27.01.2017

Álvaro Colomer: “Nadie, ni el PSOE, pidió responsabilidades a Aznar por la guerra de Irak”

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El escritor y periodista Álvaro Colomer. Foto: Marta Calvo.

El escritor y periodista Álvaro Colomer. Foto: Marta Calvo.

El periodista y escritor Álvaro Colomer, que ha abordado en sus trabajos temas como el suicidio y la prostitución, se sirve de la batalla de Nayaf, en Irak, para poner otra vez el dedo en la llaga con su nueva novela, ‘Aunque caminen por el valle de la muerte’: Sobre el papel de España en Irak. Sobre la hipocresía del gobierno de Aznar, que nunca reconoció que Irak era sinónimo de guerra, y la hipocresía del gobierno de Zapatero, que ocultó a los mutilados cuando celebró ante la prensa la concesión de medallas de honor a los soldados de Irak. Sobre la alianza PP-PSOE para ocultar juntos los problemas más graves y no abordar de una vez los mayores retos de este país.

4 de abril de 2004. Nayaf, Irak. Los insurgentes chiíes atacan la base Al Andalus. Son las 9.30 de la mañana y el ejército español recibe la orden de no intervenir. Esta orden se mantendrá hasta pasadas las 13.00. El ejército norteamericano, contrariado desde hace tiempo por la no actuación bélica de los españoles, y el ejército salvadoreño reprimen la revuelta, mostrando desconcierto y cabreo ante la actitud de los españoles: “No tenéis pelotas” es la frase más repetida por parte de los salvadoreños a los españoles. Este es el hecho que narra el periodista y escritor Álvaro Colomer en Aunque caminen por el valle de la muerte (Random House), una novela coral, construida a partir de testimonios que describen aquello qué pudo pasar en una de las batallas más decisivas en las que participó el ejército español.

En pleno traspase de poderes –el PP acaba de perder las elecciones tras la victoria de Zapatero-, tras el 11M, el gobierno español es un lugar vacío, nadie toma decisiones, nadie sabe qué debe hacer el Ejército, cuya retirada está próxima. Colomer relata la batalla de Nayaf, pero a la vez reflexiona sobre el papel de España en Irak, sobre la hipocresía de un gobierno que nunca reconoció que Irak era sinónimo de guerra y sobre una incapacidad estructural de gestionar los acontecimientos, más allá de los focos y de los titulares. Aunque caminen por el valle de la muerte es una excepcional novela que, si bien perteneciendo al género bélico, lo trasciende convirtiéndose en una reflexión sobre la hipocresía del poder político, sobre la guerra como mercado y como profesión a través de la figura de los mercenarios, sobre el abandono a su suerte del ejército y sobre el individuo atrapado entre la violencia de la guerra a la que ha sido destinado y el deseo de regresar a casa, a esa vida que ha dejado en pos de un ideal perdido entre el miedo y los anhelos.

¿Cómo debemos leer ‘Aunque caminen por el valle de la muerte’, como una recreación literaria, como una novela de no ficción, como ficción…?

Hay dos maneras de explicar qué es Aunque caminen por el valle de la muerte; de forma más o menos culta y de una forma más vulgar. De forma culta diría que el libro hace suyo aquello que decía Nietzsche: no existen los hechos, sino la interpretación de los hechos. Nos encontramos ante una batalla, donde hay 500 soldados metidos en un territorio que es como tres campos de fútbol, cada uno dispara tiros por un lado y cada uno interpreta lo que está ocurriendo de manera distinta. Dicho de forma más vulgar: Aunque caminen por el valle de la muerte es una novela basada en hechos narrados, no en hechos reales. La mayoría de las cosas que se cuentan en la novela me las ha contado alguien y yo he cogido las versiones que me parecían más verosímiles y más coherentes con todo lo demás. Es imposible saber qué ocurrió en una batalla así, porque en una batalla todo es tan confuso que nadie, ni siquiera los coroneles y los generales, saben lo que ocurre en todo momento. Por ello, lo que hago es aceptar esta imposibilidad.

