Beethoven, Béjart y la cultura como "arma de construcción masiva"
10.12.2016

Beethoven, Béjart y la cultura como “arma de construcción masiva”

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Un fotograma del documental 'Dancing Beethoven' de Arantxa Aguirre.

Un fotograma del documental ‘Dancing Beethoven’ de Arantxa Aguirre.

Arantxa Aguirre obtuvo con su documental ‘Dancing Beethoven’ el segundo premio de la sección ‘Tiempo de Historia’ del pasado Festival de Cine de Valladolid (Seminci). La película narra el proceso de trabajo que culmina en la representación de la coreografía que Maurice Béjart creó en 1964 para la Novena Sinfonía de Beethoven. Hablamos con la directora de la necesidad de la belleza: “Son necesarios los ideales, las referencias afirmativas, como esta ‘Novena Sinfonía’. Si las perdemos habremos perdido la batalla”. “La cultura es un arma de construcción masiva. Nada nos defiende mejor como ciudadanos individuales y como sociedad. El día que los españoles entendamos eso habremos dado un paso de gigante como país civilizado y, además, estaremos en el camino de ser más poderosos y competitivos”.

Tras haber trabajado en el equipo de dirección de cineastas como Mario Camus, Pedro Almodóvar, Carlos Saura, Basilio Martín Patino o Luis García Berlanga, Arantxa Aguirre ha dirigido documentales como Un ballet para el siglo XXI (2008), An American Swan in Paris (2011), Nuria Espert. Una mujer de teatro (2012) o La gira por China (2013). El esfuerzo y el ánimo (2009) obtuvo varios premios internacionales y fue estrenado en salas comerciales en Francia, Suiza y Japón. Sus últimos trabajos son los documentales Una rosa para Soler (2014) y Dancing Beethoven (2016). Doctora en Literatura Española, ha publicado los libros Buñuel, lector de Galdós y 34 actores hablan de su oficio (Ed. Cátedra, 2008), secuela de su largometraje Hécuba. Un sueño de pasión, nominado al Premio Goya al Mejor Documental en 2007. Dancing Beethoven, que recoge la interpretación de la Novena de Beethoven en noviembre de 2014 en Tokio por el Ballet Béjart de Lausanne y el Ballet de Tokio, acompañados de la Orquesta Filarmónica de Israel dirigida por Zubin Mehta, se estrenará en invierno en Suiza, Austria, Alemania y Japón. En febrero, se proyectará en el Lincoln Center de Nueva York y en abril será el estreno en España, de la mano de la distribuidora Márgenes.

¿Cómo valoras el reconocimiento que tuvo ‘Dancing Beethoven’ en la Seminci de Valladolid, su primera cita en festivales?

La mayoría de los premios que he obtenido en mi carrera proceden de festivales extranjeros, algunos de sitios lejanos como Australia, Sudáfrica o Chile. Esto me gusta, porque significa que las películas se defienden por sí mismas, ante públicos o jurados que vienen de contextos muy diferentes al tuyo. Pero, sin duda, los reconocimientos en tu propio país tienen un componente más cálido. Además, la Seminci de Valladolid ha apostado desde el principio por el cine de autor y ha descubierto a grandes realizadores del cine europeo y mundial. Es un festival que aprecio y admiro.

¿Qué has aprendido de ‘Dancing Beethoven, tu nueva experiencia con el Ballet Béjart de Lausanne , con el que colaboras desde ‘El esfuerzo y el ánimo’ (2009)?

El tener que convivir durante muchos meses con una obra maestra como la Novena Sinfonía ha sido una fuente de asombro y de enriquecimiento. En realidad, Beethoven y Béjart son fuente permanente de asombro y enriquecimiento. Decía Harold Bloom que las grandes obras no te hacen mejor ni peor, pero te enseñan a escucharte a ti mismo. Yo creo que aprender a escuchar, a ti mismo o a los demás, siempre te va a hacer mejor.

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Dos fotogramas de 'Dancing Beethoven' de Arantxa Aguirre.

