24.06.2020

El western de Hernán Díaz que rompe los estereotipos de raza y género

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Retrato de Hernán Díaz por Jason Fulford.

Estados Unidos, 1850, antes de la Revolución Industrial. Es decir, cuando el mundo como lo conocemos todavía no había empezado a armarse. Un momento muy rico literariamente, ya que en él cabe todo: fantasía y realidad, pasado y futuro, crítica y posibilidades, amor por la naturaleza y su posterior destrucción, invención y descubrimiento… Unas coordenadas que el escritor Hernán Díaz –argentino criado en Suecia y ahora con residencia en EE UU– ha usado para guiarse en ‘A lo lejos’, un western que rompe con todas sus reglas clásicas, que llegó a ser finalista del Pulitzer y del PEN / Faulkner. Publicado en 2018, ahora Impedimenta lo trae al español traducido por Jon Bilbao.

La historia nace de una peregrinación imposible a través de EE UU.

Sí. Se trata de un joven sueco que alrededor de 1850 vive en condiciones paupérrimas, en una sociedad rural, casi feudal, es analfabeto y sus padres deciden enviarlo a él y a su hermano a América a probar mejor fortuna. Pero se desencuentran en un puerto, él toma el barco equivocado y en vez de ir a Nueva York, que era su destino, termina en San Francisco y va a contrapelo de la gran migración hacia el Oeste. Él va hacia el Este porque decide cruzar el continente de costa a costa en busca de su hermano y termina solo y perdido en la inmensidad americana.

Enmarcas el libro en EE UU, pero tiene cierta invención. ¿Por qué decidiste hacer este juego?

No es totalmente inventado, es una mezcla, hay muchísimas referencias reales e históricas, pero las descripciones geográficas en general sí son inventadas. No es un EE UU caprichoso, mágico o totalmente desanclado de la realidad; es un EE UU al que llegué a través de la literatura. También es un EE UU de un siglo y medio, no hay modo de acceder a él más allá de un trabajo de archivo, y eso fue lo que hice mucho, trabajar con documentos de la época. Esa es la parte real. La ficticia, la artificial, tiene que ver con imaginar ciertas texturas, ciertos detalles que son irrecuperables, que no están archivados en ningún sitio. Entonces es una combinación de esos dos factores para realizar un momento crítico en la historia americana, la mitad del siglo XIX.

¿Por qué dices que es un momento crítico?

Digo que es crítico porque es el momento en el que EE UU, en primer lugar, se está consolidando como una nación en doble sentido: territorialmente e institucionalmente. Es justo también el momento previo a la Guerra Civil y, sin embargo, al ser justo antes de la Revolución Industrial, es el momento en el que, de algún modo, la gran maquinaria capitalista está empezando a conformarse. Todavía no existe, por lo que me gustaba esta idea de una nación con un destino poco claro en ese momento que podría haber ido en otra dirección, pero ya estamos viendo los signos de lo que devino. Me gustaba esa indeterminación de ese momento histórico, ya que un par de décadas más tarde todo es diferente.

Sin embargo, sí que dejas ver esa evolución de la que estás hablando hacia el capitalismo, cómo ese pueblo que aparece al principio y al final no tiene nada que ver.

Sí, creo que el título A lo lejos para mí siempre tenía que acabar con eso, con ciertos procesos históricos que suceden justo más allá de lo que él puede ver justo un paso más allá del horizonte. Al protagonista le llegan ecos distantes de estos procesos que no termina de entender tampoco; los grandes hitos del siglo XIX suceden durante los años de la novela. Ya hablamos de la migración hacia el Oeste, pero también de la Guerra Civil, el ferrocarril, el telégrafo, la liberación de los esclavos… Todos ellos son realmente los grandes hitos del siglo XIX norteamericano, que suceden durante la novela, pero él apenas se entera.

Ese no entendimiento de la realidad del protagonista, ¿hace que en el libro se dé una mezcla entre fantasía y realidad?

Creo que el personaje principal y los personajes que lo rodean están haciendo un gran esfuerzo por entender la realidad que los rodea, por entender su contexto, cuál es su lugar en esa realidad. Y todas las explicaciones a las que llegan son bastante distorsionadas y no del todo veraces o eficaces. Por eso hay una mezcla de realidad y ficción. Me interesaba ese desfase entre las narrativas que nos inventamos para entender el mundo y la realidad con todo su peso. Esa disonancia.

Este periplo de atravesar todo EE UU se podría incluir en el género western, pero abordado de manera atípica. ¿Por qué enfocarlo así?

Me hubiese parecido obsceno y objetable escribir un western típico, dada la situación del mundo en que vivimos hoy. El western es un género altamente ideológico, mucho más ideológico que otros; en el western se juegan tantos estereotipos raciales, estereotipos de género sexual… y digamos que medio elogian la política ultra conservadora. Tenía que desdibujarlo para poder hacer una crítica de esas estancias ideológicas que se hayan socializadas en el género.

Aparte de un western atípico, es una novela de aprendizaje en la que los ojos del lector van creciendo a la par que el protagonista.

La cuestión de la novela de aprendizaje aparece en bastantes lecturas, críticas y demás… Pero para mí la gran diferencia con este tipo de novela es que en general al final el personaje aprende. Un protagonista que viene de una clase baja y que acaba aburguesándose la mayoría de las veces. Esto no sucede en mi novela, creo que hay otras formas de aprendizaje tal vez, pero no el aprendizaje entendido como domesticación, que es lo que me parece que está en el corazón de este género de novelas de aprendizaje.

Se ve una evolución en el personaje, cómo va aprendiendo a relacionarse con la naturaleza, cómo se relaciona con la gente, ese amor hacia todo que va despertando en él al igual que en el lector.

Sí, sin lugar a dudas.

Se trata también de una novela de amor a la naturaleza, de cómo el protagonista se relaciona con ella y cómo evoluciona en esa relación.

Sí. Para mí es un punto importante dentro del libro por los motivos que hablábamos hace un par de preguntas, que la naturaleza aparece en este western clásico y en este momento histórico de EE UU. La naturaleza en esos westerns funciona como una especie de almacén, donde uno va a buscar materias primas para la producción de mercancías. Seguimos concibiendo la naturaleza de ese modo. Por ello, me interesaba tratar de retratar la naturaleza en primer lugar de un modo no instrumental: es algo que no está para servirnos, sino que somos uno con ella. Por otra parte, quería darle al mismo tiempo su lugar justo, no quería que apareciera como una fuerza digamos mítica, no quería que fuera una cosa panteísta, que dios está en todas partes de la naturaleza. Quería que fuera como una fuerza impersonal y cómo esa fuerza interactúa con los sujetos que se encuentran de algún modo sometidos a ella.

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Sobre el autor

Carlos Madrid
Terminé periodismo allá por 2013, pero, no sintiéndome suficientemente formado, me matriculé en lector insaciable, perpetuo viajero, musicodependiente, aprendelenguas... Difundo lo que me agita por dentro en aquellos lugares donde me toleran.

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