12.03.2016

Un viaje astral a la feria de esoterismo

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Ilustración: Liliana Peligro.

Ilustración: Liliana Peligro.

¿Conocen ustedes al arcángel Metatrón? Yo no lo conocía, pero supe de él el otro día, cuando se inauguró la 18 edición de la Feria de Esoterismo de Atocha, Madrid. Dos veces al año, sumergida en la frondosa vegetación tropical de la estación, se celebra esta feria de la maravilla sobrenatural y el engaño, un pintoresco lugar donde fluyen las energías místicas, huele a incienso, los colorines asaltan las almas, convive la pirámide con la espiral y hasta los bocadillos de mortadela se consideran material “cuántico”.

Allí supe de Metatrón, el arcángel con nombre de Transformer: la empresa Unidiversidad (sic) de Luz S.L. vendía lo que parecía bisutería de plástico trasparente, baratijas, pero nada más lejos de la realidad: a través de esos cristales mágicos Metatrón obra sus beneficiosos prodigios. “El Rey Luminoso Metatrón y los Maestros Ascendidos nos obsequian la Energía de la Ascensión de los Cristales Luminosos de Nueva Generación”, reza su folleto. Como vibran en la ¡séptima dimensión!, nos explican, nos guían en el proceso de Ascensión con la Madre Gaia y la Humanidad. Y así todo.

Entre ángeles y dragones, filtros de amor y escudos de protección, escucho a una mujer consultar a un vendedor de amuletos como si fuera su médico de atención primaria (MAP):

– ¿Crees que debo pasarme ya al amuleto del infinito?

– No sé si estás preparada…

– ¿Qué hace ese?

– Activa la glándula pineal….

– Buf, eso debe ser muy heavy, ¿no?

– Sí, mejor sigue con este, que desviará la Luz hacia tu corazón y activará todos tu chakras.

Sustituir la medicina por el amuleto resulta gracioso y delirante, pero muy peligroso. ¿Quién se cree estas patrañas a estas alturas? El público mayoritario es el habitual a la vertiente más cutre-salchichera de estos conocimientos arcanos: mujeres de mediana edad para delante, normalmente de clase trabajadora y poco informada. Pero no se engañen, el espectro es mucho más amplio: se llegan a ver oficinistas trajeados, adolescentes con camisetas metaleras, jóvenes con pinta de podemitas y hasta despistados abuelillos. No nos riamos de ellos: son víctimas de pícaros de medio pelo provenientes del Siglo de Oro español, vividores, locos, brujas con el pelo de colores y ancianos videntes que compaginan túnica, calva y melena. Todos ellos caen en las fútiles promesas de mejorar su vida de forma fácil y unilateral, a base de adivinaciones, conjuros o amuletos, todos son víctimas de un pensamiento precientífico, supersticioso y medieval. A la par que hortera.

“Nunca duermas lejos de tus átomos”, se lee en un puesto. La señora vende unas figurillas de colores con supuesta forma de átomo e increíbles propiedades como frenar las perniciosas radiaciones electromagnéticas. (Nota para gentes de ciencia: en esta feria se habla mucho de lo cuántico pero luego representan al átomo como el modelo clásico: un burruño de esferas apelotonadas). Precisamente una de las cosas más molestas de estos profesionales del milagro es su apropiación del lenguaje científico y de la legitimidad y prestigio de la ciencia cuando les conviene, aún cuando la ciencia desbarata todas sus chorradas. Aquí opera el pensamiento mágico: el Principio de Simpatía, por el cual lo semejante atrae a lo semejante, o la Ley del Péndulo, según la cual después de Guatemala no llegas a Guatepeor, sino que las cosas mejoran. Formas de pensar que se basan más en el wishful thinkin que en la evidencia y que, con toda seguridad, no cree ninguno de las que las predica. Hablando en plata: mentiras.

