19.07.2015

Un retrato de las pasiones y obsesiones de Vicente Aranda

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A la izquierda, Vicente Aranda. Foto extraída del libro 'Vicente Aranda: El cine como pasión', de Rosa Álvarez / Belén Frías (36 Semana Internacional de Cine de Valladolid, 1991). A la derecha, el

A la izquierda, Vicente Aranda. Foto extraída del libro ‘Vicente Aranda: El cine como pasión’, de Rosa Álvarez / Belén Frías (36 Semana Internacional de Cine de Valladolid, 1991). A la derecha, el director de arte Josep Rossell.

Rendimos hoy homenaje a uno de los más grandes cineastas españoles, Vicente Aranda, fallecido en Madrid hace dos meses, a través de Josep Rosell, que, al ser el director de arte de 17 películas de Aranda, llegó a conocerle muy bien. Aquí un retrato lleno de anécdotas y caras desconocidas del director y del hombre, de su carácter algo gruñón y su ideología sólidamente de izquierdas, de algunas de sus manías y de su ‘alergia’ a los halagos y los premios.

Durante 30 años, Vicente Aranda (Barcelona, 1926 / Madrid, 2015) ha sido uno de los más importantes directores españoles de cine. Entre sus películas, Cambio de sexo (1976), La muchacha de las bragas de oro (1979), Asesinato en el Comité Central (1982), Tiempo de silencio (1986), Si te dicen que caí (1989), Los jinetes del alba (serie de televisión, 1990), Amantes (1991), Intruso (1993), La pasión turca (1994), Libertarias (1996), La mirada del otro (1998), Juana la Loca (2001) y Tirante el Blanco (2006).

Conversamos sobre Aranda con Josep Rosell, el director de arte de 17 películas del cineasta fallecido el 26 de mayo. Rosell trabajó por primera vez con Aranda en La muchacha de las bragas de oro (1980) y desde Tiempo de silencio en todas menos Carmen (2003). Rosell, uno de los principales directores de arte del cine español, ha estado tres veces nominado a los Premios Goya con películas de Aranda, Si te dicen que caí, La pasión turca y Juana la Loca. Lo ganó años después por su trabajo en El orfanato, de Juan Antonio Bayona (2007). Ahora se encuentra inmerso en la grabación en Madrid de la serie de TVE Carlos Rey Emperador, continuación de la exitosa Isabel.

¿Por qué tantas películas al lado de Vicente Aranda?

Creo que porque compartía con él sus pasiones y obsesiones, entendía bien su mundo. Pero hay que recordar que Vicente tenía cierta fidelidad con su equipo. Además de mi caso, están los de José Luis Alcaine y Juan Amorós, como directores de fotografía, y actores y actrices como Victoria Abril, Imanol Arias, Jorge Sanz, Hector Colomé y Margarita Calahorra, entre otros.

¿Por qué dejó de hacer películas Vicente Aranda, la última fue ‘Luna caliente’ en 2009?

Le ofrecían cosas menores, como hacer series de televisión en condiciones muy precarias. Pero él quería rodar. Solía decir que pertenecía a la industria del cine y que se la habían cargado. También ocurría que Vicente era mayor y el cine, nos guste o no, es un oficio de gente joven. A Vicente no le gustaba nada envejecer, tenía miedo de pasar a ser otro, sufrir una enfermedad con la que empezara a no comprenderse bien y dar trabajo a los de su entorno. Decía que envejecer era malo.

¿Cómo fue la última vez que estuviste con él?

Estuve en su casa toda una tarde, hace unos meses, con Oriol Ferrer, ayudante de dirección de muchas de sus películas. Vicente era un poco gruñón; después de cuatro horas, nos echó. Hacía tiempo que no lo veía. Estaba cansado; eran 88 años. Vicente vivió una vida muy plena, no le han quitado nada, ha sido un hombre que ha hecho mucho cine, a pesar de que quisiera ser escritor. Su vocación fue tardía. Su primera película la hizo a los 39 años.

