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¿Qué comparten Cavestany, Vermut y Hernando? El IMDb de un foco

Por bonsauvage, el 27 de enero de 2017, en Cine

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El foco en Diamond Flash, de Carlos Vermut

Por Andrea Morán Ferrés

Andrea Morán escribe en la sección de cine de Buensalvaje sobre el foco más pluriempleado del cine español, que ha pasado por las manos de Carlos Vermut, Pablo Hernando, Juan Cavestany…

Echémosle un poco de imaginación al igual que hacen, con tanta gallardía, esos docudramas que recrean las escenas clave de un crimen múltiple o el enésimo atraco frustrado del siglo. Podríamos situar a un director de cine debutante navegando por Ebay a las tantas de la noche, consumiendo cigarrillos Marlboro y aplastando las colillas en un platito de café a modo de cenicero. La indecisión se habría apoderado de él un par de horas atrás, al adentrarse en un debate para el que no estaba preparado: vatios, temperaturas de color y calidades de bombillas. Podríamos llevar al límite la desesperación de este creador fantaseando con que en un momento dado pudo llegar a levantarse de la silla (quién sabe) y hacer un inventario exprés de su casa, contando los flexos y las linternas de los cajones, no fuera a ser que se estuviera metiendo en un jardín sin motivos para ello. Pero en absoluto. Si quería ser director de cine –y así lo había decidido, “con todas las letras” le decía a sus amigos– debía poseer una cámara, un trípode y un foco. Esta reafirmación habría sido suficiente para envalentonarse y no solo acabar comprando la lámpara sino también la correspondiente maleta color negro, y así de paso beneficiarse del servicio de entrega gratuito. Días después el paquete llegaría a su domicilio y semanas más tarde el rodaje comenzó. En junio de 2012, Diamond Flash, de Carlos Vermut, se estrenaba en Internet como la abanderada de un cine independiente español hecho con cuatro duros y, lo que nos interesa aquí, hecho con tres cachivaches, siendo aquel foco el principal de ellos.

Si los focos tuvieran fichas en IMDb, la segunda entrada de este nos conduciría a Pablo Hernando, quien después de haber participado en aquella película comprobó que ya tenía lo básico para hacer su primer largo, siempre y cuando Vermut sacara el foco del trastero de casa de sus padres y se lo prestara un par de meses. A Cabás (2012) las bombillas llegaron algo dañadas a raíz de una jornada campestre (“cuando las agitabas sonaban como maracas de bichos muertos”, recuerda con nostalgia Hernando) y en la segunda película, Berserker (2015), al foco ya le faltaba una varilla y necesitaba retoques constantes de cinta americana para que el forro se mantuviera tirante. Por las noches la maleta descansaba en el piso donde tenía lugar el rodaje y junto a ella, además del atrezzo necesario, permanecía un tendedero en el que despreocupadamente uno de los inquilinos de la casa llegó a colgar su ropa. Fuentes del equipo aseguran que el último día de grabación las prendas seguían ahí, demasiado secas.

La siguiente rama de este árbol genealógico no está muy alejada geográficamente. La encontramos en el mismo edificio de Berserker pero dos plantas más abajo, donde el foco alumbró varios de los cortometrajes dirigidos por Manuel Bartual, una vez Carlos Vermut decidiera que para ser director de cine no necesitaba su propia cámara, ni su propio trípode ni su propio foco, y le vendió el aparato al director de Todos tus secretos (2014). El grupo Canódromo Abandonado también ha producido, bajo los mismos haces de luz, cortos como el de Pinocho o la webserie Hecho de monedas. Tanto lleva iluminado este foco para su corta edad que cuesta no visualizarlo como un objeto incansable e insaciable, al que los jóvenes directores para apaciguar su apetito echan un guion tras otro, siendo el último de ellos el de Esa sensación (2015), película realizada por Juan Cavestany, Julián Génisson y Pablo Hernando, a los que nuestro foco ya había reunido en el videoclip A fuego de Joe Crepúsculo. Y es que rastreando el intercambio de esta lámpara en los últimos años se descubre una red de colaboraciones gracias a la cual hacer cine sin un productor a la espalda sigue siendo precario pero un poco menos difícil. Hablamos de un foco pero también es un bote de sangre falsa, un objetivo de 50mm o la grabadora de sonido. A partir de ahora, en esos coloquios del cine español en los que persiste la fea costumbre de preguntar por el precio de la cámara, pregunten mejor por los focos y todos estos otros cacharros. Suelen esconder historias bastante más interesantes.

 

Andrea Morán (1988) es profesora universitaria de comunicación audiovisual y escribe crítica en Caimán cuadernos de cine.

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