08.05.2013

Una comedia con coplas, golfas y rusas

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Ana y Darío en Las Rusas

Años ochenta. Plena Movida Madrileña. Un grupo que canta coplas y que contrata a una prostituta rusa. El sueño de un riñón. Con estas pautas, Darío Facal y Ana Morgade (en la imagen) se unen para montar una disparatada comedia en sesión golfa. Una reivindicación de las hombreras y de La Bien Pagá.

MILUCA

Corren los años 80, época dorada de la Movida madrileña en la que músicos y artistas decidieron romper con tiempos pasados e inundar Madrid de nuevas propuestas. Y es en este preciso e inoportuno momento en que aparecen Las Tres Rosas. Tres mujeres y un pianista que recorren España actuando de garito en garito con una misión en su cabeza: reivindicar la copla. El grupo, formado por las hermanas Paca y Amparo y una amiga, tiene que buscar rápidamente una nueva componente cuando esta abandona precipitadamente la formación. Así dan con La Rusa –por la que cambiarán el nombre del grupo a Las Rusas-, una prostituta envuelta en una trama de tráfico de órganos con la KGB por medio.

Esta delirante comedia es obra de Ana Morgade, que encarna a Paca, la hermana pequeña, y está dirigida por Darío Facal. Ambos se conocieron como alumna y profesor en la escuela de Cristina Rota y después trabajaron juntos en una versión de Las Criadas de Jean Genet. En aquel momento, Morgade comentó al director que estaba trabajando en un texto que le gustaría que dirigiera. Tras alguna intentona fallida y cambios de reparto, han logrado poner en pie el montaje y con él llegan a las sesiones golfas del Teatro Infanta Isabel.

Morgade define la obra como “una comedia muy cañí de los años ochenta”. En ella mezcla referentes de una época llena de color con un thriller al más puro estilo de cine negro. “Yo nací en 1979 y no viví loa años ochenta, pero tengo las referencias de mi hermana mayor y es una época que siempre me ha gustado mucho. La obra es una gran historia de amor. Paca, la hermana pequeña cuya única ilusión en la vida es llegar a ser como Marisol, con la que fantasea y sufre delirios marisoleros cuando duerme, está enamorada del pianista, el pianista de La Rusa, y la prostituta quiere a su niña. Todos estos amores, ninguno de ida y vuelta, son lo que van moviendo la trama”. Y continúa: “Me divertía mucho montar una comedia en la que el objeto de deseo no es una persona ni un sueño sino un riñón, y que no solo reivindicara la copla sino a los artistas de tercera, cuarta y quinta fila”.

La obra parece formar parte de una nueva corriente que desea dignificar la música española más tradicional como La Copla Negra de Las Chirigóticas o De la Puríssima, grupo en el que canta Julia de Castro, Amparo en la obra, con su versión renovada del cuplé. Morgade cree que es un género denostado, con cierto complejo de inferioridad, con el que habría que reconciliarse. “Cuando estaba escribiendo la obra, descubrí que me sabía las letras de la mayoría de las canciones. Es algo que está en nuestro ADN, y cuando lo escuchas te das cuenta de que tienen unos letrones desgarradores de alucinar. Se ha asociado a algo que nos da un poco de vergüenza, pero, en el fondo, todos tenemos un alma coplera dentro”.

La actriz debuta con una comedia, género en el que se mueve como pez en el agua. Lo explica: “Hay que hacer comedia para ponerse al nivel de los políticos que hacen mucha comedia”. Entre sus referentes cita las películas de Pedro Almodóvar y Luis García Berlanga, y directores de cine extranjeros como Quentin Tarantino y Federico Fellini. En teatro, además de citar Animalario entre los españoles, bebe de autores como Eugène Ionesco y Antón Chejov: “Me hacen gracia esas obras donde los personajes se pasan el día diciendo: tengo que hacer algo, tengo que hacer algo, y luego no hacen nada. También me gustan las series de Tina Fey, con ese humor elegante y sutil”. Haber ubicado la trama en los años ochenta no es solo una cuestión estética; han elegido ese periodo porque fueron unos años en los que sucedieron muchas cosas, desde la apertura de España a Europa, a la llegada de Gorbachov que inició el desmantelamiento de la URSS… “Para recrear la época no hemos querido recurrir a clichés como el lenguaje cheli. Hemos hecho un trabajo exhaustivo de vestuario y escenografía con elementos auténticos. La ropa con hombreras, los peinados, la cabina, la tragaperras, el casio, la televisión con el toro y la flamenca, las pesetas… Todo es auténtico. Teníamos la consigna de pocas cosas muy elegidas. El teatro tiene que recuperar eso de representar la realidad, no imitarla. La escenografía es simple. Nada entra ni sale del escenario. Todo está presente desde el principio. Es muy cinematográfica, con muchos cambios de espacio y una puesta en escena ágil y liviana que contribuye a subrayar lo importante que es el actor”.

