10.01.2018

Cuatro preciosos libros que nos ayudan a buscar nuestro norte

Menéalo
La nieve y el hielo se apoderan del paisaje de islandia. Una de las fotografías del libro 'Islandia bajo cero' del fotógrafo Andoni Canela y el escritor Xavier Moret

La nieve y el hielo se apoderan del paisaje. Una de las fotografías del libro ‘Islandia bajo cero’ del fotógrafo Andoni Canela y el escritor Xavier Moret.

Aproveché el bullicio de las navidades para cogerme una gripe y encerrarme en la casa de pueblo de mis padres, junto a la chimenea, mientras fuera enloquecían viento, frío y lluvia. Así, bien ambientado, leí cuatro preciosos libros que miran al norte, que nos proponen viajes en busca de nosotros mismos, de nuestro norte; y que hoy quiero compartir desde esta ‘Ventana Verde’, siempre abierta a la fusión con más futuro: cultura y naturaleza, cultura y medioambiente.

En islas extremas es la primera novela de la escocesa Amy Liptrot (traducción de María Fernández Ruiz). Y una de las apuestas con la que se ha lanzado un nuevo sello editorial, Volcano, que va a centrarse en el género de nature writing, narrativa literaria donde la naturaleza tiene un papel determinante, como protagonista o como escenario privilegiado. Con 30 años, Amy Liptrot regresa desde Londres –adonde huyó de joven para caer en peligrosas adicciones que casi acaban con ella- a la granja de sus padres en las Orcadas (Escocia), archipiélago en el que hay 20 islas habitadas, con poblaciones que oscilan en cada isla entre solo 2 y apenas unos cientos de personas. Amy no termina de encontrarse ni en la gran ciudad donde todo gira demasiado deprisa, ni tampoco en el lugar donde se crio y entre su familia, donde todo gira demasiado despacio. Hasta que nadar en las heladas aguas, rastrear la vida silvestre de las aves y buscar las auroras boreales le proporcionan un sentido a una vida durante décadas vacía y recuperar la esperanza.

De repente, la nada. Paisajes minimalistas en Islandia. Foto: Andoni Canela.

De repente, la nada. Paisajes minimalistas en Islandia. Foto: Andoni Canela.

Cuando la gasolinera más cercana está a cientos de kilómetros. Foto: Andoni Canela.

Cuando la gasolinera más cercana está a cientos de kilómetros. Foto: Andoni Canela.

Aunque con carencias de ritmo y demasiadas repeticiones, En islas extremas logra trasladarnos a la belleza inhóspita de esas islas al norte del norte. Y hay que reconocerle cómo fusiona el páramo de la existencia humana con ese paisaje sin árboles: “Yo también he llegado a la isla arrastrada por la marea, después de nueve meses sobria, pulida y desgastada como un guijarro. Tras un año difícil he regresado a casa, al viento que me moldeó y a la sal marina que me quemó la piel”. “Del mismo modo que cuando estoy en Londres estas islas me parecen inconcebibles, ahora me resulta ridículo leer a mis amigos online hablando de restaurantes japoneses, bares nuevos y del metro en hora punta. Tengo las uñas sucias y los labios cortados por el viento. Estoy reparando estos muros, mientras trato de recomponerme a mí misma. Levanto mis defensas, y cada vez que me resisto a beber, refuerzo mis circuitos neuronales. Debo romper un poco los muros para poder reconstruirlos. Tengo que trabajar con las piedras de las que dispongo”.

En un sentido parecido, de buscarse a uno mismo siguiendo el rastro de las aves, se desarrolla la novela Los gansos de las nieves (Mi viaje migratorio al Gran Norte), el primer libro del escritor inglés William Fiennes, firmado en 2002, cuando contaba 32 años (traducción de Carmen Torres y Laura Naranjo). Es otro de esos bellos libros que respiran naturaleza y nos llegan en español gracias a Errata Naturae, esa editorial que apuesta con aire y tino por los libros salvajes . Como Amy Liptrot, William Fiennes escribe en primera persona cómo persigue encontrarse a sí mismo viajando al norte, en este caso siguiendo la ruta migratoria de los gansos nivales desde sus áreas de invernada en Texas hasta sus zonas de reproducción en el Círculo Polar Ártico. Quizá por moverse en esas latitudes, el libro transpira cierta frialdad y linealidad en la narración, dejando lo más acertado a los pasajes descriptivos. “Tenía hambre de nuevas experiencias, de nuevos horizontes. Cuando leí las descripciones que Gallico hacía del vuelo de los gansos, me pregunté qué misteriosas señales le decían a un pájaro que era hora de irse, de volar. Comencé a compartir aquellas ansias de marcharme. (…) Los que más me gustaban eran los vencejos. Nunca los había observado con tanta atención. Mi padre decía que, cuando se marchaban de casa a principios de agosto, muchos de ellos no llegaban a posarse en ningún sitio ni tomaban tierra hasta que regresaban para anidar el mayo siguiente: bebían mientras volaban, se alimentaban mientras volaban e incluso dormían mientras volaban (…) ¿Por qué emprendían las aves semejantes viajes? ¿Cómo sabían cuándo debían partir o hacia dónde? ¿Cómo encontraban los vencejos año tras año el camino desde Malawi hasta aquella casa, la casa de mi infancia?”.