En la sala de conferencias, uno de los puntos calientes del evento, se mezcla este esoterismo de pandereta y troll del tesoro con la autoayuda más chusca. Algunos títulos de las charlas: El éxito está en nuestra mente, Enfóquese en tu interior, La importancia de contactar con los ángeles, Animal Communicator: el arte de hablar con los animales, Esferas luminosas, un mensaje de luz. Parece una competición por ver quién trae la ponencia más bizarra: en este mundillo la innovación se equipara al puro desbarre y la acrobacia de la imaginación.

La autoayuda, el crecimiento personal, la filosofía positiva y similares dicen verdades evidentes: es mejor pensar en positivo (aunque el recelo nos permite prever el peligro) y hay que esforzarse por crecer y mejorar como persona. Sin embargo, ocultan ideas muy peligrosas: presentan al individuo desconectado de su circunstancia. Uno mismo es culpable de su despido, de su cáncer, de su tragedia y solo es responsabilidad de uno curarse o encontrar empleo. Si visualizas con suficiente fuerza una mariscada, la mariscada vendrá a ti, como enseña Rhonda Byrne en el best seller El Secreto (el ejemplo de la mariscada es mío).

Este guisárselo uno mismo con sus poderes sobrenaturales es una idea profundamente neoliberal, en la que se obvia el azar, la situación política y social, y la red de solidaridad y cuidados que debe ofrecer una sociedad sana. Es decir, son ideas profundamente derechistas, basadas en el sálvese quien pueda: si usted está mal es culpa suya, espabile y mejore. “El despido es una oportunidad para reinventarse”. Pero a veces, y esto es lo más bonito de la vida, necesitamos que nos cuiden, que nos salven. Y no ángeles iluminados ni coachs carísimos, ni Sandro Rey, necesitamos ayuda del prójimo, del cercano, y de los servicios públicos, es decir, de la sociedad. Y a veces hay injusticias: siguiendo las ideas individualistas de la autoayuda, por ejemplo, no habría sindicatos, solo trabajadores esforzándose por mejorar individualmente. De esto hablaremos otro día.

Pero en la feria de esoterismo también se escucha hablar de problemas laborales. “Nos echaron a todos, cerraron la fábrica y se la llevaron a otro país”, dice una tarotista con un pañuelo en la cabeza, muy orgullosa. “Yo no me amedrenté, me hice un curso y ahora soy vidente”, añade. Es desde luego una historia de superación personal, aunque a costa de los crédulos. Un señor de aspecto misterioso te lee la mano con una máquina, otro, con otra máquina, te fotografía el aura. Hay un lugar donde se pueden recargar los amuletos, como si fueran smartphones. Se ofrecen regresiones a vidas pasadas, liberación de entidades negativas, activación del lado femenino, la suavización de células endurecidas, el remolino luminoso viviente. Abunda la poesía basada en la compraventa de la nada.

¿Qué se debería hacer con este gremio? No sé si prohibir las actividades esotéricas sería el camino, pero quizás podría obligarse a estos charlatanes a que, igual que en los paquetes de tabaco se anuncian sus perjuicios para la salud, ellos adviertan de que su conocimiento nunca se ha comprobado efectivo y que depende más de la casualidad o de la predisposición del usuario que de ninguna otra cosa. Porque puede que entre espíritus místicos y auras de colores muchas personas encuentren consuelo, pero tampoco está bien darles esperanzas falsas. Porque siempre gotean los casos extremos: esos curanderos que, recomendando a sus pacientes dejar sus tratamientos médicos (así murió un chaval el otro día), les condenan a una muerte que podría haberse evitado.

Y contra el demonio Metástasis no hay arcángel Metatrón que valga.

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Sobre el autor

Un comentario

  • El 13.03.2016 , Fulgencio Barrado ha comentado:

    Hoy a las 12:00 (y varias veces a la semana), se celebran Ferias del esoterismo en abundantes templos de toda España.
    Claro que a esas no acuden jóvenes con pintas de podemitas.

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