14.03.2017

La Andalucía que pudo ser y no fue, que se refugió en el tópico

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La escritora y periodista Eva Díaz Pérez. Foto: Luis Serrano.

La escritora y periodista Eva Díaz Pérez. Foto: Luis Serrano.

Periodista, novelista y ensayista, Eva Díaz Pérez publica ‘Travesías históricas’ (Fundación José Manuel Lara), un libro en el que recupera la historia de los viajeros andaluces que contaron el mundo del siglo XVI al XX. El libro responde a una doble exigencia: desmentir la idea de que los andaluces “siempre fueron observados y nunca fueron los observadores” y, por tanto, desmentir los tópicos que desde el Romanticismo se vertieron sobre la realidad y la cultura andaluzas, y reivindicar importantes nombres de la historia intelectual de Andalucía. Por las páginas de Díaz Pérez pasan, entre otros, el gaditano José Celestino Mutis, el granadino Mariano Fortuny, el poeta Ángel Ganivet, la periodista Carmen de Burgos, el intelectual José María Blanco White y la bailarina Pepita de Oliva.

En tu ensayo sostienes que, desde el siglo XVI, la imagen de Andalucía ha supuesto una losa por los tópicos que albergaba. Todavía hoy resulta polémica la representación de Andalucía en ciertas series o en medios de comunicación. ¿Sigue siendo una losa esa imagen?

Actualmente sigue siendo una losa muy pesada y esto me indigna especialmente. A mí muchas veces me dicen que no parezco andaluza y, cuando pregunto por qué, me responden siempre lo mismo: “Porque hablas muy bien”. Pero ¿cómo no voy a hablar bien? ¡Soy de la patria de Nebrija! Con esto, lo que quiero decir es que hay tópicos que siguen pesando muchísimo. Fíjate en las series o en los telediarios: si buscan un comentario gracioso, siempre ponen el micrófono a un determinado tipo de andaluz, que los hay, evidentemente, pero hay muchos más andaluces. El solo hecho de poner el micrófono siempre a un mismo tipo de persona y no a otro supone un gesto de discriminación motivado por la voluntad de sacar en pantalla el tópico del “gracioso andaluz”, aunque no todos los andaluces son graciosos ni todos contestan con un chiste, sino con una interesante reflexión que rompe con el tópico que se quiere reproducir.

Sin embargo, se ha asumido e incluso naturalizado el tópico.

Efectivamente. Lo grave no es sólo que la imagen que se ha construido de Andalucía y de los andaluces representa un gran lastre, sino que esta imagen ha sido asumida de forma general: el tópico se repite en la política, en la cultura, en el periodismo… En definitiva, en la vida cotidiana. Y esta imagen que se reitera es el resultado de una construcción de lo que gran parte de los viajeros europeos vieron o quisieron ver en la Andalucía de siglo XIX. Yo he leído muchos textos de escritores románticos que viajaron a Castilla y a Andalucía, pero no tiene nada que ver lo que buscaron en un lugar y en otro. En Andalucía buscaban solamente la pasión, lo exótico, lo oriental, lo sensual… y todo esto ha pesado mucho en el momento de pensar Andalucía.

¿Y Andalucía ha terminado por asumir esta imagen ‘falsa’ de sí misma?

Este es el otro gran problema: Andalucía ha acabado por asumir la imagen que los otros construyeron de ella. En el siglo XIX, los andaluces se dieron cuenta de que en este relato y en esta imagen que se está construyendo de Andalucía hay un negocio por explotar y que se puede sacar beneficio de esta gente que llega a tierras andaluzas, buscando, sin embargo, un tópico: sol, diversión, humor, algo de exotismo… En ese sentido, la construcción de la imagen de Andalucía se produce por ambos lados, por parte de los viajeros europeos y por parte de los propios andaluces, y consecuencia de ello es que hoy encontramos al andaluz que se disfraza de andaluz para responder a esa imagen que de él han creado. Y este andaluz disfrazado de andaluz te lo encontrabas en el siglo XIX y te lo encuentras todavía hoy.

¿Cómo ha sido de determinante el contexto económico de Andalucía en la construcción de su relato?

El contexto económico ha sido un elemento clave y la desigualdad económica de Andalucía respecto a otras zonas de España más industrializadas y más ricas ha sido determinante, aunque no hay que olvidar que en el siglo XVI Sevilla era la capital económica de España: por Sevilla pasaba toda la riqueza, pasaban todos los viajeros europeos que se dirigían a América, Sevilla era una ciudad importantísima. Sin embargo, esta potencia económica se fue perdiendo y este declive conllevó, como es natural, una crisis de identidad. El siglo XVIII, de hecho, pasa bastante de puntillas por Andalucía: hay algún personaje interesante, pero, por lo general, es el gran siglo de la oscuridad.

