28.04.2020

Una mirada interior en tiempos de retiro

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Mirada interior / los díez©

Nueva entrega de la serie ‘Objetivo Subjetivo’. El poema objeto ‘Mirada interior’ nos alienta, de manera metafórica, a mirar hacia nosotros mismos en estos tiempos de retiro. Retiro impuesto, aunque de puertas adentro tengamos que intentar ser dueños de nuestra clausura.

En primer lugar, comentar que, personalmente, prefiero el término retiro al de confinamiento; al menos así es como yo me lo he planteado y como intento vivirlo día a día, y ya, semana a semana. Aunque no niego que el imperativo normativo viene impuesto desde instancias exteriores, y superiores, de puertas adentro intento ser, por todos los medios, el dueño de mi clausura, el amo de mi voz y de mis pensamientos, ajeno a memes y proclamas, a himnos y bulos, a estadísticas y vaticinios.

Ahora, habiendo establecido el marco mental en el que nos movemos, valga la paradoja, quiero plantear una reflexión donde la relación espacio-temporal es crucial.

A partir de la vinculación que Milan Kundera hace en su novela La lentitud entre los binomios velocidad / olvido y, sobre todo, lentitud / recuerdo pretendo meditar sobre a qué nos aboca, o podría hacerlo, esta situación, la llamemos como la llamemos.

En estos momentos, ahora sí, históricos, se nos plantea el contrasentido de que, a falta de espacio, cuando nuestro horizonte cotidiano se limita al que nos proporciona nuestra vista desde el redescubierto balcón, lo que nos sobra es tiempo.

Y es entonces cuando la inmovilidad forzosa a la que nos vemos abocados nos sitúa en un punto de velocidad cero; y así, recuperando la reflexión que realiza Kundera por la que la lentitud, la actitud pausada, fomenta y propicia la invocación del recuerdo, yo me planteo a dónde nos puede llevar, contradictoriamente, esa detención, esa inmovilidad, entendida como límite extremo de la lentitud.

Tal vez la respuesta podríamos encontrarla en el poema objeto Mirada interior que creamos ya hace unos años y que de manera metafórica nos alienta a mirar hacia nuestro propio interior.

Y, tal vez, ahora, detenidos, quietos, inmóviles, calmos, nos permitamos observar con detenimiento ese espejo que la vida pone ante nuestros ojos, y por delante del cual que hasta ahora habíamos pasado inadvertidos, para reconocer en él al habitante de nuestro propio ser, al dueño de nuestro propio retiro.

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