08.05.2017

‘El cuento de la criada’. ¿Cómo dejamos que nos hicieran esto?

Menéalo
La actriz Elisabeth Moss da vida a la protagonista de la serie 'El cuento de la criada'.

La actriz Elisabeth Moss da vida a la protagonista de la serie ‘El cuento de la criada’.

HBO acaba de estrenar ‘El cuento de la criada’, la serie basada en la novela homónima de Margaret Atwood, premio Príncipe de Asturias de las Letras 2008, publicada en 1985. Una serie magnífica para un libro excepcional. Un ‘bestseller’ con una vida de 32 años, un clásico de la literatura moderna. Una novela que ha dado mucho que hablar. Una serie que no deja indiferente a nadie. Elisabeth Moss es Offred, la heroína de esta distopía tan cercana. La historia en torno a una sociedad opresiva se desgrana implacable ante nuestros ojos. Offred no deja de preguntarse sobre cómo empezó todo, cómo no fue capaz de ver lo que estaba cambiando irremediablemente. Y esto es lo más perturbador del relato, porque resulta demasiado familiar, cercano, actual.

La novela El cuento de la criada (publicada por Salamandra en España ) vuelve a ocupar titulares gracias a la serie que acaba de estrenarse y está producida por Hulu. En España se puede ver en HBO. Nos cuenta una historia escalofriante de intriga sostenida, demasiado cercana. Los desastres medioambientales, la pérdida de derechos y de poder adquisitivo, el poder y la opresión, el fanatismo, la condición de la mujer, la desigualdad y el detrimento de libertades son parte esencial de la trama que está en manos de unos pocos en una sociedad opresiva. Pero eso no es lo peor, sino cuando los lectores y espectadores nos convertimos en testigos del momento en que muy paulatinamente todo empezó a degradarse y seguimos aguantando. Las consecuencias son grandes y pequeñas, sociales e individuales. La contaminación determina la vida y una epidemia mundial de infertilidad. Las pocas mujeres que pueden dar a luz son obligadas a servir como criadas de otras parejas poderosas para darles hijos. Si alguna vez has saboreado el miedo de verdad, ésta es la novela para liberarse. El ritmo de la respiración se contiene a cada página y fotograma. No hay cómo escapar.

En 1985 Margaret Atwood publicaba El cuento de la criada. La protagonista es Offred, lo ha perdido absolutamente todo. Es una esclava de un régimen dictatorial y obsesivo, esencialmente paranoico. “Me sumerjo en mi cuerpo como en una ciénaga en la que solo yo sé guardar el equilibrio. Es un terreno movedizo… Sentir ese vacío una y otra vez. Oigo mi corazón, ola tras ola, salada y roja incesantemente, marcando el tiempo.” Vive en la República de Gilead, ubicada en Massachusetts, al norte de Nueva York y al oeste de Boston. El cambio climático ha destruido la faz de la tierra, gran parte de Estados Unidos ya no existe.

Enfermedad, pobreza, virus desconocidos, orden aséptico. Offred ha tomado la decisión de sobrevivir para volver a reunirse con su hija. Solo resiste. “Intento no pensar demasiado. Como el resto de las cosas, el pensamiento tiene que estar racionado. Hay muchos que no soportan pensar. Pensar puede perjudicar tus posibilidades, y yo tengo la intención de resistir.” La conocemos cuando intenta escapar, al ser apresada, en su lucha de cada día por no destruirlo todo mientras el pasado la habita pertinaz. “La cocina huele a levadura, un olor impregnado de nostalgia. Me recuerda otras cocinas, cocinas que fueron mías. Huele a madre, aunque mi madre no hacía pan. Huele a mí, hace tiempo, cuando yo era madre. Es un olor traicionero y sé que debo ignorarlo”. Todo es reminiscente, porque el futuro ha dejado de existir; las expectativas no tienen ni forma ni nombre. “Suspirábamos por el futuro. ¿De dónde sacábamos aquel talento para la insaciabilidad? Flotaba en el aire; y aún se respiraba, como una idea tardía, cuando intentábamos dormir en los catres del ejército dispuestos en fila y separados entre sí para que no pudiéramos hablar”. Offred mira y no habla, siente e intenta congelar sus entrañas, quiere correr pero está detenida, pero Offred se mueve en la impotencia como pez en el agua. O eso cree y nos hace creer.

