¡Desinstrumentados! Que la magia musical insólita te acompañe
14.06.2015

¡Desinstrumentados! Que la magia musical insólita te acompañe

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Fotograma de 'Desinstrumentados'.

Fotograma de ‘Desinstrumentados’.

¿Sabes para qué sirve una sartén? ¿Y un ladrillo? ¿Te parece que de un serrucho puede salir música? ¿Te imaginas qué puede ser un ‘phonofiddle’? En ‘Desinstrumentados’ nada es lo que parece. Lo único claro es que la magia musical insólita de instrumentos muy, muy raros lo invade todo. Y nadie puede escapar a su embrujo. Silvia Melero nos cuenta en primera persona el apasionante proyecto en que se ha embarcado, cómo surge y se va desarrollando el documental ‘Desinstrumentados’.

¿Instrumentos insólitos? ¿Y hacen un festival y todo en Burgos? No lo conocía, así que me sorprendió muy gratamente saber de su existencia, descubrimiento que hice al entrevistar a su director, Diego Galaz, para un reportaje sobre alternativas que no tenía nada que ver. O sí, porque esto de los instrumentos raros tiene que ver con el terreno de lo posible, con caminos nuevos e insospechados que se abren. Diego, músico insólito donde los haya, es capaz de tocar el Ave María de Schubert con un serrucho. Asegura que “los instrumentos insólitos nos pueden trasladar de un golpe directo a la infancia porque sacan de nosotros lo que hemos perdido ya: la capacidad de sorprendernos”.

Y para allá que me fui hace dos años, a la cuarta edición del Festival de Intérpretes e Instrumentos Insólitos. Volví un poco tocada, la verdad, tras conocer esos fenómenos musicales extraños donde emanan sonidos que se respiran y se extienden por todo el cuerpo, mejorando la salud y la circulación de la sangre, que se vuelve multicolor.

Cuando la música insólita se encuentra con las almas inquietas, te permites volar con las orejas y empiezan a pasar muchas cosas sorprendentes y mágicas. Los peques fabrican sus propios instrumentos con materiales desechados. Incluso un niño convierte una pajita de beber y unos granos de arroz en una flauta-maraca. Regaderas, latas de aceite o tetra-brik de leche se convierten en instrumentos ayudados por los recicladores musicales del dúo Vibra-Tó, especializado en el folclore de los vertederos.

No muy lejos, alguien como Xavi Lozano es capaz de hacer sonar una muleta. Es un mago musical. Lo mismo le da una valla de obra que una escalera de aluminio o una aceituna sin hueso. Cualquier cosa con agujeros es una flauta en el planeta de Xavi, que hace una versión de The Wall (Pink Floyd) con un ladrillo y toca también Blackbird (The Beatles) con un grifo. “Yo uso cotidiáfonos de soplido, es mi especialidad. Soy el primer sorprendido cuando estas cosas no sólo suenan bien, sino que se puede ejecutar música como con cualquier otro instrumento”, dice como si nada.

Hasta en la Naturaleza hay elementos musicables. Silverio Cavia (Neonymus) está acostumbrado a encontrárselos en sus paseos por el monte:No es lo mismo escuchar una canción hecha con un árbol seco o con una flauta de hueso de buitre. Prestas otra atención diferente a la música. Al final la música es como pura magia”.

También los instrumentos antiguos, casi olvidados, se suman a la fiesta. Desde Viena, y en furgoneta, Germán Díaz se trajo una lira organizzata anciana (dos siglos) y muy exigente (no puede afinarla cualquiera) para recuperar su sonido del siglo XVIII. Y a Marina Sorín (El Show de Dodó) le emociona el sonido de sirena que saca de un curioso artilugio.“Para mí es una maravilla poder recuperar instrumentos como el phonofiddle, que no se tocan desde hace un montón de años”.

Para Jorge Arribas (Fetén Fetén) es fácil comprobar el efecto que ejerce en el público el sonido de su vibrandoneón: “Cuando escuchan algún instrumento que por timbre es muy distinto, les descolocas, les sacas de su zona de confort y creo que eso es muy bonito, estamos demasiado en confort”.

Hay juglares, como la familia Mayalde, que recuperan (o rescatan) sonidos del mundo rural, “porque en las épocas de pobreza también se hizo música con lo que se tenía a mano (sartenes, cazuelas, cucharas)”, como señala Laura Martín. Su madre, Pilar Pérez, recuerda esa música llenando las tardes de infancia cuando no había televisión. Es lo que hacen ahora desde su grupo musical para trasladar ese saber a otras generaciones. “Yo creo que es la misma magia que recibíamos nosotros en la cocina con nuestros abuelos, no te dabas cuenta y ahí estaba, te quedabas con la boca abierta y sigue haciendo el mismo efecto ahora”.

