20.11.2013

‘The veterans’ dreams project’: los horrores de la guerra se cicatrizan con música

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Foto: © Vaughn Browne

El pianista Vijay Iyer y el rapero Mike Ladd después de tres años de trabajo y entrevistas a veteranos de las guerras nacidas bajo el paraguas del 11-S, presentan un proyecto duro en sus palabras y adictivo en su música: Holding it down: The veterans’ dreams Project.

Meses antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el pianista Vijay Iyer y el rapero Mike Ladd empezaron a trabajar en un proyecto sobre aeropuertos y los criterios raciales que utilizaba la seguridad a partir del caso del cineasta iraní Jafar Panahi, detenido, esposado y expulsado de Estados Unidos cuando tan sólo estaba en tránsito. Los atentados agravaron la discriminación y la paranoia por motivos de raza, por el color de la piel. De ahí surgió In what language? (2003). Tres años más tarde siguieron camino conjunto y acometieron en Still life with commentator los peligros de la cultura de la sobreinformación y la desconexión con la realidad en tiempos de canales con información las 24 horas del día. Ahora, después de tres años de trabajo y entrevistas a veteranos de las guerras nacidas bajo el paraguas del 11-S, presentan un proyecto duro en sus palabras y adictivo en su música: Holding it down: The veterans’ dreams Project.

“Puedo asegurar que la gente a la que le gusta el disco Accelerando, mi otra música, no va a escuchar esto. No consigo que lo escuchen, es muy difícil lograr que se preste atención a algo que te hace sentir muy culpable cuando lo afrontas. Es un examen muy difícil al que enfrentarse. Se trata de que la gente escuche algo que de alguna forma es imposible de escuchar. Así que la música se convierte en una especie de transporte para eso y esperamos que la fuerza en sí de la experiencia estética ayude a entregar el mensaje de una forma diferente”. Vijay Iyer, uno de los creadores más relevantes del jazz en la última década -acaba de recibir la codiciada beca para la creación de la Fundación MacArthur (625.000 dólares) y en enero empezará a dar clases en la Universidad de Harvard-, reflexiona con El Asombrario & Co sobre la dificultad para digerir la crudeza del mensaje de su nuevo trabajo junto a Mike Ladd.

Los sueños, pesadillas y visiones surrealistas de algunos veteranos de las guerras de Iraq y de Afganistán son el cimiento de su proyecto, la vía de entrada al horror de la guerra y una forma de reflexión desde el arte y la música sobre las consecuencias que éstas tienen en las vidas de estos veteranos… de color. “Esas guerras que se han hecho en nuestro nombre eran en sí mismas muy raciales, tenían que ver con ir a la tierra de la gente de piel morena, a matar al enemigo. Se utilizó el discurso racial para deshumanizar al que llamaban ‘nuestro enemigo’. Al mismo tiempo un gran porcentaje de soldados era gente de color que tenía que luchar contra esta especie de conciencia diabólica”. Eso le pasó a Lynn Hill que, aunque no pisó ni Iraq ni Afganistán, sentenció desde Las Vegas la vida de muchas personas. Hill pilotaba drones. En el disco, recita: Cuando estaba en la cama, lo último en lo que pensaría sería en las familias de esa otra gente, en cómo se parecen a mí y en que yo podría haber estado al otro lado de esos puntos de mira.

Lynn Hill cicatriza sus heridas de guerra con este proyecto al igual que Maurice Decaul, poeta que sirvió con los Marines en Iraq en 2003. Ambos han tenido la valentía de dar la cara, de exponerse a través de sus pesadillas, producto de sus terribles experiencias, y recitarlas sobre la música de Iyer y Ladd. “Trabajamos con veteranos de verdad, que reúnen sus historias, no sus recuerdos, sino historias de sus sueños. Hablan de partes de sus mentes que generalmente permanecen ocultas incluso para ellos mismos. Buscan la forma de sincerarse sobre lo que pasa por sus cabezas por la noche cuando no hay nadie allí, cuando no tienen el control. Así que, de alguna manera, se trata de escucharles y enfrentarse a eso. Ahora es parte de todos nosotros, todos estamos implicados en estas guerras porque, al menos como americanos, pagamos por ellas. Pagamos impuestos que financian estas horribles intervenciones de las que somos culpables”, reconoce Vijay Iyer. A las historias del resto de veteranos de guerra que se recogen en el disco les ha dado forma Mike Ladd a partir del contenido de las entrevistas. De ellos apenas conocemos el nombre de pila, en ocasiones falso. “Queríamos que se sintieran lo suficientemente libres para compartir sin sufrir repercusiones. Algunos de ellos nos contaron cosas que son ‘top secret’ o que están clasificadas, lo que significa que contienen informaciones que se supone que nadie debe tener; o tienen historias que quizá no están listos para ver publicadas o contienen barbaridades que… Es difícil encontrar gente que esté lista para sincerarse y aceptábamos eso como condición, porque lo importante era permitir que se expresaran”.

