15.08.2014

Trip-drop: la vuelta al mundo a través de un tablón de anuncios de necesidades

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En Tanzania las viudas Maasai necesitan cabras para consumir y vender la leche. La fundación Carpio Pérez ha enviado varios ejemplares. Foto: Daniel Llosada

Entre la cooperación profesionalizada al desarrollo de ONGs e instituciones públicas, ha surgido una tercera vía, otra iniciativa que está acaparando cada vez más atención por lo sencilla y directa que es: Trip-drop. Básicamente un tablón donde 80 centros de 48 países publican las necesidades de la gente más desfavorecida, desde material para orfanatos a gafas de sol para albinos en África, y los viajeros se organizan para llevar el material en sus travesías y, de paso, conocer el planeta de una manera menos superficial. Todos salen ganando de este intercambio.

Ahora mismo hay trotando por Tanzania 118 cabras que se llaman Diego, Carmen, María, Antonio, Carlos… Llevan los nombres de las personas que las compraron para un grupo de viudas Masai. Las cabras, un seguro de vida para estas mujeres africanas, fueron entregadas por María Carpio, una española casada con un tanzano, que había movido esta iniciativa a través de su propia fundación y de la organización Trip-drop. Ésta publicó en su web la historia y entre unos y otros consiguieron movilizar a muchas personas en España que colaboraron para conseguir las cabras.

En esta ocasión María, que vive en Tanzania, fue la que lo movió todo, pero otras veces nos encontramos con que es un viajero el que, en pleno periplo por cualquier país del mundo, entra en contacto con un orfanato o escuela y presta oídos a lo que necesitan. Al volver a España, publicará en Trip-drop la petición de ayuda y las personas que consulten esa web podrán aprovechar su viaje a ese mismo país para comprar los libros, chubasqueros u ordenadores solicitados, y entregarlos en destino. Se trata de una cadena en la que uno lleva el mensaje, otro lo recibe y se pone en marcha para entregárselo a un tercero o terceros. Y todo esto a veces sin conocerse.

Trip-drop es básicamente un tablón de anuncios, una web tras la que se encuentran Daniel Losada y Pablo del Palacio. No tiene más infraestructura o inversión ni por supuesto beneficio económico. Ellos, viajeros empedernidos, tuvieron la idea de montar de manera altruista este “corcho universal de necesidades”, como lo llama Daniel, en 2010. En él publican peticiones concretas que les llegan de todo el mundo “para que puedas llevarles la ayuda correcta allá donde vayas ”, tal y como explican.

Se trata, pues, de la entrega directa y sin intermediarios de una ayuda en un proceso que a ellos les gusta llamar “intercambio”. Para Daniel Losada, el viajero recibe tanto o más que las personas a las que va destinada la ayuda en el momento de llevársela. Siempre hay miradas, abrazos, en ocasiones música y bailes, y a veces hasta se comparte una jornada completa en la que el viajero se convierte en uno más del lugar. Dar y recibir, pues, se hacen uno.

Su web está llena de historias como las de Tana, José y Héctor, que movilizaron a sus amigos para comprar material para un orfanato en Ghana. “El nuestro no fue un viaje de voluntariado. Queríamos simplemente visitar Ghana como mochileros, pero al mismo tiempo llevar con nosotros cosas necesarias”, explican. Al final se volvieron a España tocadísimos por todo lo que vivieron y recibieron de la gente de allí.

O como la experiencia de Paloma y su primer viaje a Kenia: “Sí, uno de esos de safari, playa… y Kilimanjaro”, explica en la web. Entró en contacto con el orfanato de Ruai y a partir de 2008 empezó a colaborar con ellos hasta hoy. “Recolectamos dinero propio y ajeno y les proporcionamos sacos de comida, madera, sábanas, ropa interior, material escolar, puzzles, combas. En la medida de lo posible, recomendamos comprar el material en destino. No se carga con ello, suele ser más barato, y la divisa se queda allí”.

Los puristas de la ayuda al desarrollo pueden tildar esta iniciativa de asistencialista o caritativa, nada con peor prensa entre las ONG más profesionalizadas y los organismos internacionales para el desarrollo. También hay voces que califican este tipo de iniciativas como “tranquiliza-conciencias” para viajeros a la búsqueda de exotismo, pero Losada no entra al trapo: “No somos una ONG, nosotros ponemos en contacto gente. Tengo claro que el hecho de que un viajero participe en esto le va a sensibilizar para toda la vida frente a las injusticias y desigualdades que hay en el mundo, le va a llevar a conocer de verdad un país y le va a llevar a implicarse con la gente”. En resumen, le va a humanizar más; por tanto, ¿quién ayuda a quién?