Pero además de esas teorías escenográficas, las circunstancias mandan, y a la cuestión estética se une la práctica, que tiene que ver con las dobles funciones de diferentes espectáculos con las que los teatros tratan de bandear la crisis. “Hay solo media hora entre la función anterior y esta, así que había que hacer algo para que se pudiera montar rápidamente. Pero la producción no ha sido condicionada por esto, habríamos hecho la obra así de todas formas”, asegura el director. Darío Facal (Madrid, 1978), filólogo de formación y licenciado en Dirección y Dramaturgia por la RESAD por vocación, ha acompañado a Morgade en este viaje desde el principio. Después de terminar sus estudios, viajó a Francia y EE UU, donde entró en contacto con otras formas de hacer teatro más alternativo y experimental, que le marcaron en su carrera. Cuando tenía 21 años, escribió y dirigió Morfología de la soledad. Esta obra se puso en pie de forma nada convencional: “Se creó en un proceso junto a los actores. El texto no antecede a la producción, sino que nos juntábamos a ensayar y yo iba escribiendo el texto a medida que íbamos probando elementos escénicos. Parto de una idea, de un concepto, de una sensación. Si arrancas de un texto, este condiciona la escena, pero si partes de lo escénico, haces que el texto esté sometido a las cosas que funcionan a nivel plástico y conceptual,  lo que te da más libertad”. Después vinieron Kellog’s Politic, La pesadilla de Kepler y La vida imaginaria de Bonnie & Clyde para Escena Contemporánea. Otra obra que hizo siguiendo esa forma de trabajo sin guion previo fue Theater no more, con Cristóbal Suárez. “Él recitaba un monólogo en el escenario en el que yo también estaba; era como un documental en el que contábamos cómo habíamos hecho la obra. Al principio, Suárez  tenía reticencias a hacer algo así, pero al final se ha convertido en un fanático de esta manera de trabajar”.

Ahora se enfrenta a una obra más convencional. “En Las Rusas pensé que podríamos aunar el talento que tiene Ana para la comedia con el trabajo más experimental que yo desarrollaba en mi teatro. La idea no es que el espectador se sorprenda, sino que venga a ver una comedia con ciertas estrategias escénicas, una comedia divertida, frenética y loca, con una cierta dimensión más abstracta y plástica en la puesta en escena”, precisa Facal.

El director madrileño no ha abandonado su tarea docente y ha creado su propia escuela, Work in Progress, en la que comparte su forma de ver el teatro con actores que, aunque jóvenes, ya tienen experiencia en otros campos como la televisión. Y es con ellos con los que prepara su próximo trabajo. Una obra de 45  minutos dividida en tres actos, cada uno de los cuales se representará en distintas dependencias del Hotel Intercontinental. La idea es original de la compañía neoyorquina Pop up Teatrics, especializada en actuar en habitaciones de hotel. La obra se verá de dos en dos. Un actor-guía llevará a dos personas de la recepción del hotel a una suite, donde tendrá lugar el primer acto; de ahí a las cocinas o alguna de las zonas del hotel que no suele ver el cliente, como las cocinas;  y, finalmente, para asistir al desenlace, a un salón. “El hotel se convierte en un escenario gigante de teatro, donde se va a ver una obra acompañado solo de otra persona”, apunta Facal. Pero, además, este director, a quien la crisis no parece hacer mella, prepara una versión de Las amistades peligrosas para junio, dentro de Los Clásicos de Alcalá.

Las Rusas. Viernes (22.30) y sábados (23.30), hasta final de junio. Teatro Infanta Isabel. Barquillo, 24. Madrid.

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