Ese periodo histórico te sirve, en tu narrativa, para imaginar esa España que no pudo ser, la España afrancesada.

Yo me identifico mucho con los afrancesados. Uno de los viajeros que menciono en el libro es Alejandro Aguado, que luchó contra los franceses, pero cuando éstos llegaron a Sevilla, se quedó prendado del mundo francés. Y era normal. Los franceses lo cambiaron todo hasta el punto de que hacen laico el Palacio del Arzobispado y se convierte en un lugar donde se celebran fiestas, donde hay cultura, y la que había sido hasta entonces la sede de la Inquisición se convierte en la sede de una Logia Masónica. Y en este contexto, Aguado, como muchos otros, termina por afrancesarse. Lo mismo le sucede al abate Marchena. Y en mi libro aparecen todos ellos como representantes de esa España que pudo ser y no fue.

En este libro, como en tus anteriores novelas, pones el acento en la religión católica como elemento clave para entender un cierto atraso cultural de España.

A este país, ya no hablo solo de Andalucía, lo ha marcado muchísimo la religión, y lo ha marcado para mal. Padecemos muchas cosas que son herencia de la religión católica y del poder que tuvo. Yo siempre he pensado que la lógica histórica hubiera conllevado que España optara por el erasmismo. Esto es algo que analiza José Luis Abellán en su ensayo El erasmismo español. Como dice Abellán, en el siglo XVI había en España un ambiente muy propicio para que el erasmismo se consolidara. A mí siempre me ha interesado este tema y lo he trabajado en mis novelas [Memorias de cenizas, por ejemplo], sobre todo porque, una vez más, el definitivo rechazo del erasmismo refleja esa España que pudo ser y no llegó a ser.

Una constante en tu obra es la recuperación de personajes heterodoxos de la historia de Andalucía.

Los heterodoxos son personas que no encajan y que viajan por Europa buscando una libertad que en España no encontraban. Por ejemplo, pienso en Antonio del Corro -una de mis debilidades-, que huye primero de España, pero luego, en Europa, huye también de los reaccionarios luteranos y calvinistas, porque tampoco en Europa consigue encontrar esa libertad que buscaba. Mis heterodoxos son personas curiosas intelectuales y deseosas de una libertad que no encontraban en España, pero que, en algunos casos, tampoco encontraron fuera.

El viaje de estos heterodoxos es, en la mayoría de los casos, un exilio.

El exilio es una constante de la historia de España. Los exiliados han caracterizado la historia española en distintas épocas y, de hecho, muchos de los viajeros que reúno en el libro son, en verdad, exiliados, personas para las cuales el viaje fue a su pesar. Por esto, en sus textos hay un tono nostálgico.

No en tu último trabajo, pero a lo largo de tu obra narrativa, siempre has jugado a entremezclar la ficción narrativa con la verdad histórica.

Esta mezcla es siempre un terreno resbaladizo, pero lo híbrido me fascina.Quizá por mi formación periodística me interesa mucho la realidad, y mis novelas, aunque haya una construcción ficcional, parten todas de la realidad. A mí me gusta basarme en la realidad y, a partir de ella, imaginar. Tengo que confesar que, en ocasiones, llego a un punto en que ya no sé lo que es verdad y lo que es mentira. Esta mezcla entre lo imaginado y lo verdadero te lleva a pisar terrenos muy resbaladizos. Sin embargo, a mí me gustan estos terrenos en los que se mezclan estos dos mundos.

¿Gran parte de tu trabajo -ensayístico, novelesco y periodístico- se entiende como reivindicación de la divulgación?

Efectivamente, mientras que en Inglaterra la divulgación tiene prestigio, aquí no. Hablaba de esto hace poco precisamente con Hugh Thomas y comentábamos que lo que hace falta en España es precisamente más divulgación. Lo triste es que hay muchos historiadores, algunos de ellos amigos y lectores míos, que tienen rechazo o miran con sospecha una construcción narrativa de la historia: no hablo de ficcionalizar la historia, sino de contarla narrativamente. Yo, en la medida de mis posibilidades, lo he intentado hacer. Y ojalá el modelo anglosajón llegue a España, donde, también es cierto, empieza a haber historiadores e hispanistas que han tomado nota del modelo inglés y empiezan a hacer divulgación.

¿’Travesías históricas’ forma parte de un intento de construir una historia intelectual de Andalucía?

Sí, seguramente, puesto que evidentemente hay en mi obra esta voluntad de elaborar una historia intelectual, pero también es cierto que de esta voluntad fui consciente solo con el tiempo, cuando ya había escrito varios libros. Llega un punto en que te das cuenta de que en ti hay un interés particular en la historia de la construcción de nuestra cultura y en la recuperación de episodios poco conocidos. Me gustan los proyectos de largo aliento, me gusta que el trabajo tenga solidez.

