25.07.2019

Tiburones y rayas, tan míticos como acorralados en el Mediterráneo

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Tiburón blanco. Foto: Manu San Félix.

Hace más de 4.000 años ya se comerciaba en el Mediterráneo con rayas y tiburones, pero en la actualidad más de la mitad de las especies que viven en estas aguas están amenazadas. En estos cuatro milenios el aumento de la presión humana está poniendo en serio riesgo la supervivencia de uno de los grupos animales más emblemáticos del planeta. Hoy les dedicamos la entrega de julio de ‘El Arca de la Tierra’, la sección mensual de ‘El Asombrario’ con la ONG conservacionista WWF-España.

POR AMAYA ASIAIN / WWF-España

Las rayas y los tiburones forman parte de esas especies casi mitológicas, de aspecto extraño y sigilosa manera de nadar. Figuran además entre los animales que más tiempo llevan sobre la faz del planeta. Pero ahora, por culpa de la acción del ser humano, en muy poco tiempo los hemos llevado a una situación de peligro e incluso al borde de la extinción.

Nuestros antepasados ya pescaban y comerciaban tiburones y rayas; en la actualidad lo seguimos haciendo los 150 millones de seres humanos que vivimos en los países que rodean el Mediterráneo. Pero ahora lo hacemos con tanta intensidad que, según los últimos datos de la Unión para la Conservación de la Naturaleza (UICN), más de la mitad de las 73 especies de tiburones y rayas de este mar están amenazadas.

La causa principal es la sobrepesca –el 80% de las pesquerías del Mediterráneo están sobreexplotadas–, pero no es su único problema. La situación de este mar y su costa, que recibe 200 millones de turistas cada año, es realmente preocupante. El turismo masivo dispara la contaminación y la presión sobre los recursos. Se estima que la basura aumenta un 40% en los meses de verano y su presencia sigue intacta durante mucho tiempo: por ejemplo, un cigarrillo puede tardar hasta un lustro en desaparecer, pero para que lo haga un sedal hay que esperar ¡600 años! De hecho, las redes fantasmas, las redes de deriva abandonadas por los barcos pesqueros, son un riesgo para tiburones y rayas, que quedan enredados en estos zombis. Y, como casi todos los animales marinos, ingieren microplásticos.

Esqueleto de cartílago

Las rayas y tiburones pertenecen a la clase de los condrictios, no tienen espinas y su esqueleto es gelatinoso. Son grandes predadores, se alimentan de pequeños peces, de bivalvos, de calamares… Y al estar en la parte más alta de la pirámide trófica, acumulan en su cuerpo los residuos de todo lo que han ingerido sus presas. Los pesticidas, los fertilizantes y otros productos que usamos en tierra llegan al mar desde los ríos y se acumulan en el ambiente y en los peces más pequeños, comida de estos grandes predadores, convertidos en enormes depósitos de sustancias tóxicas que, luego, nos comemos los seres humanos. No hay datos aún sobre cómo afectan estos agentes tóxicos a los tiburones, pero sí tenemos una idea más clara sobre los daños que producen en el ambiente y en los seres humanos.

Para seguir entendiendo por qué la situación de rayas y tiburones es tan delicada hay que analizar también la manera que tienen de reproducirse. Optan por la calidad, no por la cantidad, para asegurar que sus individuos pueden sobrevivir y defenderse en las profundidades; tardan en alcanzar la madurez sexual y no tienen muchas crías, pero consiguen un gran éxito a la hora de sacar a sus pequeños adelante y pueden llegar a vivir muchos años. La desventaja de este sistema de reproducción es que un fenómeno como la sobrepesca altera de manera irremediable las poblaciones durante años porque no les da tiempo a reproducirse. Esto es lo que está pasando en el Mediterráneo.

Un tiburón zorro apresado en unas redes de pesca. Foto: Brian Skerry.

La sobrepesca en detalle

La pesca de arrastre es el arte más extendida en el Mediterráneo: lo practica el 10% de la flota, pero captura algo más de la mitad del total. Puede llegar a tener un impacto muy negativo: se capturan juveniles, muchas especies que no son comerciales y se dañan los fondos marinos vulnerables. El arrastre captura sobre todo olayo, tiburón negrito y pintarroja.

El palangre es una de las artes más extendidas. Su objetivo son sobre todo los atunes y el pez espada, pero por lo menos 15 especies de rayas y tiburones son víctimas de la pesca accidental: suponen entre el 10% y el 15% del total. La tintorera, clasificada como en peligro crítico de extinción, es una de las principales víctimas del palangre.

Más del 80% de la flota pesquera del Mediterráneo está compuesta por barcos de pequeño y medio tamaño que emplean sobre todo redes de enmalle. Aunque es un arte menos destructiva que el arrastre, tienen un impacto enorme en rayas y tiburones, que se quedan enredadas a pesar de que no son el objetivo principal.

Nuestras soluciones

Cuando llega el momento de proponer soluciones a la delicada situación de tiburones y rayas, salta el primer problema: necesitamos más datos. Hay carencias importantes de información sobre cuántos individuos caen sin querer en las redes y si logran sobrevivir si son devueltos al mar a tiempo.

Se estima que parte de este bycatch llega a los mercados, donde se venden especies no comerciales como si fueran peces mucho más caros porque, tal y como están presentados –normalmente en filetes o en rodajas- resulta realmente difícil distinguir unos de otros. Pero, una vez más, carecemos de datos que validen esta tesis. Por eso es necesario un método estándar y eficaz que permita hacer el seguimiento de las capturas y evitar, así, estas ventas de gato por liebre.

Los tiburones y las rayas en el Mediterráneo solo podrán sobrevivir con soluciones prácticas y que puedan ser asumidas por la flota pesquera del Mediterráneo, compuesta en su enorme mayoría por barcos de tamaño pequeño y mediano. En su elaboración deben estar involucrados todos los agentes, desde los gobiernos a los pescadores, los científicos, la sociedad civil…

De momento, no existen muchas medidas conocidas y probadas que sean efectivas, aunque sí sabemos que todas pasan por una gestión más acertada, que incluya cierres de zonas donde hay una interacción alta con las especies más amenazadas, evaluar el estado de sus poblaciones, conseguir más información sobre su distribución y zonas de reproducción y seguir buscando sistemas que eviten las capturas accidentales de tiburones, como las ya mencionadas palangre o arrastre.

En cualquier caso, desde WWF trabajamos desde hace años por una pesca sostenible que no esquilme nuestros mares ni nuestro futuro y lo vamos a seguir haciendo para que tiburones y rayas puedan seguir viviendo en el Mediterráneo como lo han hecho desde hace milenios.

Este artículo se ha publicado también en papel en el número 144 de la revista ‘Panda’ de WWF-España, correspondiente al verano de 2019.

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