La falta de luz regala auroras boreales. Foto: Andoni Canela.

La falta de luz regala auroras boreales. Foto: Andoni Canela.

Glaciares veteados como con heridas. Foto: Andoni Canela.

Glaciares veteados como con heridas. Foto: Andoni Canela.

Dice la contraportada del libro: “Su viaje se convierte en una extraordinaria meditación sobre la indescifrable sabiduría de la naturaleza y la inagotable curiosidad de los seres humanos”.

Mucho de meditación y de huir para encontrarse hay también en El muchacho silvestre, de la editorial minúscula . Escrito por el italiano Paolo Cognetti en 2013, nos llega ahora en traducción de Miquel Izquierdo. El punto de partida es el mismo que los de En islas extremas y Los gansos de las nieves: “Un verano en que se siente perdido y sin fuerzas, el protagonista de este cuaderno de montaña decide abandonar la ciudad donde nació y se instala a 2.000 metros de altura, en un paraje próximo a aquel en que pasaba, de niño, las vacaciones con sus padres”. Busca un lugar que le permita ser libre y feliz…, pero no cuenta con el auténtico monstruo de las nieves y las montañas, ese que es el que más miedo nos da: la soledad. “Había aprendido a cortar leña, a encender un fuego bajo la tormenta, a cultivar un huerto medio silvestre, a cocinar con hierbas de la montaña, a ordeñar una vaca y a enfardar el heno, a utilizar la motosierra, la segadora, el tractor; pero no había aprendido a estar solo, que es el único objetivo auténtico de todo retiro. En ese sentido me sentía como el primer día. Tenía la piel de las manos más gruesa, el cuerpo más flaco y resistente, pero el espíritu, siempre liviano y enfermizo, no se había encallecido ni reforzado. Más que a una cabaña en el bosque, la soledad se parecía una sala de los espejos: allí donde mirara encontraba reflejada mi imagen, distorsionada, grotesca, multiplicada infinitas veces. Podía librarme de todo, salvo de ella….”.

Quizá no sea buena estrategia acordarnos de Santa Bárbara solo cuando truena, acudir a esa comunión redentora con lo natural solo cuando tanta civilización nos produce hastío. Quizá sea mejor táctica la que sigue uno de nuestros mejores fotógrafos de naturaleza, Andoni Canela  , que no concibe vida ni trabajo sin el pálpito de lo salvaje. Aquí tenemos su último libro, recién horneado y autoeditado (ya hace tiempo que encontró en esta vía su mejor expresión). Con él cerramos estos viajes literarios –interiores y exteriores- hacia el norte, hacia nuestro norte, cómo perdernos para encontrarnos: Islandia bajo cero, 21 historias de frío se publica con textos de Xavier Moret, periodista barcelonés especializado en viajes. Un bellísimo libro apaisado de imágenes blancas y azul-frío, de horizontes amplios y vacíos… “Así dice la página titulada La Nada (con ella nos vamos).

“Y, de repente, la Nada. Vas circulando por una carretera nevada por Islandia y te fijas en que el paisaje se desnuda, se va despojando de adjetivos y atributos. Incluso la carretera llega a borrarse ante la intensidad de la nevada. Blanco sobre blanco. Se impone una desolación extrema, de una belleza sobrecogedora, muy difícil de definir con palabras. Para el coche en el arcén y te dan ganas de subirte al techo para filmar, a tu alrededor, 360 grados de nada. Sobrecoge el paisaje desnudo y sobrecoge el silencio, un silencio primigenio, atávico, puro, que te lleva a reflexionar sobre siglos pasados y sobre la juventud geológica de la volcánica Islandia. Es entonces cuando te reafirmas en que el principio fue la Nada y te alegras de estar en invierno en Islandia, una isla que te descubre cosas básicas sobre el mundo y sobre la vida, y que también te lleva a descubrir cosas que no conocías de ti mismo”.

Sí, eso son, en fin, estos cuatro libros. Feliz Nuevo Año, Feliz Invierno, Feliz Norte: que cada uno encontremos el nuestro.

El frío extremo habita en los paisajes del norte. Foto: Andoni Canela.

El frío extremo habita en los paisajes del norte. Foto: Andoni Canela.

 SIGNUS,logosignus COMPROMETIDA CON EL MEDIO AMBIENTE, HACE SOSTENIBLE ‘EL ASOMBRARIO’.

Menéalo

Sobre el autor

Rafa Ruiz
Periodista convencido de que las luces al final del túnel solo se ven desde una perspectiva progresista de la realidad, con un compromiso sólido con la cultura, el arte y el medio ambiente, temas a los que ha dedicado la mayor parte del tiempo de su vida profesional -10 años en 'El País' y 15 años en 'El País Semanal'-. Autor de los libros de cuentos infantiles 'Toletis' y 'Ninoninoni', codirector de la galería madrileña Mad is Mad -centrada en artistas emergentes- y uno de los socios fundadores de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA).

¿Quieres leer más artículos de este autor?

Aún no hay comentarios

Deja tu comentario