Un cuento para no dejar de abrazar y bailar

Un cuento para no dejar de abrazar y bailar

Kike Turrón, autor del cuento ‘Bailar, se trata de eso’. Foto: Carlos Sauron

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Un cuento sin edad ni tiempo, un cuento que nos recuerda lo importante que es levantar los pies de la tierra y volar, un bonito y emotivo relato de ficción el que ha presentado este otoño en forma de libro (con cd en el interior) Kike Turrón con el título ‘Bailar, se trata de eso’.

POR KIKE BABAS

Este es el tercer libro de relatos que escribe el madrileño Kike Turrón, muy al margen de sus trabajos como biógrafo  y esta vez alejado de su realismo literario habitual, casi biográfico, como si hubiese querido probar esta vez la senda del Galeano más cuentista y no la del más canalla Bukowski, por situar un poco la obra.

Con el arte de la ilustradora gallega A Flaira, que ayuda a poner cara y escenario a los protagonistas, el cuento se transforma más aún en una bella y emocionante historia de vida, amor… y baile.

El trabajo en papel viene acompañado de un cd en el interior que contiene la banda sonora del relato, en palabras del propio autor, cinco canciones que van del vals a la cumbia, pasando por la rumba y el rock. Por si fuera poco, para las primeras páginas, el autor ha invitado a Benjamín Prado y Andrés Calamaro como prologuistas.

Es un cambio en tu forma de escribir, no se parece este cuento a nada de lo que antes habías publicado. ¿Por qué ha ocurrido?

Totalmente cierto, es un cambio y me gusta. Todo vino porque quise hacer un regalo y no se me ocurrió otra cosa que prometer un cuentito. El regalo creo que cumplió con su cometido, pero yo seguí perfilando, adornando y creando esta historia durante un par de años; de alguna forma, me puse a bucear en este cuentito decidido a encontrar lo más profundo de su esencia, quizá hasta lo más bonito. Y lo he encontrado, por eso ahora lo publico.

El cuento tiene ilustraciones, como todo buen cuento, ¿quién es A Flaira, la ilustradora?

En este crecer del cuento, decidí añadirle los ingredientes que debe tener un cuento. Uno de ellos, desde luego, eran las ilustraciones. En ese gran muestrario que son las redes sociales, me encontré con la obra actual de María A Flaira, una chica de A Coruña a la que conocí a finales de los noventa, cuando ella regentaba en Malpica el mítico pub A Roda. Han pasado cientos de años sin vernos, pero le escribí, le conté, le mandé el texto y se metió en la aventura… por amor al arte, por la amistad, porque somos así.

¿Han tenido que ver estos tiempos de incertidumbre y miedo a la hora de escribirlo?

Pues no, la verdad; aunque la historia viene como mascarilla a boca ante situación tan jodidamente rara que estamos padeciendo. Pero no, cuando escribí esto aún no estaba el virus.

Una de las ilustraciones del libro que firma la artista gallega A Flaira.

Este ejercicio, el de escribir cuentos, ¿tiene o tendrá su continuidad?

No descarto eso, ha sido un viaje precioso hacer este cuento, verlo crecer y ahora nacer… Es un sano ejercicio que recomiendo a todo el mundo. A mí me ha sentado muy bien y me ha abierto puertas más sensuales para escribir, para imaginar, para crear.

El disco que va incluido en la edición impresa lo presentas como la banda sonora del cuento, ¿así ha sido concebida la obra?

Más o menos. Todo ha salido al tiempo. Se han unido las dos cosas según se iba escribiendo el cuento. Por ejemplo, la versión que hago de mi antiguo grupo, el Como tú, de King Putreak, la quería seguro en el repertorio. La cumbia, La Ingravidez, donde colabora Anita Kuruba cantando conmigo, ha sido un dúo chica y chico por el cuento. Rumba libertad sí que se creó y se grabó incluso durante el confinamiento. En fin, que en un momento dado vi que cinco canciones nuevas eran una buena banda sonora para este cuento. A mí me va escribir, pero también tocar, aquí todo va de la mano.

En el disco colabora Anita Kuruba; es realmente preciosa la canción que hacéis juntas.

Ya lo creo, me ha encantado el resultado. A Anita la controlo desde que Canteca de Macao empezaban a tocar, eran tiempos de okupas y Centros Sociales. Siempre ha sido una voz que me ha gustado, una voz de chica poderosa y personal, pero muy chica… Cuando vino a grabar, le conté a Anita todo esto que yo buscaba, le hablé de lo que quería y le dije que mi voz favorita de chica es la de Lole Montoya, de Lole y Manuel, y que, cambiando el flamenco por la cumbia y habiendo evolucionado la música como lo ha hecho desde los tiempos de Lole y Manuel, ella era mi perfecta Lole para este tema.

Realmente es una bocanada de aire, de libertad individual, de creer en tus sueños, es un cuento que da esperanza al género humano.

Claro, una oda a la vida, a la comunicación verdadera entre las personas, a dejarnos de pantallas, de máscaras y caretas. Es un cuento que habla de la sensibilidad, de sentir y que eso mismo nos haga caminar. Es un canto al contacto, al abrazo, al beso y al baile, agarrados, por supuesto. Es una mirada a lo que somos en verdad, la esencia, lo no material.

Escriben los prólogos Benjamín Prado y Andrés Calamaro, ¡vaya nivelazo!

Estoy muy feliz de estos dos prólogos. Mira, a mí me gusta eso de introducir una obra, me gustan los prólogos en los libros, esos que te dicen el tipo de llave que puede abrir la magia. En este caso pedí al escritor Benjamín Prado y al cantante Andrés Calamaro que me introdujesen el cuento que les envié por mail y las canciones que contenía el disco… Y me respondieron que sí, que lo que hiciese falta. Una pasada, la verdad, y es que, además, los textos que me han pasado me encantan, son ya parte de esta nueva obra.

Imagino que presentarlo en directo, sacar a pasear estas canciones, va a ser complicado por ahora.

Se hará lo que se pueda y lo que nos dejen, pero sí que veo complicado plantear presentaciones o conciertos al estilo que hasta ahora conocía yo, que era gente bailando, grupo tocando, y ambiente de celebración en definitiva para llegar a casa habiendo pasado un rato agradable y poder afrontar un lunes o un martes con un poco más de energía de la buena… Está claro que tenemos que intentar inventar que ese intercambio de energía entre personas se siga produciendo, sin mascarillas, sin plásticos de por medio, sin miedo. Iremos viendo, pero bailar nunca dejaremos de hacerlo, de eso trata la vida.

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