03.04.2014

Vendo mi piel, razón aquí

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El ‘performer’ argentino Federico Sposato ofrece en la calle zonas de su piel como soporte de su proyecto Payxpiel. Por 60 euros, lo que cuesta el proceso, puedes tatuar tu nombre en su cuerpo. Según su autor, es una crítica a la mercantilización de la vida.

Pegado en farolas y semáforos del centro de Madrid, el anuncio parece uno más de esos en los que se ofrecen habitaciones en alquiler, servicio doméstico, clases particulares… Pero este anuncio, a cambio de 60 euros, ofrece piel. Piel humana. Es parte del proyecto artístico Payxpiel (Paga por piel) en el que está embarcado Federico Sposato (Argentina, 1984). Este performer de 29 años vende parcelas de su propia piel para que quien quiera tatúe en ella su nombre. En su hombro derecho y en su espalda, Sposato ya luce diez nombres. “Es gente que no conozco de nada y que van a tener un vínculo conmigo de por vida. No sé qué gente es, qué piensa, dónde vive, con quién se relaciona… No sé nada”. Morbo, espectáculo, masoquismo, crítica social… ¿Por qué una persona vende parte de su cuerpo, de por vida, como si fuera un soporte publicitario? Afincado en España desde hace 12 años, Sposato lleva desde 2008 indagando con sus obras sobre los límites del cuerpo humano y hoy desvela para El Asombrario las claves del proyecto Payxpiel, una obra de arte total que desafía los límites del compromiso creativo y que hace buena la famosa sentencia de que, en los genios, la propia vida es la obra de arte.

Pregunta. Mucha gente pensará que lo que haces es mera provocación.

Respuesta. Corremos el riesgo de que simplemente se quede en la anécdota, en el mero espectáculo. No tenemos control sobre el espectador. Los compradores son consumidores y, a la vez, participantes. Les preguntamos que por qué lo hacen, si comparten el mensaje o simplemente lo hacen por el morbo de poseer piel. Queremos situarles en esa reflexión incómoda.

P. ¿Cómo funciona el proceso si uno quiere que su nombre ocupe para siempre un lugar en tu piel?

R. La gente entra por Internet, paga mediante PayPal y en dos semanas les damos una foto y un contrato. Pueden tatuar en mi cuerpo su nombre, el apellido o un pseudónimo.

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El ‘performer’ Federico Sposato

P. Pero no lo haces por dinero, ¿cuál es el mensaje entonces?

R. Establecemos un precio de 60 euros. No nos estamos beneficiando porque eso es lo que cuesta hacerse el tatuaje. Vamos siempre al mismo estudio. Mi cuerpo es el soporte de la obra y la obra es el concepto, la idea, junto a todas las demás acciones: la campaña publicitaria, los vídeos, etcétera. Partimos del deseo que se produce mediante la publicidad. El sistema genera objetos de deseo que satisfacen una necesidad, es una satisfacción efímera, porque luego ese sistema genera otro objeto y un nuevo deseo. Se produce un bucle en esa necesidad de llenar un vacío. Queremos que la gente reflexione. Me interesa la idea de cómo nos construimos y de qué cosas hacemos para nosotros y qué es lo que hacemos condicionados por los demás. Hasta qué punto sacrificamos nuestros cuerpos y nuestras propias vidas en pro de encajar en un sistema. Intento evidenciar esto, conscientemente, para criticarlo. Muchas veces hacemos cosas sin saber por qué, ni si merece la pena.

P. ¿Es una crítica al sistema?

R. La vida se ha mercantilizado, todo se compra y vende. El sistema genera sujetos deseantes ávidos de consumir y consumir. Nosotros lo que hacemos es un proceso de identificación. Cogemos el sistema, analizamos cómo funciona y llevamos eso al extremo. No hay diferencia entre que yo me tatúe a los 29 años o en que alguien de mi edad se hipoteque 50 años y tenga que trabajar toda su vida en algo que no le gusta para, simplemente, ser parte de este sistema. Lo mismo pasa con un coche, con un iPhone.

P. ¿De cuántas partes se compone la obra? El propio anuncio callejero ya es una intervención artística, ¿no?

R. Estamos en la primera fase de la obra, lo que estamos haciendo es vender trozos del cuerpo: de momento hemos delimitado dos zonas, el hombro y media espalda. Estamos grabando todo el proceso, haciendo vídeos, fotos, murales…

P. ¿No te da miedo? ¿No piensas que te arrepentirás?

R. Claro que me da miedo. Creo en la obra, creo en el discurso, pero eso me genera conflictos continuos. Veo que llevo tatuados nombres de gente que no conozco de nada. Mi familia apoya lo que hago, pero no terminan de entenderme. No me voy a arrepentir, porque, si crees en lo que haces y tienes la convicción, no te arrepientes. Aparte de que no me puedo arrepentir, porque con cada tatuaje al participante se le da un contrato en el que yo me comprometo a llevar su nombre de por vida.

P. ¿Cuáles son tus referentes artísticos?

R. Trabajo sobre el género masculino desde el punto de vista heterosexual. Mis referentes son de los setenta, el situacionismo y las performances feministas. Yo llevo eso al terreno masculino.

P. También juegas con el concepto de lo legal y lo ilegal, porque la piel es un órgano y está prohibido comerciar con órganos humanos.

R. Estamos jugando con la metáfora, porque no vendemos la piel, sino su uso.

Uno de los nombres tatuados en el cuerpo de

Uno de los nombres tatuados en el cuerpo de Sposato.

P. También hay un componente masoquista: tatuarse duele. ¿El dolor subyace a toda relación mercantil?

R. Yo he trabajado siempre con el dolor, pero esta es la primera obra que me va a dejar una marca de por vida. Las relaciones que establecemos entre personas son meramente comerciales. Uno está con una persona porque puede beneficiarle de alguna manera. Eso genera un vacío que va mucho más allá del dolor físico.

P. ¿Hasta dónde vas a llegar?

R. La siguiente acción será un top-manta. Venderé yo mismo mi propio cuerpo en la calle, para que la gente elija dónde quiere tatuarse su nombre sobre mí. Cuando se acaben las zonas actualmente en venta las vamos a ampliar. No sé cuántas zonas del cuerpo voy a tatuarme. Es un work in progress. La obra en sí no va a cambiar porque tenga cien tatuajes o porque tenga cuatro, pero, cuantos más tatuajes voy teniendo, la carga es mayor. No sé hasta qué punto voy a llegar.

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Sobre el autor

Un comentario

  • El 03.04.2014 , Conchi T ha comentado:

    Creo en el concepto, comparto la crítica al sistema, ¿Hasta dónde sacrificamos nuestra vida por contentar a los demás? dejamos de hacer lo que realmente nos completa como personas por encajar en un entorno, no solo profesional sino sentimental.
    Yo me identifico con este sentimiento, firmo este contrato.

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