24.04.2014

Un Misántropo en tiempos misantrópicos, por Miguel del Arco

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Israel Elejalde y Bárbara Lennie en 'El Misántropo'. ©Eduardo Moreno.

Israel Elejalde y Bárbara Lennie en ‘El Misántropo’. ©Eduardo Moreno.

Miguel del Arco llega al Teatro Español de Madrid con una versión actualizada de ‘El Misántropo’, de Molière. Una función incómoda, un drama que nos hace reír en torno a un personaje que arrastra mucho dolor, porque se niega a renunciar a la verdad para llevarse bien con el prójimo, para convivir. Conmovedor misántropo en nuestros tiempos misantrópicos, en los que resulta difícil confiar en el género humano.

Misántropo: Persona que, por su humor tétrico, manifiesta aversión al trato humano. Así define la Real Academia a estas personas que optan por llevar una vida solitaria y alejada del resto de sus congéneres. Molière escribió su obra El Misántropo o el atrabiliario enamorado en 1666 y ahora, casi 350 años después, Miguel del Arco lleva al teatro su versión sobre este personaje que, afirma, lleva años enredado en su vida y del que siente ahora la necesidad de dar una visión contemporánea: “Ha sido dolorosamente sencillo trasladar el original de Molière; al Misántropo de Molière le hemos quitado el artículo para que nadie se llame a engaño”.

Del Arco recuerda cómo empezaron sus relaciones con esta obra: “El primer guion cinematográfico que escribimos Aitor Tejada, con el que codirige la productora Kamikaze, y yo hace años era sobre una compañía de teatro que estaba montando El Misántropo. Son textos que en mi formación como profesional han estado siempre ahí, y en un momento u otro terminan por salir”. El director madrileño confiesa su admiración por el autor francés: “Me fascina toda la obra de Molière, pero sobre todo El Misántropo. Es una función extraña, porque es casi una falsa comedia, y creo que eso es lo que provocó que en su día fuera un fracaso estrepitoso. Es una comedia con momentos muy divertidos; ya hemos comprobado que el público se ríe a carcajadas; pero su protagonista es un personaje trágico. De hecho, los protagonistas tienen nombres con resonancia a tragedia griega”.

La obra gira en torno a Alcestes, una persona incómoda por su relación con la verdad. Practicante de la parresía, actividad verbal por la que una persona arriesga incluso su propia vida por decir la verdad, porque reconoce que es un deber para ayudarse a sí mismo y a otras personas. Eso le convierte en un individuo molesto e irritante. Este concepto es la base del libro Discurso y verdad en la antigua Grecia, de Michael Foucault, que Del Arco invitó a leer a todo el equipo antes de iniciar los ensayos.

“Todos sabemos cuál es la verdad, reconocemos lo que es realmente auténtico, pero eso luego se vuelve incómodo, y en esa incomodidad nos movemos mal y tendemos a separarnos un poco de los demás”, reflexiona Del Arco. “La gente que grita las verdades como son suele ser gente que produce un cierto rechazo. Somos animales gregarios, queremos vivir en sociedad y hay algo de esta incomodidad que te lleva a confrontarte contigo mismo y a pensar: ¿qué estamos haciendo? El público se siente reconocido en la obra, no en un personaje concreto sino en ciertos apuntes. En algunos momentos, la función es agobiante, cuando ves algunas actuaciones y piensas: esto también lo hago yo. Hablamos mucho de la corrupción de los otros pero también se reflexiona sobre nuestra vida diaria, sobre lo que hacemos en esta España tan complicada en la que a veces se piensa: si está la caja abierta, ¿por qué no voy a meter la mano?”.

Una escena de 'El Misántropo'. ©Eduardo Moreno.

Una escena de ‘El Misántropo’. ©Eduardo Moreno.

Alcestes no empieza siendo un misántropo sino alguien que quiere construir otro mundo, que cree que otro mundo es posible y lucha por eso. Intenta incorporarse a la sociedad y mantener el tipo frente a todo el mundo: “Es un personaje con un dolor brutal”, continúa el director, “que es lo que más me atrapó del texto. Quería desentrañar el porqué de este dolor. Necesitaba entrar en su  mundo para ver cómo podía llegar al público. Creo que la manera de empatizar es indagando en el dolor. Hemos hecho un espectáculo que tiene momentos muy cómicos, pero a la vez se va adentrando en la parte oscura que también tiene que ver con la personalidad de Molière”.

Para adaptar El Misántropo al siglo XXI, Del Arco ha cambiado los salones del siglo XVII de la casa de la viuda Celimena, donde los integrantes de una clase privilegiada que todo lo tiene se pueden dedicar al dolce far niente, por una fiesta en una gran empresa. “Pero sin especificar, no me interesaba usar lugares comunes y reconocibles, que cada uno saque sus propias conclusiones. He mantenido la esencia, a pesar de que el texto está retocado, incluso he añadido un poema de Cernuda, otro gran misántropo, para incidir en el dolor de Alcestes”.