¿Y esta imposibilidad lleva a que no se pueda hacer un libro de no ficción sobre los hechos?

En un primer momento, pensé hacer una no ficción a partir de este tema, pero efectivamente es imposible: no puedes poner la mano en el fuego por algunas de las versiones. De ahí que decidí hacer una novela y reconstruir, a partir de todo lo que me habían contado, aquello que supuestamente pasó según un orden cronológico. Por esto, y retomando tu primera pregunta, creo que el lector tiene entre las manos una versión muy próxima a lo que realmente sucedió en Najaf, pero sin que sea absolutamente seguro que las cosas fueron así.

Sin embargo, a pesar de la no certeza de las versiones, la novela traza un retrato muy claro de las tropas norteamericanas, de las tropas salvadoreñas y de las españolas, solo que en el caso de las tropas españolas el retrato no es particularmente amable.

Lo que sí recoge la novela es el espíritu de las entrevistas que realicé y lo que es incuestionable es que todas las tropas coinciden en que los salvadoreños fueron impecables en su trabajo, fueron los que mejor lo hicieron en Irak. Luego hay discusión de si los americanos lo hicieron bien o lo hicieron mal, hay bastante unanimidad en que los mercenarios se excedieron y hay una unanimidad total por parte de todos los ejércitos en que los españoles no actuaron como debían actuar. Y esto es lo que recoge la novela. Yo no tengo nada a favor ni en contra del Ejército español, no tengo ningún interés en dejar mal al Ejército español, pero lo que es una realidad es que, haciendo entrevistas a los que estuvieron en la batalla de Najaf, me di cuenta de que todos ellos, independientemente de su nacionalidad, coinciden en que los españoles tuvieron actuaciones muy negativas y un gran hecho heroico: salvar a los salvadoreños, cuando era extremadamente peligroso al final de la batalla de Nayaf. Sin embargo, durante todo el resto de la batalla el Ejército español actuó mal, seguramente por cuestiones políticas.

Todo empezó con Estados Unidos pidiendo la intervención del Ejército español ante el poder que Muqtaba Al Sadr estaba adquiriendo en Nayaf y la decisión por parte del general español Coll de no intervenir.

En parte, pues podríamos decir que la discrepancia entre el ejército norteamericano y el ejército español empieza incluso antes: Estados Unidos tiene gran interés en que los países de la coalición, más allá de Inglaterra, se comprometieran en la guerra y que no consideraran que estaban en una posguerra, es decir, que no consideraran que su función era solo la reconstrucción y la pacificación. Sin embargo, los países de la coalición dicen que no quieren actuar, que sus leyes de enfrentamiento, las ROES, no les permite actuar bélicamente y que ellos han ido solo a reconstruir y a pacificar Irak. Estados Unidos ve que se está preparando un levantamiento en todo Irak por parte de diferentes ejércitos insurgentes y ve que la prensa internacional los está acusando de haber actuado unilateralmente, por ello quieren que los otros países intervengan y no se limiten a reconstruir iglesias. De ahí que Estados Unidos pida al Ejército español que asalte la mezquita de Kufa, que es donde estaba asentado Muqtada Al Sadr, pero asaltar una mezquita estaba completamente prohibido y, además, hay que pensar que Nayaf es la ciudad santa de los chiíes y realizar intervenciones bélicas ahí era muy delicado. El ejército español se niega a realizar este asalto y a partir de este momento comienza la polémica: Estados Unidos empieza a buscar una fórmula de implicar a los españoles.

La pregunta clave es si hubo una traición por parte de los norteamericanos: ¿Las tropas estadounidenses detuvieron a Al Yacubi, lugarteniente de Muqtaba Al Sadr en Nayaf, llevando bandera española?

Hay muchas teorías al respecto. La CNN llegó a decir que Al Yacubi fue detenido por los españoles, pero se sabe que no fue así, se sabe que fue detenido por el Quinto Regimiento de los boinas verdes de los SILS. Sin embargo, las dudas aparecen porque la esposa del detenido declaró que los secuestradores -así llamaba ella a los militares- que detuvieron a su marido hablaban en castellano, algo absolutamente posible pues en el ejército norteamericano hay muchísima gente que habla español.