Fotografía de grupo de 'La muchacha de las bragas de oro', donde aparecen, aparte de Vicente Aranda y Victoria Abril, entre otros, Carlos Durán, productor (a la derecha, de pie); Rosa Vergés, escritora (a la derecha, agachada), y Juan Marsé, escritor (detrás de Victoria Abril). Foto extraída del libro 'Vicente Aranda: El cine como pasión', de Rosa Álvarez / Belén Frías (36 Semana Internacional de Cine de Valladolid, 1991)

Fotografía de grupo de ‘La muchacha de las bragas de oro’, donde aparecen, aparte de Vicente Aranda y Victoria Abril, entre otros: Carlos Durán, productor (a la derecha, de pie); Rosa Vergés, escritora (a la derecha, agachada), y Juan Marsé, escritor (detrás de Victoria Abril). Foto extraída del libro ‘Vicente Aranda: El cine como pasión’, de Rosa Álvarez / Belén Frías (36 Semana Internacional de Cine de Valladolid, 1991)

¿Cómo era en realidad Vicente Aranda Esquerra?

Un intelectual. Un hombre que leía mucho, que releía a los clásicos. Y un autodidacta. Tenía un sentido del humor socarrón muy peculiar. Cuando se muere alguien, los humanos lo hacemos santo. Y la prensa ayuda mucho a ello, pero Vicente tenía una virtud: decía las cosas a la cara. Si entraba en un decorado y algo no le gustaba te lo decía: “¡Esto no me gusta nada!”. Muchas veces me lo dijo.

¿Y cuando las cosas le gustaban?

No lo decía. Recuerdo que para Tiempo de silencio monté una verbena de postguerra en un descampado de Madrid. Era un rodaje de noche, muchas luces, una noria, casetas de tiro, los columpios… Una gran verbena, y cuando la vio por primera vez me dijo: “¿Y ahora qué hago yo con todo esto?”. Le gustó, pero la manera de decirlo fue esa. También era un hombre agradecido, pero no le gustaban los halagos, ni darlos ni que se los dieras tú. Tampoco le gustaban los premios. “Los premios no es que haya que desearlos, es que no hay que merecerlos”, decía.

¿Y en lo político?

Un hombre progresista, de izquierdas. Pero no militó en ningún partido, que yo sepa. Su forma de ver la política quedó muy clara en Libertarias. No perdonaba ni a la propia CNT. Recuerdo que en dos ocasiones, en Los jinetes del alba y en Juana la Loca, hizo de intermediario con los productores para salvar conflictos laborales. ¡Es muy difícil que un director de cine sea solidario, casi imposible! Suelen ponerse del lado del productor. Pero Vicente nos defendió.

Se ha escrito que ‘Libertarias’ cuenta también su infancia.

Vicente llevaba con ese proyecto desde 1975. Pudo salir solamente después de hacer La pasión turca y con el mismo productor, Andrés Vicente Gómez. De hecho, una película fue a cambio de la otra. El problema fue la inesperada aparición, un año antes, de Tierra y libertad (1995), de Ken Loach. A Vicente le oí decir que Loach le había leído el guión, porque entre líneas veía cosas que estaban en su película. Mala suerte. Al ir por detrás, tuvo que cambiar cosas que estaban ya contadas -y muy bien- en Tierra y libertad. Y sí, como he dicho, en Libertarias Aranda se mostró muy crítico con los anarquistas. Él era hijo de un fotógrafo ambulante y contaba cómo de pequeño veía a los mayores hacer la revolución y pensaba que estaban todos locos. También cuenta que esos libertarios usaban su ideología como una religión, era como pasar de Dios a Kropotkin. Pero lo que en realidad diferencia las dos películas es la mirada feminista de Libertarias, cómo Vicente cuenta que muchas mujeres estaban decididas a hacer lo mismo que los hombres, irse al frente a pegar tiros, reclamar su “parte del pastel”, como ellas mismas decían. Pero no las dejaron, tuvieron que conformarse con quedarse en la retaguardia.

¿Y cómo era en lo profesional?