En Trip-drop nunca piden dinero directamente. “Está fuera de la ecuación”, dice Losada. Siempre publican encargos concretos que les han solicitado desde el terreno: gafas de sol para albinos en África, chubasqueros para niños birmanos en la época del monzón, las antes nombradas cabras, ordenadores, material sanitario… El viajero que consulta su web localiza las necesidades y si quiere organizar una recolecta para comprar la ayuda solicitada es cosa suya. Losada recomienda adquirir todo una vez haya llegado al país de destino para contribuir a la economía local.

Cuando les pregunto por datos sobre número de beneficiarios y de viajeros que han participado en esta aventura en estos cuatro años, Daniel Losada se para un momento y tira de memoria. “Como esto lo gestionamos en el tiempo libre, no llevamos métrica”, dice. Y haciendo cálculos mentales cuenta que estiman que ya han recibido ayuda a través de este proyecto más de 3.000 personas en los cinco continentes y han participado unos 800 viajeros. Lo que sí llevan a rajatabla es la relación con los más de 80 centros de 48 países que les transmiten sus necesidades y siempre comprueban que éstas son reales. “Si vemos algo sospechoso o la petición de ayuda nos viene directamente de particulares o familias no solemos publicarlo”, explica. En los hospitales, escuelas, orfanatos o comedores sociales con los que colaboran siempre cuentan con un contacto que llaman “embajador” y que suele ser un profesor, un cooperante, un religioso o un sanitario de esta institución, que les garantiza el fin y uso de los bienes entregados.

Hace poco también han entrado en contacto con ellos ONG pequeñas o locales, que han utilizado a los viajeros de Trip-drop como un “servicio de mensajería” que les facilita mucho la llegada de materiales por los que de otro modo tendrían que pagar mucho en transporte. “Hace poco publicamos que la ONG África directo en Kenia necesitaba que les llegaran ordenadores donados desde España, y un grupo de amigos que viajaban para allá los llevaron desde aquí. Logística gratis y efectiva”, explica Losada.

Entre las peticiones de ayuda concreta también se hayan colectivos en España, en concreto de Palencia, Andalucía y Madrid, como el comedor social San Roque en Jaén: “No hace falta ser viajero, con ser vecino basta”, dice Losada. Incluso hay peticiones desde Nueva York, de la asociación Education for Immigrants Nonprofit, que solicita material escolar y ordenadores.

Trip-drop es único en su especie. No existen o por lo menos no hay constancia de la existencia de webs como ésta. Por eso está llamando la atención de terceros (corporaciones, fundaciones), que les están ofreciendo su colaboración a través de sus programas de responsabilidad social corporativa. “No descartamos crear con el tiempo una empresa social en la que estén implicadas agencias de viajes con proyectos a medida, ya veremos”, avanza Losada. “Creo que esto se va a convertir en algo muy grande”, concluye. De momento, en otoño lanzarán una nueva web que contribuirá a hacer más conocido el proyecto.

Y, así, a las cabras se seguirán sumando libros, medicinas, material sanitario, ordenadores… Y, sobre todo, muchas historias llenas de humanidad y encuentros a uno y otro lado.

Entregar y recibir -y viceversa- en un viaje a través de un corcho que flota en el espacio y que llamamos mundo.

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Sobre el autor

Ana Llovet
Lo mío es escribir sobre temas sociales. Sobre el ser humano, su búsqueda interior y su integración, o no, en el entorno. Es a donde me acaba llevando siempre mi olfato o mi corazón, por mucho que me desvíe de ese camino, y donde siento que puedo contribuir en algo a lograr el tan necesario cambio de conciencia. Escribo en El Asombrario & Co desde 2014. Antes, desde 1992, hubo muchos otros medios, algunos de mucho renombre, y gabinetes de comunicación, pero en ningún sitio como este me he sentido tan libre a la hora de expresar mis ideas. Mi Twitter: ‘@ana_llovet’

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2 comentarios

  • El 16.08.2014 , Nely García ha comentado:

    Excelente iniciativa que, puede amortiguar muchos sufrimientos. Cuando los colectivos humanitarios, se convierten en instituciones poderosa, algunas veces degeneran. Seguir con grupos reducidos de gestión y que se multipliquen, me parece más seguro.

  • El 30.08.2014 , Sara ha comentado:

    Preciosa iniciativa. Muchas gracias y felicidades

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