Dos fotogramas de ‘Dancing Beethoven’ de Arantxa Aguirre.

¿Cuál fue tu principal reto con esta película?

La Novena Sinfonía de Beethoven es un hito de la cultura universal. Desde su estreno en Viena en 1824 ha dado pie a infinidad de comentarios e interpretaciones. Formar parte de esa tradición suponía un desafío considerable. Ciertas obras maestras no se pueden contemplar pasivamente, porque son ellas las que te miran a ti y te dan tu medida. Pero, a la vez, son una inagotable fuente de inspiración. Beethoven no retrocedía ante las dificultades, sino que pensaba que lo difícil era bueno. Eso me dio la clave de cómo tenía que abordar este trabajo.

¿Qué elementos técnicos destacas de ‘Dancing Beethoven’?

Es la primera vez que trabajo con Rafael Reparaz como director de fotografía, él ha aportado a este documental un cuidado formal que procede del cine de ficción y que considero muy valioso. Desde hace años hay grandes directores de ficción que se están alimentando de cierta estética y recursos propios del documental. Creo que los documentalistas podemos aprender de ellos y disponer a nuestra vez de aquellos elementos de la ficción que pueden enriquecer nuestras historias. Cuando se difuminan las fronteras entre los géneros suceden cosas muy interesantes. Por otra parte, en el montaje he contado, una vez más, con Valeria Gentile, que es muy perfeccionista y conoce al detalle mi manera de trabajar. Ambas hemos trabajado hasta la extenuación para que el diálogo entre un plano y el siguiente fuera siempre significativo. Cada corte está pensado y sentido. He intentado que el ritmo y la estructura de esta película confluyan con los de la Novena Sinfonía: cuatro partes como los cuatro movimientos de la partitura, donde el último es el más largo y de alguna manera resuelve los anteriores; un ritmo basado en la alternancia entre temas y motivos de carácter diferente y, sobre todo, la existencia de muchas capas de significado que configuren un trabajo abierto a varias lecturas.

¿Es ‘Dancing Beethoven’ el documental en el que te has permitido imprimir más tu sello como autora?

Cada historia necesita su propia manera de ser contada. No me planteo tanto imprimir mi autoría como descubrir cuál es esa manera. La autoría es algo que se da por añadidura; si la buscas, acabas amanerándote. En este caso, para estar en la misma longitud de onda que la Novena Sinfonía se necesitaba ambición y atrevimiento. Otros asuntos reclaman otras calidades. Por otra parte, la Novena Sinfonía ha dado pie a muchas interpretaciones diferentes a lo largo de la historia y eso hacía falso el punto de vista objetivo en mi documental. Quería subrayar que esta era una interpretación más en la larga cadena y para ello introduje una narradora-alter ego, Malya Roman, que hacía más evidente mi propia mirada. Esta solución luego se vio enriquecida por la propia personalidad de la narradora en relación a lo que va aconteciendo en el documental.

¿De qué estás más satisfecha de este trabajo?

De haber encontrado un sentido dentro de la historia para cada nuevo e inesperado suceso.

La película es también una reflexión sobre el mundo del arte y el espectáculo.

La cultura es un arma de construcción masiva. Nada nos defiende mejor como ciudadanos individuales y también como sociedad. El día que los españoles entendamos eso habremos dado un paso de gigante como país civilizado y, además, estaremos en el camino de ser más poderosos y competitivos, porque la cultura es justamente uno de nuestros grandes activos, si no el más grande. Me parece perverso y peligroso que se desconfíe de ella, que se la tema y menosprecie. Como decía Fernán Gómez, el principal pecado de los españoles no es la envidia, sino el desprecio. Y ese desprecio no nos hace crecer precisamente, sino que nos deja lastrados en el raquitismo espiritual. Lo que voy a decir es un argumento repetido hasta la saciedad, pero mientras corresponda a una realidad no lo estamos repitiendo lo suficiente: ese 21% abusivo y extravagante (al menos en nuestro contexto europeo) con el que el gobierno de España grava los espectáculos culturales da medida del modelo de sociedad al que aspira. Y a corto plazo tienen toda la razón porque, cuanto más tarugos seamos los españoles, más conseguirán hacer y deshacer a su antojo sin responder de ninguna tropelía. El problema es que a largo plazo se están cargando el futuro de nuestro país.