Margaret Atwood ha descrito esta novela como un cruce entre La naranja mecánica de Anthony Burgess, Un mundo feliz de Aldous Huxley y 1984 de George Orwell. No hay mejor manera de prepararnos para lo que vamos a encontrarnos. Es una historia orgánica con muchos niveles de interpretación, donde cada uno de los lectores podemos encontrar las respuestas que buscábamos desde hacía tiempo mientras hemos estado esperando y resistiendo junto a Offred, ¿quizás sin saberlo?

La autora ha afirmado que también se trata de “un relato imaginario de lo que sucede cuando ciertos no infrecuentes pronunciamientos sobre las mujeres se llevan a sus conclusiones lógicas”. Y hay más. Es un grito silencioso después de que nos echen un cubo de agua helada por encima. Es además la novela victoriana gótica más moderna. Es también una llamada de atención ecológica de silencio severo. El amor por la naturaleza le viene a la escritora de su padre Carl Edmund Atwood, especialista en entomología forestal. Cuando Margaret tenía seis años la familia pasaba nueve meses al año en la zona más salvaje de Canadá y ya había aprendido a leer con los cuentos de los Hermanos Grimm, a quienes ella misma siempre ha reconocido como influencia directa. Este libro es un eco directo de caperucitas y princesas malditas de reinos donde la alegría y la tierra se han helado por más de 100 años. Atwood empezó a escribir a los seis años y publicó por primera vez a los 20. Los reconocimientos importantes empezaron a llegarle a partir de los 27. La novela obtuvo eco internacional de forma inmediata, es un bestseller atemporal y con el tiempo se ha convertido en un clásico.

Viajemos hacia 1985, el año de publicación de este libro, para encontrarnos con la novela y la autora cuando describió nuestro porvenir. Podremos acercarnos a la capacidad de esta escritora. Además, para ir al futuro es necesario revisar el pasado, un planteamiento fundamental de la novela. En 1985 alcanzábamos los 38.531.195 habitantes en España. Y 32 años después sumamos 46.070.145 habitantes. Felipe González era presidente y al siguiente año resultaría reelegido. Los escándalos políticos y financieros ocupaban titulares. España firmaba el tratado de la Comunidad Económica Europea, la actual Unión Europea, que contaba con 12 países integrantes. El paro se situaba en un 17,4% de la población (en 2016 cerró con un 18,6%). La ley del aborto nacía con condiciones y despenalizada en tres supuestos: violación, grave riesgo para la salud física o psíquica de la madre y malformaciones del feto.  España sufría el primer atentado islámico con una explosión en un restaurante de Torrejón de Ardoz y un saldo de 18 muertos y 84 heridos. Aún no existía el programa Erasmus de intercambio de estudiantes en la Unión Europea. Vivíamos en un mundo analógico. Solo existían dos cadenas de televisión. España era el país de Europa con mayor porcentaje de fumadores. En los cines se estrenaba La vaquilla, de Luis García Berlanga; Réquiem por un campesino español, de Francisco Betriú -basada en la novela homónima de Ramón J. Sender-, y la comedia Sé infiel y no mires con quien, de Fernando Trueba. En la radio sonaba Olé Olé.

Fotograma de la serie de Hulu 'El cuento de la criada'.

Fotograma de la serie de Hulu ‘El cuento de la criada’.

