primer plano. Por aquella época era claramente el líder”. Al editor del periódico no le gustó mucho la foto, horrorizado por la estética del pelo largo de los músicos, y la guardó en un cajón. A los tres meses la publicó en portada y el periódico se agotó. Era la primera vez que un grupo de pop aparecía en la primera página de un diario británico. A esa foto le siguieron muchas otras de músicos como las de Rolling Stones y Dave Clarke Five, que fueron publicadas con el título La bella y la bestia. “Todos empezamos juntos, ellos eran unos músicos jóvenes y yo un joven fotógrafo. Eran cuatro grandes caracteres muy distintos, pero encantadores. No hay muy buenas fotos de los Beatles considerando lo grandes que fueron. Fueron realmente enormes. En esa época todos íbamos al club Ad Lib, los Beatles, Rolling Stones, actores como Michael Cane o Julie Christie, modelos como Jean Shrimpton o Mary Quant para encontrarnos al final del día y contarnos cómo nos iban las cosas. Bromeábamos sobre qué trabajo haríamos cuando todo se hubiera acabado, porque nadie pensaba que aquello fuera a durar mucho”, relata O’Neill en la presentación de la exposición en Madrid. A David Bowie lo retrató un poco más tarde. Le encargaron que hiciera las fotos del músico y de un perro que luego utilizó el dibujante Guy Peellaert para realizar esa ilustración mitad humano mitad perro que acabó como portada de Diamonds dogs (1974). “Cuando terminamos, para pasar el tiempo, empecé a tirar unas fotos de Bowie con el perro sentado a su lado. Al principio estaba tranquilo, pero con los disparos de flash empezó a ponerse cada vez más nervioso y a saltar. Y así se hizo una de las fotos más famosas del rock de todos los tiempos”, asegura O’Neill.

Una de las características más importantes de los trabajos del artista británico es su espontaneidad, la naturalidad con la que aparecen los personajes. “Esa es mi forma de trabajar, de mostrar a la gente que me gusta. Son tributos a la gente que fotografío”. Eso era posible porque los personajes a los que retrataba le abrían las puertas, convivía con ellos y así podía tomar esas instantáneas. Así pudo fotografiar a Paul McCartney tocando el piano en la boda de Ringo Starr o a Elton John, al que siguió durante cuatro décadas. La primera foto que le sacó fue en 1970, cuando apenas era conocido y no conseguía a nadie que quisiera  publicarlas, pero de las que más orgulloso se siente es de las que realizó durante dos días de conciertos en el Dodgers Stadium de Los Ángeles en 1975. Las hizo subido al escenario ante 75.000 personas. “Fue el concierto más fantástico que he retratado”, reconoce O’Neill.

Terry

FOTO: MILUCA

¿Es ahora más difícil fotografiar a las estrellas de rock? Mucho más difícil, los relaciones públicas nos hacen la vida imposible, quieren controlarlo todo y eso hace que los fotógrafos no puedan realizar bien su trabajo. Sin embargo, es cierto que la fotografía de rock está siendo cada vez más aceptada por el mundo del arte y los museos serios, como lo demuestra la exposición sobre Bowie que organizó hace unos meses el Museo Victoria & Albert de Londres”. Esta muestra se convirtió en la exposición más visitada de la temporada, con más de 300.000 personas, ampliación de horarios del museo, y récord de preventa de entradas y de merchandising.

Según Oneill, hay tres reglas imprescindibles para convertirse en un buen fotógrafo de este tipo: ser lo más invisible posible, tener gran paciencia y saber combinar la discreción con las dotes de relaciones públicas. Pero, en su caso, la realidad es que llegó a la fotografía casi por casualidad: “Yo no quería ser fotógrafo, lo que quería era irme a Estados Unidos a tocar la batería”. Para ahorrar dinero para el viaje comenzó a trabajar en el departamento de fotografía de British Airways, tomando instantáneas de la gente que llegaba al aeropuerto de Heathrow. Un día, hizo una fotografía de un hombre con un traje a rayas que se había quedado dormido al lado de un grupo de gente con ropas tribales de colores. Resultó ser el secretario de Estado de Asuntos Exteriores Rab Butler. Un periódico le compró la foto y ahí comenzó todo. Luego retrataría a otros políticos como Margaret Thatcher, la reina Isabel o Winston Churchill en 1962, en una de sus últimas fotos públicas antes de fallecer. Pero el encuentro con un político que más le emocionó fue con Mandela. El presidente sudafricano celebró su 90 cumpleaños en Londres y él recibió el encargo de fotografiar a las personas que pasaran a felicitarle. Por allí desfilaron desde Bill Clinton a Robert de Niro. “Me conmovió; sabía que estaba ante un gran hombre”.