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Escuchar sus historias, sus pesadillas, tratar de entender su situación, no implicaría necesariamente oponerse a la guerra o estar en contra del ejército. Una aparente paradoja que Iyer, que se define pacifista, resuelve: “Para ganarte realmente la confianza de la comunidad militar, para que quieran abrirse, tienes que dejar de lado esa parte de ti. De esa forma puedes escucharles como son y no juzgar sus vidas, sus elecciones vitales o las circunstancias que les llevaron a hacer lo que hicieron. Eran sobre todo trabajadores muy mal pagados que seguían órdenes, que vienen de clases económicas bajas, de la pobreza en muchos casos. Para ellos, alistarse con los militares es una de sus pocas opciones. Lo hacen porque intentan hacerlo bien, porque intentan lograr un trabajo y salir de la pobreza. Los militares de Estados Unidos, dado que es un ejército compuesto enteramente por voluntarios, pueden hacer lo que llamamos ‘reclutamiento depredador’. Van a las comunidades pobres, a las comunidades minoritarias o desfavorecidas y les hacen ver que alistarse es lo mejor que les pasará nunca. Van a los institutos de comunidades negras muy pobres y les animan: ¡Eh, ven con nosotros! Aprenderás un oficio y conseguirás un trabajo. Es una especie de estafa, engañan a la gente para que se aliste. Así que cuando vuelven a casa después de vivir estas experiencias, de haber pasado por todo eso, no tienen muchas opciones y muchos se encuentran en el paro. De hecho, porcentualmente más veteranos están en paro que civiles. Este es el tipo de cuestiones que tenemos que afrontar”.

¿Cómo llevan los veteranos de color los irreversibles cambios de su vida? ¿Cómo consiguen pasar página y dejar atrás lo que es imposible de explicar y explicarlo? ¿Sobre qué sueñan? ¿Cómo hacen para seguir de pie? Son preguntas que Vijay Iyer y Mike Ladd se hacen. Algunas de las respuestas las encuentran en las diecisiete canciones que forman parte de este asombroso trabajo creativo que supera las etiquetas para imponerse como una abrumadora demostración de la fuerza del arte para la comprensión de nuestro tiempo, en este caso en el trabajo conjunto de músicos y veteranos de guerra. “Es como una especie de estética no actuada que, de hecho es tan real, que puede irrumpir y pasar por encima de cualquier cuestión artística. Ni siquiera es documental, porque es una persona que está delante de ti. Se trata de que compartir su realidad, su existencia. Su presencia puede crear una especie de alteración de la noción de arte, eso fue una revelación para mí. ¿Qué es lo que estamos haciendo? ¿Dónde estamos siendo buenos como artistas? Porque esto es mucho más real que lo que nosotros hacemos”, concluye el pianista.

Puedes escuchar la entrevista completa con Vijay Iyer y la música del proyecto en el programa ‘Club de Jazz’

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Sobre el autor

Carlos Pérez Cruz
Carlos Pérez Cruz, músico y periodista. Desde 2001 dirige el programa ‘Club de Jazz’, dedicado al jazz y músicas improvisadas. Colabora con el programa ‘Carne Cruda’ de Javier Gallego (antes en RNE3 y la Cadena SER), donde dirige la sección 'Bienvenidos al club'; con Radio Vitoria (EiTB) y la revista ‘Cuadernos de Jazz’. Desde 2012 mantiene el blog/podcast ‘Todos los caminos están cerrados’, dedicado a los Territorios Ocupados de Palestina.

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