De hecho, el general norteamericano que estaba al cargo de esta misión se llamaba Ricardo Sánchez.

Sí, era de origen mexicano, aunque nacido en Norteamérica, como muchos otros. Lo que pasa es que la mujer de Al Yacubi declaró también que vio bocamangas con banderas españolas, algo poco creíble porque durante un asalto en el que te entran en casa ocho militares para llevarse a tu marido es muy difícil que tú te fijes en la bandera de las bocamangas. Lo más probable es que ella imaginara que los soldados eran españoles puesto que todo el territorio estaba controlado por los españoles y, por tanto, es comprensible que a la hora de reclamar a su marido fuera al cuartel español. Lo que es cierto es que cuando los americanos hicieron esta intervención no avisaron a los españoles y esto sí puede considerarse una traición, porque los americanos eran conscientes de que, inmediatamente después de apresar a Al Yacubi, la gente reclamaría su liberación al cuartel español y acusaría al Ejército español del arresto. ¿Los americanos intentaron que pareciera que habían sido los españoles los responsables del arresto? Muchos lo dicen, pero es raro. Pero de lo que no hay duda es de que los americanos no avisaron a los españoles y que, por tanto, sabían que, al no avisar, estaban provocando una situación en la que los españoles se verían implicados directamente y en conflicto armado es seguro.

Durante la batalla, una frase que salvadoreños y norteamericanos dirigen repetidamente a las tropas españolas es: “Los españoles no tenéis pelotas”. ¿Fue tanta la incapacidad del Ejército español?

Hay que ir con cuidado. No se puede hablar de la incapacidad de la tropa, es la incapacidad de los políticos. Esto sucede en 2004, una vez que Aznar ya ha perdido las elecciones, pero no ha soltado todavía las carteras y, por tanto, sigue siendo el presidente, mientras que el PSOE ha ganado las elecciones, pero todavía no tiene los poderes. Es decir, la batalla sucede un 4 de abril de 2004, en pleno traspaso de poderes, a menos de un mes del 11M y con manifestaciones constantes en contra del PP. En esos días, el PP tiene una obsesión: que no llegue ni una sola mala noticia de Irak. En este contexto el descontrol político era completo y ante toda toma de decisión sobre Irak, el PP exigía que el PSOE decidiera y el PSOE respondía que ellos todavía no tenían el poder…

Puesto que no se puede hablar de un vacío de poder, ¿podemos decir que nadie quería asumir responsabilidades?

No, no había un vacío de poder, las decisiones todavía estaban en manos del PP, lo que pasa es que el PP no quiere tomar decisiones. Todos los altos mandos que he entrevistado comentaban precisamente que llamar a Madrid era un caos y no conseguían ninguna orden, pues Trillo estaba más preocupado en dejar su puesto como ministro de Defensa y, por tanto, no estaba para asumir ninguna decisión que acarrease algún problema, y Bono todavía no podía tomar decisión alguna.

Ante esta ausencia de órdenes, en la novela cuentas cómo algunos soldados españoles deciden por sí solos intervenir.

Hay un momento en el que algunos soldados actúan por libre y luego, a partir de la una de la tarde del 4 de abril, los militares españoles reciben la orden clara por parte del coronel Asarta de intervenir en la batalla. Lo que sucede es que la orden llega pasada la una del mediodía y la batalla había comenzado en torno a las 9.30/10 de la mañana. Durante tres horas los americanos y los salvadoreños se quejan de que, siendo el cuartel español, los españoles no están interviniendo como debieran: defienden el cuartel, pero el grueso de soldados no está actuando como se supone que debían actuar en ese momento de enfrentamiento.

La batalla de Nayaf es la culminación de una serie de errores que tiene como origen el no querer admitir que están en un conflicto. Tu personaje, el sargento Jorge Martín del Pozo, al regresar a España se lamenta de que no se le reconozca que ha estado en un conflicto bélico.