La historia nos habla de mujeres y miedo, de tierra y devastación ecológica, de las diferencias entre sobrevivir y vivir. La idea para la trama nació durante una cena en 1981. Fue una charla entre Atwood y una amiga, que le hizo ver que nadie se imaginaba cómo sería vivir en un mundo de fundamentalismo religioso. Atwood se preparó durante tres años para recrear esa sociedad y empezó a escribir en 1984 entre Berlín y Alabama. La novela sigue perfectamente vigente, porque Atwood nos muestra supra-realidades posibles y plausibles. “Ahí están los ladrillos rojos, los reflectores, la alambrada de púas, los ganchos. De alguna manera, el Muro resulta aún más agorero cuando está vacío, como hoy”.

Atwood estaba muy informada sobre los regímenes dictatoriales. La novela es una guía sobre cómo opera el miedo y la indiferencia en todos nosotros en el momento adecuado; es una radiografía de cómo suceden las cosas sin que nos demos cuenta mientras se producen cambios que no vemos o no queremos reconocer, muestra cómo vamos perdiendo derechos y aguantamos hasta que no hay vuelta atrás. Offred no deja de preguntarse sobre cómo empezó todo, cómo no fue capaz de ver lo que estaba comenzando. Y esto es lo más perturbador del relato, porque resulta demasiado familiar. Como tantos, Offred es una caperucita de camino a las fauces del lobo, ignorando las señales hasta que le afectan. “Puede que esto no te parezca normal ahora mismo, pero dentro de un tiempo, sí lo será”.

Mirando hacia atrás, acaba por ser consciente de que, en efecto, las orejas sí eran demasiado grandes. En el mundo de Offred, todo cuanto puede diferenciarnos y nos vuelve únicos está perseguido. En esa sociedad distópica todos son funcionarios de un aparato monstruoso. La sociedad está dividida y aplanada por sectores, cada uno de ellos con un uniforme. Todo está separado y compartimentado. Las mujeres no tienen derecho al conocimiento, algunas solo son consideradas para procrear, otras son reinas de su casa mientras todas deambulan sobre un abismo de espinos. Las lesbianas son acusadas de ultraje a la raza y, a menos que tengan óvulos preciosos, son ejecutadas.

La venganza y la denuncia son medidas para todo. El poder justifica las formas y el deber como modo de acción, siempre exigiendo sacrificios de los demás. Lo fundamental es seguir las reglas en un ambiente en el que las normas son más importantes que los humanos y así se vuelven excusas válidas tanto de poderosos como de temerosos. Todos cumplen con su deber. Nadie hace excepciones porque pueden provocar abusos. El estatus quo se va estrechando como una soga al cuello. Los rebeldes son deportados o ahorcados. En este mundo opresivo en constante crispación no se habla de emociones si no es con uno mismo, los diálogos son sobre cosas, objetos ajenos a nosotros que se hipervalorizan. Todos están cosificados. O reducidos como las criadas, que solo existen por tener una vagina y un útero sanos. Las preguntas no se contestan. El lenguaje se reduce en un mundo apocopado. Y cada pequeña palabra, cada gesto, cada detalle lo es todo. “Aprendimos a susurrar casi sin hacer ruido… Aprendimos a leer el movimiento de los labios: con la cabeza pegada a la cama, tendidas de costado, nos observábamos mutuamente la boca”.

Criadas de rojo y señoras de verde. La diferenciación de clases por el color del uniforme.

Criadas de rojo y señoras de verde. La diferenciación de clases por el color del uniforme.

Cada grupo social de mujeres luce un uniforme y un color diferente que determina su poder sobre las demás. Las “esposas” visten de azul, Las “tías” van de marrón oscuro, las “Martas” lucen verde y las “criadas”, de rojo. A ninguna de ellas les pertenece su cuerpo marcado por un color. Atwood declaró que lo vio todo en un sueño. Y luego se fueron añadiendo razones de peso, especialmente para la elección del rojo. Los prisioneros alemanes de la Segunda Guerra Mundial que se encontraban retenidos en Canadá vestían uniformes de color rojo para destacar en la nieve. Además el rojo es el color del Renacimiento temprano y el que solía lucir María Magdalena, recordada por su pasado de pecado. Y no se puede olvidar que el rojo es sangre, la del parto de cada niño que estas mujeres criadas están obligadas a traer al mundo con tal de que la clase dominante masculina siga en el poder.

