El lobby gay
10.06.2014

El lobby gay

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La bandera gay ondea en una azotea de Madrid. Foto: Manuel Cuéllar.

La bandera gay ondea en una azotea de Madrid. Foto: Manuel Cuéllar.

¡Que viene el lobby! La derecha mediática se ha inventado eso del ‘lobby rosa’ para desacreditar, e incluso criminalizar, cualquier acción relacionada con los logros del colectivo lgtb. Como haber conseguido cancelar el acto “para curar la homosexualidad” que el ‘cantamañanas’ Richard Cohen había anunciado en Madrid. Y aburren mucho. No sólo aburren. El columnista se muestra harto y ofendido.

 ***

Me encantaría ser lo que ellos creen que soy. Pertenecer a ese grupo al que dicen que pertenezco por mi orientación sexual. Me gustaría tener el poder que dicen que tenemos para influir en gobiernos y empresarios con el único objetivo de promover decisiones que nos favorezcan. Desearía concentrar ese poder y, desde un lugar infranqueable, asestar golpes mortales a la sinrazón, al odio, a la intolerancia, al fanatismo. Pero no es así.

La derecha mediática lleva varios años que ha decidido interpretar a la víctima cuando se trata de enfrentarse a los derechos y al honor de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales. Aunque todavía existen ejemplares que prefieren sustituir las palabras por excrementos, la mayor parte de esa derecha que atesora medios de comunicación, tertulias y debates en radios y televisiones, que opina lo que manda el führer con la disciplina de un sindicato vertical, ha optado por denunciar lo que sugiere, lamentar lo que propone y reclamar lo que niega. Y para tan desequilibrada labor se ha inventado el ‘lobby gay’, un grupo de presión ‘rosa’ compuesto por gays, lesbianas, bisexuales y transexuales que nos dedicamos a quitar y poner gobiernos, cambiar leyes y amedrentar empresarios sólo para conseguir que la Tierra sea como Priscilla, reina del desierto.

Parece ser que ese lobby de mafiosos rosas vestidos por Tom Ford ha impedido que el hotel Tryp Chamartín acogiese el seminario para curar la homosexualidad que el escritor norteamericano Richard Cohen pretendía dar este fin de semana en Madrid. Para la derecha mediática española, esa que comulga con obleas numerarias, que somete el discernimiento al cilicio de su integrismo, la presión que ‘la mafia rosa’ ha ocasionado sobre la cadena Meliá Hotels International, propietaria del establecimiento, ha logrado que se cancelase el acto, negándole a un pobre hombre como el señor Cohen el desempeño de su trabajo y el pan para sus hijos.

Al otro lado del espejo, y como sucede en todos los lugares del mundo en los que va a celebrarse un acto que atenta contra los derechos humanos y contra los principios fundamentales de un Estado de Derecho –no quiero volver a escuchar la estrategia de ‘la libertad de expresión’ porque muerdo-, una parte de la sociedad se moviliza contra la sinrazón. En este caso fue el área de turismo lgtb de la asociación Colegas quien creó una petición en la plataforma Change.org solicitando a la cadena hotelera la cancelación del evento. La petición apenas llevaba 24 horas, superaba discretamente las 500 firmas, cuando la empresa se disculpó afirmando que había aceptado la reserva sin conocer el contenido, que en la compañía se respetaba por encima de todo a las personas “sea cual sea su condición sexual” y canceló el acto. 500 firmas son, para la derecha mediática, el todopoderoso brazo de un lobby gay ante el que la primera cadena hotelera de España, la tercera de Europa y la duodécima del mundo, ha claudicado atemorizada. Para ellos el sentido común, la indecencia de la actividad programada y el atentado contra el honor del colectivo lgtb no es razón suficiente. Ha sido el lobby gay.

No es una novedad. Eso del lobby gay se escucha desde los setenta y, aunque en un principio se asociaba a los puestos de responsabilidad en la industria de la moda y el espectáculo, ahora es la excusa de aquellos que no se dan cuenta de que son la ocasión de lo mismo que culpan.