Muy exigente. Y un gran director de actores. Es conocida una frase que le dijo a Lluís Homar: “Tú tienes que ser sincero, porque la cámara lo capta todo”. Y no ensayaba nunca. Sin la cámara puesta o el plano iluminado jamás. Se podía ver con los actores y hablar horas y horas de la película y el personaje, pero después les decía: “Ahora ensayad vosotros solos”. Era su método, y le debía de funcionar.

Tenía fama de ser un gran planificador de las secuencias que había que rodar.

En todas las películas, el mismo día de rodaje a las ocho de la mañana venía con su planificación. Me pedía las plantas de los decorados y en función de eso trabajaba. Planificaba mucho y de forma muy precisa. Gracias a ese trabajo yo me hacía una idea de las zonas del decorado que iba a ver. A veces, por problemas lógicos del cine, no daba tiempo a hacer lo previsto. Pero se adaptaba rápidamente.

Con ‘Amantes’, Victoria Abril obtuvo el Oso de Plata a la Mejor Interpretación Femenina en Berlín. ¿Fue la película que hizo despegar su cine?

A partir de Amantes es cuando pasa a un estado superior, a hacer películas de más presupuesto, subiendo hasta propuestas como Carmen o Tirante El Blanco, de diez millones de euros. Recuerdo que después de Juana la Loca me decía: “¡Josep, a partir de ahora vas a empezar a hacer películas con muebles de El Corte Inglés!”.

Hasta ahí su cine eran películas de calidad, pero pequeñas.

Antes hablamos de películas de lo que hoy serían unos dos millones de euros. La muchacha de las bragas de oro fue una película muy barata, con un equipo muy pequeño. En Tiempo de silencio hubo muchos problemas de producción. El rodaje era muy duro. Yo llegaba todos los días muy cansado, con momentos de llorar de impotencia. Llamé a Carlos Durán, su socio, para decirle que no podía seguir con la película. Durán me dijo: “Eso es imposible, Josep, porque esta película también es tu película. No sólo es la película de Vicente Aranda y mía, que somos los productores, es también de Juan Amorós y tuya. No te puedes ir. Dime qué necesitas que te lo voy a dar todo”. Seguí, pero pensé que Vicente no iba a llamarme nunca más.

¿Qué ocurrió?

Terminé Tiempo de silencio como pude y, al cabo del tiempo, un día de la verbena de San Juan, fui a casa de un amigo común, Pere Joan Ventura, y me encontré allí con Vicente. Me preguntó por lo que estaba haciendo. Era ambientador de El Dorado, de Carlos Saura, pero las relaciones no eran buenas. De hecho, preparé los dos contenedores con material de atrezzo para enviarlos a Costa Rica, pero no fui al rodaje allí. Vicente preparaba entonces El Lute (camina o revienta) (1987) y se había quedado sin director de arte. Me ofreció volver.

Y de ahí hasta el final. ¿Qué recuerdas de las dos películas seguidas que filmasteis sobre El Lute?

A mí me gusta más la primera que la segunda; sin embargo, Vicente opinaba lo contrario. Recuerdo en la segunda una escena que debíamos rodar en una plaza de un pueblo de Alicante. Por razones de producción, no podíamos desplazarnos hasta allá. Cerca de Guadalajara encontramos un pueblo que tiene las casas pintadas de blanco. Un amigo valenciano me envió en un camión cuatro naranjos gigantes. Los puse con una enorme grúa en medio del pueblo y les colgamos las naranjas con alambre. Nunca nadie se quejó.

¿Por qué crees que Aranda se fue de Barcelona a Madrid en los 80?

Vicente nació en Barcelona en una familia humilde aragonesa y su lengua materna era el castellano. Sabía catalán mejor que yo, pero nunca quiso hablarlo y a la derecha catalana eso le molestaba. Creo que al irse a Madrid hizo un pequeño ejercicio de autoexilio, aunque él decía que se marchó porque en Madrid estaba la industria, lo que también era cierto. No era un catalán practicante, a pesar de que todos sus amigos en Madrid eran catalanes. Y no le caía bien la burguesía catalana.

