13.06.2018

Vasarely en el Thyssen: Vuelve el ilusionismo óptico

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Victor Vasarely. 'Marsan-2'. 1964-1974. Vasarely Múzeum, Budapest. Victor Vasarely, VEGAP. Madrid, 2018.

Victor Vasarely. ‘Marsan-2’. 1964-1974. Vasarely Múzeum, Budapest. Victor Vasarely, VEGAP. Madrid, 2018.

Sus ojos no le defraudarán. El arte óptico ha vuelto de la mano de su inventor, el húngaro Victor Vasarely (Pécs, 1906 – París, 1997), quien utilizó con maestría los efectos visuales para crear pinturas o esculturas que parecen vibrar ante la mirada y que ahora el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza recoge en una amplia retrospectiva, como gran apuesta del verano.

Las décadas de los 60 y 70 conocieron la locura Vasarely. Sus composiciones abstractas, casi lisérgicas, estampaban vajillas, vestidos, minifaldas, fachadas. Una locura colectiva en la que se sumió Europa mientras en Estados Unidos Andy Warhol cosechaba fans con su Pop Art. Detrás de este arte cinético –así lo bautizó el propio Vasarely–, como señala el director artístico del Thyssen Guillermo Solana, “había un impulso radical, además de buscar la interacción con el espectador”. Y en ese querer llevar el arte a las masas, terminar con la separación entre el arte y la vida, el artista hungaro logró lo imposible, llenar de imágenes ópticas el campo visual de los europeos. Llegó la saturación y luego el olvido de aquello que fue tan moderno.

Ahora parece que Vasarely y el Op Art han vuelto a la vida. En Francfort y en el centro Beaubourg de París se preparan macro-exposiciones para el próximo año y en el Reina Sofía de Madrid se exhibe estos días una muestra sobre Eusebio Sempere, el español más vasareliano que tenemos. Es un choque brutal con algo que viene del pasado y que volverá a ser tendencia.

En El nacimiento del Op Art, del Thyssen, se ofrece una visión global de la vida y obra del pintor húngaro, quien realizó lo mejor de su producción en Francia. En la exposición, organizada con fondos del Museo Vasarely de Budapest, el Museo Victor Vasarely de Pécs y la Fundación Vasarely de Aix-en-Provence, están representadas las principales fases creativas de la carrera del artista.

Victor Vasarely. 'Stri_Oet' 1979. Vasarely Múzeum. Budapest. Victor Vasarely, VEGAP. Madrid, 2018.

Victor Vasarely. ‘Stri_Oet’ 1979. Vasarely Múzeum. Budapest. Victor Vasarely, VEGAP. Madrid, 2018.

Victor Vasarely. 'Kroa-MC', 1969. Vasarely Múzeum. Budapest. Victor Vasarely, VEGAP. Madrid, 2018.

Victor Vasarely. ‘Kroa-MC’, 1969. Vasarely Múzeum. Budapest. Victor Vasarely, VEGAP. Madrid, 2018.

Márton Orosz, conservador del Museo de Bellas Artes de Budapest, director del Museo Vasarely y comisario de la muestra, hace mención de la obra (en la colección permanente del Thyssen) El siglo XX (1927), del pintor húngaro Sándor Bortnyik, que representa el combate de dos figuras robotizadas, como el principio de lo que luego Vasarely iría desarrollando: la tecnología, las máquinas, la ecuación tiempo, duración y movimiento. Fue Bortnyik, además, quien fundó la Mühely, la escuela que se conoció como la Bauhaus Húngara y donde Vasarely estudió un año entero. Según él, Bortnyik les decía que “escucharan, miraran y compararan”. Allí aprendió todas las técnicas del diseño gráfico, la imprimación, los soportes, el uso de la regla, la escuadra, el compás y el aerógrafo. En sus memorias, Vasarely escribió con entusiasmo de lo que denominó segundo oficio: “El profesor Bortnyik nos dejaba elegir entre decorados teatrales, ilustración, fotomontaje, diseño, publicidad… Yo opté por los carteles y los anuncios de productos farmacéuticos”. Ahí lo tienen. La base de la lisergia en las medicinas, el opio, el dolor, el sueño y el descubrimiento de que el universo podía expresarse mediante formas y colores puros.