Lo que sucedió es que la mayoría de países que fueron a Irak, salvo Estados Unidos e Inglaterra, iban oficialmente a reconstruir el país y no a una guerra, aunque allí se encontraron con un contexto bélico. Estados Unidos ocupa Bagdad, tira la estatua de Sadam Hussein y, a partir de entonces, se da por hecho que la guerra ha concluido, aunque era obvio que no era completamente así, pero los países europeos que van, salvo Inglaterra, dicen que el motivo de ir a Irak es la reconstrucción. Pero es evidente que el motivo de la reconstrucción es un intento de no decir abiertamente que van a una guerra en la que puede haber caídos.

Recuerdo cuando en el Parlamento a la ministra Ana Palacio se le escapó la palabra “guerra” y en seguida tuvo que rectificar. Fue un lapsus muy locuaz.

Freud habría dicho mucho de esto. Y es que lo que pasaba era precisamente esto: no se quería reconocer que Irak era una guerra. Sin embargo, como el personaje al que aludías, los militares reclaman que se les reconozca que estuvieron en una batalla muy importante como la de Nayaf y quieren que se les reconozca que salvaron el tipo para salvar a salvadoreños e iraquíes. Lo que pasa es que no se les reconoce todo esto porque no se quiere reconocer que ir a Irak fue ir a una guerra. Este es el problema que hay y que viene de antes: los estadounidenses sabían que Irak no era un lugar donde se podía ir solo a pacificar y a reconstruir, pero los españoles también lo sabían. En efecto, el general Ayala hizo un informe sobre la situación en Nayaf en el que decía que los españoles no podían llevar a cabo el proyecto de reconstrucción puesto que Nayaf era un auténtico polvorín. En esta circunstancia se entiende que los norteamericanos no tuvieran buena relación con los españoles, a quienes veían como gente que iba a Irak a distribuir caramelos, y se entiende que los españoles tuvieran mal rollo con los norteamericanos, pues la orden que tenían los españoles era de no disparar a menos que fueran directamente atacados.

¿Podemos decir que la participación en el conflicto de Irak fue una pantomima, es decir, hacer ver una cosa que no era?

En parte. En el momento de la guerra con Irak, Bush necesitaba como aliado un país europeo e Inglaterra no contaba porque no era completamente europeo. Aznar vio allí una ocasión perfecta para su propio ego y para posicionar intencionalmente a España a partir de su concepto de España. Sin embargo, las órdenes que se dan a los militares que van a Irak es que no pegaran ni un solo tiro: de cara al mundo y sobre todo de cara a Estados Unidos Aznar da la imagen de que el ejército español va a la guerra, pero una vez en Irak lo que ven los demás ejércitos es que España va solo a reconstruir, cosa que hicimos bien, pero que, como te decía antes, no podía llevarse a cabo porque Irak era un lugar de conflicto. Y ojo, además, hay que tener en cuenta que allí donde el ejército español fue a pacificar, no sólo no pacificó, sino que apareció la insurgencia. En efecto, Nayaf fue el núcleo de toda la insurgencia chií que luego saltó en el sur de Irak.

La retirada de las tropas por parte de Zapatero fue aclamada por la opinión pública, pero muy criticada por parte de los ejércitos salvadoreños y norteamericanos, como se refleja en la novela.

La orden de retirada de las tropas dada por Zapatero, muy bien hecha a ojos de los españoles, estuvo muy mal hecha a ojos de la coalición, principalmente porque la base de Nayaf era española y la retirada se hizo de la noche a la mañana. El ejército se retiró de Nayaf durante la noche y pilló desprevenidos a salvadoreños y norteamericanos, que durante unos días tuvieron que vivir de los alimentos que quedaron, puesto que no podían llegar refuerzos a la base. Los salvadoreños y los estadounidenses fueron dejados en una situación muy complicada porque los españoles se largaron de forma improvisada.

Incluso apoyando la retirada de las tropas, más de uno criticó el modo en que lo hizo Zapatero.

