27.07.2018

Me voy de vacaciones, con o sin Ryanair

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Ilustración: Concha Pasamar.

Ilustración: Concha Pasamar.

Cuando el otro día me preguntó Concha Pasamar: “Marta, ¿qué dibujamos esta semana?”, yo le contesté: “Concha, yo ya solo puedo pensar en mis gafas de snorkel, así que no esperes mucho de mí”. Ella, ni corta ni perezosa, me mandó el dibujo que abre este artículo, en el que, como siempre, ha radiografiado a la perfección mi mente: un traje de baño, unas gafas de bucear, unas de sol —fuera las progresivas por unos días— y mis chanclas del 41, que soy de pie menudo. Y no. No esperéis más de mí hoy, porque no lo hay.

¡No me lo puedo creer! ¡Cinco días más y me largo de vacaciones! ¡Asombrosamente he llegado, incluso, a mi último Asombrario! —lo siento por aquellos que ya estáis de vuelta, pero así es la vida: cuando unos van, otros vuelven—. Os aseguro que este año estoy realmente cansada, supongo que se trata de la suma de los achaques del cincuentismo —la tendinitis ataca de nuevo— con los excesos a los que me obliga mi adolescencia tardía. Los tres o cuatro que me leéis quincenalmente sabéis exactamente de qué hablo.

He de decir que, a día de hoy, todavía no tengo muy claro si, tal y como había planeado, llegaré a Tenerife o me tocará urdir un plan de emergencia simplemente porque en la esquina izquierda de mi billete de avión se puede leer una palabra que abre una gran interrogación en lo que a viajes se refiere: Ryanair. Aprovecho para entonar un mea culpa ante los trabajadores de la compañía ahora que la huelga ha dejado al descubierto algo que en el fondo todos imaginábamos: que nadie da duros por pesetas y, por ello, el bajo coste esconde demasiadas miserias. Pero bueno, en mi descargo diré que cuando eres una autónoma en permanente estado de crisis económica a la que le gusta viajar es fácil caer en la tentación de mirar hacia otro lado. Para que os hagáis una idea de hasta qué punto me toca abaratar costes, confieso que la motivación principal para haber cumplido con la operación bikini de este año ha sido reducir al máximo el tamaño de la ropa para lograr meter todo lo necesario en una maleta de cabina.

En fin, que, aunque aún no sé exactamente en qué lugar del mapa me tumbaré a la bartola este mes, lo que si os aseguro es que no pienso pensar en nada —y valga la redundancia— que no sea el snorkel; es más, cada vez que una idea amenace con colarse en mi mente la dejaré pasar de largo —como buen yogui que no soy— porque, si no, acabo marcándome nuevos retos para el próximo curso que me cargan de trabajo a largo plazo: ahora a trabajar, ahora a las extraescolares, ahora a escribir la columna de El Asombrario­, ahora a ser profe de escritura, ahora de juerga, ahora a ejercer de madre, y ahora… ¡el horno, que se me quema la comida!

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Sobre el autor

Marta Rañada
Editora y documentalista de profesión, profesora de escritura creativa por devoción y cincuentista por pura diversión. Mi única ambición es reírme de los cincuenta y vivirlos con la cabeza bien alta, desafiando incluso la ley de la gravedad. He publicado varios libros infantiles y el año pasado me estrené como novelista con Las uvas de la Hidra (Bookolia, 2016).

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2 comentarios

  • El 27.07.2018 , PALOMA ha comentado:

    Pues a disfrutar…. y a bailar!! Un besazo. Me encanta leerte!

  • El 27.07.2018 , Marta Rañada ha comentado:

    Y a mí saber que sigues ahí, Paloma!!! Un besazo!!!

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