Entonces, cuando todo esto confluye en ese festival burgalés, los sonidos se expanden por toda la ciudad y algunos se esconden en las nubes para caer en forma de gotas y chisporrotear canciones en el suelo. Por todas partes hay músicos en los tejados que tocan serruchos, violines-trompeta, sartenes, tubas, contracubos, raveles, trovas, ukelines, theremines, escobanjos, buzukis, gaitas-butano y algún chelo-lata, guitarra-maleta o strohviol. Como es lógico, en invierno todo el mundo va por la calle con un violín-bufanda al cuello. Los semáforos cambian de color según el ritmo musical del día. En los bosques cercanos las hojas de los árboles (que tienen su propio idioma) se unen al viento para ofrecer también sus murmullos armónicos hasta que toda la ciudad se hace música.

Es fácil comprender que, tras descubrirlo y vivenciarlo, me latiera en el hígado contarlo, así que escribí un reportaje en la Revista 21 sobre instrumentos que hablan y música insólita. Pero ya me revoloteaba por la cabeza que las palabras, a veces, se quedan cortas y necesitaba acompañarlas de imagen y sonido para que la gente pudiera ver y escuchar. Y me dije: “Vamos a hacer un documental”. En eso estamos. Se llama Desinstrumentados (La magia de los instrumentos insólitos).

Es un proyecto hermoso que profundiza en el sorprendente mundo de los instrumentos raros, menos conocidos, a través de artistas insólitos que, más allá de crear propuestas originales y divertidas, apuestan en nuestro país por la cultura en su sentido más amplio, defendiendo los caminos alternativos, la creatividad, los valores y la magia musical. El recorrido hasta ahora ha sido precioso, la gente que se cruza en el camino es inspiradora.

De todo esto, de inspiraciones, músicas, culturas (rural y urbana), de abrir la mente, imaginar y creer que es posible, habla Desinstrumentados. E intenta rescatar una parte de la cultura a menudo marginada, castigada, menospreciada. La que tiene que ver con el saber popular. Me gusta mucho esto que dice Eusebio Martín (Mayalde): “Se haba de música culta. Entonces, ésta, de la que bebió la culta, ¿qué es? ¿Inculta?”. Sus palabras dignifican y ponen en el lugar que le corresponde al legado musical y las tradiciones diversas que son patrimonio cultural de los pueblos. “Toda esa gente que vivía entre las ovejas todo el día, que comía como las ovejas, que olía como las ovejas, tuvo un punto en el que acabó convirtiendo unas tijeras de esquilar en un instrumento: porque no eran una oveja, coño”.


Desde que enseñamos este primer vídeo-presentación (lo llaman teaser) de Desinstrumentados me han llegado reacciones muy bonitas. Me siento como si fuera paseando por el bosque recogiendo flores bellas en el camino. Y con todas ellas he hecho un ramo enorme que he puesto en la mesa para que su aroma me impulse si me entran pánicos o miedos. Raquel, que es profesora de música, proyectó el vídeo en la pizarra digital de su clase. Dice que los chavales estaban alucinados y lo querían volver a ver. Félix lo vio con sus peques en casa y ni pestañeaban. Susana dice que este proyecto audiovisual le contagia “la ilusión en creer que podemos lograr nuestros propósitos”. A Melissa le ha encantado “volver a sentir” la sensación de sorprenderse. Carmen me ha contado que, tras verlo, su hijo cogió los cacitos de su cocinita e hizo una batería. Así estuvo tocando música durante 15 minutos. A Lucía aún le dura la sonrisa que le ha sacado el vídeo en los primeros 30 segundos. Yolanda lo ha descrito de esta forma linda: “Una delicia de aperitivo musical de lo que será un precioso proyecto. Cuánta gente buena por ahí, cuánta buena música, cuánta vida de la buena”.

Siento la enorme responsabilidad pesando sobre mis hombros. Esto lo pienso sacar adelante cueste lo que cueste, porque Desinstrumentados no es sólo un documental. Es más cosas que ya os contaré, éste es el primer paso. Nos queda mucha gente insólita y muchos instrumentos por grabar. Y me he rodeado para ello de magníficos profesionales que le van dando a esto la forma que merece.

Toca agradecer a mis compañeros de El Asombrario que me hayan ofrecido este espacio para explicar este documental insólito que va dando sus primeros pasos. No es fácil sacar adelante este tipo de proyectos. Dice Nacho Mastretta que “todos estos instrumentos te colocan en ese terreno de riesgo, de no saber qué es lo que va a suceder a continuación”. Pues eso define exactamente este proyecto. Asumiendo riesgos y sin saber muy bien qué va a pasar a continuación, vamos llamando a muchas puertas para conseguir el apoyo que permita desarrollarlo de forma digna y sostenible. Incluso venderemos camisetas desinstrumentadas para conseguir parte de la financiación. Pasito a pasito.

Sé que esta historia merece ser contada. Y vivida.

Sólo una cosa más: ‘Que la magia musical insólita te acompañe’.

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Sobre el autor

Silvia Melero
Periodista freelance convencida del poder de la comunicación para el cambio social. Hecha de palabras, sueños, músicas y lo vivido en años de radio, prensa y televisión. Trabajó en Radio Ñandutí de Paraguay y ha escrito guiones para videos de ONG y documentales en Humania TV. Colabora en revista 21 y dirige los proyectos Desinstrumentados y Cómo lo Cuento , Luto en Colores Twitter: @SilviaMeleroAba

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