Se criticó la velocidad de la retirada. Es verdad que Zapatero había hecho la promesa de retirar las tropas y bien que hizo al retirarlas, pues todos queríamos que se fueran de Irak, pero el modo en que se desarrolló no fue el adecuado. No sólo nos fuimos mal respecto a los otros ejércitos, sino también respecto a la población: el Ejército español tenía la responsabilidad de toda la región, no sólo de Nayaf, y, por tanto, todo lo que ahí sucedía estaba bajo su supervisión. La retirada de los españoles dejó un vacío tremendo y dejó a los iraquíes en una situación pésima, en concreto a los iraquíes que habían trabajado con el Ejército español. De hecho, tiempo después, Amnistía Internacional preguntó a Bono qué diablos había pasado con los iraquíes que habían trabajado con el ejército y a los que se les había prometido nacionalización.

¿Y qué contestó Bono?

Bono respondió que las cosas se habían hecho como se habían hecho y que no era su responsabilidad. Lo cierto es que a esa gente se la dejó tirada. Piensa que a raíz de la batalla de Nayaf, España envió prisioneros a Abu Ghraib, antes de que estallara la polémica sobre lo que sucedía en esa cárcel y por tanto antes de que se supiera lo dantesco de la realidad de esa prisión y todo lo que allí se hacía. España, decía, envió prisioneros a Abu Ghraib y cuando abandonó Irak, no los reclamó y los dejó abandonados sin juicio y sin nada. Hay un prisionero muy famoso y que actualmente trabaja con los corresponsales de guerra como traductor, Flayeh Al Mayali, que fue acusado de participar en el atentado de los siete agentes del CNI, acusación que aparentemente fue falsa, y que estuvo en Abu Ghraib durante meses, permaneciendo en la cárcel después de que los españoles hubieran abandonado Irak. Cuando, sin saber que las tropas españolas ya se habían ido, preguntó a un carcelero qué sucedía con su caso, lo dejaron salir, completamente desamparado, porque ya no había denunciante y nadie se hacía cargo de él ni de su caso.

Dices que cuando el Ejército español enviaba presos a Abu Ghraib aún no había saltado mediáticamente el escándalo de las torturas que allí se realizaban, pero ¿de verdad el Ejército español no sabía nada de lo que sucedía allí dentro?

Ante todo, hay que decir que lo normal era enviar los presos a Abu Ghraib al ser la cárcel principal, eso sí bajo control de Estados Unidos. Yo creo sinceramente que los altos mandos españoles no sabían lo que pasaba allí dentro, básicamente porque creo que los altos mandos españoles no sabían por lo general lo que estaba pasando en Irak. Los militares españoles estaban allí haciendo su trabajo de reconstrucción, pero sin tener ningún control de la guerra; eran un pequeño ejército entre tantos bajo el control de Estados Unidos y, como siempre suele pasar, los soldados muy pocas veces conocen las razones de las órdenes que se les dan o los motivos que su presencia en ese contexto bélico.

Y todo esto, en ningún momento ha manchado la figura de Aznar.

Nada ha manchado la figura de Aznar.

Si bien era el responsable último de todo y el responsable de la participación española en la guerra de Irak.

Sí, él envío el ejército a Irak, pero por lo que se refiere a la batalla de Nayaf, ¿cuál es la responsabilidad de Aznar? En la batalla hubo cosas que se hicieron mal, pero no se hicieron voluntariamente mal. Hubo chapuzas: piensa en el momento en el que los soldados españoles atrincherados van a disparar y las armas no funcionan. Esto define el comportamiento del Estado y, consecuentemente, del ejército durante el resto de la guerra, pero no se puede culpar a nadie, es el reflejo de un problema intrínseco. No creo que si hubiéramos ido a Irak bajo la presidencia de Felipe González nuestro papel hubiera sido mejor. La responsabilidad de Aznar es habernos llevado hasta una guerra, pero no por la batalla en sí.

Cada vez que se pedía al Ejército español intervenir, desde Madrid se preguntaba si había posibilidad de que hubieran bajas. De ahí que siempre se decidiera no intervenir. ¿El gobierno del PP, incluso antes de la campaña electoral, sabía que no podía permitirse bajas ante la presión de la opinión pública, contraria a la guerra?