Actrices protagonistas de la serie “El cuento de la criada”, de izquierda a derecha: Yvonne Strahovski, Elizabeth Moss, Alexis Bledel

Actrices protagonistas de la serie “El cuento de la criada”, de izquierda a derecha: Yvonne Strahovski, Elisabeth Moss y Alexis Bledel.

Es la segunda vez que se traslada la novela a la pantalla. En 1990 se estrenó una película  con guión de Harold Pinter, protagonizada por Natalia Richardson, Robert Duval, Faye Daneway y dirigida por Volker Schlöndorf (Diplomacia, El amor de Swan, Muerte de un viajante, El tambor de hojalata). La serie cuenta con la participación directa de Margaret Atwood como guionista y consultora, también hace un cameo como personaje de “tía”. La acompañan tres creadores y productores de excepción. Son el productor Warren Littlefield (Fargo, Friends, Frasier y Seinfeld son algunos de sus proyectos); el productor y guionista Bruce Miller (Urgencias, Los 100 y Eureka) y Reed Morano (Vynil, Billions, Dentro del dolor) como directora de los tres primeros capítulos y también productora de los 10 capítulos de la serie. Morano tiene una amplia experiencia como directora de fotografía y se nota. Muchos fotogramas son ecos de cuadros renacentistas, su uso de la luz es muy significativo. Morano afirma que se inspiró en Stanley Kubrick para el acercamiento visual. También tomó el technicolor para resaltar la importancia de los colores rojo y verde y la pátina de luz blanca que como una neblina fría nos transporta a un mundo en el límite entre realidad y fantasía, como un mal sueño.

La adaptación no defraudará en absoluto a los lectores. La serie no impide acercarse al libro por vez primera y disfrutar la historia aun más. Libros y serie atesoran rincones especiales. El clima y el tono están perfectamente logrados. Elisabeth Moss (Mad men, Top of the lake) interpreta a la protagonista y nos empuja aguantar la respiración en las entrañas. Cada uno de sus silencios nos clava en el blanco. Alexis Bledel (Las chicas Gilmore y Mad Men) realiza su mejor trabajo hasta el momento, recrea un personaje que está a punto de explotar de dolor en cualquier momento. Ann Dowd interpreta soberbia a una Tía Lydia imperturbable y perturbada por igual. Las diferencias, como el personaje de Moira que en la serie es una joven de color, fueron ampliamente discutidos teniendo en cuenta el sentido de la novela.

Margaret Atwood posee una fortaleza delicada y una mirada que atraviesa el futuro. Por último, el corazón fue publicado en España el año pasado también con Salamandra. Allí nos cuenta sobre un millonario xenófobo, orgulloso ignorante del cambio climático, un misógino paternalista que después de años como estrella de la telerrealidad se convierte en líder mundial. Atwood lo escribió antes de que pudiéramos ni tan siquiera imaginar a Trump de presidente. Si queremos saber hacia dónde vamos e intentar cambiar el rumbo, sus novelas nos marcan un camino muy claro, los pasos son nuestros.

Felices lecturas, olas de futuro, océanos de caminos.

Menéalo

Sobre el autor

4 comentarios

  • El 08.05.2017 , Luisfer ha comentado:

    Magnífico análisis. Gracias

    • El 10.05.2017 , Sardiflor ha comentado:

      LuisFer,

      muchas gracias por tus palabras y tomarte el tiempo para entrar y compartir tu parecer. Muy agradecida, en serio.

      Besos oceánicos,

      Sardi

  • El 24.05.2017 , Nacho ha comentado:

    Muchas gracias por el artículo, me leeré el libro.
    Saludos.

  • El 16.07.2017 , Daiana ha comentado:

    Excelente reseña

Deja tu comentario