09.03.2020

No traigáis animales de lejos, porque se mueren de pena o se hacen invasores

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Un mapache, especie que se ha convertido en invasora en España, juega con un hombre. Foto Pixabay.

En ‘El Asombrario’ hemos recibido una nueva carta del niño Guille a través de Alejandro Palomas. Nos pide que le transmitamos al presidente alto del palacio de los políticos la necesidad de impedir que la gente traiga animales de muy lejos como mascotas, por muy chulos y achuchables que sean, porque o se mueren de pena o se escapan y se convierten en eso tan horroroso que se llama “especies invasoras”. Y vaya plan, ¿no?

Hola, señor director. Hoy es marzo, pero no es primavera porque todavía es invierno y a veces hace frío y otras es como en verano, depende de los días. La señora Lourdes, que vive en el primero y es científica de las que llevan bata como las de las películas de terremotos que tienen que salvar la tierra porque hay una bacteria que quiere comerse el mundo, dice que el tiempo está así así, un poco como la señorita Sonia a primera hora. También dice que a lo mejor es que las personas ya no se acuerdan de que la primavera es para nacer y el verano para jugar y el invierno para que pase rápido y el otoño para mirar por la ventana, pero cerrada porque si no se cuela el frío y papá se enfada porque gastamos mucho en la factura de la luz. Y un día le dijo a Nazia que los árboles se dicen cosas por las raíces, como secretos o algo, porque tienen miedo de nosotros y así se avisan.

Bueno, es que hoy, cuando bajaba en el ascensor para ir al cole, la señora Lourdes estaba en la portería porque ha llegado de una cosa que se llama “expedición”, que es como un viaje pero sin hotel y además te puedes morir si te asomas mucho a la barandilla del barco, pero si no te asomas no ves bien y entonces es difícil ser científica porque claro. Cuando me ha visto, la señora Lourdes ha sonreído mucho, porque las científicas sonríen todo el rato para ver si las ponen en una película de Nueva York del Norte con terremotos y monstruos marinos, y ha dicho: “¡Hola, Guille! ¡Tengo algo para ti!”. Luego ha abierto la mochila gigante de astronauta submarina y ha sacado un animal de mentira que parecía un delfín pero también una orca aunque diferente: “Se llama Tonina y vive en las aguas del Sur de Chile. ¿A que es bonita?”, ha dicho. Y ya está porque entonces le ha sonado el móvil y seguro que era de la base de la nave con una emergencia o algo de un monstruo suelto.

Mientras esperaba el autobús, me ha parecido que a lo mejor no he entendido bien una cosa, señor director. Es que si Tonina vive en el sur de Chile, que es un país que empieza muy abajo en el mapa pero que luego se cae mucho más por el peso, como si se deshiciera hasta el suelo, ¿por qué no la habrá dejado allí la señora Lourdes? Cuando he llegado a clase y se la he enseñado a Nazia, ella me ha dicho que seguramente es porque está muerta y que, como la señora Lourdes es científica, la ha disecado pero en peluche, aunque el otro día en la radio dijeron que hay gente que se trae animales de muy lejos porque les gustan mucho y como los traen sin sus familias, los animales quieren volver a ver a sus padres se mueren de pena o se escapan de la bañera y, como tienen mucha prisa, se tiran al primer río que ven y se quedan allí y se casan entre ellos y se vuelven invasores, que es como de magia pero del lado oscuro. Aunque creo que yo también lo haría, porque si te adoptan es una cosa, pero llevarte tan lejos sin despedirte de tus padres no.

Por eso, cuando volvíamos por la tarde en el autobús, nos hemos bajado tres paradas antes de la plaza y hemos corrido muy rápido hasta el trozo del puerto donde están los veleros caros de los jeques españoles y cuando nadie miraba he sacado a Tonina de la mochila y la he devuelto al agua. Es que uno de los gemelos Rosón ha dicho que seguramente estaba congelada pero en seco, que eso los científicos lo hacen mucho para viajar, y que si la devolvía al agua se descongelaría y volvería como Nemo a buscar a su padre a Chile. Tonina enseguida se ha hinchado y se ha hundido un poco y después ha pasado un barco y se ha ido buceando con él y ya no he tenido ese dolor aquí, como de catarro pero peor y bueno.

Señor director, ¿usted a lo mejor podría decirle al presidente alto del palacio de los políticos que no juega a baloncesto porque no le dejan sudar para que no tenga que ducharse tanto y gaste agua que cuando suba a la tarima que sale por la tele diga así, muy enfadado, que nadie traiga animales de muy lejos para quererlos y tenerlos en casa cuando viajen, porque si los dejan huérfanos se mueren de pena y al final nos invadirán y con razón porque están enfadados y la señora Lourdes tendrá tanto trabajo que me parece que no se jubilará nunca, aunque papá dice que da igual porque seguro que como es joven no le tocará pensión ni nada, solo una tienda de campaña?

Y ya está.

O a lo mejor no, pero si se arregla, sí.

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Sobre el autor

Alejandro Palomas
Novelista, traductor y poeta, ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de Literatura Juvenil 2016 con Un hijo y el Premio Nadal 2018 con Un amor. Su obra ha sido traducida a más de 20 lenguas.

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