No estaría tan seguro de que el PP no se podía permitir víctimas, pues hubo muchas. Date cuenta de que los españoles nos manifestamos en contra de la guerra, salimos a las calles, protestamos y, a pesar de todo, hasta antes del 11M, las encuestas decían que el PP iba a ganar nuevamente con mayoría absoluta, con lo cual se deduce que la guerra tampoco nos afectaba tanto a la hora de decidir el voto: estábamos en contra de la guerra, pero la mayoría de votantes, a pesar de esto, no le quitaba el apoyo al PP. Y esto porque una vez que se vio que Aznar iba a tirar hacia delante de todos modos e iba a enviar tropas a Irak, mucha gente se desentendió de la guerra. Y esto me parece gravísimo, porque en Irak murieron muchos españoles, más de un periodista… No se puede decir que si hubiera habido muertos en Irak el PP habría perdido antes el apoyo, porque de Irak trajimos muchos muertos. Y ese desinterés de la gente se produjo de modo natural y continúa hoy día. Estoy convencido de que si hoy mismo, si le preguntas a la gente si España tiene tropas en Afganistán, muchos no te sabrán contestar. Y es tremendo.

¿Y a qué crees que se debe esta falta de conocimiento?

El principal motivo es que el Ministerio de Defensa no lanza comunicados ni informa acerca de sus actividades. Mientras los ministerios de Defensa de otros países comunican sin complejos dónde están sus tropas, si hay bajas, qué actividades realizan…. Aquí en España, donde hablar del ejército es siempre complicado, se opta por no informar. El Ministerio hace lo contrario de lo que debería hacer: silencio y no comunica nada.

Y en cuanto a la guerra de Irak, se hizo mucho silencio en torno a las víctimas. Pienso en el caso de José Couso: nadie quiso investigar, ningún partido… En este sentido, las víctimas molestaban y siguen molestando.

Claro que las víctimas molestan, y molestan a los dos grandes partidos por igual. Con esta alianza PP-PSOE, alianza que viene de lejos y que, por mucho que se diga, no es de ahora, aquí en España no se ha investigado nada. Es paradójico que el propio Bush, el malo malísimo, ordenara después de la guerra una investigación al Congreso de Estados Unidos sobre la existencia de armas de destrucción masiva y aquí nadie interrogara a Aznar sobre ello. Es verdad que Bush ordenó la investigación cuando estaba a punto de irse, pero la ordenó. En Inglaterra, el informe Chilcot fue reclamado por el Parlamento Británico y supuso un palo muy fuerte para Blair, que tuvo que salir ante los medios diciendo que se arrepentía y que lamentaba que la existencia del Estado Islámico se debiera a esa guerra fallida contra Irak. Es decir: Blair reconoció que el Estado Islámico viene de aquellos lodos.

Y en cambio, Aznar…

A Aznar nadie le pidió responsabilidades ni se abrió en el Parlamento español ninguna investigación. El PSOE no ha preguntado nada acerca de lo sucedido en Irak y esto porque comparten un mismo concepto de status quo según el cual es mejor no remover la mierda. El caso de José Couso lo conocemos gracias al esfuerzo de la familia, de la misma manera que el caso del Yak-42 lo conocemos gracias a los familiares que lo han denunciado, por mucho que ahora Dolores de Cospedal parezca la gran heroína de este caso. Han pasado diez años desde el Yak-42 y nadie ha hecho nada. Y en cuanto a Nayaf, son los soldados y los militares los que han querido que se conozca lo que sucedió allí y los que han intentado dar a conocer la batalla, pero su versión es negada. Yo hablé con José Bono de lo sucedido en Nayaf y me dijo que eso no era una batalla, sino simplemente un tiroteo.

Y eso que los militares, por reglamento del ejército, tampoco pueden hablar ni denunciar públicamente aquello que vivieron en Nayaf…

En absoluto, los militares no pueden hablar de lo que allí sucedió ni de lo que sucede dentro el ejército. No pueden hablar ni los militares de abajo ni los de arriba, aquellos de más alto rango.