Pero en esta fiesta en la que están todos invitados y a la que todos quieren asistir, lo importante no sucede en la casa sino en el patio, donde todos salen a fumar, a beber y a drogarse. Es un callejón infecto ilustrado por las luces y sombras que producen los destellos de las luces de dentro, que se reflejan en el callejón iluminándolo casi como si fuera la caverna de Platón: “Todo el mundo sale fuera abominando de lo que ocurre dentro en la fiesta, pero todo el mundo quiere entrar. Los personajes se van encontrando en la alegría de la celebración, qué bien lo estamos pasando, qué poderosos somos todos, qué bien nos va la vida. Los de dentro son una panda de hijos de puta, pero nosotros somos la gente auténtica”.

Todos, actores y director, coinciden en que el proceso creativo que han seguido para esta obra es algo especial, diferente al empleado en funciones anteriores. Del Arco reconoce: “Este proceso creativo ha sido el más feliz que he vivido hasta el momento. Quizá tiene que ver con nuestra evolución como compañía. Desde el 4 de diciembre de 2009 en que se estrenó La función por hacer, hemos intentado avanzar, rebuscar en ese espíritu que teníamos cuando empezamos los ensayos y llevarlo más allá. Sobre todo, en la forma de abordar el trabajo. Antes de empezar a escribir la obra, propuse a actores y a todo el equipo creativo (escenografía, vídeo, música, sonido, vestuario) que habláramos sobre el original de Molière. Para debatirlo, para desentrañar, para desbrozar, para ver qué nos interesaba y cómo podíamos hacer la traslación. Quería ofrecer una visión contemporánea, de nuestro siglo, de esta potencia que planteaba Molière, y que el público no tuviera que hacer esa traslación histórica a través de cosas que para mí son accesorias, como los miriñaques o las pelucas. Lo que me interesaba era ir a la esencia de este Misántropo. Tengo la sensación de que si vistes a todos estos personajes a la moda de los salones parisinos del siglo XVII, de alguna manera el actor entra en una pose arcaica. Como espectador, yo, al ver eso, me siento alejado y no comulgo de la misma manera que cuando veo a estos actores como personajes más cercanos”.

Con las ideas de todos que surgieron en esas conversaciones, Del Arco escribió una primera versión con la que hicieron un taller en que se probó de todo, desde la interpretación hasta la escenografía y el sonido: “Teníamos que ser muy efectivos, no podíamos fallar a la hora de abordar, por ejemplo, una escenografía. En estos tiempos de crisis donde un camión con dos metros más te puede interrumpir una gira por el coste que eso supone, debíamos ofrecer un producto potente visualmente, pero que pudiéramos abordar económicamente”.

Escena de 'El Misántropo'. © Eduardo Moreno.

Escena de ‘El Misántropo’. © Eduardo Moreno.

Israel Elejalde, el Alcestes que anhela vivir en la verdad, que quiere ser honesto y que está dispuesto a perderlo todo en defensa de lo que cree, no es muy optimista al hablar de la situación social actual:Son tiempos misantrópicos. Es difícil creer en el género humano. Hay que hacer un esfuerzo, lo tenemos que hacer todos, pero es difícil porque vivimos en una sociedad que se basa en valores materiales y, cuando uno se mira al espejo, es difícil reconocerse. La verdad no está de moda. Parece que sí, porque todos la pedimos, pero después nadie la quiere. La verdad tiene que ver con la justicia, la belleza, el amor, y cuando la verdad está escondida, no hay nada de esas tres cosas que son fundamentales para poder convivir. Nuestra aportación a esta versión del Misántropo es que Alcestes no rechaza el género humano por una cuestión de superioridad moral, sino por un profundísimo dolor. Él siente un dolor tremendo al no sentirse reconocido en el comportamiento de los demás individuos que tiene enfrente. Se ve incapaz de vivir en grupo si para ello tiene que esconder la verdad. Y el dolor es redentor. Creo que a veces habría que abandonar un poco la indignación superficial en la que todos nos movemos y tendríamos que empezar a sentir dolor y quizá ese dolor movilizaría mejor los mecanismos de esta sociedad”.

La obra se estrenó el 18 de octubre de 2013 en el Palacio Valdés de Avilés. Desde entonces ha girado por toda España hasta llegar ahora al Teatro Español.

Representaciones hasta el 22 de junio. Teatro Español. Príncipe, 25. De martes a sábados: 20.00 h. Domingos: 19 h. 

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4 comentarios

  • El 25.04.2014 , exdar ha comentado:

    Le misanthrope de Moliére est une oeuvre intemporelle, comme la plupart de ses oeuvres, car elles témoignent de la condition humaine et de sa stupidité. Me gusta la idea que una obra de este alcance se presente al ignorante publico español aunque sea adaptada, yo siempre tendré preferencia por la obra original.

    • El 30.04.2014 , Mnur ha comentado:

      Se puede adaptar una obra y ser perfectamente fiel al texto original. Los británicos llevan décadas haciéndolo magistralmente. Entre los públicos culturales, precisamente el teatral es el menos ignorante (dejando los teatros privados comerciales a un lado). El público de la ópera sí que da verdadera vergüenza.

    • El 03.05.2014 , Miguel ha comentado:

      La “ignorancia” del público teatral español es una adjetivación gratuita, tu “ignorancia” me temo que es una condición insoslayable.

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