¿Tu película preferida de Aranda?

Amantes es una buena película, pero Vicente siempre decía que Intruso era mejor. Decía que Amantes era más truquera. A mí me gustan Juana la Loca y Si te dicen que caí, pero mi preferida es La mirada del otro, una película muy valiente que toca un tema muy difícil, la historia de una señora que baja a los infiernos. Esa pasión desbordada de la protagonista no es fácil de digerir, aunque Vicente la suavizó con el final, yo pienso que por su reciente paternidad. Otra película que me gusta mucho es Cambio de sexo, justamente antes de La muchacha de las bragas de oro, una película muy valiente para la época, tan valiente como 20 años después La mirada del otro.

Pero ‘Amantes’ funcionó mejor que las demás entre el público. La secuencia final de la nieve frente a la catedral de Burgos es un hito del cine español de los 90.

La nieve es un elemento dramático y escenográfico muy potente. Esa secuencia final con nieve fue una casualidad. Llegamos a Burgos y llevaba en la furgoneta unos bancos modernistas prestados por el ayuntamiento de Valladolid. Estaba previsto lluvia, pero me levanté a las seis de la mañana a colocar bancos y carteles y me encontré con que había medio metro de nieve. A las siete bajó Vicente y dio instrucciones de no tocar nada. Rodamos con nieve real y artificial. Después empezó a llover y la nieve se fue deshaciendo. Para mantener la continuidad hicimos unas montañas con arena que traje en unos camiones a las que pusimos encima nieve artificial y sal. Así se filmó esa parte de los barrenderos limpiando en la nieve y el personaje de Maribel Verdú descalzándose y los hilos de sangre cayendo sobre el blanco.

¿Qué aprendiste de Aranda para tu oficio?

Una cosa que me enseñó Vicente fue poner las sábanas oscuras en las escenas de cama. “¿Por qué quieres las sábanas oscuras, Vicente?”. “Porque los cuerpos desnudos contrastan más, Josep”. Y tiene razón. Lo hago mucho, en películas de época incluso, sábanas grises oscuras. Nadie se ha quejado nunca.

Se dice que Aranda ideó el rodaje de escenas de cama con ésta colocada de pie contra la pared.

Es cierto, pero hay varias razones. Una es la que se ha dicho del pecho femenino, que sale así mejor retratado, pero también estaba la cuestión de que él quería hacer un plano cenital imposible si no dispones de una grúa tipo cabeza caliente para situarte encima de la cama. Su plano empezaba a un lado de la cama y terminaba al otro lado pasando por encima de los cuerpos. La manera de hacerlo fue poniendo la cama de pie. Pero esto lo hizo solamente en El amante bilingüe, con Ornella Mutti e Imanol Arias, y en Amantes, con Victoria Abril y Jorge Sanz.

Respecto a tu trabajo, ¿de qué estás más orgulloso de tus 17 películas con Vicente Aranda?

En Juana la Loca hay un encuentro entre Felipe el Hermoso y Fernando el Católico. Lo hicimos en el puente de Alcántara en Toledo. Sólo hay una pintura que refleje ese trascendental encuentro, pequeña y muy primitiva. La pintura, al ser naif y no jugar bien aún con la perspectiva, aparece con las banderas desplegadas al viento. Pues hice unas banderas rígidas desplegadas al viento para la película. Nadie se ha dado cuenta del detalle.

¿Y tu decorado preferido?

El apartamento del señorito Conrado (Javier Gurruchaga) en Si te dicen que caí. Ahí va a follar la Ramona (Victoria Abril) con Marcos (Antonio Banderas), el anarquista escondido en casa del trapero. Ese apartamento lo hice vaciando un caserón del barrio de Gracia. Había un momento en que Conrado espiaba desde dentro del armario a los personajes. El armario era un elemento protagonista, por lo que creé uno empotrado, con un metro más de profundidad de fondo para poder poner la cámara quitando la tapa. Aranda quería que el estilo de la habitación de Conrado fuese art déco, así que lo hice en bajo relieve y pan de plata, inspirándome en un grabado de un mural del transatlántico Normandie que había visto en un calendario. Y funcionó.