Todas las terapias de reorientación sexual están reprobadas por cualquier institución seria, empezando por la Asociación de Psicólogos de Estados Unidos, que lleva años alertando sobre la amenaza que estos libros y seminarios de Richard Cohen supone para sus víctimas. Daños emocionales y psicológicos, grandes probabilidades de depresión y tendencias suicidas son sólo algunos de sus peligros.

Estoy harto, muy harto, de tener que repetir que la homosexualidad no es un enfermedad. No lo es, se ponga el señor Cohen y la derecha mediática como les dé la gana. La homofobia, sin embargo, sí lo es. Y como la homosexualidad no es un trastorno mental, no hay que curarla. Y no lo digo yo, que soy sospechoso; lo dice la Organización Mundial de la Salud. Tardó, pero lo dijo.

Lo que realmente me ofende no es su estupidez, de niveles razonables, sino su fanatismo. La idea del lobby gay no es otra cosa que un nuevo intento de enfrentarnos a la sociedad dando la imagen de un grupo de caprichosos y caprichosas que pretende imponer su “veneno mortal y rosa”, como aseguran los consumidores de su propaganda. No tengo nada en contra de la definición de lobby gay; me cabrea la manera en la que lo emplea esa derecha mediática para criminalizar cualquier acción relacionada con los logros del colectivo lgtb. Un lobby es un grupo de personas influyentes, organizado para presionar a favor de determinados intereses. Eso, en sí mismo, no es malo. Será la legitimidad de esos intereses, la ética, la transparencia, la buena voluntad y la legalidad de sus finalidades y procedimientos lo que haga de ese grupo una amenaza.

En la intención de esas voces que nos increpan está la de manchar una reivindicación justa y necesaria con el chapapote de peligrosos lobbys, como los financieros, farmacéuticos o de armas, a los que curiosamente respetan. ¿Recuerdan cuando esa misma derecha mediática afirmó que la película de Agustí Villaronga, Pa negre, había arrasado en los Goya porque así lo había exigido el lobby gay? En aquel momento me lo tomé a broma y hasta les vi un ramalazo de frikismo que me resultó enternecedor. Hoy, su frivolidad malintencionada me ofende.

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Sobre el autor

Paco Tomás
Soy periodista, guionista y, en los tiempos que corren, funambulista. Escribo. Eso es lo que hago la mayor parte del día. También leo y, en ocasiones, releo. Escribo artículos de opinión, teatro, programas de televisión, guiones de cine inéditos y ahora también hago radio. Soy el de “Carta Blanca” en La 2, el de "Alaska y Segura" en La 1, el de “La Transversal” y “Wisteria Lane” en RNE, el del serial “Kurt & Courtney” en Radio 3 y el autor de "Los lugares pequeños", mi primera novela, editada por Punto en Boca.

Puedes seguir al autor en twitter @srpacotomas

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3 comentarios

  • El 11.06.2014 , Carlos ha comentado:

    “Odio la palabra homofobia, no es una fobia, no tienes miedo, eres gilipollas”.
    Se la atribuyen a Morgan Freeman, no se si sera suya, pero de igual, es una verdad como un templo de esos que frecuentan tanto los de extremo-centro.

  • El 11.06.2014 , smab ha comentado:

    K tl to2.

    No estoy de acuerdo con la definición porque realmente es el Nuevo Orden Mundial que nos quieren imponer los dualistas masonicos sionazistas.

    El que tenga orejas que se corte los pelos si tiene mas de 40. Si tienes oidos ya sabes.

    Buscad en Google “la historia de la dinastia de la familia rothschild”

    .:sMAb:.
    HACKinHACKppy

  • El 12.06.2014 , carlos ha comentado:

    creo que lo del lobby gay es invención de la Iglesia, que dice que puede aceptar a los homosexuales pero no a los que hacen lobby
    y que institutcion en el mundo mundial hay mas lobbista que la Iglesia ?? siempre tan hipócrita ella….ademas mientras en 77 países del mundo la homosexualidad siga criminalmente penalizada, en algunos con pena de muerte, hacer lobby gay debería debería ser una obligación moral de todos los humanos, gay o heteros

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