Durante su estancia en Estados Unidos, dejó aparcada la batería y comenzó a retratar actores de Hollywood. Uno de sus personajes favoritos es Frank Sinatra, al que estuvo fotografiando intermitentemente durante 30 años. A él le hizo una de sus fotos más legendarias: Sinatra caminando por un hotel de Miami al borde de la playa, rodeado de guardaespaldas. Otro de sus hitos es haber fotografiado a Robert Redford, uno de los actores más alérgicos a las fotos. “No he conocido a nadie que odie tanto que le fotografíen como a él. Yo ya le conocía cuando fui al rodaje de Los tres días del cóndor. Estuve varios días por ahí y un día apareció por allí Richard Helms, el director de la CIA que había venido para ayudarle a meterse en el personaje. Fue fascinante, porque nadie había fotografiado nunca a un alto cargo de la CIA. Yo saqué la foto con un teleobjetivo. Redford no sabía nada y, cuando se la enseñé, se quedó sorprendido. Él pensaba que no era atractivo. Lo mismo que Liz Taylor o Ava Gardner, que decía: “Yo solo soy una chica de Texas”. Audrey Hepburn, Brigitte Bardot, Rachel Welch o Faye Dunaway, con la que estuvo casado, son otras de las estrellas que posaron para él.

Asegura no tener especial predilección por ninguna de sus imágenes: “No tengo una favorita, porque cuando las miro de una en una, me transportan al momento en que las hice, a recordar la historia que hay en cada una de ellas. Son momentos de mi vida”. Pero admite que guarda un recuerdo muy especial de la que realizó a Marlene Dietrich en el último concierto que dio en Europa, en el teatro Wimbledon de Londres, en 1975. “Su manager me llamó porque quería que plasmara ese momento sin que ella se diera cuenta. Me metí entre el público y luego en un palco. Dos años después Marlene me escribió para darme las gracias y decirme que si no hubiera sido por mí no tendría ningún recuerdo de ese día tan especial. Le mandé las fotos por correo”.

Su radio de acción también ha llegado al deporte, con instantáneas de Muhammad Ali (Cassius Clay) y las últimas que ha realizado a Pelé besando una réplica de la copa del Mundial de Fútbol 2014 que se celebrará en Brasil.

En cuanto a su forma de trabajar, aparte de su discreción natural, O’Neill también admite que el uso de una cámara de 35mm ayuda a lograr ese punto de intimidad que alcanza con los personajes.

“Cuando empecé a trabajar como fotógrafo lo hice con una cámara de 35mm. Me gustaba porque no ocupaba mucho espacio y era fácil trabajar con ella. Cuando llegué a Hollywood, la mayoría de los fotógrafos usaban cámaras de gran formato y tardaban media mañana en montar el set; yo llegaba y lo hacía en media hora, por lo que era muy bien recibido. La cuestión es que la cámara de 35mm me ha acompañado toda mi carrera y me ha conducido adonde estoy ahora”. Cuando se le pregunta por sus influencias de otros fotógrafos, responde sin pensárselo dos veces que Eugene Smith es el artista al que trató de emular en sus comienzos; también menciona a Richard Avedon e Irving Penn.

¿Y  su opinión sobre la fotografía digital y redes sociales como Instagram? Yo no llamo fotografía a eso. Me encanta ver a la gente hacer fotos con sus teléfonos móviles, pero para mí eso no es fotografía. La fotografía es capturar momentos y eso no puede hacerse de esa manera. Las instantáneas que están en la exposición no se podrían haber hecho así, es algo que sale de dentro, el momento que eliges para disparar la foto; con una cámara digital haces muchas fotos, pero eso no es atrapar el instante. Estoy convencido de que volverán los carretes película”.

‘Terry O’Neill. El rostro de las leyendas’. Fundación Telefónica. Fuencarral, 3. Madrid. Hasta el 12 de enero. De martes a domingo. De 10.00 a 20.00 horas.

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Un comentario

  • El 14.10.2013 , A. Arias ha comentado:

    Otra vez una exposición de fotografía en la que el comisario denota una falta de tacto grave a la hora de colocar las fotos. Una lástima el mezclar temáticas por queres epatar en la primera pared. En la expo de Crhis Killip en el Reina Sofía pasa lo mismo. Frankamente las exposiciones de fotografía dejan bastante que desear en la calidad de sus comisariados.

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