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Sobre el autor

Luis Roca Arencibia
Tras titularse en Comunicación Audiovisual, trabaja en el cine desde 1992. Ha publicado biografías sobre el productor Andrés Santana (“El vuelo de la cometa”, 2003) y sobre el distribuidor Francisco Melo Sansó (“El sueño del Monopol”, 2010). Autor en el libro colectivo “Graphiclassic: Moby Dick” (2013). Comisario con Arantxa Aguirre del ciclo “Buñuel/Galdós: Vasos Comunicantes”, exhibido en Belgrado, Nueva Delhi y Tel Aviv. Única firma española en el monográfico sobre Luis Buñuel editado por la Cinemateca de Tel Aviv (2013). Es director de los proyectos formativos “Cinexprés” y de recuperación documental “Salvar la Memoria: 50 años de Tirma y Moby Dick”. Desde 1996 es colaborador de cine del diario La Provincia. Desde 2003 de viajes en El País. Ha publicado textos de cine en El País Semanal. Dirigió la sección de Canarias del festival de Las Palmas, que consolidó como una de las principales de la cita. Ha sido vocal del Ministerio de Cultura para las ayudas al cine en España. Puedes seguirme en: Twitter: @LuisRocaA Facebook: Luis Roca Arencibia Instagram: @luisrocaarencibia

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2 comentarios

  • El 22.07.2015 , Luis Betrán ha comentado:

    Llamar “autor” a Aranda me resulta chocante.El hombre no buscó otra cosa más que temas candentes y otras cosas que luego señalaré con el noble afán de ser un artesano, lo más comercial posible. Reflexionando no salvo ni siquiera “Amantes”que pudo ser una buena película pero contaba con el handicap de que a Jorge Sanz no se le entendía ni una palabra. “Fanny pelopaja” no tuvo éxito pero es más digna y mejor. Marsé y Antonio Gala se sintieron ofendidos y dejaron de dirigirle la palabra por sus “adaptaciones” de “Si te dicen que caí”. “La muchacha de las bragas de oro” y “La pasión turca”. Vicente Aranda fue un calentorro que tuvo a bien, durante toda su filmografía, presentarnos espléndidas señoras en porretas, para alegría de nuestros ojitos y por “necesidades del guion”, of course. No pasarán sus películas a la historia del gran cine pero, en cuanto a atractivo femenino, no tuvo rival. Quizá una buena persona pero un pésimo director. Sus adaptaciones de Marsé son risibles y casi de vergüenza ajena. Ningún favor se le hace al cine si alabamos una obra tan mediocre. El úlltimo cineasta hijo de la época del destape. Sus películas eran tan malas como las de los demás .Con todos mis respetos para todos aquellos que le conocieron en persona y lo tachan de buena persona – yo jamás cené con él, pero cuando estuvo en el Festival de Huesca no tenía nada que decir y aquello fue un díalogo pare besugos-. El cine español pierde a uno de sus peores directores (lo cual no tiene mucho mérito, teniendo en cuenta lo malos que son casi todos incluído Almodóvar).

    • El 02.04.2017 , luis ha comentado:

      Hasta hoy no había leído el comentario y la verdad es que me he quedado asombrado, cosa que en una revista como El Asombrario no es algo que esté tan mal. No comparto esa forma de opinar, respetable aunque en tono algo hiriente, como si hubiera algún tipo de tema profesional o personal no resuelto. El tiempo pondrá las cosas en su sitio, en cualquier caso. A mí el cine de Aranda sí que me llegó y no comparto que en una divisoria entre buenos y malos directores esté en el segundo grupo. Sobre la cosa de mostrar con descaro el cuerpor femenino, creo que la tendencia acabó en el cine español en los 90, si no recuerdo mal. A nadie se le escapan los motivos.

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