En 1955, ya en París, Vasarely comenzó a interesarse por la composición pura o la “pictoricidad pura”, una serie de elementos abstractos que se representaban con pocos colores, “el lienzo reducido a propia y pura expresión”. Ese concepto que llamó unidad plástica lo patentó en 1959. Las formas podían ser puntos, círculos, cuadrados o rombos. y los colores, no más de diez, agruparse en veinte tonos distintos.

La puesta de largo del arte cinético tuvo lugar en la galería Denise René de París. Le mouvement, que así se bautizó la exposición, creó polémica porque Victor Vasarely fue el único de los cuatro integrantes invitado a publicar un texto en el desplegable impreso en color Amarillo; de ahí el nombre que recibiría después: Movimiento amarillo. Convertido en jefe del ilusionismo óptico, la muestra tuvo una gran repercusión, amplificada en 1965 por la exposición The Responsive Eye en el MoMA de Nueva York.

El Optical Art y sus dos estrellas, Josef Albers y especialmente Victor Vasarely, coparon titulares de prensa y lograron la aceptación del público. El arte óptico se adueñó de todo. La revista Vogue dedicó una portada al Op Art con un montaje de una fotografía de Irving Penn y una serigrafía de Gerald Oster, y en el New York Times se leía que este arte era “lo más grande que había pasado desde el cubismo y probablemente será lo más grande que haya pasado en la moda desde la aparición de la camiseta”. Los gurús de la moda se mostraban entusiasmados y señalaban: “El Op Art es el largo de los vestidos de esta temporada”.

La buena estrella del Op Art duró algunos años. En los ochenta, Vasarely era el segundo artista más popular en las subastas después de Picasso, pero la burbuja se fue pinchando y es ahora cuando el artista húngaro parece renacer. Retrospectivas como la del Thyssen muestran que su obra ha permanecido en el tiempo, como su famosa cebra, la figura del animal en líneas blancas y negras pixeladas y tan utilizada en reproducciones en camisetas y textiles, varias esculturas y pinturas con el efecto tridimensional y su collage Space que viajó al espacio en el Soyuz, descubrirán a muchos la locura de forzar al ojo para enfocarlo de otra manera.

‘Victor Vasarely, el nacimiento del Op Art’. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Hasta el 9 de septiembre.

Victor Vasarely. 'Amir'. 1953. Vasarely Múzeum. Budapest. Victor Vasarely, VEGAP. Madrid, 2018.

Victor Vasarely. ‘Amir’. 1953. Vasarely Múzeum. Budapest. Victor Vasarely, VEGAP. Madrid, 2018.

Victor Vasarely. 'Zint-MC', 1960-1976. Vasarely Múzeum. Budapest. Victor Vasarely, VEGAP. Madrid, 2018.

Victor Vasarely. ‘Zint-MC’, 1960-1976. Vasarely Múzeum. Budapest. Victor Vasarely, VEGAP. Madrid, 2018.

Victor Vasarely. 'Ajedrez', 1980. Vasarely Múzeum. Budapest. Victor Vasarely, VEGAP. Madrid, 2018

Victor Vasarely. ‘Ajedrez’, 1980. Vasarely Múzeum. Budapest. Victor Vasarely, VEGAP. Madrid, 2018.

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Sobre el autor

Julia Luzán
Julia Luzán Periodista. Observadora de la realidad. En el diario El País durante 27 años. Antes, corredora de fondo en periódicos y revistas. Me gusta el arte, devorar libros y contar como son las cosas y adivinar que hay detrás de ellas. Puedes seguirme en Twitter @jluzan

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