Y de esta manera, sigue sin hablarse de lo que pasó con las tropas españolas en Irak.

Lo hicieran las tropas bien o mal en Irak, lo cierto es que muchos murieron, muchos volvieron heridos y con traumas de dimensiones tremendas. Lo que sucede es que no se habla de todo ello, como no se habla de los suicidios en el ejército, de los problemas psicológicos de los soldados tras estar en guerra, de los problemas laborales y del sentimiento que muchos soldados tienen al volver a casa. Esos soldados vuelven con la convicción de haber servido a su país y lo que se encuentran es el más completo olvido.

Imagino que todavía más en el olvido están aquellos soldados que volvieron heridos.

Efectivamente. Hay un reportaje muy famoso que se publicó en El Mundo en el que se narra cómo Zapatero concede medallas de honor a los solados que regresaron de Irak ante las cámaras, a todos menos a los tullidos, a quienes las medallas se las dieron en una habitación por separado y sin periodistas delante.

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Sobre el autor

Anna María Iglesia
Anna Maria Iglesia quiso hacer periodismo, pero la literatura la atrapó. Se decidió por la filología, aunque pronto se dio cuenta que aquel estudio todavía tan historicista no era su camino, así que tras licenciarse en filología italiana se adentró en la teoría literaria y en la literatura comparada. Se volvió a licenciar, está vez en teoría de la literatura y literatura comparada y no contenta decidió proseguir con el master, la tesina hasta llegar al doctorado. Desde hace dos años y medios se pelea cada día con una tesis a medio hacer acerca del concepto de espacio público y de espacio privado como construcción narrativa. No soporta que le pregunten, "¿y cuándo la defiendes?". Al mismo tiempo, contrarresta la soledad de la doctoranda, colaborando con distintos medios, como Revista de Letras, Culturamas, El Cotidiano o el Núvol; en todos ellos alterna artículos culturales, desde reseñas de libros, reportajes sobre obras teatrales hasta reflexiones críticas vinculadas al ámbito de la literatura, del teatro o, en ocasiones, del cine, con entrevistas, su verdadera pasión. Y es que nada le agrada más que acrecentar su horizonte a través de largas conversaciones: escribir y hablar la definen. Twitter @AnnaMIglesia

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2 comentarios

  • El 01.02.2017 , soldado en irak ha comentado:

    yo estuve alli y no das ni una,se quedaron sin alimentos?la cocina comedor y todo todo lo demas en nayaf era americano,en nayaf solo habia medicos españoles y alguno mas para hacer guardia guardias que salian desde diwaniya donde estaba toooooooooodo el contingente,en nayaf solo habia unos 30 soldados en los que 20 eran sanitarios,informate bien lo que sucedia en diwaniya toooodas las noches desde el 3 de enero,cada noche ataques de fusileria y de todo.orden de no disparar?jaajaj,la orden era que no podiamos disparar primero.todo el contingente estaba en diwaniya alli habia dos bmr haciendo guardia todos los dias y entre mandos y soldados menos de 30 y todos sanitarios y de radio.salvadoreños?estaban en otra base muy lejos de los españoles de nayaf no en la misma base.no dan la orden tarde esq no habia soldados casi españoles hasta que llegamos sobre las 12 saliendo de diwaniya a las 10 de la mañana.no llegaban aveces nuestros paquetes de nuestros familiares x llevan municion que se recargaba diariamente-la base de nayaf su logistica era toda de los americanos,me encantaba ir de guardia por lo bien que se comia en comparacion de la mierda que comemos.cuando llegamos porque habia mas de 250 kilometros de diwaniya a nayaf rescatamos a los salvadoreños que estaban en una base al otro lado contrario de la ciudad,los españoles no quieren hablar?me parece fatal todo lo que dices,no nos dieron medallitas nos jodieron y encima vienes tu faltando a la verdad,si querias un libro belico solo tenias que preguntar donde de verdad estaban los españoles en diwaniya,algun dia se contara toda la verdad de lo que alli paso y quedaras retratado

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