¿Y reivindicas, además, el periodismo cultural lento, con solidez?

Yo creo que nuestra salvación como periodistas culturales está en un periodismo lento y sólido. Hay que tener claro que los lectores de periodismo cultural no son mayoría, pero sí son muchos y son lectores fieles, lectores que responden al periodismo bien construido, bien escrito, riguroso, contextualizado…

Sin embargo, en los medios, a veces se piensa que la cultura es algo superfluo.

Por supuesto. Desde que empecé haciendo prácticas, sabía que quería dedicarme al periodismo cultural y lo primero que me dijeron fue que mi opción era un suicidio profesional porque, en los periódicos, a la hora de prescindir, lo primero es la cultura. Y efectivamente, así ha sido. En el mejor de los casos, los periodistas culturales estamos como coartada y cada día me enfrento a luchas continuas para sacar temas y conseguir espacio para contar los temas que considero interesantes. La cultura es el flanco débil del periodismo y, sin embargo, es tan hermoso el periodismo cultural… Yo le debo tanto, muchísimo; le debo este libro y le debo mis libros, porque para mí literatura y periodismo son dos vasos comunicantes.

Ahora, hay editoriales que estás reivindicando el periodismo como una forma de literatura.

Sí, efectivamente, hay un intento de rescate de algunos nombres como Camba, Gaziel, González Ruano…Por ejemplo, otro gran periodista es Domínguez Rodillo, que escribió unas excepcionales crónicas de la Gran Guerra. Todos ellos contaron muy bien su época y su periodismo nos sirve ahora para entender la historia. Todos ellos, desde el periodismo, estaban haciendo gran literatura.

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Sobre el autor

Anna María Iglesia
Anna Maria Iglesia quiso hacer periodismo, pero la literatura la atrapó. Se decidió por la filología, aunque pronto se dio cuenta que aquel estudio todavía tan historicista no era su camino, así que tras licenciarse en filología italiana se adentró en la teoría literaria y en la literatura comparada. Se volvió a licenciar, está vez en teoría de la literatura y literatura comparada y no contenta decidió proseguir con el master, la tesina hasta llegar al doctorado. Desde hace dos años y medios se pelea cada día con una tesis a medio hacer acerca del concepto de espacio público y de espacio privado como construcción narrativa. No soporta que le pregunten, "¿y cuándo la defiendes?". Al mismo tiempo, contrarresta la soledad de la doctoranda, colaborando con distintos medios, como Revista de Letras, Culturamas, El Cotidiano o el Núvol; en todos ellos alterna artículos culturales, desde reseñas de libros, reportajes sobre obras teatrales hasta reflexiones críticas vinculadas al ámbito de la literatura, del teatro o, en ocasiones, del cine, con entrevistas, su verdadera pasión. Y es que nada le agrada más que acrecentar su horizonte a través de largas conversaciones: escribir y hablar la definen. Twitter @AnnaMIglesia

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2 comentarios

  • El 15.03.2017 , Javier Mendoza Primo ha comentado:

    La televisión andaluza es un reflejo de su sociedad, de como se ven,parece mentira que una tv pública tenga mas que ver con tele5 que con una tv formativa y de nivel sin dejar de entretener. No se porque sus directivos no se dan cuenta del bodrio que sirven

  • El 17.03.2017 , Manuel Vallejo ha comentado:

    Eva Diaz, gracias por su trabajo!
    Tuve la suerte de vivir en Bogotá tres años, 2010 -2012, y conocer la inmensa importancia del gaditano Celestino Mutis.
    Leí varias biografias sobre él,( creo que hasta diez…!)incluyendo el detalle de su “ascenso” por el río Magdalena hasta Bogotá; lo más imborrable era caminar por las mismas calles que el sabio caminó…, la Universidad del Rosario, el Observatorio que financió y mandó construir. Por no hablar de su “Expedición Botánica” y su difusión de la vacuna contra la viruela.
    Cuando Humboldt viajó a sudamérica expresamente fue a Bogotá para conocer al sabio “que enviaba unas plantas especialísimas” al Jardín Botánico de Madrid.
    La dedicatoria por carta del sueco Linneus de “mutisia” , género de plantas con flores,resume mi admiración por ese gran sabio :
    ” He recibido puntualmente en estos días tu carta fecha 6 de junio de 1773, con mayor gusto que nunca en toda mi vida, pues contenía una riqueza tal de plantas raras y aves, que he quedado completamente pasmado. Te felicito por tu nombre inmortal,que ningún tiempo futuro podrá borrar.La planta 21 la llamaré Mutisia.”
    Celestino Mutis, uno de esos GIGANTES que había mencionado pocas décadas antes Isaac Newton…
    Cierto que buscaré y leeré el libro “Travesías andaluzas”.
    Saludos
    Manuel Vallejo

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