‘Dancing Beethoven’ reflexiona, además, sobre el eterno dilema entre la prevalencia del bien o del mal en el mundo.

Sin esperanza no seríamos capaces de oponernos al mal. El egoísmo, la estupidez, la codicia, la ausencia de empatía son los pilares del mal. No sé si prevalecen en el mundo o si sólo son más ruidosos y llamativos. En cualquier caso, el mal es una realidad corrosiva que hay que combatir allá donde esté, sin olvidar que muchas veces está dentro de nosotros mismos, o más cerca de lo que parece. Esperar un mundo mejor ya es de alguna manera hacerlo existir, de momento en el ámbito de la imaginación, que es extraordinariamente poderoso, para bien y a veces para mal. Recientemente, Vargas Llosa reflexionaba sobre la paradoja de que el voto del miedo haya vencido en las elecciones norteamericanas, cuando lo cierto es que el país recuperaba el empleo y la economía estaba creciendo a muy buen ritmo. Sin embargo, el discurso de Donald Trump fue capaz de diseñar una amenazante realidad paralela en la que sus votantes creyeron taxativamente. Espero que no acabe haciéndose realidad porque, como decía, la imaginación tiene un inmenso potencial. Por eso son necesarios los ideales, las referencias afirmativas, como esta Novena Sinfonía. Si las perdemos habremos perdido la batalla.

“Si Beethoven hubiera conocido la pieza de Béjart, hubiera visto la forma de su música”, dice Zubin Mehta en un momento de ‘Dancing Beethoven’. ¿Cuál es la principal virtud de Maurice Béjart como coreógrafo?

Hizo que la danza llegara a personas de toda clase y condición, mucho más allá de su público tradicional. Porque, lejos de hacer florituras decorativas, la dotó de sentido, de trascendencia y supo reflejar a través de ella las inquietudes y los sueños de su tiempo. Por otra parte, recuperó el gran legado humanista que, después de la Segunda Guerra Mundial, había quedado bastante maltrecho en Europa y sus obras aportaron optimismo y esperanza a través de unos bailarines que encarnaban como nadie la belleza, la fuerza y la dignidad del ser humano.

La directora Arantxa Aguirre. Foto: Luis Roca.

La directora Arantxa Aguirre. Foto: Luis Roca.

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Sobre el autor

Luis Roca Arencibia
Tras titularse en Comunicación Audiovisual, trabaja en el cine desde 1992. Ha publicado biografías sobre el productor Andrés Santana (“El vuelo de la cometa”, 2003) y sobre el distribuidor Francisco Melo Sansó (“El sueño del Monopol”, 2010). Autor en el libro colectivo “Graphiclassic: Moby Dick” (2013). Comisario con Arantxa Aguirre del ciclo “Buñuel/Galdós: Vasos Comunicantes”, exhibido en Belgrado, Nueva Delhi y Tel Aviv. Única firma española en el monográfico sobre Luis Buñuel editado por la Cinemateca de Tel Aviv (2013). Es director de los proyectos formativos “Cinexprés” y de recuperación documental “Salvar la Memoria: 50 años de Tirma y Moby Dick”. Desde 1996 es colaborador de cine del diario La Provincia. Desde 2003 de viajes en El País. Ha publicado textos de cine en El País Semanal. Dirigió la sección de Canarias del festival de Las Palmas, que consolidó como una de las principales de la cita. Ha sido vocal del Ministerio de Cultura para las ayudas al cine en España. Puedes seguirme en: Twitter: @LuisRocaA Facebook: Luis Roca Arencibia Instagram: @luisrocaarencibia

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Un comentario

  • El 10.12.2016 , Alex Mene ha comentado:

    Un documental interesante.

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